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Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2010.

Bosquejo de una Doctrina Franco

Siempre me había preguntado con qué propósito digamos positivo se sublevó Franco. Es decir, no solo si se trataba de una sublevación militar contra una chapuza colosal como eso de la 2ª República, que venía a aumentar los errores de los dos primeros tercios del siglo XIX, la 1ª República y, at last but not least, la Dictadura de Primo de Rivera. Por lo visto, como ya imaginábamos, Franco tenía uno y no era el Estado totalitario de los falangistas.

Cierto es que Franco no es Lincoln como tampoco España es obviamente los Estados Unidos de América. Pero hay un propósito que, para empezar, está escrito en el Manifiesto de Las Palmas, leído el mismo día del alzamiento y del que solo ha quedado aquello de "Españoles todos". Léanlo entero o escúchenlo en Youtube. Acaba diciendo: "por primera vez y por este orden, se hará realidad la trilogía: fraternidad, libertad e igualdad". La referencia obviamente es la revolución francesa, por cierto no necesariamente republicana, pues quizá hubiese funcionado mejor una monarquía parlamentaria a lo Lafayette que la república finalmente convertida en imperio napoleónico. Hay que decirlo bien: república consistente en Francia no la hubo hasta los años 70 del siglo XIX, un poco antes que la Restauración de Cánovas en España y tras la victoria de Lincoln en EEUU.

Precisamente la referencia militar que Franco tiene en la cabeza cuando se subleva, consciente o semi-inconscientemente, es la llamada por los británicos Guerra Peninsular, conocida por nosotros como Guerra de la Independencia. Ciertamente conozco solo una ciudad que da nombre a su calle principal con el apelativo de la Independencia, y no es Madrid sino Zaragoza, sede de la Academia Militar. Pero, obviamente, después de la Guerra de Sucesión, es la guerra más importante de nuestro país, por encima de las guerrillas carlistas o la guerra de Cuba. Es la guerra en cuyo periodo se elabora y aprueba la primera Constitución democrática moderna de España. En Cádiz, en 1812, tras el Estatuto Real de Bayona que no funcionó como nada funcionó bien durante el reinado de Carlos IV y el de su hijo. Digamos, ahora, en un lenguaje políticamente moderno, que según Franco la promesa de la democracia, de la libertad y de la prosperidad, escrita por primera vez en las Cortes de Cádiz de 1812 no se había hecho realidad hasta entonces, al menos en la forma en que es modernamente esperable. Cierto es que Franco se apoyó en primer lugar en la posmodernidad falangista y en la pre-modernidad carlista, pero su proyecto es el de forjar una nación democrática moderna. Muchas figuras de sus gobiernos, ya desde los años 40, fueron ex-diputados conservadores de Acción Popular o monárquicos en la 2ª República.

Se ha hablado mucho del apoyo que le prestaron Mussolini y Hitler. El apoyo de Mussolini y Hitler fue mucho más allá de lo deseado por el mismo Franco, un apoyo por cierto menor del que Stalin ofreció a Azaña, Negrín, etc. El resultado de una República socialista fue que los totalitarismos, el comunista, que fue el primero y es la raíz de los otros dos, el fascista y el nacional-socialista, dirimieron sus diferencias en los campos de batalla españoles, hasta el pacto nazi-soviético que puso el prólogo a la 2ª Guerra Mundial tras la victoria de Franco. Sea como fuere, lo cierto es que Franco pensaba que Francia había actuado planteado mal las cosas (obvio es como el mismo De Gaulle dijo después) y que el Reino Unido ya no podía establecer las reglas europeas por sí sola tampoco (si bien pienso, en contra del Franco de junio del 40, que el Reino Unido no había perdido la guerra, porque era una guerra que, de hecho, desde la primera intervención estadounidense en el continente europeo, ya no podía ganar). También es cierto que tuvieron que recurrir, como en el caso de De Gaulle, y por siempre, a quien antes habían despreciado, es decir, a Churchill. También es cierto que ni la Liga de La Haya había evitado la 1ª Guerra Mundial, ni la Doctrina Wilson y la Sociedad de Naciones el ascenso de los totalitarismos. Aquí, en este punto, aparte del comunismo y en cierto modo contemporáneo a este, yace el problema del nacionalismo romántico (y del posmodernismo), que es lo que de alguna forma se había ventilado en la Guerra Civil estadounidense ganada por Lincoln. El Reino Unido, en mi opinión, no perdió la guerra, que ganó (le valía el empate), aunque en el proceso posterior ciertamente perdió sus últimas colonias.

En todo caso, no fue de apoyo a la causa nazi-fascista la política oficial del nuevo Estado español franquista todavía por definir -la proclama posterior al día de la Victoria de 1939, en la que Franco habla de un Estado totalitario, es obviamente una cosa falangista que no iba con Franco: oficialmente la política fue de neutralidad primero, de no-beligerancia después, y de neutralidad otra vez. Solo compartía una cosa con Hitler, y era el anti-comunismo (la División Azul), pero no desde luego para erigir el nazismo, que es su nieto.

Dicen que la noche del día del ataque imperial japonés a Pearl Harbour Churchill durmió el sueño de los justos. Me parece que Franco, bajo presión nazi de entrar a favor de los nazis en la guerra, también. No es casualidad que en 1941 los falangistas dejaran de ocupar los primeros puestos de mando en el nuevo Estado español franquista, que de momento solo se había definido por un Estatuto del Trabajo. En 1943, puede que baile algún año, Franco crea las Cortes Españolas, una especie de parlamento obviamente meramente corporativo. Su discurso en la inauguración de esas Cortes es, después del Manifiesto de Las Palmas, el segundo texto de lo que a partir de entonces puede llamarse Doctrina Franco. Este discurso empieza: "Queremos libertad pero con orden". Lo que sigue también me parece bien y es lo que Franco considera delictuoso. Todo eso que atenta a la moral cristiana y cuestiones de justicia social. En 1945 estas Cortes aprueban la tercera Ley fundamental, el Fuero de los Españoles, una especie de Estatuto de Derechos básicos. Y luego la de Referendum, y en 1947, la de Sucesión monárquica, en la figura del hijo del Conde de Barcelona, que es corroborada en referendum plebiscitario en la primera forma de participación política más o menos libre tras la sublevación. Me parece que no es Juan Carlos I el que ha hecho que la monarquía se acepte por el pueblo, sino Franco.

