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Bienvenidos a "procopio: café filosófico". Desde febrero de 2005, un sitio en internet donde encontrarás artículos de diversa factura sobre política, filosofía, periodismo, literatura, deportes, educación, música. La polémica está servida, y si te disgusta mi petulancia, avisado quedas de que me guía la divisa de Montaigne: "Yo soy mi física y mi metafísica". O esta otra, leída en una camiseta: "Liberté de parole. Freedom of speech. Libertad del discurso".

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Patria, Libertad, Constitución: notas sobre la revolución española

Acabo de leer el magnífico libro del profesor de la UCM Jorge Vilches "Liberales de 1808", Faes, 2008. Es un libro magnífico, aunque contiene errores. Uno de bulto, como la interpretación que Vilches realiza del periodo español 1500-1700 muy al final del libro, y como colocar a Mariana entre los ilustrados del XVIII. Otros errores no son para mí menos importantes, pero son posible objeto de debate pues atañen a aspectos de interpretación no ya de hechos sino de proyectos, por así decir. En este caso, discrepo con la afirmación del autor de que el proyecto liberal que aquí se describe tan estupendamente fuera el único posible, en el siglo XIX y ahora, de modernización política y progreso del país.

La "revolución española" es la cuarta del mundo en términos cronológicos, pero es una revolución fallida, como ya vislumbró Jovellanos en el Decreto de convocatoria de Cortes.

Ahora me centraré en repasar las figuras liberales que el profesor Vilches perfila tan documentadamente en este libro. Salvo Jovellanos, del partido aragonés de Aranda, y Floridabanca, del partido golilla junto a Rodríguez Campomanes, todos nuestros padres de la Constitución de 1812 son liberales nacidos en el último tercio del siglo XVIII. En 1812 Isidoro de Antillón tenía por ejemplo unos 35 años. Queipo de Llano 23.

¿Cuáles fueron las figuras liberales más importantes? Por este orden yo diría que son: Quintana (Madrid), Blanco White (Sevilla) y Argüelles (Asturias). Quintana definió la Patria ("La Patria, Españoles, no debe ser ya un nombre vano y vago para vosotros: debe significar en vuestros oídos y en vuestro corazón el santuario de las leyes y las costumbres, el campo de los talentos y la recompensa de las virtudes"). Blanco White definió la Libertad (que "no es la esencia de obedecer, es el derecho de conservar la dignidad del hombre, obedeciendo"). Argüelles definió la Constitución en su "Discurso preliminar". Hay muchos otros, no solo liberales o patriotas, sino reformistas, realistas (monárquicos), o tradicionalistas que apoyaron a su modo, aunque fuera en la oposición, la elaboración de la Constitución de 1812, empezando por Hualde que precipitó la celebración de Cortes junto con el muy joven liberal Queipo de Llano. Pero yo diría que principalmente estos tres, Quintana, Blanco White y Argüelles, bajo la figura de Jovellanos (Asturias) más que bajo la presidencia de Floridablanca (Murcia) en la Junta Central, son los padres de nuestro constitucionalismo democrático. A ellos añadiría a Flórez Estrada (Asturias), finalmente, en cuanto a la cuestión de la economía.

Pero, de hecho, el primero en afirmar la nueva situación sobre la libertad ("Sin libertad no hay patria"), y el primero en convocar Cortes, aunque de forma oficiosa, fue Flórez Estrada. En realidad no son Cortes tradicionales ni siquiera al modo liberal británico lo que se convocará después sino una especie de Convención -"Cortes Generales y Extraordinarias" que, presididas por Lázaro de Dou (Cataluña), elaborarán una Constitución liberal y un nuevo tipo de Cortes.

La suerte futura de estos primeros liberales, herederos de los novatores y de los ilustrados, fue la siguiente:

-Quintana fue el preceptor de la futura Isabel II y recibió un homenaje colectivo en 1855, en medio del bienio progresista. Hizo mal en no comunicar el decreto de convocatoria de Cortes bicamerales buscando unas Cortes unicamerales, error costosísimo de la política española hasta la dictadura de Franco al dividir políticamente no dos partidos sino dos estatus sociales irreconciliables, el integrismo religioso heredado desde Felipe II por un lado y el extremismo antipolítico o totalitario que se presentaba como lo más revolucionario (y reaccionario) del momento por el otro.

-Blanco White se exiló en Londres ya en 1810 y allí vivió publicando un periódico español: a él está unida la cuestión de la libertad religiosa no resuelta bien por la Constitución de 1812 -para mí, después de lo leido, Blanco White es el mejor ilustrado, al menos el mejor escritor, salvo que, como todos, arrastra el grave error de preferir a Rousseau antes que a Locke, pero esto es un problema de la tradición cultural española.

