Facebook Twitter Google +1     Admin
Bienvenidos a "procopio: café filosófico". Desde febrero de 2005, un sitio en internet donde encontrarás artículos de diversa factura sobre política, filosofía, periodismo, literatura, deportes, educación, música. La polémica está servida, y si te disgusta mi petulancia, avisado quedas de que me guía la divisa de Montaigne: "Yo soy mi física y mi metafísica". O esta otra, leída en una camiseta: "Liberté de parole. Freedom of speech. Libertad del discurso".

Temas

Enlaces

Archivos

procopio: café filosófico

Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2010.



Propuesta de un Memorial (Memorial Suárez)

Siguiendo el hilo de mis otros textos dedicados a Franco y al franquismo, y para ponerle punto final, voy a sugerir una propuesta de Memorial histórico genuinamente democrático. A día de hoy, la Memoria histórica de la vieja conjunción republicano-socialista se ha planteado de mala manera, pero por otra parte, el también ya viejo Valle de los Caídos no sirve como Memorial común, ni tan solo "impuesto", al menos desde el punto de vista de la democracia. De hecho el Valle de los Caídos nunca ha pretendido, que yo sepa, ejercer o simbolizar esa función. Es un monumento de los vencedores de la guerra civil, y aunque he dicho y reitero que el Memorial común democrático también lo sería básicamente de los vencedores de la guerra civil, en el sentido de que estaría presidido por su resultado, no sería un memorial de la guerra civil, ni de la dictadura, sino de la democracia, surgida, eso sí, de la dictadura.

No deja de ser obvio que Franco no puede presidir un Memorial como el que Lincoln preside en EEUU desde 1920. Entre otras cosas porque España no es EEUU. Pero también es obvio que Franco no puede seguir estando apartado, escondido o expulsado de la vida pública nacional. Repasando la historia política constitucional anterior de nuestro país, no creo que haya otra figura más importante, salvo quizá Cánovas y antes algún otro. No hablo del Franco que fue Jefe del Estado, Generalísimo de los Ejércitos, y Regente de algún modo, como también habían sido regentes en el siglo XIX Fernández Espartero en 1840 y Serrano en 1868. Pero sí hablo del Franco que ostentando estos cargos, designó en 1969 a Juan Carlos I como sucesor en la Jefatura del Estado por el pacto previo de 1947. Esto, de algún modo, tendría que presidir el Memorial, simplemente en la forma.

En cuanto al contenido, obviamente, por el mismo rasgo dictatorial del régimen franquista, el Memorial no puede tener como ojos vigilantes a los de Franco. Por tanto, se trataría de aunar esa forma en la que Franco designa a Juan Carlos I como sucesor con los contenidos propios de una genuina democracia, y, en nuestro caso, con los contenidos históricos de los mejores momentos, por así decir, de nuestra democracia constitucional desde 1812.

Por tanto, ese Memorial podría hacer referencia para empezar a las Cortes de Cádiz y a la Constitución de 1812. Luego, no se trataría de relatar una sucesión de reyes, porque ya hemos dicho que para empezar el Memorial lo preside el que lo preside, en cuanto figura monárquica más importante; y porque se trata de un memorial político moderno, indicativo por tanto básicamente de la historia de nuestros partidos políticos democráticos.

En este sentido, se trataría más bien de escoger a las figuras políticas más importantes de acuerdo con los criterios que presidirían el Memorial. Yo sugeriría las siguientes: Argüelles, autor del preámbulo de la Constitución de 1812 y discípulo de Jovellanos (es curioso que el autor de la Ley para la Reforma Política, es decir, de la transición a la democracia, fuera Fernández-Miranda, gijonés como Jovellanos) y Cánovas, cuya restauración borbónica impulsa el régimen de la Constitución de 1876, que es la Constitución democrática que más ha durado hasta hoy. Finalmente, quizá, Adolfo Suárez.

No puedo proponer a quien rechaza las bases de la democracia en España, teniendo en cuenta su historia anterior, sea la propiedad privada, la unidad nacional, el régimen monárquico o el liberalismo. O sea, no puedo proponer a quien propone la colectivización de la propiedad, el separatismo o la confederación, el régimen republicano, o el socialismo. Todo esto, como he dicho, no estaría acorde con los principios que presidirían el Memorial.

Se me dirá, empero, que ni Argüelles, ni Cánovas, ni Suárez, y menos el General Franco designando a Juan Carlos I, son figuras del Partido Progresista, ni desde luego del bando republicano-socialista. Mi respuesta es que estos deben aceptar sin más su derrota. Se me dirá que aunque el bando republicano-socialista hiciera esto, seguirían sin estar presentes figuras importantes del partido progresista, o del posterior Partido Liberal, y que por tanto el memorial quedaría sesgado. Mi respuesta es que después de todo ha de quedar históricamente, si así se quiere decir, sesgado. Pero aun así estas figuras son conservadoras con matices. Argüelles, en el periodo de 1812-1823, es un liberal moderado, no es un liberal de los llamados exaltados. Cierto. Pero dentro del liberalismo moderado, como he dicho, es más jovellanista que nobiliario (aunque en esto cometiera, contra el propio Jovellanos, el error del unicameralismo en la Constitución de 1812). En cuanto a Cánovas, tampoco es cierto. Cánovas es el fundador del Partido Conservador, pero tras su militancia en la Unión Liberal de O´Donnell, cuya fusión con el anterior Partido Moderado es lo que da nacimiento al conservador (el liberalismo de O´Donnell ya era matizadamente más conservador que el progresista de Prim). Argüelles y Cánovas, en fin, fueron figuras políticas civiles, no militares como Fernández Espartero, Narváez, O´Donnell, Prim, Serrano, etc.

