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Derecha, izquierda y centro compartido en las Cortes de Cádiz

Me refiero a "derecha política" y a "izquierda política".

¿Puede hablarse de una izquierda y de una derecha en las Cortes de Cádiz, cortes constituyentes, si no de la Nación histórica española sí de la Democracia española y por tanto de la Nación de ciudadanos iguales y libres en que aquella es constituida por vez pimeraen 1812?

Una cuestión muy útil sin duda, atrapados como estamos todavía en el franquismo para dilucidar qué es izquierda o qué es derecha, sin entender que el franquismo no se explica sin toda la tradición anterior, empezando por las Cortes de Cádiz y aun antes.

Porque aun antes es cuando empieza a dividirse la política española en dos partidos, provenientes ambos de un mismo partido español como oposición a un partido vizcaíno ligado al poder dependiente de la corte de París.

Tal partido español se dividió en un partido nobiliario (o aragonés) liderado por Aranda y en un partido golilla (por el tipo de uniforme de los funcionarios que accedían a él), liderado por Rodríguez Campomanes (conde de Campomanes, que era asturiano).

Pues bien, se puede hablar de derecha e izquierda en las Cortes de Cádiz en tanto las dos máximas figuras de la Junta Suprema Central que las convocó y preparó, en guerra contra el poder napoleónico (antaño vizcaíno), fueron Moñino (conde de Floridablanca, que era murciano), próximo a Campomanes, y Jovellanos (asturiano), próximo a Aranda.

Moñino fue el Presidente de la Junta Suprema de 1808 a 1810, cuando falleció y la Junta Suprema se disolvió pasando el poder al Consejo de Regencia. Jovellanos fue miembro de la Junta Suprema y falleció poco antes de la deliberación y aprobación de la Constitución. Los datos son aproximados. El Consejo de Regencia que convocó finalmente cortes estuvo presidido de 1810 a 1813 por el general Castaños (madrileño). La Junta estaba en guerra contra Napoleón y contra el poder monárquico sometido al poder francés (partido vizcaíno), pero no en contra de la Monarquía española ni en concreto de la dinastía borbónica, como se puso de manifiesto al pasar el gobierno de la Junta Suprema al Consejo de Regencia. Las Cortes electas y constituyentes de la Democracia española en la Constitución de 1812 eran monárquicas. Aparte de esto, el Consejo de Regencia también ponía de manifiesto el poder militar español, correlato indispensable del naciente poder político. En este sentido, cabe mencionar que la figura de su presidente en el tiempo de la elaboración y aprobación de la Constitución era próxima a Floridablanca, mientras que el otro gran militar de la guerra, el general Palafox (aragonés) era más próximo a Jovellanos. Pero ni uno ni otro fueron Generales en Jefe de la guerra contra Napoleón, ya que el mando siempre estuvo en este caso en manos británicas (Wellington), seguido en la batalla final victoriosa por Palafox, en todo caso.

Así las cosas, pues, Jovellanos sería la derecha y Moñino la izquierda de la Junta Suprema Central que convocó cortes constituyentes en Cádiz. En cuanto a los militares, Palafox, como ha sido dicho, estaría más próximo a Jovellanos y Castaños a Moñino. Pero el hecho de que ninguno de los dos fuera nunca General en Jefe debido a las dudas de la Junta para designarlo será siempre poco subrayado para explicar, en efecto, la Dictadura militar del Generalísimo y Caudillo de España de 1936 a 1975, que reinstaura más que restaura la dinastía borbónica en la figura de Juan Carlos I.

Jovellanos y Floridablanca murieron sin participar en las cortes constituyentes de nuestra democracia, tampoco Palafox ni Castaños participaron en las mismas. Se explica la fragilidad e ingenuidades de tales cortes y su resultado, que en realidad solo llegó a estar vigente de 1820 a 1823. Por eso entiendo que no se puede hablar de izquierda o derecha en las cortes de Cádiz sin relacionarlas con los gobiernos de 1820 a 1823.