En todo caso, estos años son difíciles, porque cuando España iba a ingresar en la OTAN por invitación de EEUU, que con Truman vuelve a abrir su embajada en Madrid en 1950, tras la crisis del puente aéreo de Berlín, el Reino Unido se opone. He leido las razones de este rechazo y pienso que, más allá de cierto tiempo de espera prudencial, fue un error, hasta tal punto que la URSS no cayó sino en 1989 y a causa de la elección de un presidente aun más importante que FD Roosevelt, como es Reagan. También es posible que no hiciera sino alargar la dictadura franquista hasta la misma muerte de Franco. En fin, por eso dicen que hasta la llegada de Thatcher, Reagan y Juan Pablo II, Franco fue el campeón del anti-comunismo.

En todo caso, España ingresó en la ONU en 1955, tras haber sido antes rechazada. Aquel mismo año se escribe el texto de la Reconciliación Nacional que firma el PCE clandestino. España ya tiene aliados consistentes después del experimento no-alineado de la Argentina de Perón (la primera "tercera vía", falangista). Son EEUU y el Vaticano. Hay una apertura. En las universidades se pelean falangistas, democristianos, monárquicos. Los falangistas son barridos por un falangista mismo, Arrese, que intenta acercarlos a las posturas que serán dominantes desde entonces, las del Opus Dei, conservadores y tecnócratas. Dicen que de esto se encargó Herrero, el padrino político de Suárez. No es una caída del caballo del franquismo. Franco era un militar prudente que en los años 20 leía libros de economía y hacienda. Había sido director de la Academia de Zaragoza y luego Jefe del Estado Mayor. Lo que no había sido posible en 1946, lo sería a partir de los años 50, especialmente a partir de 1955. De hecho, el Estado español franquista ya estaba definido desde 1947, como "Reino", "católico, social y representativo", en la ley de Sucesión de aquel año. Esto zanjaba la cuestión interior, digamos, acabada la guerra mundial y tras el inicial rechazo de las potencias occidentales, en espera finalmente de la apertura exterior de los años 50 básicamente de la mano de EEUU.

En fin, asentado un nuevo Estado y una política exterior básica en las dos primeras décadas del régimen, que poco tenían que ver con el falangismo, la política económica establecida a finales de los 50 romperá aun más con cualquier veleidad de este cariz, apoyándose en la ley fundamental a la que Franco dio la máxima importancia hasta su fin: la de los Principios del Movimiento Nacional. El Movimiento, que no era un partido único, aunque englobara a la FET y de las Jons, unificadas a su despecho ya en 1937, es precisamente el término que Franco y Mola emplearon desde el principio para designar a su sublevación ("movimiento", "movimiento militar"). El Movimiento Nacional no es de inspiración fascista, no hay tampoco ningún artículo que señale cosas como "artículo 8: Franco siempre tiene razón", aunque desde luego sigue siendo corporativista. Su inspiración, según el propio Franco, es más bien el "Estado novo" portugués de Oliveira Salazar, el profesor universitario soltero que ejerció la dictadura en Portugal. Un proyecto técnico de modernización, como de algún modo ya estaba indicado en el nombre que se le dio al inicial Estado español militar sublevado en 1936: Junta Técnica del Estado.

Desde 1937 muchos falangistas, viejos y nuevos, se habían ido reconvirtiendo a varias formas democráticas (Ridruejo, Laín, Tovar, o el mismo Aranguren, que en los años 90 aun hablaba de "movimientos" y que hoy es gurú del progresismo). Muchos otros participaron en la elaboración de esta ley, que es la sexta ley fundamental. Es de hecho una ley cuasi parlamentaria, aunque los deliberantes no fueran electos. Luego vendrán ya solo la del Estado (es decir, la del nuevo Estado potencialmente monárquico que se configura en 1966, corroborado en referendum, de cara a la anteriormente prevista sucesión), y la de la Reforma Política. Veamos: del 38 al 47, trabajo, Cortes, derechos, referendum, y Estado católico, social y representativo configurado en Reino con prevista sucesión monárquica. Del 47 al 58, una vez asentado exteriormente lo anterior, principios fundamentales del movimiento nacional de dicho Estado. Del 58 al 67, pese al traspiés europeo del 62, reconfiguración del Estado potencialmente monárquico en la figura del futuro Juan Carlos I. Del 67 al 76, de forma convulsa, reforma política.

Vale la pena mencionar que en 1962 Franco creó una vicepresidencia recaida en la controvertida figura del general Muñoz Grandes, el único que había tratado amistosamente con Hitler, en términos militares, cuando lo de la División Azul. El jefe del Ejército después. Su hijo fue uno de los brazos de Juan Carlos I en la repulsa del 23-F. Hoy en Wikipedia, de falangista de camisa vieja ha pasado a considerarse republicano (conservador) centrista. No es baladí que este militar fuera el designado como primer vicepresidente. Era de familia humilde, de Carabanchel Bajo. De Infantería, como Franco. Vicepresidente del Gobierno cuando Franco llega a los 70 años de edad. Es la respuesta franquista al Congreso Europeo de Munich y al rechazo a la petición de entrada en la Comunidad Económica Europea. El último presidente de las Cortes franquistas, tras el largo dominio de los tradicionalistas, también será un viejo falangista; será el que proclamará como rey a Juan Carlos I. En lo político, aparece entonces la figura de Fraga, que viene a sustituir a Gil-Robles como representante de los conservadores. En torno a esto, el problema del europeísmo y de la reconciliación.

