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La sentencia del TC sobre el Estatuto de Cataluña (I)

Aprovecho mi respuesta al post sobre el tema del diputado socialista Pérez Tapias en su blog para comentar esta cuestión:

mi deseo sería que en efecto el TC recortase totalmente el Estatuto salvando solo cuestiones de competencia en las que simplemente cabe aplicar la ley y la práctica política sensata acorde con la ley, que es la Constitución.

el problema es que este Estatuto, al igual que la práctica política de los últimos 15-20 años en Cataluña que ha conducido hasta este Estatuto, se sitúa fuera de la ley, en concreto, como he dicho, fuera de la ley básica, que es la Constitución.

para no alargarme, resumiré en tres puntos qué es básicamente lo que este Estatuto vulnera:

-en primer lugar, como suele pasar cuando uno se sitúa fuera de una ley básica de una democracia, lo que este Estatuto vulnera no es siquiera dicha ley básica, sino de entrada la propia democracia. en concreto, vulnera un principio elemental de cualquier democracia, que es el siguiente: un cambio d gobierno no supone un cambio de régimen. en cuanto que un Estatuto es la norma fundamental de cada Comunidad Autónoma, el hecho de que el cambio de gobierno de 2003 llevara como programa básico el cambio de dicha norma fundamental, vulnera, pues, dicho elemental principio. de hecho, una vez aprobado el trámite en referendum, se procedió a celebrar nuevas elecciones en 2006.

-en segundo lugar, entrando en cuestiones puramente jurídicas, este Estatuto vulnera el principio de la soberanía nacional, popular, del pueblo español, democrática, o como más guste llamarla. y lo hace designando como soberano a la Comunidad Autónoma de Cataluña al definirla como "nación", cosa que obviamente choca con la Constitución, en la que solo se habla de nación, como soberana en su conjunto, al hablar de España, integrada por igual por nacionalidades y regiones, que se organizarían en unas Comunidades Autónomas. el término "nacionalidad" se entiende al leer en el siguiente artículo, lo cual es una novedad en nuestro constitucionalismo desde 1812, que "también" serán oficiales como el castellano las lenguas respectivas en sus Comunidades Autónomas: y este dato, el de las lenguas oficiales, es lo único que diferencia una región de una nacionalidad: una nacionalidad es una región en la cual además del castellano también es oficial una lengua distinta del castellano.

todo esto vulnera este Estatuto. de hecho, en la práctica, el castellano no ha sido nunca oficial en la Administración autonómica, en la televisión y radio autonómicas, y progresivamente -o mejor dicho, si usted prefiere, regresivamente- en la educación, cosa que este Estatuto viene a institucionalizar oficialmente, "blindando" el asunto, pasando del término constitucional de "nacionalidad" que integra la nación que es España, al término "nación", que no la integra, pues son equiparables, como vamos a ver en el siguiente punto.

-en tercer lugar, pues, lo que vulnera este Estatuto es el Estado de las Autonomías. como usted sabrá, el filósofo H. L. Hart sostenía que una norma secundaria tiene cierta autonomía con respecto de una norma primaria. en la línea un poco inductivista y anti-deductivista del empirismo británico, Hart quería decir que no todo y cualquier cosa se tiene que deducir exhaustivamente, reglamentariamente, de la norma primaria. ahora bien, igualmente Hart sostenía que una norma secundaria que choca o dice otra cosa que lo que dice una norma primaria, obviamente no tiene continuidad con la norma primaria, no forma parte del mismo orden jurídico, y en fin, como se suele decir, no puede ser. choca con, vulnera, la norma primaria.