El mito progresista es que los constituyentes más importantes de Cádiz eran de izquierda y luego tuvieron que padecer el exilio. Pero lo cierto es que la mayoría eran seguidores de Jovellanos. En concreto, Argüelles (asturiano) es jovellanista y, si bien tiene el gesto golilla de no incluir una segunda cámara en la convocatoria de Cortes y en el proyecto de Constitución, en contra de la admonición de su mentor, "jovellanista" se declarará en el llamado trienio liberal. Argüelles es el más importante político de las Cortes de Cádiz, el que redactó el Discurso Preliminar de la Constitución de 1812 y el que lideró desde una posición de centro intermedia entre las filas liberales y las conservadoras (izquierda y derecha, para entendernos), la elaboración de la misma. También se le puede considerar el líder del trienio liberal. ¿Mito del progresismo? ¿Por qué entonces cuando los progresistas tuvieron mayoría en 1840 prefirieron como Regente a Fernández Espartero? En cuanto al exilio, en efecto algunos lo padecieron -de hecho, Jovellanos ya había padecido el exilio interior bajo Godoy en la primera década del siglo XIX. El primero en exiliarse fue Blanco White (sevillano), en 1810, cuando entendió que Argüelles, presionado por Quintana, no iba a incluir en el decreto final de cortes una segunda cámara ni siquiera un Senado en la nueva Constitución. Desde este punto de vista, Blanco White, el exiliado por antonomasia, el más profundo conocedor del nuevo sentido de la ley en democracia y de su relación con la libertad, sería el más derechista de los principales liberales de la Junta Suprema Central.

He mencionado a Quintana (madrileño). Quintana, después de Argüelles, es la otra gran figura ("jóvenes demócratas" los llamaba Jovellanos) de la Junta Suprema y de las Cortes de Cádiz. El decreto de convocatoria es suyo, el famoso decreto de Cortes sin Senado y de proyecto de Constitución sin Senado, pues el decreto con Senado auspiciado por Jovellanos casualmente Quintana lo extravió. Quintana sí puede ser considerado sin lugar a dudas izquierdista en las cortes de Cádiz. En el aspecto doctrinal, su máxima aportación fue, aparte de la fatídica exclusión del Senado que fatídicamente Argüelles secundó (el gran error de la Junta Suprema junto a la no designación de un General en jefe), la nueva idea democrática de patria. Una idea liberal de patria ligada pues a los derechos ciudadanos, una idea que doctrinalmente presenta muchos menos problemas que en la práctica.

El decreto de convocatoria de Cortes fue presentado ante la autoridad correspondiente -el Consejo de Regencia- por dos miembos de la Junta Suprema, un liberal y un conservador (agrupando liberales y conservadores varias tendencias en su seno, por ejemplo conservadores, monárquicos y tradicionalistas en la derecha). Ambos acudieron juntos como vasos comunicantes entre una y otra tendencia que podríamos personificar en Argüelles, derecha, y Quintana, izquierda. Estos dos miembros fueron Queipo de Llano (conde de Toreno) y Hualde, por parte liberal y conservadora respectivamente, es decir, por la izquierda uno y por la derecha el otro.

Así pues, tendríamos que de la división entre Aranda y Campomanes, se pasa a la de Jovellanos y Floridablanca, y de esta a la de Argüelles y Quintana, y de esta a la de Hualde y Toreno. El error de la Junta de Floridablanca fue no designar General en Jefe, dejando sin cabeza militar a la nueva nación democrática. El error de la posición centrista de Argüelles en la convocatoria de Cortes fue no incluir la cámara del Senado en la Constitución, lo cual extremó las posiciones y dejó en la marginalidad de las cortes sin ir más lejos a buena parte de monárquicos y tradicionalistas injustamente tildados posteriormente como "persas". De hecho, ya había dejado fuera a tan trascendental figura moderada como Blanco White.