En cuanto a la reconciliación, quiero señalar de pasada que es enormemente difícil y muy complejo que aquellos que han sido duramente castigados te consideren un benefactor. Alguna gente íntegra hasta la médula. Pero la santidad no es una obligación, sí viene a serlo la genuina ciudadanía. Yo soy profesor, otros son padres. Yo enseño, castigo y corrijo, y en general, los que me odian infantilmente, me quieren. Pero soy un profesor, no un Jefe de Estado, no creo nada, más bien dejo que cada cual se cree su vida. Con parte de mis enseñanzas, obviamente, pero no a mi imagen y semejanza. En un programa de la televisión sueca un periodista plantea esta pregunta a un sacerdote del Valle de los Caídos, y el sacerdote le contesta: si usted, allí donde pone "Caídos por Dios y por España", pone una "o", tendrá a los caídos por Dios (nacionales) y a los caídos por España (españoles). O tal vez al revés. Nacionales y españoles políticamente. Deportivamente. Es una respuesta muy razonable. Pero en la lápida pone una "y", no una "o". Quizá algo más que un valle de los caídos y una memoria de los vencidos habrá que hacer y se puede hacer. Ahora bien, si me he atrevido a postular una Doctrina Franco plenamente viable y vigente (Manifiesto de Las Palmas, Discurso de las Cortes, Principios Fundamentales), es porque, leyendo dichos Principios Fundamentales, solo con algún matiz, más o menos importante, no se puede no estar de acuerdo. Y también por otra razón, menos agradable. Y es la siguiente: la legitimidad de origen de dicha reconciliación tendría que venir de estos principios como la Constitución de 1978 viene de Juan Carlos I a través del General Franco.

Los principios fundamentales son nueve principios. Son los siguientes. En primer lugar, los principios doctrinales:

El principio I establece la unidad nacional y el deber de todos los españoles de servir a la Patria.
El principio II declara el acatamiento de la Nación española a la Ley de Dios formulada por la Iglesia, cuya doctrina inseparable de la conciencia nacional, inspirará las leyes.
El principio III señala la aspiración de España a la instauración de la justicia y la paz entre las naciones.
El principio IV otorga al Ejército el deber de defender la unidad, la integridad y la independencia de la Patria.
El principio V funda la comunidad nacional en el hombre y en la familia. Subordina el interés particular al bien común, y pone a todos los españoles bajo el amparo de la Ley.

Quizá el Principio hoy en día más controvertido sería el II. Pero no porque la apelación a la ley de Dios (Ley en mayúscula, eso parece casi israelita) sea una tontería, sino porque la nación española como nación política no puede ser una nación católica, apostólica y romana sin más, lo cual tampoco significa que haya de dejar de serlo. El problema del catolicismo y de la tolerancia religiosa. Nuestro Estado de 1978 es constitucionalmente aconfesional.

Luego hay unos principios orgánicos:

El principio VII instaura la Monarquía como forma política, con las notas de la tradición católica, social y representativa.
El principio VIII ordena la participación política a través de la familia, del municipio y del sindicato.

Bien, aquí, en 1958, ya está la Monarquía como forma política. Mucho mejor que una conciencia nacional católica es esto de "las notas de la tradición católica" afectando a la Corona. Social es una cosa extraña, pero, en fin, nuestro Estado de 1978 también lo es. Representativa, supongo que quiere hacer referencia a la política, en este principio solo entendida de forma corporativa u "orgánica". Hoy entenderíamos representativa en su sentido político genuinamente democrático. Nuestro Estado de 1978 es democrático.

El principio VIII, junto con el II, es el más cuestionable. En este caso de forma plena. La familia, y la humanidad, ya han sido mencionadas antes, en el Principio V, referido a la comunidad nacional (política), junto con el bien común y el amparo de la ley. La idea de que el municipio preexiste de forma natural a la comunidad política y a la ley, aparte del hecho obvio, no es cierto, ni los municipios ni las regiones. Esto es un municipalismo y un federalismo mal entendidos, tanto por el Calvo-Sotelo de los años 30 como por Pi Margall, como por el corporativismo franquista de inspiración, en esto sí, falangista-carlista-sindicalista. Los problemas de concreción no se arreglan con preexistencias ni despotismos.

Se ha dicho que si el Rey juró esto, su Gobierno posterior a la muerte de Franco conculcaría en este punto su juramento. La octava ley fundamental, la de la Reforma Política, es una especie de última enmienda final al nuevo Estado español franquista. Pero de hecho, esta ley fundamental, la de la transición a la democracia, no es que conculque el juramento hecho a una ley fundamental y a uno de sus principios, es que deroga todas las leyes fundamentales anteriores, el Estado franquista por entero, salvo, cosa de suma importancia, su Jefatura, en este caso atribuida por dichas leyes y bajo dichos principios a la Corona en la figura de Juan Carlos I, leyes que en dos ocasiones, 1947 y 1967, fueron plebiscitadas por el pueblo, así como también fue igualmente plebiscitada la misma ley de reforma política de 1976 -de hecho, pues, en virtud de la prescripción introducida en la ley del 47 sobre la celebración de referenda según la ley del 45, el pueblo mismo aprobaría en este sentido la reforma política. Por tanto, el Rey, como nuevo Jefe del Estado, estaba plenamente legitimado, precisamente de forma franquista, por así decir, para hacer lo que hizo. De hecho, después de todo, salvo dos principios fundamentales de la ley del 58, el resto puede encontrarse de una forma u otra en la Constitución de 1978. Los que no están son el II, aun heredado de la Constitución de 1812, y el VIII, el de la "democracia orgánica". Pero si leemos atentamente el principio VII, principio orgánico precedente, referido a la Monarquía, que es a quien se le ha otorgado la Jefatura del Estado, vemos que "las notas de la tradición católica, social y representativa" que la acompañan pueden significar otra cosa que lo mencionado en los principios II y VIII: no una nación católica y orgánicamente representada, como fue la apariencia franquista, sino una monarquía parlamentaria tocada de catolicismo con aspiraciones a la justicia social, que es lo que nuestro Estado viene a ser.

