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Bienvenidos a "procopio: café filosófico". Desde febrero de 2005, un sitio en internet donde encontrarás artículos de diversa factura sobre política, filosofía, periodismo, literatura, deportes, educación, música. La polémica está servida, y si te disgusta mi petulancia, avisado quedas de que me guía la divisa de Montaigne: "Yo soy mi física y mi metafísica". O esta otra, leída en una camiseta: "Liberté de parole. Freedom of speech. Libertad del discurso".

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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2006.



¿Somos un partido lerrouxista?

La acusación estaba en la agenda. Y ha aparecido, en la estela de la
sempiterna cantinela separatista, tras el acto del Palau de la
Música y la presentación del cartel de campaña, con Albert Rivera
casi completamente desnudo.

Nadie sabría definir muy bien qué cosa es el lerrouxismo, o qué fue
a principios del siglo XX. Se dice: populismo demagógico, y en el
mismo saco se mete a Le Pen, a Haider, a Bossi, y tan contentos.
Quizás también a Berlusconi, o a Rodríguez Ibarra. Carod, Pujol o
Maragall, siempre se escapan de esa red, con lo a mano que los
tienen.

Pero si uno lee un poco de historia política de España, verá que la
acusación de populismo demagógico o bien es exagerada o bien es
totalmente equivocada. Exagerada, en cuanto que a principios de
siglo XX ningún político salvo el caciquil podía considerarse
"moderado". Y equivocada: baste recordar que precisamente fue
Lerroux, heredero del partido republicano fundado en la década de
los 40 del siglo XIX por Garrido y Pi y Margall, quien se opuso al
populismo demagógico por antonomasia, el catalanismo, que en 1906
consigue obtener su primer triunfo electoral con la sola oposición
de... Lerroux. Las bravatas regeneracionistas de Lerroux, a lo
Joaquín Costa, eran ciertamente estridentes, como lo fue
desdichadamente aquella época en la que pervivía además el
terrorismo anarquista y las huelgas salvajes del obrerismo,
sojuzgadas, en fin, por la famosa patronal catalana de pistola en
mano.

De aquel partido republicano, demócrata y federal solo quedan vagos
recuerdos de sus "meriendas fraternales" y sus ácidas y justas
críticas a la "solidaridad" nacionalista rampante, y cierta justa
prevención también frente a la "solidaridad obrera" dispuesta a la
revolución total. Y, justo es decirlo, permanecen sus críticas al
sistema caciquil que finalmente desembocó en la parálisis del
régimen de la Constitución de 1876, a pesar de las medidas sociales
y de la Mancomunidad.

Aquel partido republicano, también es cierto,
era-lo-que-quedaba-del-gran-movimiento-demócrata del siglo XIX,
oposición del "moderantismo", que luego se había ido fragmentando
para dar lugar a diversas posiciones políticas que abarcaban desde
el Castelar democristiano hasta los anarquistas y socialistas
(todavía faltaban los comunistas), pasando por algunos liberales o
incluso por el mismo catalanismo ("particularismo", se le llamó) de
Almirall, que había sido seguidor, en seguida decepcionado ya que no
era su cuerda a pesar de todo, de Pi y Margall.

Es decir, el programa del Partido Republicano de Lerroux, ¿qué tenía
de populismo demagógico en una Europa que se iba a enfrentar de
nuevo a sangre y metralla en 1914? Más tarde, otro avatar de ese
republicanismo dio lugar a la Izquierda Republicana de Azaña, y en
el seno madre del nacionalismo catalán, en sentido contrario y ya en
1930, a ERC, a la que verdaderamente puede achacarse -con
excepciones, como la posterior evolución de Tarradellas- justo ese
"populismo demagógico" que se le imputa al republicanismo federal y
demócrata del partido de Lerroux. Luego Lerroux fundó un partido
pequeño de centro-derecha liberal, el Partido Radical, en el que
estuvo la feminista Clara Campoamor, que no hizo mal papel en la II
República a tenor del papel del resto de partidos y movimientos.

Lerrouxista, ¿lo fue Juan Boscán, el poeta catalán en castellano del
siglo XV-XVI? Porque no otra cosa parece que, por lo demás, pueda
significar el palabro "lerrouxista". No somos, pues, un partido
lerrouxista, pero tenemos algo de republicanos (hoy diríamos acaso
socialistas), mucho de demócratas, un poquito de federalistas
(autonomistas), su dosis larga de liberalismo. Hasta el momento,
somos, eso sí, los únicos que nos oponemos a la hegemonía
totalitarizante del nacionalismo catalanista en Cataluña. Esto
determina o nos sitúa en un espacio, vamos a decirlo así (dicen que
toda negación es una determinación, o a la inversa: con lo cual, por
cierto, ¿qué será eso de la autodeterminación?); pero ese espacio
permanece abierto y sin definirse completamente. Permanece, de
momento, solo de momento, casi desnudo. ¿Nos hace eso populistas
demagógicos? De momento, lo único que nos hace es tener algo de
prisa y un poco de frío.

Ximo Brotons

01/10/2006 19:16 procopio Enlace permanente. sin tema Hay 2 comentarios.


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