Falta por analizar la última gran figura de los liberales constituyentes (progresistas liberales como Quintana, liberales centristas como Argüelles o liberales moderados como Blanco White), nuestros padres de la patria. Es la de Flores Estrada (asturiano), que en realidad fue el primero en llamar a cortes constituyentes en fecha tan temprana como 1808. La aportación de Flores Estrada a nuestra democracia es, como economista, la economía de libre mercado. ¿En qué lado le situaría esto? Lo cierto es que Flores Estrada siguió más tarde los pasos de Blanco White y es después del sevillano el otro gran exiliado de los constituyentes. Teniendo en cuenta que la década llamada ominosa (1823-1833) fue una década de gobernación conservadora bajo el reinado aun absolutista de Fernando VII, se podría decir que Flores Estrada era progresista. Por entonces, una parte de los conservadores, aquellos tradicionalistas o incluso carlistas que apoyaron a los conservadores en las cortes de Cádiz -presididas por Lázaro de Dou (catalán)- eran en lo económico proteccionistas. Pero lo cierto es que desde 1820, desde el trienio liberal, entre los progresistas liberales de 1812 ya habían aparecido tendencias socialistas agrupadas, frente a los "jovellanistas" y otros doceañistas, como Quintana, que no tenían por qué ser jovellanistas, en los llamados venteañistas, esto es, pretendientes de una nueva Constitución, más socialista, incluso republicana y no monárquica, bajo la figura de Riego, el primer militar en dar un golpe de Estado -o pronunciamiento- en 1820 a raíz de las guerras contra la independencia de las nuevas democracias de Suramérica. Por tanto, Flores Estrada, como defensor de la economía capitalista de libre empresa, difícilmente podría ser considerado un progresista en el exilio teniendo en cuenta el rumbo socializante fatalmente emprendido desde 1820 por el progresismo. Flores Estrada será finalmente, como Blanco White, un liberal conservador, cercano al centrismo de Argüelles, seguidor de las doctrinas jovellanistas, y si un poco más radical en cuanto que fue el primero en llamar a Cortes sin ningún tipo de cauce establecido, y en ese sentido podría achaquérsele cierto republicanismo, este lo sería tal como hoy en día concebimos al republicanismo como derecha, en Estados Unidos, y que en la tradición española, en este aspecto, tiene sus hitos en figuras como Lerroux o Maura hijo. Quizá en este sentido el radicalismo económico y republicanizante de Flores Estrada lo situaría como figura liberal más derechista incluso que la moderada de Blanco White. Claro que el error está en tener que situarlo en un extremo dada la inexistencia de Senado en la Constitución de 1812 y la aparición del socialismo dentro del progresismo como el otro extremo, dejando muy debilitado el centro compartido de la democracia española para el resto de décadas, pasando de O´Donnell hasta Franco, centro en el que es evidente que puede situarse a Flores Estrada, figura tan importante que incluso la izquierda lo hizo suyo, como a Argüelles, en este caso considerándolo un socialista utópico (como buen lector y traductor de Adam Smith, se supone, si bien es cierto que a veces Flores Estrada en la práctica animó a la intervención estatal en la economía).

En resumidas cuentas, las cortes constituyentes de nuestra democracia, se dividieron en liberales y conservadores en el momento de su convocatoria: Toreno y Hualde. Dichas cortes estuvieron lideradas por Argüelles, de hecho un liberal seguidor de Jovellanos, de ahí su posición como primer centrista y Padre de la Constitución de 1812. Como seguidor de Jovellanos, nobiliario, Argüelles se oponía a Quintana, liberal progresista, seguidor de Floridablanca, golilla. Pero del mismo modo que Argüelles pasó a liderar a los liberales desde una posición centrista, Quintana puede considerarse un liberal próximo a tal centrismo, alejado, pues, del revolucionarismo socialista de Riego surgido en 1820, cuando Argüelles volvía a definirse como "jovellanista" y Quintana, si no como tal, al menos como doceañista, frente al veinteañismo anti-monárquico y socializante de Riego.

