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Elogio de la demencia

Con una pequeña vuelta de tuerca, sustituyo "locura" por "demencia" en el título del famoso libro de Erasmo de Rotterdam en homenaje al triunfo de la selección española de baloncesto en el reciente Mundobasket de Japón. Demencia es como llaman a la afición del club Estudiantes, de donde proceden el seleccionador y algunos jugadores de este equipo de Oro. No sé si es forzar mucho la metáfora, pero allá que me traslado: esa demencia erasmista del baloncesto español en general sigue una tradición que se remonta al siglo XVI. La tradición del erasmismo y del humanismo (aun cristiano), que gozó de enorme pero breve difusión en la España renacentista. Estaba Vives y estaba la Universidad de Alcalá. Estaban las traducciones españolas (castellanas) de los libros de Erasmo, de las más numerosas de toda Europa hasta que sobrevino el principio del colapso. Allí donde había un germen (en Madrid, en Valencia, en Andalucía, en Barcelona) que podría haber conducido a nuestros antepasados -a pesar de la convulsa edad media- al camino de la ciencia y la libertad que Europa tomó a finales del siglo XVI, allí se alzó la larga y negra sombra de la Inquisición y de un proyecto imperial que ni siquiera era el aún conciliador de Carlos V (Andrés Laguna en Colonia) sino, a partir de 1550, el ya hermético de Felipe II y sucesores.

Le llamaron Siglo de Oro, aunque ya Feijoo, a principios del siglo de las luces, lo veía más bien sombrío. Mayans procuraba conciliar, y es de recibo su propuesta filológica-literaria, no así me temo su propuesta científica y política.

Salto adelante. Así pues, la victoria de la selección de baloncesto, ésta sí de Oro por todos los lados, se merece exactamente el mismo elogio que la "demencia" mereció del primer gran humanista de la modernidad, Erasmo de Rotterdam. Pepu Hernández, el entrenador del equipo, aun con pudor, se atrevió a dar con algunos valores: formación, educación y trabajo en equipo. Y en este caso no son meras palabras, como quedó demostrado deportivamente en la cancha y fuera de ella. Algo deberían de aprender no solo los futbolistas, sino todo el establishment futbolístico de España. Más demencia erasmiana, tal vez.

Enlazo el elogio de la enorme victoria demencial de España en el Mundobasket de Japón con la película que ayer fui a ver, "Alatriste", basada en las novelas de Pérez-Reverte sobre las aventuras y desventuras de un Tercio de Flandes bajo el reinado de Felipe IV. El ocaso definitivo de la Monarquía católica de España, poco antes de Westfalia y 1648. Qué contraste con las cartas que Spinoza escribiría poco después, en aquella Holanda irrepetible que tampoco duró demasiado, pero cuyo germen liberador no fue aplastado, como acaso había sucedido en cambio con el erasmismo en España un siglo antes.

Hermosa película, aunque un pelín irregular. Sin embargo, ahora pienso que ni la Inquisición ni nadie pudieron acabar del todo con aquel fermento libre y moderno del Renacimiento primerizo. Quevedo se plañía en el Madrid de los Austrias, porque aunque apenas pudo explicarlo, él era un humanista antes que un católico.

Y la cosa fue a peor. Científicos tardarían algo en llegar y de forma muy tímida. El siglo borbónico, aun con su soterrada convulsión territorial, puso las cosas un poco más en limpio, pero apenas sentó alguna base firme. Hubo Constitución liberal en 1812, pero la penosa y lenta historia posterior todos la conocemos.

Y sin embargo, insisto en lo que decía antes: quizá aquel tallo liberador del primer humanismo no se vio del todo cercenado en España. No soy partidario de hablar de otras cosas cuando hablo de deportes. Pero un día es un día. Digo que tal vez esta gran victoria del basket español, del que yo formé parte federada durante siete años y que sigo siempre que puedo, ese Oro al fin, es la prueba de que había brote todavía y de que aun queda brote por crecer.

08/09/2006 14:46 procopio Enlace permanente. sin tema Hay 2 comentarios.


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