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Bienvenidos a "procopio: café filosófico". Desde febrero de 2005, un sitio en internet donde encontrarás artículos de diversa factura sobre política, filosofía, periodismo, literatura, deportes, educación, música. La polémica está servida, y si te disgusta mi petulancia, avisado quedas de que me guía la divisa de Montaigne: "Yo soy mi física y mi metafísica". O esta otra, leída en una camiseta: "Liberté de parole. Freedom of speech. Libertad del discurso".

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procopio: café filosófico

Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2007.

Viaje a Nueva York

El lunes por la mañana llegamos de Nueva York. 7 noches en un hotel de la calle 48 con Lexington Avenue. Un viaje estupendo, con gente muy mayor, como los de antes. Decía Pla que las dos cosas que había que ver en este mundo nuestro son la Acrópolis de Atenas y Nueva York. Pues bien, la Acrópolis la tuve delante de mis narices durante una semana hace ya mucho tiempo, en junio de 1990; ahora por fin acabo de ver Nueva York.

Acabo de ver Nueva York, en concreto Manhattan, y aún estoy mudo. Con muchas ganas de hablar, eso sí. Vi Manhattan por primera vez llegando a las 8 de la noche más o menos, en autobús, por Queens, tras un viaje de más de 15 horas desde Alicante, contando esperas en Madrid-Barajas y demás, a punto de entrar por el puente de Williamsburg: todos los altos edificios iluminados, y el Empire State con los colores del Vaticano (qué le vamos a hacer) por ser la Pascua. El perfil de la única y maravillosa Manhattan, antes Nueva Amsterdam, antes incluso Nueva Angulema.

Breve resumen del viaje:

-primer día: tour en autobús por Manhattan, downtown y uptown, SoHo y Harlem, para entendernos, pasando por Central Park. Por la tarde, vuelta a pie por el midtown, catedral de San Patricio, Rockfeller Center (donde "rascamos el cielo": top of the trip?), y desde la 6ª avenida caminando hasta el Madison Square Garden, donde Mohamed Alí se batió con Joe Frazier, para ver el partido de la NBA Knicks-Pistons, que ganaron los Pistons con actuación estelar del base "all-star" Chauncey Billups. Luego, vuelta al hotel, pasando por delante de la Biblioteca.

-segundo día: paseo en barco de tres horas alrededor de la isla de Manhattan, desde el muelle 38, donde sonaba una canción de los Everly Brothers, y donde se celebró la primera America´s Cup: estatua de la Libertad, puentes, estadio de los Yankees. Etc. Por la tarde, después de comer en un "deli" junto a Times Square, visita en autobús a Brooklyn y Queens, y cena en New Jersey, en concreto en North Bergen.

-tercer día: escapada a Philadelphia. Betsy´s House, Campana de la Libertad, Congress Hall, recorrido por la ciudad. Etc. Cruzamos el Estado de Nueva Jersey. Me compré un librito de citas de Benjamin Franklin, creador de la primera sociedad filosófica americana entre otras muchas cosas, y oriundo de la ciudad donde se promulgó la Declaración de 1776 redactada por Jefferson y la Constitución de 1787, y donde estuvo el primer parlamento americano y la sede del gobierno de los nacientes EEUU desde 1790 a 1800, hasta que quedó finalizada Washington DC (cuyo nombre tendría que haber sido Columbia DC). Ah, Philadelphia también es la ciudad de "Rocky", y no Nueva York, como yo pensaba.

-cuarto día: visita a los Claustros, al norte de Manhattan, pasando por la Universidad de Columbia, y luego al Metropolitan, junto a Central Park. Fui caminando por el costado de Central Park hasta la 5ª Avenida, bajé por la calle más cara del mundo, y giré a la izquierda hasta el hotel. Llamé a mi compañero de la facultad de Derecho, J. R., abogado de la firma Cuatrecasas, que trabaja este año en el edificio de la UBS, al lado de Mc-Graw Hill y la News Corporation, del Radio City Music Hall y de la CBS (donde las televisiones estaban a la espera de conectar para informar del "caso Imus"). Bien. Nos vimos allí y fuimos a un Starbuck´s, donde estuvimos hasta la hora de cenar, tras despedirnos con un "hasta luego".