Este centro compartido entre Argüelles y Quintana es el mismo centro compartido en la Junta Suprema entre Jovellanos y Floridablanca, y entre los militares por los generales Palafox y Castaños. Es el centro político compartido bajo régimen monárquico borbónico por los españoles hasta Franco, con los consabidos paréntesis de 1868-74 y 1931-36, y sus dos errores ya apuntados -ausencia de General en Jefe y del Senado en la Constitución de 1812- explican estos avatares. El partido vizcaíno, al menos el de 1808 (el Estatuto de Bayona), quedaría más o menos integrado a partir de 1833 en el sistema constitucional por venir, y de hecho más bien en el partido moderado aunque este proviniera de Jovellanos, exiliado en su día por los afrancesados de Godoy, tan sumiso a tal partido, pero en definitiva esta es otra historia.

He mencionado a figuras a la derecha de Argüelles, como, de diferentes formas, Blanco White, Flores Estrada y Hualde. A Toreno lo he situado en la misma línea de Quintana, liderada por Argüelles en cuanto este lideró todo el proceso constituyente en las cortes dominadas por los liberales. He mencionado el surgimiento en el trienio liberal del veinteañismo, que a la postre fue lo que provocó su fin. Pero en 1812, ¿no había ningún liberal progresista no socialista a la izquierda de Quintana? Quizá podríamos mencionar a Antillón, geógrafo, en cuanto es famosa la anécdota de que unos conservadores profanaron su tumba tras la anulación de la Constitución de 1812. Sin embargo, nuevamente me parece que estos conservadores serían lo que hoy en día llamamos regionalistas o nacionalistas, más fernandinos por entonces que monárquicos o conservadores, y por tanto la anécdota de la tumba profanada no es suficiente razón para colocar a Antillón a la izquierda de Quintana. Más bien parece que Antillón era próximo a Flores Estrada, radical en sus exigencias liberales constituyentes, pero más bien moderado en sus concepciones políticas. Por tanto cabría situarlo en el centrismo compartido del que antes estábamos hablando, sea del lado de Quintana o del de Argüelles. Cómo este centro compartido pagó sus dos errores -ausencia de General en Jefe y de Senado- con el conocido siglo XX español es digno de hondo estudio, cómo una reina como Isabel II instruida por ambas figuras, Argüelles y Quintana, es destronada por el progresismo liberal militar a pesar -¿o a causa?- del quinquenio centrista de O´Donnell en los tiempos de la Guerra civil de Estados Unidos, cómo un Senado que acoge como figura moderada a un Flores Estrada maduro, es rechazado para el desarrollo y gobernación regional del país y a cambio se tiende a la confederación antimonárquica y socializante justo cuando la Confederación había perdido su causa en Estados Unidos -unida a la esclavitud-, que no solo no solucionaba la integración de Cataluña, Navarra y Vascongadas sino que agravaba el problema, habla simplemente de por qué ni siquiera la dictadura liberal progresista de Primo de Rivera -cuyo antecedente es precisamente el sexenio revolucionario- sirvió para nada más que para acelerar la guerra civil que desde el asesinato terrorista de Cánovas de finales de siglo estaba en marcha, y de por qué es pueril como decía Franco considerar o no dictatorial el régimen que le siguió sin tener toda esta historia en cuenta y el avance económico y la solución monárquica mixta que tal régimen legó junto con nuestro actual sistema democrático en el que aun así siguen perviviendo el paro y el terrorismo, apenas soportados precisamente por la duración y solidez del régimen de Franco. Habla, pues, no solo de los problemas de las tradiciones políticas de izquierda y de derecha sino de la importancia de acertar con lo que vengo llamando centro compartido, que es, quizá, Dios lo quiera, el acierto de Franco: una clara Jefatura de Estado militar y un Movimiento Nacional representado territorialmente en un Senado como salvaguardas precisamente del Gobierno político de la Nación.

02/08/2011 22:13 procopio Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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