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Bienvenidos a "procopio: café filosófico". Desde febrero de 2005, un sitio en internet donde encontrarás artículos de diversa factura sobre política, filosofía, periodismo, literatura, deportes, educación, música. La polémica está servida, y si te disgusta mi petulancia, avisado quedas de que me guía la divisa de Montaigne: "Yo soy mi física y mi metafísica". O esta otra, leída en una camiseta: "Liberté de parole. Freedom of speech. Libertad del discurso".

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procopio: café filosófico

Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2007.

Reseña: "Una democracia sin relieve"

UNA DEMOCRACIA SIN RELIEVE

El motivo principal de "La democracia plana" (Biblioteca Nueva) viene señalado en el subtítulo de manera explícita: “Debilidades del modelo político español”. Dividido en dos partes, la primera hace un repaso histórico del proceso de implantación de la democracia en España. Contiene además una crítica radical de la situación de las democracias actuales en todo el mundo, en las que viene siendo habitual ver cómo, por ejemplo, la abstención se erige en la opción preponderante. Dicho sea de paso, hay quien observa con calma farisea este ascenso de la irrelevancia. Es el caso del historiador nacionalista J.B. Culla cuando comentaba el dato de participación en las elecciones a la alcaldía de Dallas (2%), a propósito por cierto de la no tan baja pero igualmente preocupante abstención que se va produciendo en las sucesivas elecciones autonómicas catalanas.

Contra esta banalización de la política se dirige el texto quizá más interesante del libro, titulado precisamente “Adiós a la política” y escrito por José Antonio Gimbernat. En él se reclama razonablemente una radicalización de la democracia vía el rechazo de la espectacularización de la sociedad y del determinismo económico en que aquélla se sustenta. Gimbernat maneja bien y expone de manera accesible lo mejor de la tradición ilustrada y democrática, incluida la del siglo XX. Con ella acaba reivindicando el viejo ideal republicano de institución consciente de la sociedad, que desborda los límites de los Estados para orientarse finalmente -y no es sólo Kant quien así habla- hacia la creación de una comunidad cosmopolita.

La segunda parte del libro acentúa el tono periodístico que ya dejaban traslucir las observaciones precedentes. En ella Luis de Velasco se dedica a subrayar, sin entrar demasiado a fondo aunque sin retroceder ante lo confuso, los puntos flacos de nuestra democracia. Es el caso de la corrupción, la venta de lo público a grandes corporaciones empresariales, la deficiente administración de la justicia (y el deficiente aprendizaje democrático de tantos jueces, añadiría yo), los localismos centrales o periféricos, las oligarquías financieras y partidistas, la ausencia de valores políticos (libertad individual, tolerancia, justicia) que son indispensables para la convivencia, los degradantes contenidos de las televisiones públicas, el paupérrimo estado de la educación, el aún demasiado vigente peso social de la Iglesia católica, etc., etc. Es mérito del autor no haberse complacido en la pura queja y haber aportado algunas líneas de pensamiento muy adecuadas para entender el fenómeno general de la despolitización de la sociedad. Valgan como ejemplo la crítica del teledirigismo imperante que Sartori ha realizado recientemente en su libro "Homo videns" o el empobrecimiento del lenguaje que ya Adorno y Horkheimer pusieron de manifiesto en su "Dialéctica de la Ilustración".

Hay una cuestión que los autores tocan de soslayo y de la que me gustaría decir una cosa. Se trata de la llamada transición, descalificada por algunos como trampa que no reconoció debidamente la plurinacionalidad del estado español o ensalzada por otros como la génesis del España-va-bien, o sea, como la modélica Transición. A unos y a otros basta su mismo sentido común para responderles: ni tanto ni tan poco. Desde otra perspectiva más interesante, sin embargo, se viene llamando a ese período histórico la “transacción”. En este sentido me parece bien relacionar el cuestionamiento de nuestro mito de los orígenes con el rechazo a la idea de democracia como mero mal menor, homologablemente europea incluso allí donde persistirían el dominio y la mediación jerarquizantes. Pero creo que tampoco podemos convertir la memoria histórica de momentos rupturistas en otros tantos mitos de los orígenes igualmente indiscutibles. Y me refiero sobre todo al uso y abuso de la violencia -no sólo etarra- que, a causa de sus instantes de gloria iniciales, continuaría siendo aún hoy liberador y revolucionario... Entre lo brutalmente violento y lo paródicamente lúdico, he aquí un buen territorio por conquistar para la imaginación subversiva.

Ximo Brotons

02/03/2007 20:30 procopio Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Qué será, será

El otro día, viendo el partido de la Copa de Europa entre el Liverpool y el Barcelona, en Anfield Road, los hinchas ingleses cantaron la tonadilla de la película "El hombre que sabía demasiado", "Qué será, será". Hacía años que no escuchaba esta bonita canción en los campos de fútbol europeos. La última vez fue a finales de los años 80, en los partidos de la Fiorentina, cuando entonces solía jugar la Uefa, y yo empezaba a descubrir el gran arte de Alfred Hitchcock.

"Qué será, será,
whatever will be, will be,
the future is not ours to see,
qué será, será,
what will be, will be".

Y continúa.

El Liverpool ha sido comprado por una firma americana, y parece ser que el viejo y mítico Anfield Road será derribado para construir un nuevo estadio, no se sabe si en el mismo lugar, como fue el caso del lugar de todas las leyendas, Arms Park, hoy Millenium Stadium. Que se vaya a derribar Anfield Road no es una buena noticia, pero parece ser que los aficionados, la otra noche, con buen criterio, en una más de las noches mágicas europeas del Liverpool, esta vez contra un Barcelona recientemente campeón, prefirieron ensayar una despedida alegre al campo que más veces ha entonado y escuchado la eterna canción del buen fútbol, que es "You´ll never walk alone".