La Doctrina Franco que propongo sería pues una doctrina "no escrita". Algunas ideas o principios básicos que, más allá de lo que dicen que Franco dijera sobre la democracia, entroncarían con principios elementales de cualquier democracia occidental moderna. En tanto obviamente la Ley para la Reforma Política no deroga la Corona, tampoco deroga de hecho a Franco, por así decir, que es quien la había instituido y designado, por tanto, tampoco derogaría lo que he llamado Doctrina Franco, que solo afectaría a unos principios elementales y no al armazón orgánico de su Régimen, este sí ya potencialmente derogado de hecho mediante la Ley del Estado de 1967, que es la última ley fundamental anterior a la Ley para la Reforma Política, y no solo potencialmente, podríamos añadir, en cuanto modifica algunos puntos importantes de las leyes fundamentales anteriores, por ejemplo en cuestiones como la de la libertad religiosa (como a su vez, ya el Fuero de los Españoles de 1945, que Franco ponía por delante del Fuero del Trabajo de 1938, vino a matizar este).

Simplemente, reconduciendo el Principio doctrinal II y rechazando el Principio orgánico VIII, ambas cosas en virtud del principio orgánico VII, que es el referido a la Monarquía, esto es, a la Jefatura del Estado, lo que llamo Doctrina Franco tendría que ver más con una cierta estrategia política plenamente democrática que con principios doctrinales o de organización ya periclitados por la propia sucesión. Según la Constitución de 1978, está claro que la participación política es individual y se articula básicamente a través de partidos políticos y otras asociaciones. El Estado es aconfesional, es decir, no es laico como tampoco organiza una conciencia nacional católica.

La nueva España democrática, la de la fraternidad, libertad e igualdad, entró en la Otan en 1982 más de 30 años después de que el Reino Unido se lo impidiera, y en 1986 permaneció en la Otan y entró finalmente en la Comunidad Europea después de más de 20 años de haberlo pedido. Entre tanto, desde 1955 estuvo en la ONU y sus aliados fueron EEUU y el Vaticano, además de otras tradicionales amistades, que en este caso tienen que ver con el problema del islamismo y de Hispanoamérica. Aquí es donde Aznar quiso acabar con el tardofranquismo sociológico que aun encarnaba en cierto modo Fraga, al rechazar el liderazgo de la Cuba comunista en Hispanoamérica, y al apoyar la guerra contra Irak y su socialismo árabe laico, una ideología que hasta el mismo alcalde franquista, experto en islamismo, de la ciudad de Salamanca, llamada en su tiempo "capital del franquismo", no veía con malos ojos. No parece que algunos entendieran bien esto.

El último principio es un principio programático:

El principio IX declara el derecho de los españoles a una justicia independiente, a los beneficios de la educación.

Finalmente, para acabar de perfilar una posible Doctrina Franco, reproduciré el testamento del General con el simple ánimo de darlo a conocer, teniendo en cuenta que se trata del testamento político de alguien que fue ante todo un militar, y a modo más bien de complemento personal a dicha doctrina:

"Españoles:

Al llegar para mí la hora de rendir la vida ante el Altísimo y comparecer ante Su Inapelable Juicio, pido a Dios que me acoja benigno a Su presencia, pues quise vivir y morir como católico. En el nombre de Cristo me honro y ha sido mi voluntad constante ser hijo fiel de la Iglesia, en cuyo seno voy a morir.

Pido perdón a todos, como de todo corazón perdono a cuantos se declararon mis enemigos, sin que yo los tuviera por tales. Creo y deseo no haber tenido otros que aquellos que lo fueron de España, a la que amo hasta el último momento y a la que prometí servir hasta el último aliento de mi vida, que ya sé próximo.

Quiero agradecer a cuantos han colaborado con entusiasmo, entrega y abnegación en la gran empresa de hacer una España unida, grande y libre.


Por el amor que siento por nuestra Patria, os pido que perseveréis en la unidad y en la paz y que rodeéis al futuro Rey de España, Don Juan Carlos de Borbón, del mismo afecto y lealtad que a mí me habéis brindado y le prestéis, en todo momento, el mismo apoyo de colaboración que de vosotros he tenido.

No olvidéis que los enemigos de España y de la civilización cristiana están alerta. Velad también vosotros, y para ello deponed, frente a los supremos intereses de la Patria y del pueblo español, toda mira personal.

No cejéis en alcanzar la justicia social y la cultura para todos los hombres de España y haced de ello vuestro primordial objetivo.

Mantened la unidad de las tierras de España, exaltando la rica multiplicidad de sus regiones como fuente de la fortaleza de la unidad de la Patria.

Quisiera, en mi último momento, unir los nombres de Dios y de España y abrazaros a todos para gritar juntos, por última vez, en los umbrales de mi muerte:


¡Arriba España! ¡Viva España!"


21/03/2010 19:16 procopio Enlace permanente. sin tema Hay 8 comentarios.

Carta póstuma al General Franco sobre la cuestión masónica

Señor General, he hojeado su libro sobre la masonería, publicado bajo el seudónimo de Jakim Boor. Entiendo cuál le parece usted el problema, y en parte puedo estar de acuerdo. No obstante, le escribo esta carta con el ánimo de sacarle de alguna confusión y proponerle otras formas de hacer frente al problema.

Usted achaca a la masonería el atraso histórico de España, desde la caída del Marqués de la Ensenada hasta el fracaso de Antonio Maura, el posterior directorio militar de Primo de Rivera y, en fin, la República marxista-separatista. Pero aquí hay varias cosas mezcladas de forma indebida.

