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Bienvenidos a "procopio: café filosófico". Desde febrero de 2005, un sitio en internet donde encontrarás artículos de diversa factura sobre política, filosofía, periodismo, literatura, deportes, educación, música. La polémica está servida, y si te disgusta mi petulancia, avisado quedas de que me guía la divisa de Montaigne: "Yo soy mi física y mi metafísica". O esta otra, leída en una camiseta: "Liberté de parole. Freedom of speech. Libertad del discurso".

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procopio: café filosófico

Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2006.

Visítese: http://www.georgespalante.net

Es el primer post ("George Steiner escribe sobre Palante y yo sobre filosofía") de este blog que sale de aquí para parar en www.georgespalante.net

_______________________
From: Stephane BEAU
Reply-To: beaus@wanadoo.fr
To: chimo74@hotmail.com
Subject: georges palante
Date: Fri, 30 Dec 2005 16:15:19 +0100 (CET)

> Bonjour,

> J'arrive à lire l'espagnol mais pas à l'écrire.

> Je m'occupe du site consacré à Georges Palante (http://www.georgespalante.net)

> Je viens de trouver sur le net deux articles intitulés PEQUEÑA TEORÍA DEL NIETZSCHEANISMO DE IZQUIERDAS et GEORGE STEINER ESCRIBE SOBRE PALANTE

> sont-il de vous ? Si oui me permettez-vous de les reprendre sur mon site ?

> Merci d'avance

> Stéphane Beau


Message du 30/12/05 19:47
De : "Joaquín Brotons"
A : beaus@wanadoo.fr
Copie :
Objet : RE: georges palante


> oui, bien sûr.

> joeux noel. feliz navidad. et bon chance avec la web. je la visitarai.

> ximo brotons

[Respuesta]

Merci beaucoup!

_______________________

Léase: "Physiologie de Georges Palante. Essai sur un nietzschéen de gauche", de Michel Onfray, Ed. Grasset, París, 2003.


02/01/2006 19:33 procopio Enlace permanente. sin tema Hay 3 comentarios.

Reseña: "A propósito de la educación" (sobre un librito de C. S. Lewis)

Ayer, en Teruel, quedé agotado y con jaqueca después de las tres horas de King Kong de Peter Jackson, portentoso film visualmente hablando, menos perspicaz en los diálogos y, para mí, sobre todo, demasiado ñoño en el tratamiento del amor de la Bella por la Bestia, no en el de la Bestia por la Bella (que es el que importa: "el amor ama más allá del bien y del mal, más allá de la recompensa"; y en cambio, parece algo así como una recompensa la compasión, que no auténtico amor, de la Bella por la Bestia, algo que se ha explicado en virtud del espíritu de nuestro tiempo ecologista...).

Pero, en fin, "Crónicas de Narnia", basada en el cuento del escrito inglés C. S. Lewis, ha desbancado del primer lugar de la taquilla a "King Kong" en estas Navidades de cine, al menos en España.

De modo que aprovecho y cuelgo esta reseña que publiqué hace un tiempo en "Lateral" sobre el ensayo pedagógico de C. S. Lewis titulado "La abolición del hombre". Quizá en ese punto encontremos de nuevo a King Kong: la naturaleza invencible que no es nuestro mundo y que sin embago sigue ahí, en la cima de nuestro misterio, desafiándonos, atrayéndonos: para volver a empezar a formar naturalezas humanas.

A PROPÓSITO DE LA EDUCACIÓN

¡Últimas noticias de los expertos en la ESO (en contra de lo que escribió, no hace tanto, un "homme de lettres" tan poco reprochable como José María Valverde)!: leer moviendo los labios demuestra inmadurez y un analfabetismo preocupante. ¿No estarás leyendo de esta manera, verdad, amable lector/a?