-quinto día: por la mañana, visita a la ONU, a tres calles del hotel. Me compré la Declaración de los DDHH promulgada en SF, y un libro titulado "Cosmpolitanism", del profesor K. A. Appiah, de Princeton. Por la tarde, tras dormir la siesta, me di una vuelta por el centro, hasta Broadway, donde teníamos una entrada para ver el musical "Chicago" en el viejo teatro "Ambassador" de la calle 49, al lado de Times Square. La calle era un bullicio a la salida del espectáculo. Puro NY.

-sexto día: por la mañana, Village, SoHo, Chinatown, etc. Me fui hasta Wall Street (donde Washington fue proclamado primer presidente de los EEUU en el Federal Hall, sede del primer gobierno de los EEUU de 1789 a 1790), pasando por el City Hall (los juzgados y el ayuntamiento), e incluso un poquito más allá, al primer y más viejo Nueva York, la Stone Street. Giré y subí hasta South Street Port. Hacía un día magnífico. Volví a Canal St. Nos llevaron a un restaurante francés de la 6ª avenida junto a Central Park. Luego dormí la siesta. Por la tarde, paseé por el centro, me comí un helado y pillé el metro. Volví al hotel. Por TV daban el partido de baseball A´s vs. Yankees.

-séptimo día: por la mañana, misa gospel en Harlem. A mediodía salimos ya para el aeropuerto JFK.

Esto es solo un somero resumen. Me he dejado multitud de detalles, y otros sitios o lugares o edificos que visitamos, de no menor relieve, como el café que nos tomamos en el Waldorf Astoria, o el vestíbulo de la Estación Central, Little Italy, las madalenas ("muffins"), etc. También me he comprado música, canciones "swing" sobre NY, folk americano, y en Filadelfia un disco precioso, titulado "Heritage", con canciones como "Yankee Doodle" o "Liberty".

Solo tengo que añadir que simplemente Pla tenía razón. La Acrópolis de Atenas y Manhattan de Nueva York.

Esto no está dedicado a nadie. Pero quiero saludar a Pepe, Petri, Carmen, Amparo, Charo y tantos otros compañeros de este irrepetible primer viaje a Nueva York.

18/04/2007 12:26 procopio Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Cumbres y libros en Nueva York

Ver Manhattan es como ver una montaña humana, racional, de edificios. Subimos arriba de todo de uno de ellos. Estar en el top del Rockefeller Center fue sin duda una cumbre del viaje a Nueva York. Inexistentes ya las Torres Gemelas, y demasiado solicitado el Empire State, optamos, el primer día, por la torre de Rockefeller y no hubo más que asombro y júbilo.

Pero otra cima del viaje tuvo lugar más a ras de tierra, en concreto en el comedor del Metropolitan, un mediodía desapacible de lluvia atlántica. Allí tuve ocasión de comerme una madalena de indescriptible delicia. Una madalena de Proust, solo que no tuve ningún recuerdo, sino puro gozo solo. Una madalena rellena de mermelada de fresa y coronada por un dedo grueso de crema de nata, una crema que es quizá lo más gustoso que he comido durante esta semana en NY (ya la había probado antes, embutida en una especie de empanada, la noche que cenamos en New Jersey). Después de la madalena, fuimos al ala americana del museo, y me fotografié delante del cuadro "Washington cruzando el Delaware", entre algún otro.

Tampoco estuvo mal ver un partido de la NBA en el Madison Square Garden, el pabellón deportivo más famoso del mundo.

La última tarde pude visitar por fin con tiempo una librería, en concreto la de la franquicia "Barnes & Noble" sita en la 5ª Avenida a la altura de la calle 40. Entre los best-sellers, varios de historia americana, globalización, "La audacia de la esperanza" de Obama contrarrestado por un "La utilidad de la fuerza" de un general republicano retirado, etc. Y sobre todo, un "Blue Grit" de una tal Laura Flanders, con explícito subtítulo: "True Democrats Take Back Politics from the Politicians". Algo parecido a lo que se pretende con Ciutadans, tal vez. La crítica calificaba la denuncia del libro como algo histórico; uno decía: "Si eres republicano, roba el libro: pero leélo".