como es claro, el planteamiento político de este Estatuto, muy resumido en su preámbulo, pero bien perceptible en todo su articulado, y en el hecho de incluir, como las Constituciones, una declaración de derechos y libertades, vulnera el orden jurídico fundamental establecido en la Constitución de 1978. el Estatuto del 79 tenía, es cierto, un poso historicista, no demasiado correctamente moderno, pero empleaba, como constitucionalmente está establecido, no más término que los de "nacionalidad" o "pueblo catalán" (en consonancia con el propio Preámbulo de la Constitución, en el que se habla de "pueblos de España"). si aquello legitimó una práctica que ha llevado a este Estatuto, no es difícil imaginar qué tipo de acción política se desarrollará a medio plazo en Cataluña con este Estatuto.

en todo caso, sin salirse de la propia lógica jurídica, no puede haber "nación española" y "nación catalana" a un tiempo (cabe recordar de paso, respecto a la acción política que es de prever, que el Parlamento autonómico de Cataluña se reconoció a sí mismo el consabido "derecho de autodeterminación" a finales de los 80).

de este modo, en definitiva, se entiende que el articulado del Estatuto considere a dos sujetos diferenciados pero equiparados: Cataluña, que es la nación, "el soberano", y el Estado, no el Gobierno de la nación, central, de España, o como quiera llamarlo. Este articulado rompe, pues, con el Estado de las Autonomías, con la organización de las Comunidades Autónomas, que tienen sus propios procesos de relación con el Gobierno y con las Cortes Generales, y de coordinación entre ellas y con dichos poderes, bien marcados en la Constitución y las leyes derivadas.

la bilateralidad que, por el hecho de la existencia de partidos nacionalistas que han influido en la formación de los gobiernos centrales, se ha ido prodigando en los últimos 15 años, queda aquí institucionalizada y "blindada".

el Estado es pues como se le llama al Gobierno central (y central aquí no se refiere al hecho de que Moncloa esté geográficamente en el centro de la península), mero poder ejecutivo (y de hecho, la ilusión es que se trata directamente con el Rey y solo teniendo al Rey por encima).

es decir, y esto es este Estatuto: el "Estado" le permite a "Cataluña" saltarse el poder legislativo, que reside en las Cortes, cámara de representación de la soberanía de la Nación, que es España.

la expresión "nación de naciones", siendo ya de por sí confederalista y no federalista (de hecho, si el Estado de las Autonomías era un modo español de Estado federal, este Estatuto rompe con el federalismo de la Constitución), no es siquiera aplicable al caso (de hecho, a ninguno, porque no existe ninguna democracia que sea una "nación de naciones"), porque genéticamente ("de naciones" es un modo genitivo) la nación catalana no es hija de la nación española, es otra cosa, de hecho la nación española en este Estatuto, por la vía de vulnerar la Constitución, no existe, existe el Estado, que a lo sumo, como he dicho, y como dice el Estatuto, cuando no el Rey o la Corona, es el poder gubernativo o ejecutivo.

es fácil, repito, imaginar qué puede ocurrir si el Estatuto no es corregido eliminando toda apelación a la "nación-Cataluña", a la "relación con el Estado", etc. es fácil imaginar que dentro del ámbito del nuevo Estatuto, unos referendums como los de los pasados meses, de autodeterminación e independencia, serán legales, aunque no sean jurídicamente vinculantes. es decir, serán legalmente reconocidos, dentro del Estatuto, sin atentar, pues, contra la Constitución, por el Parlamento autonómico. y a largo plazo, pues en fin, usted que es diputado lo tendría que saber: eso será capital político para un nuevo paso, no en la descentralización, sino en otra cosa, sea aun confederal (cosa que no ha funcionado nunca en ninguna democracia, otra cosa son imperios y cosas así), o directamente independentista.

resumiendo:

-vulnera el principio elemental de la democracia de que un cambio de gobierno no es un cambio de régimen.

-vulnera el principio constitucional de la soberanía de la Nación española.

