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Bienvenidos a "procopio: café filosófico". Desde febrero de 2005, un sitio en internet donde encontrarás artículos de diversa factura sobre política, filosofía, periodismo, literatura, deportes, educación, música. La polémica está servida, y si te disgusta mi petulancia, avisado quedas de que me guía la divisa de Montaigne: "Yo soy mi física y mi metafísica". O esta otra, leída en una camiseta: "Liberté de parole. Freedom of speech. Libertad del discurso".

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procopio: café filosófico

Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2008.



Radical puro

No una vez sino dos veces se me ha colgado un escrito titulado "Recuerdos de baloncesto" en el que relataba mi experiencia como jugador de baloncetso, y reflexionaba sobre la elección que tomé en su día, con 14 años, de anteponer los estudios a la posibilidad, no meramente remota, de convertirme en un jugador profesional de baloncesto, evitando una pérdida posible antes que buscando una ganancia incierta. Me podría extender más, con multitud de recuerdos, algunos agridulces, otros maravillosos, pero simplemente diré que yo era un jugador como Ricky Rubio en un cuerpo y altura como los de Raúl López, y los problemas que ha tenido López como profesional básicamente son las razones que me llevaron a mi elección, porque además en mi estilo de juego no entraba todavía la misma habilidad en el tiro o en el manejo del balón. De modo que preferí dedicar el gran esfuerzo que hubiese significado ir a probar en los juveniles del Joventut de Badalona a los estudios, en los que he llegado no sé si muy lejos pero al grado de Doctor. Bien es cierto que en los estudios no hay mundo profesional (al menos en España, donde los doctorandos no cotizan), pues el mundo profesional empieza después de los estudios. Ahora, estoy en esa pelea y entre esto y los triunfos de la selección española de baloncesto de los Gasol y compañía, especulo a veces con el qué hubiera pasado de elegir el baloncesto. Como esto es imposible saberlo, solo puedo concluir que si yo pudiese vivir otra vez, después de esta, otra vida igual, entonces como segunda mejor opción elegiría, esa vez sí, la prueba del baloncesto. A partir de los 14 años viviría otra vida distinta a la que he vivido, eso seguro. La tercera opción entonces estaba relacionada con el mundo del rock y de la música, pero esto lo abandoné incluso antes. De modo que más vale que pase a otro tema.

He empezado a leer el "Spinoza" de Alain, famoso profesor de filosofía de secundaria de la Francia de principios del siglo XX. Alain define a Spinoza como un "radical puro". Más allá del rigor de su estudio, a veces discutible, es muy interesante esta obra, dada la típica astucia del profesor de secundaria que Alain aplica nada menos que a Spinoza. ¡Spinoza para adolescentes, qué más se puede pedir!

Si yo tuviera que definirme bajo amenaza de muerte (quiero decir que no me defino fácilmente y menos para siempre), elegiría esta sentencia que Alain aplica a Spinoza: un radical puro. Es lo que solía decirme mi madre, y mi compañero de profesión y amigo Manolo Manzanares. Por eso, cuando oigo hablar de izquierda o derecha políticas, y a pesar de que he solido estar más bien desde adolescente en el centro-izquierda, recuerdo que he sido y soy ante todo un radical. Puro, no de partido. Pero siempre me ha atraido algún aspecto de los partidos o ligas radicales, que por cierto no han sido solo de centro-izquierda, o izquierda liberal, sino de centro-derecha, o de derecha republicana, como el mismo Partido Radical español fundado por Ruiz Zorrilla, que aceptaba el programa demócrata de derechos, aunque se desmarcaba del gran partido de izquierda -cada vez más marxista, y más aliado de los nacionalistas- para hacerlo realidad. ¡Si es que pocos años antes la victoria política y militar de Lincoln había acabado con la farsa de los "derechos" de los demócratas! En España, el partido radical no desembocó, allí donde pudo, precisamente en el comunismo, sino más bien en el centro-derecha, como finalmente ocurrió con el gran Lerroux, amigo de Ferrer Guardia, y su pacto con la Ceda en la República. Políticamente, el radicalismo en sí mismo ya es todo un programa. Hoy en día existen partidos radicales de derecha y de izquierda, los más famosos respectivamente son el francés, heredero de Clemenceau y su partido radical-socialista, pues el partido radical a secas fue el que desembocó via Jaurès en el partido socialista, y el italiano de Pannela, Bonino, etc. Los D66 holandeses, social-liberales, o los mismo lib-dem británicos, son otras tantas herencias del radicalismo. Pero la posición más frecuente del radicalismo es un centrismo... radical, no contemporanizador. Sin radicalismo, no pueden entenderse los Estados Unidos de América, por ejemplo.