-Argüelles también fue preceptor de la reina Isabel II, optó a la Regencia en 1841, que perdió malhadadamente contra Fernández Espartero, y recibió en 1864 un homenaje por parte del Partido Progresista hasta el punto de que la política progresista española puede calificarse, tal como hizo en 1812 un político británico hablando de la Constitución, como la "metafísica de Argüelles", solo que en mi opinión el progresismo de Argüelles es más bien conservador -es un protegido de Jovellanos, pero al que no hizo caso- o al menos lo que hoy diríamos centrista. ¿En qué me baso? Me baso en que Argúelles en 1820 está con Martínez de la Rosa, no con Riego. Me baso en que optó a la Regencia contra el candidato progresista, que era Fernández Espartero. Y me baso en que titula su libro sobre las Cortes de Cádiz hablando de reforma constitucional y no de revolución: no es que no fuera una revolución, la "revolución española", como había dicho Jovellanos, pero Argüelles escribe reforma con toda la intención. No sé entonces hasta qué punto el partido progresista podía enarbolarlo como uno de los suyos frente al partido moderado: quizá solo en el claro error de Argüelles, que fue el unicameralismo, porque en lo tocante a la cuestión de las leyes, en su "Discurso preliminar", no es menos jovellanista o tradicionalista que liberal según lo que leí en el libro de Onaindia sobre la política de la Ilustración española. Por tanto, la "metafísica de Argüelles" no sería, en efecto, la característica del progresismo español, sino la de todo el constitucionalismo liberal, incluido el moderado, y arrostrando asimismo sus errores.

-Flórez Estrada escribió en 1828 un "Curso de economía política" siguiendo las tesis librecambistas de Smith y Ricardo. Otros lo han visto como un pionero del socialismo utópico. Pero como defensor del derecho de propiedad, no puede ser situado entre los veinteañistas de Riego, algunos de los cuales y quizá no pocos abogaban por la supresión de dicho derecho. Así ha sido la izquierda española, si se me permite el sarcasmo. Flórez Estrada fue designado senador en 1845, bajo el moderantismo.

Otras cuestiones:

a) el sentimiento nacional: discrepo de Vilches sobre el sentimiento nacional. Ese sentimiento existía antes y estalló de un modo moderno cierto entonces, pero no fue sin problemas, aristas, etc., como más adelante se vio, dado lo que España arrastraba -ya he comentado mi diferente visión del periodo 1500-1800. Por otro lado, a veces Vilches roza el marxismo en su idea de la conciencia nacional -demasiado peso tiene el marxismo en España y no digamos en la universidad, en cuyo origen está, claro, el hegelianismo: aun hoy en día en el frontispicio de la Universidad de Berlín, uno de los modelos de la universidad española de timbre orteguiano, está aquella frase de Marx contra la filosofía. Hegel como mucho fue un liberal-demócrata y eso no sirvió para evitar un siglo después el nacional-socialismo. Aun hoy el conservador Trías en España, por ejemplo, ignora simplemente lo que significa Reagan.

b) los militares: tema capital. La Junta Central no designó General en Jefe y no hay libertad ni patria sin Ejército. Esto, entre otras cosas, explica los 50 años de dictadura militar que hemos tenido en España en el siglo XX, a pesar de haber sido el tercer país del mundo en dotarse de una Constitución democrática: rectifico, el cuarto, porque el primero fue Inglaterra, si se me permite la ironía. Aunque Castaños (Sevilla) fuera el militar victorioso en Bailén y luego figura de la Regencia, Palafox (Zaragoza) estaba políticamente más preparado. Palafox y Freire, que acabó junto a Wellington en Toulouse derrotando a Napoleón, animaron a Fernando VII a jurar la Constitución de 1812 -aunque es imposible que un rey jure una revolución sin antes cortarle el cuello-; en cambio Castaños que se sepa no. Luego en 1820 vino el primer pronunciamiento, el de Riego. Y así fue todo el siglo XIX, un disparate hasta Cánovas, porque los militares no se metieron en política como políticos, como sucedía y sucede en Estados Unidos muy habitualmente, sino como militares: es el caso de Fernández Espartero, Narváez y Prim en menor medida, que fueron elegidos no como políticos con experiencia militar reconocida -tradición norteamericana que empieza con Washington- sino directamente para hacer la guerra como militares. La única excepción quizá sea O´Donnell. Serrano, por su parte, es para mí la degeneración de este disparate llevado al cinismo. Se entiende que primero Primo de Rivera, capitán general, y luego Franco, general, se "metieran en política" directamente para acabar con ese disparate, cuando a los militares pronunciadores se les juntó a partir de mediados del XIX (lo que imposibilitó posteriormente el éxito de la Restauración) el socialismo revolucionario, el nacionalismo, el anarquismo terrorista, etc. -no justifico la dictadura a lo Donoso Cortés, la explico a la aristotélica.

