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Bienvenidos a "procopio: café filosófico". Desde febrero de 2005, un sitio en internet donde encontrarás artículos de diversa factura sobre política, filosofía, periodismo, literatura, deportes, educación, música. La polémica está servida, y si te disgusta mi petulancia, avisado quedas de que me guía la divisa de Montaigne: "Yo soy mi física y mi metafísica". O esta otra, leída en una camiseta: "Liberté de parole. Freedom of speech. Libertad del discurso".

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procopio: café filosófico

Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2014.

Carta a Spinoza

Querido Bento,

acabo de leer tus obras Tratado de la reforma del entendimiento, Principios de la filosofía de Descartes y Pensamientos metafísicos, que son algo así como tu tesina y tu tesis doctoral. Te escribo recién cumplidos los 40 años, sabiendo que tristemente tú no pudiste ni cumplir los 45.

Cuando estaba leyendo tus primeras obras, y comprobando que, tristemente, carezco de la capacidad de raciocinio que tú tenías, me he acordado de cuando era pequeño y nos llevaron al Museo de la Ciencia de Barcelona, donde nos mostraron todo aquello de las esclusas de Amsterdam, tu ciudad natal. Tengo ganas de volver a ver el cielo que te vio nacer y morir, esta vez si puede ser sobrio, porque la primera vez y única hasta la fecha fui acompañado de un amigo haciendo un on the road Barcelona-Amsterdam-Barcelona, cruzando nuestra querida Francia por París, más bien llenos de ebriedad.

No sé muy bien por qué te escribo, pero siento la necesidad de hablarte como amigo, personalmente, de tú a tú, como se suele decir. No tengo muchas cosas que contarte, trabajo, lecturas, familia, deportes, poco más. Pero he pensado que de esta forma la gente podría acercarse a ti sin miedo y lograr lo que pides en tu Tratado de la reforma del entendimiento, compartir tu entendimiento de la Naturaleza, y así gozar juntos "eternamente de una alegría continua y suprema".

Me ha gustado mucho todo lo que escribes de Dios. Ya sabes que dicen que eres ateo, y otro filósofo, alemán, apellidado Hegel, te llamó "acosmista". Bien está. Pueden quedarse con su sistema, nosotros nos quedamos con Dios o, como dice la gente, en Dios. ¿Qué dices tú? Habla, Bento, pues vivimos en una época, año 2014, en la que está legalmente sancionada la libertad de pensamiento y de expresión. ¿Cómo te va la vida? Deseo de todo corazón que allá donde fuere te vaya bien, que puedas seguir "pensando en la Naturaleza", como diría nuestro querido Lucrecio, gozando de aquella alegría de vivir continua y suprema, bien cierto frente a tantos males inciertos.

También leí hace un tiempo tu obra Gramática hebrea. Supongo que te habrán dicho que Israel es hoy en día un Estado democrático en la antigua Palestina, con capital en Jerusalén. Me gustaría ver Jerusalén algún día también. La esperanza de Israel se cumplió pero a un precio quizá demasiado elevado, Bento, ya conocerás la historia de los millones de tus congéneres asesinados en cámaras de gas. ¡Ultimi barbarorum!

Bueno, Bento, me despido por hoy. Que descanses bien. A ver si pronto te visito en tu propia casa de Rijnsburg. Saludos a tus anfitriones.

Adiós, amigo.

04/03/2014 20:51 procopio Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Enseñar Historia

Como ya he dicho, y el lector, si es que hay alguno, ya sabrá, estoy profesando este curso 13-14 en un centro de adultos donde no se enseña filosofía. Las materias que imparto son Historia, Geografía y una asignatura extraña llamada Mundo del Trabajo (cómo encontrar empleo y no morir en el intento). Dado que la Historia ha sido desde siempre mi asignatura favorita, estoy globalmente contento del curso que está acabando, y ayer mismo terminé de leer la voluminosa Historia de la Guerra del Peloponeso de Tucídides, prosa clásica donde las haya.

Lo primero que puedo decir es que, en efecto, tal como decía Foucault, en la Historia se está menos solo que en la Filosofía, lo cual es un alivio. Lo segundo que puedo decir es que en una escuela de adultos los debates son más o menos plausibles, porque los alumnos, si bien poco formados, son adultos, cosa que no ocurre en un IES, donde se quieren hacer debates que resultan más bien en un guirigay y en una excusa para no trabajar. Lo tercero que quería señalar son algunas breves reflexiones sobre el hecho de enseñar Historia (en concreto estoy enseñando historia contemporánea) a la luz de la experiencia adquirida en este curso.