En la sección de filosofía, más o menos lo de aquí. Onfray, autor que he traducido, "international best-seller" con su ateología. Más Aristóteles que Platón, lo cual no dejó de alegrarme. Una pequeña decepción con la ausencia de Castoriadis, y la poca obra de Spinoza. La clásica filosofía cognitiva de las neurociencias, tan de moda. Autores yanquis, los académicos y los publicistas.

En la sección de educación, encontré "Democracy and education" del gran John Dewey, un libro que debiera ser traducido al castellano. Además, una obra de un reciente alto funcionario del gobierno republicano titulada "La guerra contra la esperanza" (toma nota, Obama), que arremetía contra los sindicatos de profesores y la educación progresista mal entendida y peor ejecutada. Y otro librito titulado "En las escuelas confiamos", jugando con el clásico "In God we trust" de los dólares: una defensa experimental de la escuela pública tomando como base un par de experiencias concretas en Boston y en Harlem. Espero que esta escuela de Harlem (un barrio ahora regenerado y donde Clinton ha abierto su oficina) no sea la que ha decidido irse de vacaciones escolares a Cuba.

Comprar, lo que se dice comprar, ya sabéis: solo he adquirido un librito de citas de Franklin, en Filadelfia, y un libro titulado "Cosmopolitanism", del profesor Appiah, de Princeton, en la librería de las NNUU. Veremos qué tal.

20/04/2007 14:47 procopio Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


Broadway

Broadway es como una Diagonal de Barcelona, pero de 25 kms. De la Universidad de Columbia a Battery Park, Broadway cruza más o menos en diagonal toda la isla de Manhattan. Broadway ya era una calle del Nueva York antiguo, llamado Nueva Amsterdam, y en ella se señala que estuvo de hecho el primer asentamiento holandés en la isla. Paralela a Broadway, estaba y está Broad Street, antaño la calle principal de Nueva Amsterdam, que pronto enlazaría una calle más arriba -ésta en horizontal- con Wall Street, primera frontera del norte de la ciudad cuando ya se llamaba Nueva York y había pasado a manos de los ingleses. En Broad Street, esquina con Wall Street, enfrente diagonalmente del Federal Hall, está hoy la celebérrima Bolsa de Nueva York. Allí estuve paseando un rato hace exactamente una semana.

Pero Broadway hoy es conocida sobre todo por ser la calle de los teatros. Aunque no están exactamente todos en Broadway, sino en calles adyacentes, en la zona del cruce de Broadway y la 7ª Avenida, es decir, en la zona de Times Square, de la calle 40 a la 50 más o menos, Nueva York es puro teatro. Y Times Square el centro del escenario. El centro del mundo. "My little town blues...".

Fuimos a ver el viernes por la noche el musical "Chicago", obra, en parte del gran Bob Fosse, que fue llevada al cine con rotundo éxito hace pocos años. Era un viejo y pequeño teatro de la calle 49 con Broadway, llamado "Ambassador". Allí representan "Chicago" todos los días, excepto el miércoles o el martes, ahora no recuerdo, y sábado y domingo en sesión doble. Un non-stop que es puro Nueva York. Ya digo que el teatro era viejo, y la moqueta del suelo estaba agrietada en varias zonas de la platea. Pero a mi modo de ver eso no lo hacía sino más acogedor. El musical es como la película, pero sin lo que la película permite. Hay que exprimir la imaginación. Lo más curioso fue tener en el propio escenario la orquesta que va ejecutando la música. El show está bien, pero sin Catherine Zeta Jones y René Zelweiger y Richard Gere, pues pierde un poco. Entiéndaseme. Los bailarines hacen todo lo que pueden y algunos números siguen valiendo mucho la pena, aun en el reducido espacio del teatro original.