En primer lugar, siento comunicárselo, el atraso histórico de España no se inicia cuando Gran Bretaña y Francia le paran los pies a Ensenada. Se había iniciado mucho antes, cuando no se quiso ver, al menos desde finales del siglo XVI. No le daré una fecha exacta pero sí apuntaré a la Contrarreforma, lo cual no quiere decir al catolicismo ni menos aun al cristianismo. Nuestro Imperio, siento decirlo, se terminó entonces, y no con la pérdida de Cuba en 1898 en la guerra contra los Estados Unidos de América.

En segundo lugar, la Masonería tiene en su origen una razón de ser que no solo no va en contra de la dignidad humana y de la tolerancia sino que, bien entendida, y en sus límites acotados, promocionan estas verdades y la misma caridad cristiana. Este origen está ligado a la revolución moderna, científica, política, de los países más avanzados del momento, herederos de Grecia, de Roma, del cristianismo y de Europa. Usted entenderá que en la recién instaurada monarquía parlamentaria democrática en Gran Bretaña, a inicios del siglo XVIII, no hubiera instituciones aun adecuadas para los cometidos modernos de los que no se dedicaban directamente a las tareas de la administración y del gobierno. Ese y no otro es el origen de la masonería, ligada ciertamente a una confesión no católica, pero precisamente tampoco vinculada a la protestante que en aquel entonces aun excluía a los no protestantes, judíos, etc. El movimiento evangélico que rompe la obediencia a la Iglesia de Roma es legítimo en tanto refuerza la soberanía de las nuevas naciones modernas. Y en este sentido, la primera masonería, la masonería de Londres, no viene sino a reforzar esta soberanía, no solo por cierto en favor de los protestantes, pues será el caso que durante el siglo XIX judíos y católicos, nunca perseguidos -aunque sí excluidos- desde finales del siglo XVII, podrán contribuir con sus aportaciones a la política nacional.

En tercer lugar, no menos importante es el papel de la masonería norteamericana, heredera de la de Londres, y a su vez, independiente. Su ciudad es Filadelfia, donde se encuentra el mayor templo masón, y donde se encuentra, como usted sabe, el edificio en el que se escribieron las palabras históricas de que Dios nos creó a todos iguales y libres. Filadelfia no fue la primera capital de los EEUU, ni lo es desde 1800, pero lo fue durante el primer gobierno democrático de la nación más importante de la historia humana desde Roma y Grecia. Lo fue porque Nueva York no era suficiente para consolidar una nación, y lo dejó de ser cuando esta había sentado sus cimientos tras el primer gobierno Washington-Adams. Tampoco Benjamin Franklin jamás llegó a ser Presidente, y no obstante ningún otro de los norteamericanos se merecería más el ser llamado Padre de la Patria. La religión de los EEUU no es la masonería ni Franklin su primer Presidente, pero sin ambos, no hubiera habido ni EEUU ni Presidente. Usted sabe bien, aunque en 1946 aun no había sucedido, sino todo lo contrario, que EEUU fue el único aliado real y genuino que tuvo su Régimen hasta su fallecimiento. Usted mismo ha hablado con admiración sin tacha de su "espíritu democrático". Siento que el Presidente F. D. Roosevelt estuviera equivocado en su rechazo a que nuestro país entrase en las Naciones Unidas en 1946, pero los problemas del universalismo político y las confusiones con el papel de España en esta historia no son una invención de la masonería.

En cuarto lugar, por otra parte, comparto con usted el rechazo al papel sociopolítico que la masonería ha tenido en Francia y posiblemente en España. La Logia francesa ha cometido errores muy graves, entre ellos legitimar el terrorismo y convertir el laicismo en una excusa histórica para el totalitarismo. Errores que por cierto cometieron la Falange y Primo de Rivera, padre e hijo. En Francia, es cierto, la etiqueta masónica sirvió para un intento de superación del Estado democrático y de la religión cristiana en aras de un supuestamente perfecto Estado laico, un disparate que ensombreció las luces de la Ilustración durante varias décadas y que aun hoy amenaza de vez en cuando en apagarlas. Lo estamos malviviendo en España ahora y toda la Europa comunitaria se resiente también intermitentemente de estos achaques. Como usted sabe, en Francia el catolicismo perdió la batalla contra Enrique de Navarra, si bien luego este, a instancias del escritor Michel de Montaigne, hijo de judeoespañola e inglés, se convirtió a la religión de Roma. La utilización de la masonería para expulsar el catolicismo de Francia después de la revolución de 1789, meses después de que Washington fuese investido primer Presidente de los Estados Unidos de América, ha sido inicuo y criminal desde que en 1791 se rechazó la monarquía parlamentaria propuesta por Lafayette y Sieyes. Sin embargo, en estos doscientos últimos años, parece que la masonería francesa, a base de errores culpables y punibles, ha aprendido la lección. Aunque la presencia aun importante de la masonería en la política de Francia puede llevar a veces a confusiones intolerables, se permite su existencia y no se la expulsa, porque por otra parte, no pocos grandes políticos conservadores han sido masones o se han interesado de alguna forma por la masonería. "Maison" significa en francés "casa". Los masones comprenden que ellos solo deben aportar su cimiento a la casa común de todos los conciudadanos, hermanos, como usted diría, libres e iguales, y no construir una casa igual para todos al modo de una logia masónica. Como usted bien señala, es a esta pequeña pero a veces valiosa contribución a lo que se dedicó desde el principio la Logia inglesa, nacida de la Real Sociedad de Ciencias de Londres ("Royal Society"), con razones bien comprensibles en sus comienzos, quizá hoy solo de manera testimonial o residual.

Por tanto, señor General, cuando en su último discurso en el Palacio Real atacó usted la inquina comunista-terrorista, no puedo por menos que estar de acuerdo. Pero con la conspiración masónica-izquierdista, no tanto, simplemente no porque no haya o no pueda haber ninguna conspiración destructiva, sino porque su diagnóstico no es plenamente correcto.

Guarde salud.

27/03/2010 14:51 procopio Enlace permanente. sin tema Hay 2 comentarios.