Lo arduo en Historia es la relación entre acontecimientos, datos, personajes, etc. En esto se nota que no soy historiador de formación, si bien mi formación filosófica me ha servido en ocasiones para elevar el vuelo de la explicación por encima de las frías narraciones historiográficas. Si la Historia es maestra de la vida, la Filosofía sigue siendo en este sentido maestra de la Historia y de paso de todo lo demás. Por ejemplo, a la hora de explicar los nacionalismos del siglo XIX o el día después de la victoria alemana en la guerra franco-prusiana de 1870, mi conocimiento de la obra de Nietzsche prolongó lo que hubiera sido un simple registro historiográfico para convertirlo en un registro al fin y al cabo moral. Es este registro, si bien siempre atento a aquellos corsi e recorsi históricos de Vico, el que permite entender -y de paso prevenirse- y no solo conocer la Historia.

La Historia es maestra de la vida porque la vida es relación y, si hacemos caso a Dewey, porque todo conocimiento es relacional. La capacidad historiográfica de relacionar todos los datos, hacer encajar el puzzle, por así decir, refleja la complejidad misma de cualquier vida humana, y por eso es tan útil y tan bonita la Historia. Y enseñarla, explicarla, hacerla inteligible, desde la revolución industrial, la independencia de los EEUU y la revolución francesa hasta la II Guerra Mundial, está siendo mi pequeño placer filosófico en este raro curso en una escuela de adultos de Elche.

19/03/2014 12:26 procopio Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


"Ética" releída según mi leal saber y entender

"Mas no por ello dejamos de sentir y experimentar que somos eternos", Spinoza

Cuando cumplió los 40 años, Emerson tradujo la Vita nuova de Dante. Era una manera de volver a empezar. La mía ha sido releer la Ética de Spinoza, siendo la primera vez que releo un libro, incluyendo los que no son filosóficos.

"Nadie entre sin saber geometría", rezaba el lema de la Academia de Platón. Pues me temo que yo no podría haber entrado. Además, sé muy poco latín y nada de griego. ¡Ni siquiera soy licenciado en filosofía! Malamente podría haber sido yo un filósofo, al menos un filósofo académico. Aun así, entré, aun recuerdo, a las clases del profesor Gómez Pin en la UAB para preparar mi tesis doctoral sobre una idea trágica de la democracia en relación con la naturaleza de la filosofía misma, y allí estaba la pizarra llena de números, operadores cuánticos y otras cosas por el estilo. No entendí nada, pero al menos eso entendía a la manera socrática, y de allí salí sin embargo con una ligera idea de las cosmologías de Aristóteles, Galileo, Newton y Einstein, lo cual había sido mi intención desde el principio: no afirmar nada en mi tesis que pudiera contravenir los axiomas básicos de la física matemática de hoy y de la de antaño.

Entré y salí, como digo, y me doctoré en filosofía, yo, que soy un simple licenciado en derecho. Antes del doctorado había seguido durante un par de cursos una maestría en humanidades, y eso es todo. Por aquel entonces fue cuando leí por primera vez la Ética demostrada según el orden geométrico de Benedictus de Spinoza, obra que, como he dicho, acabo de releer casi 20 años después.

Quizá el lector me preguntará, ¿y qué tal ha sido la experiencia de releer? Pues bien, le contestaré, ha sido más o menos como me la habían explicado. Releer, no había releído entero nunca nada, por ejemplo, no he releido los muy releibles Ensayos de Montaigne, ni las obras de Nietzsche (todo lo más acabé por leer la breve biografía que en su día le dedicó Miguel Morey). No encuentro la necesidad de volver sobre esos estupendos libros. En cambio, con Spinoza, sentí dicha necesidad, y en concreto respecto de su obra mayor, la Ética, por los motivos que en seguida expondré. De modo que mi vida nueva, ahora que hace 20 años que tengo 20 años, como diría el cantante, la he fundamentado en la relectura pormenorizada del gran libro spinoziano, escrito por el autor según el orden geométrico y releído por mí según.... mi solo y leal saber y entender, que no es mucho aunque creo suponer que suficiente.