Al salir, ya he dicho que Times Square es el centro del mundo. La iluminación de Piccadilly Circus, a su lado, semeja una bombilla de tenue luz al lado de un enorme árbol de Navidad. El reloj de Times Square tiene que verse mirando al sur. Desde luego Times Square no es una plaza, sino un cruce largo de calles. Pero estaba lleno de gente y de vida cuando salimos del musical el viernes por la noche. Ahora mismo los musicales de moda son "Tarzán", "Mamma Mia", "El rey león", etc.

Volviendo al hotel por la calle 48, di con otro teatro, en el que se representaba un musical u obra titulado "Radio Golf". Los protagonistas eran Clinton, Tiger Woods y Barack Obama. El nuevo poder americano. Una mirada crítica a la progresía americana, demasiado acomodada a todos los lujos del boom globalizador de finales de siglo XX. Puede que Obama signifique poco más que una continuación del clintonismo (a su vez kennedysmo más de salón todavía) por otros derroteros ciertamente algo nuevos (Obama es negro, oriundo de Hawai, y de Chicago), o puede que no, que represente algo más nuevo y más profundo al estilo de lo que quiso representar Howard Dean, frente al vanidoso John Kerry, con sus alegatos americanamente populistas.

Pero no entré a ver "Radio Golf" y seguí a pie hasta el hotel.

21/04/2007 10:31 procopio Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Consideraciones sobre los Estados Unidos

Hace un año por estas fechas leí "Análisis de los Estados Unidos", un librito estupendo del profesor Julián Marías, y que sospecho que es de lo mejorcito de la obra, acaso demasiado anclada en el orteguismo, de Marías.

Ahora que he estado, aunque solo una semana, por fin, en los Estados Unidos, de cuerpo entero, me atreveré a dejar constancia aquí de un par de ligeras consideraciones sobre ese gran experimento democrático que son los EEUU, sin el cual posiblemente no hubiese existido la Revolución francesa tal como la conocemos, y lo que es consecuencia de ella en toda Europa. Es cierto que antes de la Constitución de los EEUU (y hablo de constitución a propósito, porque la previa declaración de independencia, con ser un paso crucial, no es realmente el decisivo en la formación de la primera democracia unitaria moderna; el mismo Washington así lo vio, en el sentido de que la simple independencia confederada de las colonias no hubiese supuesto la auténtica revolución democrática que se produce, pues, con la firma de la Constitución en 1787; esto es justo además lo que causó años después la contienda entre norte y sur y la definitiva consolidación del experimento democrático americano a manos de Lincoln -uno puede simpatizar sentimentalmente con la dorada causa del sur, en cuanto raíz, rara y excelsa, de dicho experimento: pero no ya el esclavismo sino el relativismo ventajista cada vez mayor de esa sofisticación mayormente demócrata que se fue apoderando del sur, no deja opción como no la tuvo Lincoln, que por cierto procedía de la frontera del Oeste), está el "Bill of rigths" inglés, o el experimento holandés de Jan de Witt, sin los cuales es difícil pensar en los mismos EEUU, pero ahí sigue la monarquía británica al igual que la holandesa, entre otros matices diferenciadores.

Y hablando de diferencias, mi primera consideración de los EEUU, después de haber estado por fin allí, gira en torno a esta pregunta: ¿es diferente EEUU a Europa? Mi respuesta es la siguiente: no existen grandes diferencias, pero las pequeñas diferencias acaban por marcar una si no grande sí relevante diferencia. Tampoco sabría decir ahora en qué consiste esta aún perceptible marcada diferencia, pues solo he estado allí, y en una ciudad en parte atípica como New York, una semana; pero mientras espero a volver otra vez a los EEUU para desarrollar este punto con más fundamento, diría que la gran diferencia gira en torno al sentido real y profundo que allí sigue teniendo la manera en como pensamos la democracia: de entrada, como "una gran conversación".