-vulnera el Estado de las Autonomías, la organización constitucional de las Comunidades Autónomas.


una sentencia del TC que mencionara estas cosas en sus "considerandos" o argumentos pero que no invalidara consecuentemente el articulado del Estatuto afectado por tales argumentos o "considerandos", sería obviamente una sentencia jurídicamente ilógica, y políticamente insensata, si hablamos de sensatez.

otra cosa es acabar de convertir al TC en la abuela-que-todo-me-lo-perdona, malcriando hasta que sea demasiado tarde a los que tienen que crecer.

es decir, poniendo fecha de caducidad -interpretable- a la Constitución de 1978.


PD: al final me he alargado más de la cuenta. pero, ¿qué quiere decir usted con "nacionalismo español"? ¿cuál es esa ideología? ¿quiénes son sus autores? ¿cómo le achaca usted esa dolencia al Partido Popular? sabe usted que nuestro Jefe de Estado lo es de facto porque es el heredero de la dictadura franquista. considerando que eso es "nacionalismo español", ¿considera usted que la CE1978 es nacionalismo español leyendo lo que dice? qué más quísiéramos, incluso en ese supuesto, que así fuese el nacionalismo ideológico catalanista, por no hablar del vasquista. pero de momento esto es pedir quizá demasiada realidad, curiosamente para ustedes que alardean de realistas y de pedir realidad. lo que parece que piden es la guerra civil, que es adonde ha conducido siempre el confederalismo y demás.

para acabar, a mí tampoco me gusta mucho Alfonso Guerra, y la guerra aun menos. pero llegados a ese punto, casi se lo puedo asegurar, a la corta o a la larga, no habría otra cosa.

Educación... ¿para la ciudadanía?

Siento tener que decirlo.

12/01/2010 21:33 procopio Enlace permanente. sin tema Hay 5 comentarios.

El pragmatismo de James

Después de la charla sobre el pragmatismo americano que di en el curso del III Seminario de la SFPA me asaltaron algunas interrogaciones que no pude apenas plantear en la charla por la carencia de tiempo. La principal quedó más o menos solventada en el turno de preguntas: el pragmatismo, o como su fundador lo llamó, el pragmaticismo, no es una doctrina filosófica, sino un "discurso del método", a lo Descartes, para entendernos, pero tan anti-cartesiano precisamente en algunos de los puntos básicos de su principio discursivo de filosofía. Pedirle una fundamentación a este principio discursivo es lo que suele llamarse una petición de principio, sería como preguntar cuál es el fundamento del mismo filosofar, y finalmente de la aparición histórica de la filosofía, de la antigua con Tales, y de la moderna con Descartes.

Otra cosa son las doctrinas filosóficas de los diversos pragmatistas y sus fundamentos, que poseen e incluso a veces piden ciertamente con su poco o mucho de falacia. Y de ahí le vienen los errores a las doctrinas de Peirce (idealismo objetivo) y de Dewey (instrumentalismo o naturalismo transaccional). En Peirce el problema es que su semiótica acaba locamente convertida en un álgebra de la lógica, en una ciencia de la lógica y, por tanto, que su principio de "un nuevo realismo de un sentido común crítico" (al que llamó pragmaticismo) acaba convirtiéndose en un idealismo, con su ciencia de la lógica y su cierre de puertas a la realidad. En Dewey, el problema es que su instrumentalismo tiene también la pretensión idealista de una ciencia total, en este caso radicada no en la lógica, como en Peirce, sino en la antropología y en la historia, convirtiendo su naturalismo transaccional en una antropología -como ciencia total- de la historia -concebida-. En todo caso, a causa del pragmaticismo de partida, ambos errores son errores menores que los de Leibniz, Kant y Hegel, y a diferencia de estos, más bien subsanables. Así fue en el caso de los lógicos o semióticos pragmáticos posteriores a Peirce (C.I. Lewis, Ch. Morris, y hoy el mismo Putnam), que renunciaron a un sistema idealista entrando en conversación con la filosofía analítica británica del lenguaje, y en el de Hook y la escuela de Mead en los últimos días de Dewey y en las décadas posteriores, hasta Rorty (si bien se podría decir que la conversación de Rorty con el posmodernismo y en concreto con la filosofía europea continental peca del error contrario, si no es que se trata de cometer el mismo error otra vez de forma novedosa, cosa de la que el propio Rorty pareció darse cuenta y al parecer quiso evitar en uno de sus últimos libros, "Forjando nuestra nación").