Al principio había pensado titular esta nota del siguiente modo: "Ética releída según el orden cuántico", pero ni sé mecánica cuántica más allá del principio de indeterminación de Heisenberg y, nominalmente, de la constante de Planck, ni quería precisamente que mi relectura de Spinoza fuese "contemporánea", sino justo todo lo contrario. A fin de cuentas sentía la necesidad de leer a Spinoza literalmente, sin comentarios de exégetas, sin notas a pie de página, sin interpretaciones de ningún tipo, etcétera. Quería leer simplemente lo que Spinoza escribió y según lo escribió. Y así lo he hecho y animo al lector a hacer. ¿Cómo ha sido mi reencuentro con la Ética? Pues más profundo y rico que el primero, que me resultó un poco decepcionante. No es que no haya aprovechado su primera lectura en mis trabajos académicos o en mi vida, pero precisamente la noción principal del libro, que es la de Dios, estuvo ausente de mi primera toma de contacto y de mi uso posterior de la obra de Spinoza.

Ahora he vuelto a Spinoza y por la puerta grande, es decir, por la primera de sus grandes puertas, que es la de Dios, el conocimiento de Dios o el amor intelectual a Dios y la estrecha, necesaria, relación que mantienen con la otra gran puerta de la obra, que es la de la libertad o felicidad del hombre. Esas cosas que en las lecturas contemporáneas de Spinoza se soslayan en aras de un vacuo laicismo o en aras de un misticismo seudonaturalista que, me temo, no tienen mucho que ver con las tesis que Spinoza dejó muy arduamente escritas en su obra mayor. Voy a indicar para acabar algunas de estas tesis, que en esta segunda lectura de la Ética se me han revelado cristalinas.

La primera de ellas se encuentra en el Apéndice de la Parte I y en el Prefacio de la Parte IV. Todo el mundo estará de acuerdo en que en esos párrafos Spinoza ataca y destruye lo que para él es el único prejuicio insostenible de todas todas, el prejuicio del finalismo en Dios o la Naturaleza. Aquí no caben interpretaciones porque Spinoza es sumamente claro (de paso me permito apuntarme un tanto en mi interpretación juvenil de la Ética, en el sentido de que esta claridad y distinción la percibí tal cual en mis años mozos y así la dejé patente en mis trabajos).

La segunda tesis se encuentra en el último Escolio de la Parte II, y es referida a qué debemos entender por spinozismo (o doctrina que Spinoza sostiene en su Ética), y en qué sentido es útil para la vida y la libertad de los hombres. Aquí Spinoza se adelanta a lo que dirá en la Parte V y última de la Ética y es también sumamente claro. Debo decir que a día de hoy me resulta mucho más inteligible que en mi juventud lo que significa el spinozismo y por qué es una filosofía de la felicidad, y en qué sentido.

Luego, en la parte III, que junto a la Parte IV, son las dos más extensas del libro, Spinoza sostiene que solo hay tres afectos primarios o primitivos, de los que derivan todos los demás, y son el deseo, la alegría y la tristeza. En la Parte IV, tras haber hablado de los afectos (la palabra "encuentro" no aparece por ningún lado en la Ética), Spinoza sostiene que la virtud suprema es el conocimiento de Dios, y que es este conocimiento el que hace libre al hombre, hombre libre que según una de las proposiciones de esta parte en nada piensa menos que en la muerte y cuya toda sabiduría es una sabiduría de la vida. Es esto lo que me parece que hay que volver a tomarse en serio en Spinoza, el amor intelectual a Dios, que no puede esforzarse en que Dios le ame a él, pero que es uno y lo mismo con el amor de Dios a los hombres. ¿Por qué nadie se toma en serio el concepto de Dios de Spinoza, y se lo reduce a una Naturaleza panteísta o simplemente se lo excluye de toda consideración moderna, esto es, actual del spinozismo? Me parece que hay que volver a tomarse en serio el Dios de Spinoza stricto sensu para precisamente potenciar todo lo útil y hermoso del spinozismo, y no sostener un spinozismo contemporáneo que permanecería infértil por ocultar a Dios, etc. La idea de Dios spinoziana no es imposible de entender, es más, yo diría que es lo que mejor se entiende de la Ética, llena aquí y allá de razonamientos o ejemplos sumamente complejos que son difíciles de comprender.