c) finalmente, la cuestión de la libertad religiosa. En el prólogo el historiador José María Marco, a quien respeto, se equivoca de cabo a rabo en la cuestión del catolicismo, tomando una posición que luego según el libro podríamos calificar casi de reaccionaria. Y de hecho al Padre Vélez no le faltaba razón cuando al "No hay patria sin libertad" de Flórez Estrada añadía un "No hay patria sin religión". Pero el problema no es esta afirmación, que doy por descontada. El problema es qué religión se establece en la Constitución de 1812, y no me refiero al asunto del catolicismo, que en España sea como fuere va de suyo tras tantos siglos, y más entonces cuando aun no había habido ningún Concilio Vaticano modernizador y aun existía el Tribunal de la Inquisición. Me refiero al asunto de la libertad religiosa, que no aparece en ningún apartado de la Constitución. El caso es que libertad y religión, sin las cuales no hay patria, no es solo que conduzcan a la libertad religiosa, como quedó establecido en Estados Unidos, y no al catolicismo, es que la libertad religiosa tiene que ver directamente con la economía, aspecto sin el cual no hay siquiera Ejército, y que debemos tener muy en cuenta para situar en su justa medida la "revolución española". Es curioso, después de todo, que tan afrancesada a su pesar como fue la revolución española, no incluyera más explícitamente ese poso protestante que en los Borbones se remonta a Enrique de Navarra -de Navarra, ni más ni menos-, valga lo que valga París en misas. Digo poso protestante de libertad religiosa pero no jansenismo, al que yo aborrezco más incluso -mucho más- que al jesuitismo.

05/11/2010 20:25 procopio Enlace permanente. sin tema Hay 5 comentarios.

Dos errores de Aznar

Ahora que falta un año para la cuenta atrás de las elecciones generales de 2012, si es que no hay adelanto, repetiré los dos errores terminológicos de Aznar detectados en la lectura de los textos fundacionales del PP con el fin de evitar que se reiteren de aquí a las elecciones y después:

-"estrategia": Aznar la rechaza se supone que en aras de la táctica. Pero es al revés. Lo que vale a medio plazo es la estrategia, la táctica solo consiste en el cómo, el día a día, cosa que es importante, pero no el fin, sino el medio. Estrategia eficaz, pues, y flexible, pero no tacticismo.

-"federal": Aznar lo rechaza en aras del gobierno central. Aquí la confusión es mayor. Se confunde Gobierno central con Estado, o con Estado central -Administración general del Estado dependiente directamente del Gobierno central. La confusión aumenta al introducir la ideología del Gobierno mínimo o del Estado mínimo. No se entiende la reivindicación del Estado o del Gobierno centrales y a la vez la defensa de que sean mínimos, incluso en la militancia del PP llegando en algún caso a solicitar la supresión de las CCAA. Esto no cuaja con la ideología del Gobierno mínimo, que es más bien favorable a la descentralización. En todo caso, para empezar a eliminar la confusión, hay que aclarar que el federalismo es sinónimo de unitarismo, lo contrario se llama confederalismo, no federalismo, pues. El unitarismo no es incompatible con la descentralización, sino con el confederalismo o el separatismo. Ahora se acusa al PP de evocar un neocentralismo, si esto significa neofederalismo, pues seguramente es posible, lo está señalando la UE y es lo que han hecho Alemania y otros países parecidos, en primer lugar por razones económicas y administrativas de viabilidad. Rajoy afirmó en 2008: "somos autonomistas convencidos", pero el problema de las CCAA es que más que una descentralización han supuesto en no pocos aspectos la replicación por 17 del viejo centralismo jacobino, a lo que se suma una división provincial de izquierdas o al menos afrancesada que no tiene mucho que ver con la historia de España, mejor reflejada a mi modo de ver en las autonomías. Quiero decir por un lado que la descentralización no es una mera delegación provincial, sino que incluye la existencia de parlamentos. Por otro lado, las diputaciones provinciales, via los municipios, vienen a actuar a veces como los senados de las CCAA. Todo esto no es incompatible con un Estado general fuerte y un Gobierno central mínimo, surgidos de las Cortes Generales (Congreso y Senado), que es donde reside la soberanía, y reflejados también en ayuntamientos y gobiernos autonómicos mínimos. Pero es confuso. Este sistema se puede mejorar, incluyendo la posible desaparición de las provincias en la reforma del sistema electoral. En todo caso, no confundamos federalismo y confederalismo. La eliminación de las CCAA es un disparate y no conservador precisamente.

 

20/11/2010 13:24 procopio Enlace permanente. sin tema Hay 1 comentario.


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