Sobre la Reconciliación Nacional

En otro texto hacía referencia a la cuestión de la actual Memoria Histórica, esa iniquidad. Me referí a la posibilidad de elaborar un Memorial común, que obviamente entronca con la cuestión de la Reconciliación Nacional.

Lo primero que hay que decir es que la palabra Reconciliación es quizá demasiado presuntuosa. Una reconciliación definitiva entre convencinos, conciudadanos o compatriotas nunca es posible, de hecho en una democracia es lo propio que exista diversidad, pluralidad y conflicto, encauzados por medio de, básicamente, dos partidos políticos, nunca uno solo.

El primero en reclamar una reconciliación nacional fue, al parecer, el general Yagüe, el general del bando sublevado adscrito al falangismo más decisivo de la guerra española. Fue en 1938, el mismo año de la Primera Ley Fundamental de las ocho que jalonarán el régimen franquista, el Fuero del Trabajo. Yagüe fue desterrado 29 meses. ¿Qué quería Yagüe? ¿Una especie de empate, una no victoria del bando sublevado, una rendición del bando legal con magnanimidad por parte del bando sublevado? Cierto es que en 1938 prácticamente la guerra ya está ganada por parte de ellos, una vez que han llegado a Castellón rompiendo el frente de Aragón. Ya no hay ningún otro frente, después de que el de Extremadura cayera a las primeras de cambio, tras la toma de Badajoz por el mismo Yagüe en el 36.

La intención de Yagüe debía de ir por aquí. Pero ciertamente era una intención un tanto ridícula según la cual Franco nunca se hubiese sublevado: y es que Franco no era falangista ni tan ingenuo militarmente desde el punto de vista estratégico. Quiero decir que a mi modo de ver Yagüe era muy ingenuo al pretender que la Madrid republicanista-estalinista y la Barcelona nacionalista-estalinista pudieran rendirse sin más cuando la Urss las apoyaba más que Hitler y Mussolini juntos a Franco. Por otra parte, y no menos importante, ¿en qué términos se hubiese producido esa reconciliación? Es de suponer que en términos falangistas, aquello del "nuevo estado totalitario" que aun Franco proclama tras entrar en Madrid y ganar la guerra en el 39, y que duró no más de dos años. Imaginemos que Madrid y Barcelona y el resto de territorio "rojo" se hubiesen rendido y hubiesen aceptado una reconciliación nacional en términos falangistas, pues de algún modo compartían el totalitarismo con estos. No sé, al modo del pacto Molotov-Ribbentrop. Una reconciliación bajo el signo de un "nuevo concepto del trabajo", ya de algún modo insinuado en el artículo primero de la Constitución republicano-socialista del 31 tanto como en el nacional-socialismo "de los trabajadores". Vuelvo a recordar que la Constitución de 1931 no habla de "ciudadanos" sino de "trabajadores de todas las clases", en clara clave marxista. Pues bien, me temo que Franco hizo bien en mandarlo a la nevera hasta que luego lo rescató para enviarlo a la batalla del desierto entre Montgomery y Rommel, junto al monárquico Orgaz. Porque Yagüe, como todos los falangistas, era, vía el fascismo de Mussolini, pronazi, mejor dicho, pensaba que Alemania ganaría la guerra y querían estar del lado ganador, mediante ese fascismo "light" que era entonces el muy minoritario falangismo. También hay que recordar que los primeros en calificarse como fascistas fueron unos socialistas sicilianos de finales del siglo XIX: de ahí viene la palabra "fascio".

Dejando de lado que Franco lo envía luego al norte de África para equilibrar la balanza de su bando nacional en la batalla del desierto, imaginemos qué hubiese supuesto una reconciliación nacional falangista-comunista para España: nada menos que lo mismo que el pacto nazi-soviético que da inicio a la 2ª Guerra Mundial, como ya he dicho, quedando España totalmente del lado perdedor de la 2ª Guerra Mundial (primero perdieron los nazi-fascistas, porque tenían que perder, y luego, porque finalmente no ganaron, y porque eran el origen del mal, los soviéticos). Es de suponer, en fin, que como tal pacto nazi-soviético, la reconciliación nacional de Yagüe hubiese desembocado en una nueva guerra civil poco tiempo después. También sabemos qué podía llegar a significar el "trabajo" en el régimen nazi o en la Urss. No deja de ser alarmantemente sintomático que las primeras palabras de Rodríguez Zapatero como presidente electo del Gobierno por el Psoe en 2004 fueran las de: "A trabajar". Desambiguación: a la cola del paro tras ser explotado.

Los segundos en hablar de Reconciliación Nacional fueron los comunistas, el PCE, en 1955, cuando España había sellado sus alianzas con el Vaticano y los EEUU y había entrado en la ONU, y se disponía a arrinconar al falangismo (ya unificado con el carlismo y el sindicalismo en el 37, y nunca convertido en partido único del régimen, al menos desde el punto de vista orgánico, pues este papel lo desempeñaban unas Cortes corporativas no solo formadas por miembros de un inexistente "partido único") en aras del Movimiento Nacional, que es como Mola y el propio Franco definieron a la sublevación del 36 ("movimiento", "movimiento militar").