Según mi leal saber y entender, cualquiera puede entender sin mucho esfuerzo a un Dios, sí, Dios en mayúsculas y con sus cuatro letras, ajeno a cualquier finalismo y que, sin embargo, es la base de la felicidad humana, felicidad o salvación que de ningún modo excluye el papel de la religión y de la moralidad verdaderas en la determinación recta de la conducta humana. Otra cosa que un spinozismo contemporáneo leal debería tomarse en serio es todo lo que Spinoza afirma sobre el tercer género de conocimiento ("ciencia intuitiva" en mi traducción), sobre la perspectiva de la eternidad y sobre la parte del alma que sería eterna más allá de la muerte del cuerpo. Este pensamiento paradójico es quizá lo más profundo del spinozismo, la idea según la cual participamos eternamente de la naturaleza divina.

¿Suena esto demasiado religioso o teológico a nuestros oídos? ¿Por qué entonces el anti-Cristo dionisíaco de Nietzsche veía a Spinoza como su "precursor"? Me parece que el spinozismo contemporáneo debería encontrarse en un punto intermedio entre el servilismo a la teología, que nadie desea, y el ateísmo ignorante que demasiada gente profesa, para restaurar a Dios en el mundo actual en aras precisamente de la libertad y de la democracia.

Me había propuesto citar algunos textos de la Ética de Spinoza aquí, pero voy comprendiendo ya que va siendo hora de escribir algo sin citar textualmente nada. Supongo que es la madurez, y que es la mejor forma de que ustedes lean por sí mismos la a veces imposible de entender pero otras veces perfectamente comprensible Ética de Spinoza. Así sea.

23/03/2014 19:37 procopio Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Spinozismo explicado por el propio Spinoza

En otra nota más extensa, vengo de describir mi relectura de la Ética de Spinoza, sin citas textuales ni comentarios de expertos, solo reseñando mi absoluto parecer de semejante relectura. Pero he pensado que sería útil dejar constancia una vez más en este libro de lo que significa el spinozismo, y esta vez por boca o mejor dicho por mano del propio Spinoza.

Transcribo literalmente del último Escolio de la Parte II de la Ética, en concreto del Escolio de la Proposición XLIX cuyo Corolario reza: "La voluntad y el entendimiento son uno y lo mismo". Bien, cito textualmente: "Queda solo por indicar cuán útil es para la vida el conocimiento de esta doctrina, lo que advertiremos fácilmente por lo que sigue, a saber: 1º En cuanto nos enseña que obramos por el solo mandato de Dios, y somos partícipes de la naturaleza divina, y ello tanto más cuanto más perfectas acciones llevamos a cabo, y cuanto más y más entendemos a Dios. Por consiguiente, esta doctrina, además de conferir al ánimo un completo sosiego, tiene también la ventaja de que nos enseña en qué consiste nuestra más alta felicidad o beatitud, a saber: en el solo conocimiento de Dios, por el cual somos inducidos a hacer tan solo aquello que el amor y el sentido del deber aconsejan. Por consiguiente (...) la virtud y el servicio de Dios son ellos mismos la felicidad y la suprema libertad. [Esto en contra de la idea de un Dios recompensador de virtudes]." En el punto 2º viene una suerte de enseñanza estoica sobre "cómo debemos comportarnos ante los sucesos de la fortuna". En el punto 3º viene la explicación de en qué es útil esta doctrina, lo que llamo spinozismo, para la vida social. Y finalmente en el punto 4º Spinoza dice: "Por úlimo, esta doctrina es también de no poca utilidad para la sociedad civil, en cuanto enseña de qué modo han de ser gobernados y dirigidos los ciudadanos, a saber: no para que sean siervos, sino para que hagan libremente lo mejor".