Lo grave de la reforma de la ESO no es que los alumnos ya no sepan leer ni escribir, o que se tenga que enseñar a niños de 12 años que rozan el estado semi-salvaje, o que haya que tratar con escrupulosidad quisquillosa la diversidad existente en las aulas, ni algunos nuevos métodos pedagógicos. No, lo peor de la reforma no está en los reformados sino en los reformadores y su infamante jerga seudoprogresista, que en busca de un lenguaje hiperanalítico que clarificase la situación ha acabado por dejar de saber leer y escribir sencillamente, hasta el punto de arrojarnos a lo más oscuro de la selva... Quiero decir, por ejemplo, que resulta tan amplia la permisividad otorgada por la reforma a los alumnos que los maestros actuales, supuestamente más comprensivos e integradores, están en camino de adoptar cada vez más prácticas actitudinales -¡caramba, yo también empiezo a estar reformado!- muy próximas a la repentina tiranía. O sea, como ya no se puede ni insinuar la palabra examen (ahora se le llama “prueba de evaluación sumativa”), en el momento en que el gallinero toma visos de escapar del corral sólo nos queda la opción de sacar la porra de la forma más despótica... Cosas del cinismo de la corrección política que desafortunadamente nos gobierna y que, aún más desafortunadamente, no están exageradas.

Dos libritos recientemente publicados pueden sernos de mucha utilidad para tratar de prevenirnos contra los errores más dañinos de la famosa reforma educativa. El primero se titula "Educar es educarse" (Paidós) y está escrito por el filósofo Hans-Georg Gadamer, más conocido por haber puesto de moda las teorías de la hermenéutica. Se trata de un opúsculo muy breve de vago tono autobiográfico en el que destaca por encima del resto la idea de que “sólo se puede aprender a través de la conversación”, así como que sólo en la conversación el lenguaje puede realizarse plenamente. Son dos apuntes que en el estado actual de la enseñanza en España pueden servir para dos cosas: en primer lugar como acicate para sacar a los alumnos del pobre argot en el que chapotean (y que, como señala con gracia Félix de Azúa en su "Diccionario de las artes", está compuesto por palabras tan abstractas como “tío” o “gilipollas”) y darles la oportunidad de nadar a pleno pulmón por los anchos mares del mundo con un lenguaje rico y preciso; en segundo lugar, para seguir insistiendo –y en este sentido, la reforma es positiva- en la importancia del diálogo racional y el arte de la conversación, sin por ello convertir la clase “en un foro de debates ni en un púlpito”, tal como advierte por su parte Savater en "El valor de educar".

El segundo de los libros, de impecable escritura y más sustanciosamente penetrante que el anterior a pesar de no ser su autor un filósofo en mayúscula (o quizá por eso), se titula "La abolición del hombre. Reflexiones sobre la educación" (Andrés Bello). Su autor, C.S. Lewis, profesor de literatura medieval y renacentista fallecido en 1963, realiza en los dos primeros capítulos una crítica tan aguda como actualísima de un manual escolar de la Inglaterra de su tiempo. En ellos se ciñe a una cuestión que los buenos lectores de Lewis (muy próximo en este punto a Papini) ya habrán saboreado en otras ocasiones: la crítica del fatal desprecio moderno por el sentimentalismo y lo inverosímil de la literatura o de la ficción en general.

Entre las muchas piedras preciosas que contiene el cofre de "La abolición del hombre" -de cuya mordaz lógica analítica el racionalismo trivial de la reforma educativa podría aprender hoy algunas lecciones irrefutables-, destaca una en la que Lewis acusa a la educación moderna de formar “hombres sin pecho”, es decir, sin sentimiento ni magnanimidad y por tanto menos aptos para hacerse cargo de su libertad. Dice Lewis: “Donde la antigua educación iniciaba, la nueva sólo `condiciona´. La antigua trataba a los alumnos como los pájaros adultos tratan a sus polluelos cuando les enseñan a volar; la nueva, más bien como un avicultor trata a los polluelos, criándolos para tal o cual propósito del que los pájaros nada saben”. En lugar de incitarlos al vuelo, alimentamos a nuestros pajaritos para cumplir funciones previamente establecidas –¿por quién?. En palabras de Lewis, no se estimula la propagación del neófito; nos limitamos a venderle propaganda.