En cuanto a Suárez, su figura viene a representar en la transición a la democracia ese maurismo que es la doctrina política más importante en España en las primeras décadas del siglo XX. Maura padre es, sin duda, una gran figura del partido conservador, pero es un conservador que antes había sido liberal. Eso serán los conservadores mauristas frente a los conservadores idóneos de Dato. Maura hijo es en parte responsable del desastre de la 2ª República y de la "dictadura republicana" de Franco. Pienso que Suárez representa bien este maurismo, el fracaso del maurismo senior, sean cuales sean ahora los factores a tener en cuenta en dicho fracaso, y su posterior evolución hacia el error y posterior rectificación encarnados en el maurismo junior. Suárez puede llegar a representar incluso, corrigiéndolo, cierto liberalismo progresista, como el del viejo Sagasta, o el de Alcalá-Zamora, y, en el mismo sentido, aun el radicalismo de Ruiz-Zorrilla y el de Lerroux. Por eso, a mi juicio, es él el elegido por el Rey para gobernar la transición a la democracia y la posterior consolidación del régimen constitucional de 1978.

Quizá, en fin, podrían ser sus ojos los que vigilasen el Memorial que estoy proponiendo, ojos recientes cuya vigilancia recibiría luz desde las lejanas Cortes de 1808-1812.

Una vez acordado quién ha tenido la razón y la justicia de su parte en los 200 años de constitucionalismo democrático español, un Memorial presidido por Suárez, designado por Juan Carlos I, designado por Franco, podría cumplir verdaderamente el papel de un legado, el papel de símbolo de una tradición y por tanto de una memoria histórica compartida.

14/04/2010 20:39 procopio Enlace permanente. sin tema Hay 4 comentarios.

Trash-Basura

Hace unos años leí el libro del profesor de filosofía de la UCM Fernández Liria titulado "Geometría y tragedia. El uso público de la palabra en la sociedad moderna", editado lamentablemente en una editorial terrorista, no en el sentido figurado, sino en el sentido de que es propiedad del dramatarugo -acéptese la broma- Alfonso Sastre y Eva Forest, reconocidos proetarras. Tenía algunas referencias de tal profesor por un libro suyo, "El materialismo", cuya reseña había leido en la revista "Archipiélago". El título del libro que leí sin duda me llevó a comprarlo, pese a la editorial que lo publicaba, puesto que es el tema esencial que había abordado en mi tesis "Idea trágica de la democracia", que, como ya he sostenido medio en broma en alguna ocasión, podría titularse, al modo spinoziano, "Democracia demostrada según el orden cuántico" o algo así.

El libro de Fernández Liria lo leí entero, y ahora lo he vuelto a releer por encima para, tras extraer algún apunte, tirarlo de una vez a la basura. Me limitaré ahora a criticar todos los puntos en que se equivoca el profesor Fernández Liria.

En primer lugar, el profesor Fernández Liria no lleva a cabo ningún análisis, digamos ontológico y científico, del tiempo y de la eternidad, cuestión clave en los lamentos y deseos del autor. Tampoco lleva a cabo ningún análisis de la idea de razón que maneja, y esto que digo puede sorprender a quienes hayan leido el libro, pues todo él se supone que es un análisis de las aporías de la razón y de sus consecuencias, entre ellas fundamentalmente los derechos del hombre y los problemas sociopolíticos de los dos o tres últimos siglos. Pero en realidad no hay ningún análisis serio de la "razón", limitándose el autor a manejar en el mejor de los casos la crítica kantiana, y sus aporías. El autor olvida los análisis sobre la razón y la sensibilidad de toda la tradición británica y estadounidense, y tampoco parece atreverse a plantear él mismo una idea consistente de razón, como en cambio yo sí hice en mi tesis "Idea trágica de la democracia". Por supuesto que esto tiene que ver con los problemas con los que finaliza -y empieza- su libro, que son los de la salud, la ética, y de hecho el conocimiento -aunque aquí el autor, kantianamente, aborda todo el asunto desde la perspectiva de una antropología como ciencia total que por lo demás tampoco parece convencerle ni a él mismo. En contra de lo que sostiene el profesor Fernández Liria, la clave de bóveda filosófica sigue siendo el correcto planteamiento de una "teoría del conocimiento" que sea a su vez una "ética", todo lo demás se dará por añadidura, en el bien entendido de que, en efecto, no hay una "teoría del conocimiento", o del pensamiento-conocimiento, en el sentido de una teoría científica. Sin embargo, esto no es razón para abandonarse perezosamente a las imposturas en que desemboca un kantismo por lo demás mal digerido.