Por lo antedicho, vemos claramente las dos o tres principales nociones del spinozismo y que, como dije en la nota más extensa, un spinozismo contemporáneo debería asumir plenamente y no ocultar parcialmente por conveniencias ideológicas. El spinozismo no es una religión ni una ideología, sino una filosofía muy concreta de la libertad. La primera idea fundamental del spinozismo es el amor intelectual a Dios, el amor divino o felicidad, como dice Spinoza hacia el final del libro, como suprema libertad del hombre. La segunda idea fundamental se deriva de esta y es que tal felicidad es la virtud misma, no habiendo recompensa para el servicio de Dios como si de una esclavitud se tratase, sino siendo la virtud, como digo, la beatitud misma del hombre y su suprema libertad. Y la tercera idea fundamental, necesariamente ligada a esta idea de libertad, es la defensa de la democracia, en el sentido de que el Estado debe tratar a los hombres como ciudadanos libres capaces de lograr esta virtud y no como siervos. 

Vemos, pues, cómo se interrelacionan en el spinozismo el conocimiento de Dios, la libertad y la democracia. Una libertad y democracia contemporáneas que prescindieran de este amor divino prescindirían así de su fundamento mismo, y se convertirían en palabras fetiche sin sustento ni aliento verdaderos. Quizá es lo que ocurre cuando se realiza esta operación creyendo que Dios, al menos el Dios de Spinoza, no tiene cabida en el mundo contemporáneo, perjudicando lo que hoy se suele llamar "calidad de la democracia" así como la misma libertad. En este sentido, "profundizar en la democracia", otra cantinela que suena en nuestros días, sería cavar el hoyo de la estrecha servidumbre que ya no conoce ni ama a Dios en libertad más bien que ampliar el horizonte de nuestras democracias. En fin, para que esto no ocurra y para que estas frases dejen de ser mercancía averiada, he creido oportuno dejar constancia una vez más, y esta vez mediante la pluma del propio Spinoza, de en qué consiste el auténtico spinozismo.

26/03/2014 07:29 procopio Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

El finalismo, asilo de la ignorancia, según Spinoza

Critiqué en su día la moral europea kantiana fundamentada en un Dios kantiano en contraposición a la moral pragmatista norteamericana. Si alguien comprendió aquella nota que versaba sobre la relación entre Locke y Spinoza, hoy podrá comprender mejor en qué sentido atacaba yo al Dios kantiano.

Dice Spinoza, en el Apéndice de la Parte I de su Ética, después de resumir su concepto de Dios: "Todos los prejuicios que intento indicar aquí dependen de uno solo, a saber: el hecho de que los hombres supongan, comúnmente, que todas las cosas de la naturaleza actúan, al igual que ellos mismos, por razón de un fin, e incluso tienen por cierto que Dios mismo dirige todas las cosas hacia un cierto fin, pues dicen que Dios ha hecho todas las cosas con vistas al hombre, y ha creado al hombre para que le rinda culto. (...) Y así este prejuicio se ha trocado en superstición, echando profundas raíces en las almas, lo que ha sido causa de que todos se hayan esforzado al máximo por entender y explicar las causas finales de todas las cosas".

Vuelvo sobre la Ética de Spinoza porque me parece que este es uno de los puntos fundamentales en los que todos los lectores podemos estar de acuerdo sobre lo que quiere decir Spinoza cuando escribe lo que escribe. No hay lugar aquí para demasiadas discrepancias de interpretación. La "voluntad de Dios, ese asilo de la ignorancia" es frase literal de este Apéndice de la Parte I, y por tal debe entenderse la superstición de otorgar a la naturaleza un fin prefijado. Acto seguido Spinoza llama ficciones a las causas finales. Estas privan a Dios de perfección y además conducen al escepticismo.

Insiste Spinoza más adelante en el Prefacio de la Parte IV de la Ética: "Hemos mostrado, efectivamente, en el apéndice de la parte primera, que la naturaleza no obra a causa de un fin, pues el ser eterno e infinito al que llamamos Dios o Naturaleza obra en virtud de la misma necesidad por la que existe. Hemos mostrado, en efecto, que la necesidad de la naturaleza, por la cual existe, es la misma en cuya virtud obra (Proposición 16 de la Parte I). Así pues, la razón o causa por la que Dios, o sea, la Naturaleza, obra, y la razón o causa por la cual existe, son una sola y misma cosa. Por consiguiente, como no existe para ningún fin, tampoco obra con vistas a fin alguno, sino que, así como no tiene ningún principio o fin para existir, tampoco los tiene para obrar".

Esta crítica del prejuicio finalista o teleológico forma parte también de los principios del spinozismo que quería trasladar con las propias palabras de Spinoza.

26/03/2014 13:27 procopio Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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