Fue bonito escuchar tan al norte ese "Qué será, será". Verdaderamente, nadie lo sabe.

Pero mientras nos quede alegría, cantaremos.

15/03/2007 16:01 procopio Enlace permanente. sin tema Hay 2 comentarios.


Visita al Instituto de Neurociencias de Alicante

El viernes 16 de marzo un grupo de alumnos y profesores de la optativa de Psicología de un IES de Alicante hicimos una visita al Instituto de Neurociencias de Alicante en San Juan, el segundo en importancia de toda España después del Instituto Cajal de Madrid en esta especialidad de la neurología. El profesor Roberto Gallego nos impartió una charla instructiva, visitamos un par de laboratorios (donde me acordé, al leer "Toulouse" en una libreta, de los vuelos de Saint-Exupéry entre Toulouse y Argel con escala en Alicante), almorzamos en el bar de la facultad de Medicina de la UMH, y finalmente nos enseñaron el Animalario, donde experimentan con animales. Me acordé de Peter Singer y las páginas de su "izquierda darwiniana" en que critica estos experimentos. Entre ranas, ratones y ratas, y preguntas sobre la metolodogía científica empleada (tema del programa del 1º de bachillerato) y sobre los experimentos realizados y sus resultados, miré a los gatos. Días después me acordé de Unamuno, quién lo iba a decir, y su "nadie ha visto nunca a un gato resolver una ecuación de segundo grado" dicho en tiempos de Cajal; frase que cité en la lectura de mi tesis doctoral "Idea trágica de la democracia".

Espada había estado el lunes anterior en Alicante invitado por el IN y comentó algunas cosas respecto de la ciencia, los científicos y la política. Ya Aristóteles decía que la ciencia no da órdenes, su cometido es simplemente conocer; las órdenes las da la política, solo que, eso sí, en función de la ciencia. Pero, añadía el Estagirita, como la política es prioritaria respecto de la ciencia, ese "en función" se ve condicionado a su vez por la reflexión práctica, deliberativa. Este dato trastoca de algún modo la fácil secuencia jerárquica "ciencia, política" y desde luego la expresión "ciencia política". ¿Cómo se lleva a cabo algo en función de otro algo si ese algo es anterior a ese otro algo en función de lo cual debe llevarse a cabo? Este aparente galimatías lo ha resuelto contemporánemente, a mi modo de ver, el pragmatismo americano, y por eso yo a esa reflexión que precede a la ciencia, e incluso a la política, la llamo "pragmática", aunque los antiguos -básicamente Aristóteles, y la tradición atomista-, y Spinoza después, hicieron mejor llamándola sencillamente "ética". Darwin (o el mismo Nietzsche), arrastraron malamente en su crítica a Dios o la Naturaleza como cosas separadas (separación aun vigente, pese a todo, en Kant, y no digamos en Hegel) el significado antiguo de "ética", poniendo en su lugar al "arte" o la "evolución". Esto es un enrevesamiento típicamente europeo, producto de su tradición, sometida a mil años de religión social, de modo que quizá tampoco está mal si nos quedamos, para lo mismo pero mejor, con la "pragmática".

Por tanto, "tercera cultura" y papel intelectual de los científicos en la sociedad, sí; ciencia política, o política determinada por la ciencia, no. Tal como señala Dewey, la "gran comunidad" política debiera tener como guía a la "comunidad científica", pero es que antes hay que transformar la "sociedad" en la gran comunidad política en cuyo seno se inscribe la comunidad científica, cuyo objeto no es dicha transformación. Dicha transformación, concluyo, es ética, pragmática, filosófica. Pueden leer relacionado con esto mi breve ensayo en la revista "Kiliedro": "Filosofía trágica también para la ciencia". Los filósofos, que ni sabemos ni ordenamos, pero vamos delante, pensando (como cualquier hombre, incluidos políticos y científicos, por otra parte, solo que esta es nuestra profesión), en plan avanzadilla de exploradores pioneros, enseñando los caminos ya recorridos y arriesgando quizás algunos nuevos.

En el bar de la facultad de Medicina, joya de la corona de los estudios universitarios en Alicante y Elche, la atmósfera me llevó a recordar la novela del médico L. M. Santos, "Tiempo de silencio", que leí en COU y cuya adaptación cinematográfica pasaron el año pasado en TV. Según Aristóteles, la felicidad (que no se da sin prudencia y vida buena), corresponde al sabio, al que posee sabiduría teórica, es decir, al científico (entiéndase, aquel que conoce y entiende los principios científicos, no al científico mientras investiga metódicamente -lo que Aristóteles llamaba "ciencia" en sentido estricto, y no "sabiduría", que es la que proporciona la felicidad y, por cierto, ese pedazo de "inmortalidad" del que somos capaces los mortales, no porque vayamos a vivir eternamente, o después de morir, sino porque al conocer lo eterno, nos eternizamos, nos inmortalizamos... mientras dura -se posee- ese conocimiento). Recordando todo esto, que hemos visto en el primer trimestre con los 2º de bachillerato, suspiré por que los tiempos de silencio se conviertan en tiempos de felicidad, y sobre todo de vida buena. En eso estamos en la enseñanza media (si nos dejan unos y otros), y, respecto del conocimiento científico y la felicidad, en eso también están en el Instituto de Neurociencias. Volveremos el curso que viene. ¡Salud!

28/03/2007 12:27 procopio Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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