No solo no hay ningún análisis de este tipo en este libro sino que dudo de que lo haya en su libro "El materialismo" por las notas del mismo que aparecen en este. Pero en todo caso el autor se equivoca incluso en su trabajo etnográfico de campo. Resulta que la enfermedad de la tribu india que visita en Chiapas no es debido sino a los propios visitadores de su laya; es decir, que la expulsión, la distorsión, la enfermedad, el mal lenguaje, etc., que afectan a un grupo de indios de Chiapas los provocó el supuesto salvador de tales indios, el conocido subcomandante Marcos. Aparte de este importante desliz, el trabajo de campo resulta de interés en los textos en que se registran las palabras de los propios indios, interés tanto lingüístico como antropológico, pero solo tangencialmente filosófico.

En segundo lugar hay un error no menos importante en el segundo capítulo, error muy frecuente en la filosofía universitaria española, y es el de considerar que el ágora se crea a instancias de la Academia, a su imagen y semejanza (pervirtiendo por lo demás a la propia academia), esto es, que la filosofía y la democracia empiezan con Platón (y aquí está, es bien claro, el problema y las aporías a las que se da hasta la estupidez, pues la filosofía o una parte de ella puede que recomenzara con Platón hasta que se dio cuenta de que no, de que no hacía filosofía, y solo después la hizo, eso sí, en gran manera, su discípulo Aristóteles, pero desde luego con Platón no empieza la democracia ni se da nunca cuenta de lo que significa la democracia). Este error recorre por lo demás todos sus análisis histórico-filosóficos sobre la política y el totalitarismo contemporáneos que vienen a darle su parte de razón a Popper cuando indicó que la filosofía supuestamente política de Platón era un antecedente histórico del totalitarismo. A la pregunta arendtiana, vamos a decir, de qué queda cuando la política se ha ocupado de lo político, no hay que contestar, únicamente, "la guerra", sino: la guerra, por supuesto, pero además precisamente lo social que tiende nuevamente a lo político, y no, como hace este profesor, deseando, en una especie de petición de principio, que la política se ocupe de lo social. Desde luego no parece esta última la mejor manera de salir de la infancia precisamente, y sí de desembocar integralmente en la "subnormalidad". Con este análisis me ahorro gastar ni un solo insulto a la defensa del comunismo soviético que el autor realiza antes y después de sostener muy humanitariamente que el Gulag y Auswitz son dos crímenes terribles y bla, bla, bla. Simplemente diré una cosa sobre el liberalismo económico en aras de cuya crítica el autor se coloca, pese a todo, muy dignamente en favor del Gulag y en contra de Auswitz. No es que me coloque yo, como el autor supone, en favor de Auswitz, es que lo que el autor debería saber, porque de hecho es lo que llega a escribir o casi a descubrir, es que Auswitz es solo un residuo del Gulag: cuando se "educa hasta la muerte", qué mejor que empezar por el principio, matando. El Gulag es el principio, Auswitz solo la consecuencia pasada por Mussolini (el Estado siempre tiene razón: a esto llama el autor, ya en delirio, "uso público de la palabra" y "enorme espacio político liberado" cuando se refiere respectivamente a la Universidad -y educación secundaria- estatal y a la Urss). Una vez más, el autor se mueve en un marco reducido de Revolución Francesa e Idealismo alemán, sin analizar para nada la tradición, asimismo revolucionaria, de Inglaterra y EEUU, entre otros países o lugares. No es que el autor acertara al manejar estas tradiciones si siguiera sosteniendo concepciones erróneas de la razón, el tiempo, el hombre o la libertad, pero al menos no haría el ridículo que en efecto supone reconocer que, al cabo, se está eligiendo un mundo inmoral. En cuanto al AMI, se trata de un proyecto, multilateral, por supuesto, cuyo antecedente se puso en marcha en los años 70 bajo el gobierno del más progresista y anti-capitalista de los presidentes demócratas del siglo XX, después de Wilson, que es el presidente Jimmy-para-los-amigos Carter.

O se sostiene, y se entiende debidamente, la tragedia del "khorismós", o no hay tragedia, ni geometría, ni democracia, ni nación siquiera. Es relevante que el libro acabe con una aproximación reivindicativa a la moral católica del amor y del matrimonio, que por cierto no queda ampliada sino tergiversada y destrozada por el oxímoron del matrimonio homosexual, engrendro que ninguna gran nación salvo la otrora católica por obligación España ha convertido en ley. Como venganza contra el catolicismo, la medida no deja de ser ridícula. Como medida demagógicamente católica, por cierto, es peor que ridícula. Mi aproximación a esta cuestión en mi libro "Ensayo sobre el sentido común" a partir de la noción de amor libre era estrictamente racional, pero por lo mismo el matrimonio, católico o evangélico, seguía siendo matrimonio y lo demás en todo caso amor.

Vale. Pues el libro a la basura y yo a Inspección Educativa.

24/04/2010 01:21 procopio Enlace permanente. sin tema Hay 2 comentarios.


Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/

Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris