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Bienvenidos a "procopio: café filosófico". Desde febrero de 2005, un sitio en internet donde encontrarás artículos de diversa factura sobre política, filosofía, periodismo, literatura, deportes, educación, música. La polémica está servida, y si te disgusta mi petulancia, avisado quedas de que me guía la divisa de Montaigne: "Yo soy mi física y mi metafísica". O esta otra, leída en una camiseta: "Liberté de parole. Freedom of speech. Libertad del discurso".

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Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2009.



Lincoln, convicciones y dudas

Acabo de leer la excelente biografía de Lincoln que el historiador y periodista César Vidal escribió en el año 2000 para la editorial Planeta y que esta editorial ha vuelto a editar ahora. Lincoln es verdaderamente un personaje irrepetible, un político inteligentísimo que, más de lo que pudiera imaginarse, cambió la historia occidental del modo en que Nietzsche mismo -que no lo menciona- pregonaría luego de sí mismo. La biografía escrita por Vidal, única en nuestro idioma, bien vale, pues, la pena. Detallada pero amena, Vidal acierta, a mi juicio, en casi todas sus tesis, y es también una obra inteligente no exenta de algún punto discutible. Documentada sin pedanterías de "rigor mortis", la obra se introduce con una breve historia de la fundación de los Estados Unidos, y luego abarca toda la vida privada y pública de Lincoln desde su nacimiento en Kentucky en 1809 hasta su asesinato en Washington D.C. en 1865, pasando por su larga experiencia vital, profesional y política en Illinois.

A diferencia de mí, lincolniano hasta la muerte, Lincoln fue un "whig" toda su vida. Siempre votó "whig", entre otras cosas porque siempre se votó a sí mismo. Claro que desde 1856 votó y lideró al Partido Republicano, formado por "whigs", "free-labourists" y "free-soilers" en 1854. Lincoln fue diputado en la Legislatura de Illinois por primera vez a los 25 años, y lo fue sucesivamente durante los 10 años siguientes. Luego fue congresista en Washington, si no digo mal, y optó a senador, fracasando por dos veces. Finalmente, fue elegido candidato a la Presidencia de los Estados Unidos para las elecciones de 1860, y venció. Fue reelegido en 1864, el único presidente elegido para dos mandatos desde Andrew Jackson.

El partido "whig" había sido fundado por J.Q. Adams, el hijo del vicepresidente Adams, después de la presidencia de Monroe. Los "whig" eran los herederos del partido Federal de Washington, Adams y Hamilton, en contraposición del partido Demócrata, heredero del partido Republicano-Democrático de Jefferson y Madison, fundado precisamente en tiempos de Andrew Jackson.

Yo a los 25 años voté al Psoe, además en todas las elecciones -locales´99, autonómicas´99, generales´00 y europeas´99. No fue la primera vez -lo había hecho en las autonómicas del 95-, pero sí la última. Antes también había votado a los Verdes, con 18 años, la primera vez, voto que de algún modo repetí, también por última vez, en las locales de 2003, con 29 años. Todos estos votos podrían considerarse, en términos estadounidenses, "demócratas", si no fuera porque la mayoría de ellos, si no todos, lo fueron no tanto a favor del Psoe como contra los nacionalistas catalanistas. Quizá el único voto en positivo fue el de las generales del 2000, por aquello de un Psoe diferente que, en efecto, no fue tal, provocando pues la fundación, en la que estuve muy implicado desde antes del 2006, de ese partido entre "free-soiler" y "free-labourist" que es Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía y, solo luego, la escisión del Psoe que es Upyd, y que de algún modo tendrá que obligar al Psoe mismo a refundarse a largo plazo, tal como ocurrió en Estados Unidos con el Partido Demócrata después de la Presidencia de Lincoln.

Por mi parte, ya en las generales del 2004, con 30 años, voté en las listas del Senado al Partido Popular, voto que repetí parcialmente en las generales del 2008. A partir de hoy, en las europeas del 2009, con 35 años, diez años más tarde que Lincoln -pero él fue abogado y diputado, y yo un mero filósofo, en contextos muy diferentes-, he votado al PP con el propósito de hacerlo siempre -o para no ponernos profetas, casi siempre- en el porvenir. Sin embargo, se puede decir que un servidor, a los 25 años, como Lincoln, ya era "whig", pues no otro estilo tiene mi tesina académica (Spinoza, Stuart Mill), y a los 30, republicano, tal como ya expliqué a propósito de mi tesis doctoral. Claro que un "whig" o republicano -incluso radical- no es lo mismo en Estados Unidos que en Europa. Salvada esta diferencia, la comparación no resulta odiosa.

Más allá de estas minucias personales que seguramente solo son de interés para mí, la biografía de Lincoln escrita por César Vidal me ha planteado algunas cuestiones de debate. En primer lugar, las relaciones del "whig" Lincoln con los llamados republicanos radicales, precisamente esos ex-demócratas "free-soilers" y "free-labourists" que en su día presentaron al ex Presidente Van Buren como candidato a la Presidencia, antes de que algunos de ellos se unieran a los "whigs" para fundar el Partido Republicano, liderado por Lincoln. Esto hace de Lincoln, pese al énfasis que pone Vidal en las tensas relaciones de Lincoln con los radicales, un "whig" muy heterodoxo, un radical en sus convicciones, un republicano en su liderazgo -por ejemplo, formando ese Partido de la Unión Nacional con demócratas para su reelección-, y, ya en su juventud, alguien muy moderado en su liberalismo económico, aunque, eso sí, siempre liberalismo del tipo conservador.

Esto último le ha valido a Lincoln un libro indigno publicado insólitamente por la editorial Unión Editorial, cuyo catalógo dirige el afamado y respetable economista Huerta de Soto. En efecto, Lincoln en su juventud era casi socialista, y en el cargo de Presidente siempre optó por cierto proteccionismo económico. Como abogado, fue defensor, eso sí, de una gran empresa, el Ferrocarril Central de Illinois. Pero, desde luego, no era Reagan. Lo cual no deja de suscitarme una enorme curiosidad, porque de algún modo considero que, incluso por encima de F. D. Roosevelt, Reagan, que hasta los 40 años votó demócrata, seguramente muy influido por el populismo rooseveltiano, es algo así como el Lincoln del siglo XX. Solo que, claro está, gracias a Dios, y en parte a Lincoln, el mundo de finales del siglo XX no es el mismo que el de mediados del siglo XIX.

Finalmente, está la cuestión siempre candente de qué hubiese sucedido si Lincoln no hubiese sido asesinado. Vidal pone el énfasis en la chapucera y a menudo corrupta y resentida Reconstrucción que algunos radicales y algunos "carpetbaggers" propiciaron en el Sur derrotado. Esto es, a grandes rasgos, simplemente cierto. Pero, ¿quiere esto decir que Lincoln jamás hubiese enviado tropas federales, por ejemplo cuando Misisipi, Estado que ya no existe, y Texas, se negaron a ratificar la 13ª enmienda, no digo la 14ª, digo la 13ª? ¿Qué hubiese propuesto Lincoln cuando los demás Estados sureños promulgaron sus "códigos negros"? No quiero ser temerario, pero no es imposible que Lincoln hubiera enviado tropas federales e incluso hubiera impuesto algún gobierno militar en algún Estado. Digo en alguno, no en todos, tal como hicieron por su lado los susodichos cuando Lincoln yacía bajo tierra y el pobre Johnson era vetado por el Congreso. Simplemente quiero recordar, para finalizar, que a pesar de que ya desde la Reconstrucción y sobre todo posteriormente con F. D. Roosevelt los demócratas se fueron ganando a los negros, no fue sino Eisenhower el primero, antes que Kennedy, en mandar tropas federales al Sur para poner definitivamente fin a la segregación, es decir, a la esclavitud.

07/06/2009 22:48 procopio Enlace permanente. sin tema Hay 2 comentarios.

"Pau Gasol, 24 puntos, 10 rebotes..."

Esto es lo que estaba leyendo Ramón Trecet en Radio Marca cuando al gran periodista deportivo y musical se le quebró la voz y no pudo continuar. Y es que estaba leyendo las estadísticas en un partido de la NBA del jugador de baloncesto Pau Gasol, pero no de cualquier partido, sino de uno de la serie final por el título, el famoso Anillo de la NBA que finalmente, en el quinto partido, el jugador de Sant Boi logró con Los Angeles Lakers (4-1) contra Orlando Magic.

Este curso deportivo ha sido pródigo en fechas deportivas señaladas, aunque sin alcanzar la gloria de la Eurocopa pasada, que ganó la selección española de fútbol. En cambio, en cuestión de clubs, hemos podido por fin ver ganar al Barça una Copa de Europa sin ninguna duda, y frente a un grande como el Manchester United. Me dirán que el pase contra el Chelsea en Londres fue discutible: vieron otro partido al que yo vi. El gol de Iniesta fue justo y apoteósico. Se fijaron en el árbitro, vaya por Dios. Por mi parte, hacía más de diez años que no celebraba un gol del Barça así, como celebré el de Iniesta. Y no creo que celebre uno igual en muchos años -celebré efusivamente los dos de la final de Roma, pero no es lo mismo. Va también por Guardiola, al que hace más de diez años vi hacer un gesto impropio y que desgraciadamente para todos de política no es que no sepa mucho, es que no sabe nada. Pero él ha sido quien ha culminado esta temporada gloriosa para su club, haciendo realidad el sueño de Cruyff -aunque no completamente para aquellos que seguimos hasta el fin a aquel Barça revolucionario; pero esta es otra historia.

En cualquier caso, el acontecimiento deportivo del curso ha sido sin duda para mí el anillo de la NBA de Pau Gasol con los Lakers. El año pasado escribí un post titulado "Maravillosa noche en el Garden", y así lo sentí, aunque perdieran los Lakers, que yo prefiero a los Celtics. Este año por primera vez hemos podido sentir más cerca que nunca lo que significa ganar un anillo de la NBA. Yo a Pau Gasol no le reprocho esencialmente nada desde que ganó el Mundobasket´06 de Japón: quiero decir en cuanto a títulos, porque para empezar toda su carrera, desde que se fue a EEUU, y aun antes, no ha dejado de admirarme. Y es que yo soy uno de esos niños cuyo sueño americano empezaba por la NBA. En el curso 87-88, si no en el 86-87, organizamos en la escuela una especie de All-Star: yo era "Sleepy" Floyd, de Golden State Warriors, de Oakland, San Francisco, la ciudad grande más cercana al lugar de donde era mi hermano americano, que hoy vive en Sacramento, y porque aunque el número 1 era y será por siempre "Magic" Johnson, "Sleepy" Floyd se parecía más a mí en lo de "Sleepy" y aquel año o el anterior había sido All-Star con un equipo menor, batiendo el récord de puntos en un cuarto de un partido de "play-offs", precisamente contra los Lakers, que todavía conserva. D. A. era Michael Jordan; J. B. era Dominique Wilkins. No sé si J. M. se pintó la camiseta de los Knikcs de Pat Ewing, ni qué jugador eligió J. C., o los otros. Pero, en fin, jugamos a una especie de Concurso de Triples, y no recuerdo si a uno de Mates en las canastas de minibasket. Tampoco si hicimos un partido al estilo Este-Oeste. Pero pasamos un buen rato. Me gustaría saber quién en España o en Europa entonces organizaba algo así en su escuela, en los dos últimos cursos de EGB. No estaba loco, no estábamos locos. Junio de 2009: Pau Gasol, de un pueblo relativamente cercano al mío, seis años menor -debían de cursar 2º de EGB por aquel entonces este tipo y compañía-, pivot de Los Angeles Lakers, 24 puntos, 10 rebotes en la victoria de su equipo (3-1) contra Orlando Magic en la final de la NBA, que ganaron el pasado domingo 14.

Aparte de jugar en el equipo de la escuela, yo me subía muchas tardes a la terraza del immueble donde vivía, en la que mi madre tendía la ropa y había unas cisternas con agua. Con una pelota pequeña pinchada de plástico, a veces con una de tenis, y un bote de detergente recortado como canasta, me pasaba horas jugando yo solo a baloncesto en aquella terraza, sin botar, en la que los hilos de tender marcaban la línea de los tiros de tres puntos. Me montaba una liga de varios equipos, regular y con eliminatorias finales a siete partidos, y jugaba conmigo mismo y contra mí mismo, los dos equipos a la vez, imaginariamente. La liga era, por supuesto, la NBA. Los equipos, de aquel entonces, Lakers, Celtics, pero también Supersonics, o 76ers, o Bullets, o Rockets, o Pistons, o Golden State Warriors. Me gustaban los partidos con muchos puntos, 129-116, por ejemplo, de modo que me tiraba horas, muchas tardes, como he dicho. Hay por ahí alguna foto que me hizo mi hermano americano o quién sabe quién ni realmente cuándo. Se pueden imaginar entonces que...., en fin, que yo también me quedo mudo. Debo decir, por cierto, que yo aprendía mucho jugando de aquella manera al baloncesto. Lo digo por aquellos que en seguida quieren agua caliente en las duchas, unas zapatillas Nike y un brillante parquet para lucirse, porque si no, ellos no juegan. A veces pienso qué es lo que pensaba entonces, cómo decidía los partidos -que, naturalmente, retransmitía en voz baja lo más dramáticamente posible. ¿Siempre ganaba mi equipo preferido? ¿Me enfadaba conmigo mismo cuando, jugando yo solo, perdía mi equipo favorito? Ahora me parece increíble, pero debía de ser así. Hace unos meses, aquí en Elche, en una pista al aire libre que hay en un parque de palmeras cercano a mi casa, probé de imitar aquello y hasta que mi vergüenza adulta aguantó, sí, me di más o menos cuenta de que sí, debía de ser así: una especie de justa espontaneidad, de control de las emociones sin menoscabo del deseo subjetivo parcial, por un lado, y de la cuasi objetividad de la eficacia técnica, por otro.

Diría que esto es el deporte, "fuente de ennoblecimiento del espíritu", como dijo Reagan, locutor deportivo en su juventud. En fin, que ahora se acerca el verano y lo hace con una música que, aunque siempre seré un "warrior" mal que me pese a mí mismo, "it sounds like Lakers spirit, and I like it".

21/06/2009 00:58 procopio Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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