Lo que en todo caso no quedó tan claro en el debate posterior a la charla en la SFPA fue la figura de James. La acusación de que el pragmatismo es una doctrina filosófica inconsistente yerra el tiro porque el pragmatismo no es una doctrina filosófica. Pero esta acusación puede llegar a tener algún sentido en el caso de William James, porque James, al popularizar y divulgar el pragmaticismo de su amigo Peirce, parece a veces presentarlo como una doctrina filosófica, en este caso, como una doctrina del éxito en la práctica al modo hegeliano, pero americanizado y por tanto mejorado. Esto, no obstante, cabría admitirlo con la boca pequeña, y no con la boca tan grande, como suele hacerse, porque en verdad James es muy consciente de que el pragmatismo es solo un discurso del método, aunque a veces se le vaya la mano o se haga ilusiones en su popularización. Si al igual que en Peirce o en Dewey, hay algún error importante en la obra de James, es solo este.

Pero James también elaboró una doctrina, si bien no de la enjundia filosófica de las de Peirce o Dewey (¿pero es esto un error, o simplemente se trata de que no elaboró una doctrina filosófica?). James, en esto, fue un especialista siempre, y no quiso convertir su especialidad en el álgebra de un sistema filosófico. Se empapó de toda la obra de Peirce, y a partir de aquí, fundó, tras estudiar con Wundt en Berlín, la primera cátedra de Psicología en los EEUU. Su especialidad, aunque más tarde pasara a ocupar una cátedra de Filosofía, fue la psicología, y su doctrina, que él no llamó nunca así, pues lo hizo uno de sus primeros discípulos, fue el "empiricismo radical". En "La voluntad de creer", no obstante, James alaba "la gloria del empirismo", y si bien no mencioné ningún gran discípulo de James en la charla, pues después de James no vienen un Royce, ni un Mead, ni un Hook, este empirismo radical es el signo más distintivo de la gran escuela de psicología americana que llega hasta hoy en figuras como Pinker.

Yo diría, para acabar, que lo importante no es el error que no cometió, sino el error que logró evitarle a la filosofía en Norteamérica gracias al pragmatismo que alguna vez estiraría más de la cuenta. Este error es el positivismo, que, a diferencia del marxismo, nunca ha sido un error de bulto en EEUU, ni siquiera aunque haya un poco de él en la semiótica de Peirce. Por otro lado, el pragmatismo popularizado por James también ha logrado evitar doctrinas parciales cerradas del tipo de las que en Europa se conocen como fenomenología y hermenéutica, aunque ciertamente los fenómenos, teóricos y prácticos, y su interpretación, formen parte del empirismo radical de James.

Es cierto que Pinker, en sus libros, arremete contra la psicología pragmatista, a la que sitúa no muy lejos del relativismo posmoderno. Pero esto significa que en estos psicólogos el pragmatismo ha dejado de ser un discurso del método para convertirse en una doctrina, no ya psicológica, sino filosófica, y por tanto, que este pragmatismo, como hubiese dicho Peirce, es un pragmatismo degenerado ("la verdad es semiótica, no pragmática", decía Morris), y al cabo, pues, que no es ni pragmatismo ni empirismo radical.

Finalmente, situé el neotrascendentalismo de Cavell, aunque hace hincapié en la primeridad peirceana, en la línea sucesoria de James, sobre todo por aquello del vitalismo emersoniano que ambos compartirían.

29/01/2010 20:28 procopio Enlace permanente. sin tema Hay 7 comentarios.


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