También sobre los deportes me gustaría decir algo. Hasta ahora pensaba que los que habían codificado el deporte moderno tal como lo conocemos, eran los ingleses. Pero ahora, dejando de lado las carreras de caballos (estuve viendo una en un sitio de apuestas de una calle de NYC), he visto que no es así. Y no me refiero a la America´s Cup (estuvimos navegando donde se disputó la primera vez, en el río Hudson), sino al mismísimo béisbol, antaño conocido como "New York Game". Oficialmente, los torneos de béisbol y sus reglas son incluso anteriores a las del fútbol y rugby europeos, tal como se puede ver si se consulta la Wikipedia, o por lo menos contemporáneas.

En suma, cuando llegas a Nueva York te llama la atención, aun viniendo de una Europa plenamente mestiza, la variedad de caracteres raciales humanos: "e pluribus unum". De verdad que es algo que me llamó la atención. Hoy en día, por cierto, también resulta chocante que puedas expresarte en un español tal-como-suena sin problemas en casi todo NYC. Aun así, tengo que decir que acabé expresándome en un inglés harto bien construido, y dicho sea de paso, con ligero acento "new yorker". Pero, ay, en seguida se acabó.

En fin, hoy leo en un periódico español que el alcalde de NYC ha propuesto plantar 1 millón de árboles y la imposición de una tasa a los coches que entran en Manhattan. Que son muchos todos los días. He recordado que, entrando por el Holland Tunnel de vuelta de nuestro viaje a Filadelfia, el guía turístico, uruguayo, puso la radio, una emisora en español, mientras estábamos parados en medio de un océano de coches, y que el locutor decía: "Un estudio revela que no son los coches los causantes de las emisiones de CO2 a la atmósfera, sino los edificios de Manhattan, bla, bla, bla". Ahora pienso, por si se les ocurre eliminar la iluminación nocturna de esa maravilla que es Manhattan, que yo la pude ver aun en su pleno aunque herido esplendor. Una vez, entrando por Queens, y la otra desde la orilla de New Jersey.

PD: coincidió que en el viaje de vuelta pasaron la película "Pequeña Miss Sunshine" en el avión. Estuve viendo toda la segunda parte de la película, y mis temores se hicieron realidad. Había visto el trailer en los cines y me la habían aconsejado unas determinadas personas, en forma y tiempos determinados: de ahí mis temores. En efecto, es una película banal. Supongo que por eso ha ganado el César francés a la mejor película extranjera. Pero no diré que el problema es que sea una película inamericana: estas banalidades también son típicamente americanas. Quiero decir que al final hay triunfador, faltaría más; el problema es que es un triunfo banal, que no justifica sino lo mismo que pretende denunciar, y que acaba por destrozar una película por lo demás recorrida por el tedio de una acaso buena idea pobremente argumentada y, lo que es peor, mal caracterizada (un guaperas como papá de una familia de esas, como que no: quizá si hubiese sido Jim Carrey, pero entonces se hubiese visto bien a las claras que no es más que un telefilm al que no le hubiesen dado ningún premio progresista). En definitiva, una película digna de la ignorancia presuntuosa que emponzoña nuestro mundo, especialmente el progresista. "Hélas!".

24/04/2007 19:47 procopio Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Reseña: "Noticia de Rorty"

Con esta reseña, recientemente publicada en la revista "Archipiélago", espero cerrar esta serie americana de posts. Tengo pendiente publicar otra reseña, digamos americana, del libro que Martha Nussbaum escribió sobre la reforma liberal de las universidades de su país, una propuesta que intenta amoldar las aportaciones del multiculturalismo reciente al clásico racionalismo ilustrado cuya defensa está en el subtexto del trabajo; en todo caso, me parece, un libro interesante y provechoso. Pero eso será después del verano.

Copio la reseña sobre un par de libros de Rorty, a la que añado una Postdata.

NOTICIA DE RORTY

"Cuidar la libertad. Entrevistas sobre política y filosofía", Richard Rorty, trad. Sonia Arribas, de. Lit. Eduardo Mendieta, Madrid, Trotta, 2005, 206 pp.