Los segundos en hablar de Reconciliación Nacional fueron, pues, los comunistas, el PCE, en 1955, cuando España ya se había constituido en "Reino" con Franco como cuasi Regente al modo de Espartero o Serrano (1947), o "director militar" como Primo de Rivera. Había sellado sus alianzas con el Vaticano y los EEUU, lo que supuso el regreso de muchos conservadores y monárquicos significados a España y, de hecho, el fin de toda posibilidad de restauración de la 2ª República, aun mantenida, hasta 1951 por el partido de Azaña, y había entrado en la ONU. Recientemente he tenido la oportunidad de leer el documento del PCE y en líneas generales es aceptable, solo que llenándose la boca con la democracia y las "fuerzas democráticas" olvidan empezar por sí mismos, todavía afectos al comunismo. La misma 2ª República en el exilio intentó prescindir por activa y por pasiva del PCE. El PCE no estuvo en el Congreso del Movimiento Europeo de 1962 ("contubernio de Munich", según los falangistas; "fin de la Guerra Civil", entre los partidos políticos, se entiende, según Madariaga, que había sido ministro de Educación en un gobierno radical-cedista, si no me equivoco). De aquel PCE surgen las actuales CCOO y de aquel texto el principio de aceptación por parte de los comunistas de la monarquía parlamentaria constitucional, al igual que ya había hecho mucho antes, incluso antes de acabar la II Guerra Mundial, parcialmente el Psoe (contactos entre Prieto y Gil-Robles). Pero teniendo en cuenta que el PCE vivía aun entre el adiós de un tal Federico Sánchez y el marxismo-leninismo puro y duro, la reconciliación era inviable.

En 1962 Franco solicita la entrada de España en Europa. Luego designa a su primer vicepresidente, el general Muñoz Grandes, hasta entonces Jefe del Ejército. Es una fecha crucial para esta cuestión de la reconciliación nacional. Porque si bien en Munich la reconciliación se produce entre los partidos parlamentarios del 36, no se produce con el régimen franquista. Según parece, fue un proceso que Franco consideró mal llevado, destituyendo al ministro de Información del momento, padre del actual político Arias-Salgado. Por un lado, ya estaba claro entonces que el sucesor no iba a ser Juan de Borbón, sino su hijo Juan Carlos I, el actual Rey, como se había pactado en 1947. Juan Carlos I tenía entonces poco más de 30 años de edad. Por otro lado, España había solicitado el ingreso en la Comunidad Europea, pero justamente las presiones del Congreso de Munich para que la Comunidad Europea rechazase la entrada de España, pues eso supondría legitimar a Franco, hicieron que finalmente la respuesta fuera negatia y a España no se le fijase fecha de entrada en la Comunidad Económica Europea. Quién sabe si, en el supuesto de que esa fecha se hubiese establecido para finales de los años 60, la dictadura podría haber acabado antes sin esperar al fallecimiento de Franco en la cama. España estaba creciendo entonces al 7%, y no está ni mucho menos claro que un proceso de transición a la democracia con la posibilidad de gobiernos del Psoe pudiera sostener ese crecimiento, indispensable para la modernización del país. No es lo mismo un 20% de paro que un millón y pico de emigrados. Los emigrados serían hoy como un % de paro alto. Pero el paro se paga doblemente, y los emigrados, por contra, teniendo en cuenta obviamente su difícil situación, repercuten positivamente en la economía nacional. Yo suscribiría al cien por cien la petición de Madariaga de 1959: es hora de irse, General. Es una cuestión razonable. Pero francamente, más allá de la utilidad del Congreso de Munich en la modernización y democratización de los partidos políticos españoles, ahora no veo tan claro que el General fuese el problema. Tampoco era la solución, en el bien entendido que la solución era la suya, la de Juan Carlos I, aun muy joven todavía.

Sea como fuere, desde 1955 hasta 1962 se produce ciertamente un principio de reconciliación nacional genuinamente política, más plausible que la propuesta por el general Yagüe en 1938 pero no desde luego según el planteamiento comunista, pues, repito, los comunistas ni siquiera están en Munich en 1962. Por parte del régimen franquista se proclaman los principios fundamentales del Movimiento Nacional. Salvo dos principios, son principios elementales de cualquier democracia occidental. Tenemos, pues, un movimiento nacional franquista y un movimiento europeísta de los partidos políticos, tanto filo-franquistas como anti-franquistas. Por parte franquista, tenemos una solución monárquica al embrollo de la guerra civil y de la 2ª República, embrollo que se remonta a los años anteriores a Primo de Rivera (yo diría que a la huelga general de 1917, celebrada bajo la frase de Araquistain: "Le digo a la Corona: o una política francamente aliadófila o la revolución", frase que trataré de analizar en otro momento). Por parte de los partidos políticos más o menos reconciliados, tenemos una paz civil en el marco de la comunidad europea, bajo la aceptación, aun crítica y discutida en ciertos casos, de la solución monárquica. Lo que ocurre es que unos están pensando en Juan de Borbón y no en Juan Carlos I. De ahí que Franco designe como vicepresidente al general Muñoz Grandes, firme partidario de Juan Carlos I. Se dice que, tiempo después, el hijo del general Muñoz Grandes fue uno de los brazos derechos de Juan Carlos I en la noche del 23-F. Descartadas o superadas las reconciliaciones de Yagüe y del PCE, un principio más o menos consistente de reconciliación estaba fraguado a inicio de los años 60.

La tercera vez que se habló de reconciliación nacional fue durante la transición a la democracia. Se suele decir que el PP no acepta la democracia porque no condena la sublevación del 36 ni la dictadura de Franco. Me parece que durante el Gobierno de Aznar se hizo una especie de gesto de reconciliación entre combatientes de la guerra civil, si no condenando la sublevación, cosa que me parece que sí se hizo, aceptando el hecho de que había sido en contra de la legalidad establecida entonces. A algunos, como de costumbre, no les pareció suficiente. Pues mejor, ahora les digo que condenar la sublevación del 36 y la dictadura de Franco supondría condenar a la Corona reestablecida por Franco y encarnada en el rey Juan Carlos I, designado sucesor por Franco, y por tanto, sería condenar la Constitución de 1978, esto es, nuestro actual régimen constitucional democrático. De hecho, desde Eta, que apareció en el 68, hasta los comunistas, separatistas y confederalistas, es lo que algunos hacen todavía. El gravísimo gesto de Rodríguez Zapatero de contemporizar con esta condena constituye el enésimo error del Psoe, que este septiembre pasado al parecer volvió también a asumir el marxismo de los buenos viejos tiempos. El PCE, mientras tanto, está en la tarea de elaborar uno nuevo. Es razonable suponer que entre tanto condenado el PP se niegue a condenar el franquismo justamente en el Parlamento Europeo. No me gusta nada y pienso que es muy poco adecuada la palabra "condenar". Pero en todo caso la posición del PP me resulta muy razonable.

Vuelvo a repetir que una reconciliación nacional absoluta es imposible. La misma democracia es esa reconciliación. En nuestro caso, Corona y partidos políticos. La Corona reestablecida por Franco y los partidos políticos legalizados bajo la monarquía, que tanto tiempo antes habían aceptado "in abstracto" y que ahora aceptaban en la figura designada por Franco. He leido que la 2ª República en el exilio, que duró hasta 1977, y que desde 1951 había estado gobernada por Unión Republicana, el partido de Martínez Barrio, el tránsfuga del partido Radical de Lerroux, quien por contra se adhirió formalmente a la sublevación de Franco, se disolvió anunciando que había cumplido su "misión histórica". Martínez Barrio había presidido la 2ª República en el exilio desde 1945 hasta su muerte, en el importante año de 1962. Del 62 al 70 la República en el exilio fue presidida por el Psoe del exilio, cosa que demuestra las vacilaciones socialistas a la hora de aceptar la monarquía, etc. Del 70 al 77, fecha de su disolución, la República en el exilio estuvo presidida por el partido de Azaña, el mismo que ostentaba el cargo en el 18 de julio de 1936. Francamete, no sé a qué misión histórica se refieren. La Constitución a la que se iba en 1977 no iba a ser ni republicana, y menos socialista, los dos rasgos básicos de la conjunción republicano-socialista del 31. Como ya he comentado, Fraga conminó a González a sacar el marxismo de la doctrina del Psoe, si es que queríamos una democracia verdaderamente homologable, como se decía, al resto de democracias occidentales. Los únicos países que después de 1950 habían reconocido como gobierno legítimo al gobierno de la República eran México y Yugoslavia. Ni el PRI ni Yugoslavia mismo existen ya. Por su parte, Suárez trató con Carrillo y Tarradellas, y ambos aceptaron la Corona y la bandera nacional (el problema es que Tarradellas no tenía partido, porque de algún modo precisamente había renunciado a la existencia de partidos nacionalistas, pero tampoco manejaba el Psc-Psuc(Erc)-Psoe, liderado como estaba por Raventós, y, por otra parte, la herencia de la Liga era un Pujol más cercano a Prat que a Cambó, mientras la Erc histórica de Macià no renunció al separatismo cuando no aceptó el Estatuto del 79 bajo el cual, sin embargo, se puso, desgraciadamente, a gobernar en seguida).

No entiendo, pues, cuál es la misión histórica lograda por la República en el exilio. Ni siquiera la cuestión de las autonomías, que es la cuestión en que más asemeja la Constitución de 1978 a la del 31, es una aportación novedosa de la República. Puede que fuera novedosa en el proyecto de la 1ª nonata República, pero el conocido federalismo de Pi y Margall de entonces tenía más que ver con el confederalismo que con el genuino federalismo que acababa de ganar la guerra civil en EEUU. Por otra parte, la Mancomunidad de Cataluña, como una especie de primera comunidad autónoma, fue creada en la segunda década del siglo XX, como problema añadido, por cierto, al marxismo obrero. Salvo la renovada celebración de unas elecciones libres no sé muy bien qué misión histórica había logrado la República en el exilio, la de Azaña, la de Martínez Barrio, la del Psoe, la de Erc y la del Pce, pues tales elecciones libres se celebraban bajo el régimen que le declaró la guerra civil y la derrotó.

En cuanto a la reconciliación de 1962 en Munich, la duda razonable de que una reconciliación genuina no puede venir de un movimiento -nacional- transitado a la democracia pero impuesto de raíz por una sublevación militar es inferior, no obstante, al rechazo razonable de que la reconciliación se pudiera producir por un movimiento -europeísta en el mejor de los casos- dividido aun en cuestiones como la Corona, la nación, y, no menos importante, el liberalismo (económico, y político), anclado aun en la neutralidad de terceros en la guerra fría (España fue neutral en la primera guerra mundial, fue neutral, no-beligerante y neutral en la segunda, pero en la guerra fría no fue exactamente neutral, fue pro-USA, en el marco europeo, incluso antes de acceder Eisenhower a la Presidencia, al igual que puede sostenerse que había sido francófila, ni que fuera por el tradicional "pacto familiar", y por tanto aliadófila, en la primera guerra mundial), y anclado aun en lo que llaman "valores de la República", todos ellos relacionados con el marxismo y el laicismo doctrinario; el confederalismo imperial; y el rechazo de la propiedad privada y de las libertades individuales. Defectos todos ellos en efecto relacionados con los defectos de la Revolución francesa y que el fin de la guerra civil entre partidos políticos, según Madariaga, de 1962 en Munich no había acabado de eliminar plenamente. Por tanto, el importante acuerdo político de 1962 en Munich, debido en gran parte a la solicitud franquista de entrada en la Comunidad europea de principios de aquel año, solo se haría realidad durante la transición franquista a la democracia, en lo que tiene de transición franquista -Juan Carlos I, bandera nacional, rechazo del nacionalismo separatista- y en lo que tiene de transición a la democracia liberal -renuncia del marxismo. ¿Es una reconciliación impuesta, por así decir? En efecto, si así se quiere decir, pues el lema que la guía, mucho más cercano a FD Roosevelt que a Wilson, no es el de "ni vencedores ni vencidos", sino el de "vencedores y vencidos", radicando la victoria de los vencedores no exactamente en la dictadura de Franco que prolongó la guerra civil, sino en: la Corona en la figura de Juan Carlos I, la bandera nacional y la democracia occidental pro-estadounidense dentro del marco europeo.

30/03/2010 21:16 procopio Enlace permanente. sin tema Hay 2 comentarios.


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