Los causantes mayores de este estropicio son los que el autor apoda como “Condicionadores”, término que se ajusta mucho al perfil de los diseñadores de la nueva ESO. A destrozarlos con ironía gloriosamente templada dedica Lewis el último capítulo del libro, donde augura la abolición de la naturaleza humana por parte de quienes sigan creyendo con fe inquebrantable en el progreso lineal de la conquista de la Naturaleza por el Hombre y gestionen en consecuencia su victoria definitiva (¡Fukuyama, date por aludido!). Hay en torno a esta idea controversias tan polémicas como las planteadas hoy por la eugenesia y el condicionamiento prenatal, prácticas que Lewis rechaza con un argumento paradójico: la conquista total de la Naturaleza incluiría la naturaleza humana y por tanto la conquista del hombre por el hombre y el triunfo final de la Naturaleza, absurdo tan risible como algunas de las reformas educativas antes mencionadas que recuerdan al gag ése de los Monthy Phyton en el que un profesor inglés enseña un rudimentario italiano a unos típicos italianos...

Pero la risa, ay, puede congelársenos si estos absurdos continúan poco a poco anulando ese “misterio de la humanidad” que para el gran C. S. Lewis constituye el reducto último de toda verdadera educación.

05/01/2006 14:34 procopio Enlace permanente. sin tema Hay 9 comentarios.


La libertad de lenguaje (II): Billy Budd contra Wittgenstein

"Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo", escribe Wittgenstein. Contra esta crítica religiosa de la metafísica, en su último libro el profesor italiano Paolo Virno esboza una metacrítica atea de la metafísica (y para empezar, pues, de la religión) dándole la puntilla materialista a la frase de Wittgenstein: "Los límites de mi lenguaje _no_ son los límites de mi mundo".

Naturalmente está en el fondo de esta metacrítica atea la frase de Spinoza: "Nadie, hasta ahora, ha determinado lo que puede un cuerpo". Un cuerpo humano, quería decir. Pues bien, hace tiempo (está ya en mi tesina "Ensayo sobre el sentido común") encontré un buen ejemplo literario de este ateísmo en el personaje Billy Budd de la homónima novela de Melville. No tengo aquí la novelita y no puedo traer la cita textual. Cuando la tenga a mano, aquí la pondré.

Pero cuál fue mi sorpresa cuando leyendo "Diarios 2002" del periodista Arcadi Espada éste se hacía eco de un comentario del novelista Vicinzey (del cual leí "En brazos de la mujer madura" con bastante mejor recuerdo que mi lectura, inacabada, de "La insoportable levedad del ser" de Kundera) muy despectivo con la novela de Melville, poniéndola nada menos que como paradigma de la mentira en la novela moderna. Y la mentira, al parecer, la mentira moral, es que Billy Budd, la víctima, ame a su verdugo; la mentira literaria, de entrada, es novelizar y embellecer unos hechos reales.

Dejaré de lado ahora el hecho de que Melville no pretende novelar un hecho real, sino que hace la operación típica de escribir un relato a partir de una historia que un marinero le contó. No tiene la pretensión de escribir ningún "relato real" al estilo de MVM o Cercas; ni siquiera, que yo recuerde, defiende que la historia que le han contado sea verídica; en todo caso, no utiliza esta referencia inicial del relato -que no forma parte en ningún momento del mismo-, es decir, esta historia más o menos verídica en la que dice más o menos basarse, para dotar de verosimilitud a su relato, plena y conscientemente ficticio.