He dicho que solía situarme en la discusión partidista más bien del lado de la izquierda moderada, y voté una vez para el Congreso al Psoe en las Generales del 2000. Pero no soy anti-americano sino todo lo contrario, desde niño. Así hice mi campaña para delegado de curso al final de la EGB, como un yanqui cualquiera. En la revista del instituto, escribí sobre política, rock, cultura popular, Suramérica, Irak o el militarismo, pero nunca a gusto de todos: en medio de los tópicos de la rebeldía juvenil, criticaba, por ejemplo, a Sadam Hussein, lo cual era una osadía, o rechazaba el mito del Che Guevara, o despotricaba aun más que del patrioterismo militar del nacionalismo catalanista. A veces simplemente como reacción ante el rechazo que sufría por escribir y hablar en castellano. En la asociación ecologista que fundamos entonces, yo me puse del lado de los ecologistas urbanos, hasta que lo dejé en medio de tanta ecolatría. En la universidad, las cosas que escribí en los varios fanzines que circulaban y hacíamos circular por entonces, iban desde Voltaire hasta la contracultura. Más rock. Y ya filosofía. El único artículo que he escrito en mi vida en el que he puesto de mi mano la palabra "izquierda" en el título (lo del nietzscheanismo de izquierdas era una reseña) se llamaba "Presente y futuro de la izquierda", fue en 1993 y yo tenía 19 años, y empezaba con Montaigne y acababa con Stuart Mill. Esos peligrosos conservador y liberal, respectivamente. Sí, estuve un fin de semana de aquel año en un congreso de AEP, la asociación de estudiantes progresistas vinculada a IC-IU, y ese fin de semana me bastó para abandonar definitivamente el izquierdismo y cualquier forma integradora de catalanismo, las dos cosas de una vez.

Luego, finalizados mis estudios de Derecho, empecé el Doctorado en Humanidades y finalmente acabé en el de Filosofía. Desde 1997 estuve escribiendo en revistas, para empezar en "Lateral", que la llevaba un húngaro judío afincado en Barcelona no demasiado benévolo, que digamos, con la izquierda, por no mencionar al comunismo. Y eso que su abuela había sido una de las fundadoras del partido comunista húngaro, según dijo. Formé parte del Consejo de Redacción de "Lateral" los años 2000 y 2001. Tuve una cierta recaída en los márgenes izquierdistas desde la manifestación de Seattle del 99 hasta el MayDay de 2004, pero en esta última ocasión yo ya había votado por primera vez al PP en unas Generales, en las listas del Senado. Quiero decir que tuve interés en algunas cosas de las que surgieron al calor de la alter-globalización y demás movidas, pero ciertamente mi implicación en dichas movidas fue siempre muy indirecta cuando no nula. En la famosa manifestación contra la guerra de Irak estuve media hora, y como observador. Más interés tuvo para mí la que se celebró antes, en 2002, contra la Europa del Tratado, y me alegro de que el Tratado fuera rechazado en referendum después por el pueblo de Francia y por el de Holanda e Irlanda. Aún un poco confundido, utilicé despectivamente, yo también, la palabra "neoliberalismo". Qué le vamos a hacer. Pero ya entonces yo había escrito mi tesina, que resulta demasiado liberal para cualquier izquierdista irredento, y estaba en trance de escribir mi tesis, radicalísima, pero pura.

De hecho, verdaderamente mi interés político más acuciante se centraba, por lo menos desde 1995, en un asunto mucho más prosaico y aburrido que la globalización. El nacionalismo catalanista, y especialmente su política lingüística y cultural. Contacté, desde el año 2000, con la Asociación por la Tolerancia, que aquí está, en los enlaces de mi blog. Y un poco a resultas de todo esto, en 2006, cuando yo ya trabajaba y vivía en la Comunidad Valenciana, fundamos entre algunos cuantos el partido político Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía, de cuya despedida por mi parte ya he hablado profusamente en este mismo blog.

13/09/2008 20:14 procopio Enlace permanente. sin tema Hay 2 comentarios.


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