"Filosofía y futuro", Richard Rorty, trad. Javier Calvo y Angela Ackermann, Barcelona, Gedisa, 2002, 188 pp.

A Richard Rorty (Nueva York, 1931), profesor de Humanidades en Stanford (California), se le considera el continuador contemporáneo del pragmatismo de James y Dewey, aderezado, eso sí, con la filosofía continental europea (contrapuesta a la angloamericana, analítica, en la que sin embargo Rorty se ha formado como profesor) y autores tales como Nietzsche, Heidegger, Derrida, Foucault o Habermas. A Rorty también se le considera hoy como el intelectual progresista (“ironista liberal”) más reconocido de su país, atacado tanto a izquierda (Bernstein y los marxistas) como a derecha (Bloom y los conservadores). Autor de libros de filosofía o meta-filosofía importantes ("El giro lingüístico", "La filosofía y el espejo de la naturaleza", "Contingencia, ironía y solidaridad", "Forjar nuestro país"), Rorty ofrece en estos dos libros de que damos noticia un compendio de lo mejor de su obra e inquietudes.

"Filosofía y futuro" reúne ensayos en torno a la función de la filosofía (“tejer lo viejo con lo nuevo” en palabras de James), al concepto de justicia como lealtad ampliada, en torno al debate (casi inexistente) entre filosofía analítica y continental (aboga por una filosofía “transformativa”), a Spinoza, a la distinción entre lo privado (ironía) y lo público (solidaridad) engarzados en la contingencia de un “historicismo nominalista” de cuño hegeliano, darwiniano y deweyano; en torno, en fin, a la democracia y a lo que Rorty llama tradición progresista norteamericana. "Cuidar la libertad" reúne entrevistas (una de ellas ya publicada en "Filosofía y futuro": “Persuadir es bueno”) que por lo general giran alrededor de los mismos temas ya citados, y que abarcan el período comprendido entre 1982 y 2001, después del fatídico 11 de septiembre.

Sin duda, no se sale decepcionado de la lectura de estos dos libros. Rorty es hoy, en efecto, un contemporáneo esencial. Pero a juicio de este lector surgen algunas dudas o rechazos. No es cierto (aunque yo mismo lo dije aquí en mi reseña sobre Dewey) que no haya ni “historia ni tiempo” en la -incompleta, de acuerdo- obra de Spinoza. Por lo demás, me parece que su crítica de las izquierdas “nueva” (años 60-70) y “cultural” (años 80-90) sigue lastrada por un viejo izquierdismo que tampoco ha hecho su autocrítica (el mismo Dewey se distanció de Wilson, por ejemplo, y Roosevelt no parece que permita ser demasiado pacifista o “amigo de las culturas”), con resultados hoy a menudo preocupantes: en Francia, en EEUU, en Alemania y, ay, en España, sobre todo porque hoy esta izquierda vieja-nueva-cultural no es que en su “izquierdismo-cosmopolitismo Unesco”, por sintetizarlo así, haya permitido el ascenso de Le Pen, o el peso del cristianismo dicho fundamentalista en la victoria de Bush, o se haya escorado a la izquierda del nacional-socialismo con Lafontaine, sino que está en el poder, en España. De modo que, a falta de ese o cualquier otro buen izquierdismo que vindica Rorty, simplemente para seguir siendo demócratas recientemente en Barcelona algunos hemos fundado un nuevo partido político, Ciudadanos-Ciutadans, de forma romántica, desde luego, pero con intención bastante más pragmatista que izquierdista.


PD: después de la derrota del Sur en la guerra civil americana, causa mayoritariamente ligada a la izquierda, el partido demócrata sufrió su particular travesía del desierto, y eso aun a pesar del asesinato de Lincoln, un republicano liberal receloso del excesivo poder del sector financiero y conservador de su partido; y solo tras la aparición a finales del siglo XIX y principios del XX de un Partido Populista que llegó a cosechar el 7% de los sufragios en todo el país volvió a levantar cabeza con propuestas serias.

30/04/2007 20:18 procopio Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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