No he leído el ensayo de Vicinzey y la única referencia que poseo es la que me llega de la mano de Espada. Que vuelve a ella, pese a mis críticas en el Nickjournal, en su por lo demás formidables "Diarios 2004" recientemente publicados. La cuestión es que la mentira reside en que la víctima ama a su verdugo. Pero, francamente, no sé de dónde se saca Vicinzey (porque no da la impresión de que Espada se haya leído "Billy Budd") que Billy Budd ame al capitán (no me acuerdo si es capitán o qué) que le condena a muerte con injurias, es decir, con falsas pruebas. La cuestión es que Billy Budd, requerido, no acierta a articular palabra cuando pretende defenderse y es finalmente sentenciado.

Desde luego, el relato de Melville es un alegato no del amor de la víctima por el verdugo, sino de lo contrario, de lo previamente contrario, que es: el derecho a la presunción de inocencia. Y, no menos importante, el derecho de "habeas corpus". ¿No se dice judicialmente por otra parte que "tiene derecho a callarse y a hablar solo en presencia de su abogado"? Pero me detendré ahora solo en el "habeas corpus". Que es ni más ni menos lo que ama Billy Budd en su colapso mental, en su parálisis muda ante la maldad y villanía del capitán. Una víctima, una víctima pública, es en primer lugar un mártir, un testigo: y eso es simplemente el personaje de Billy Budd, y no no sé qué síntoma de qué proto-síndrome de no sé qué.

Digo que Billy Budd "se avanza" contra el capitán; pero ni lo agrede, ni tampoco acierta a hablar, y a decir la simple verdad: que él no ha robado nada (creo recordar que se trataba de un robo). Pero ahí está Billy Budd, "avanzándose", sobrepasando los límites de "su" mundo que previamente otros le han impuesto al imponerle "su" lenguaje. En un barco donde no hay ningún derecho reconocido (ese es el tema). ¡Pero a Billy Budd le queda el cuerpo y solo el cuerpo, que finalmente colgará del cadalso (que no vemos, desde luego, como lo miraría Capote)! ¡Libertad de lenguaje! Eso es lo que significa políticamente el princpio de "habea corpus" que personifica Billy Budd, marinero.

Bien, no entiendo muy bien qué le pasó a Vicinzey leyendo a Melville. Hace poco leí una cosa de Vicinzey sobre Nabokov que es lo que hacía tiempo andaba buscando (yo, que una vez, tengo disculpa porque era contra Godard, defendí que Nabokov sí fue un gran novelista). ¿Cómo alguien capaz de tal sutileza paciente y sin morbo es capaz de despachar de forma tan ciega y tan _miserable_, como decimos los españoles, la novela "Billy Budd" de Melville? Me temo que al centroeuropeo y freudiano Vicinzey le pudo, ay, el antiamericanismo.

Más le hubiese valido decir simplemente que "Billy Budd" le pareció (en su juventud) un relato cursi o, incluso, va, no pasa nada, totalitario. Hoy, Vicinzey, es todo "un escritor húngaro afincado en Inglaterra". Y no en la vulgar y chabacana América.

11/01/2006 19:48 procopio Enlace permanente. sin tema Hay 2 comentarios.

Entrevista inédita a Michel Onfray, filósofo hedonista (enero 2003)

Hace unos años Michel Onfray (1959) apareció en la crónica cultural del corresponsal en París de “La Vanguardia” como un “nietzscheano iconoclasta”. Hoy Michel Onfray, doctor en Filosofía, es uno de los ensayistas más leídos y prestigiosos del país vecino. Poco a poco sus obras se han ido traduciendo al castellano: “El vientre de los filósofos” (R&B, 1996), “Cinismos” (Paidós, 2002), “Teoría del cuerpo enamorado” (Pre-Textos, 2002, traducido por un servidor) y "Tratado de ateología" (Anagrama, 2005; también en catalán en Ed. de 1984). También recientemente se ha traducido el "Anti-manual" mencionado en esta entrevista (Edaf, 2005, con prólogo de J.A. Marina). Onfray es conocido por haber popularizado –que no banalizado- las ideas de filósofos como Deleuze o Foucault: defiende un materialismo hedonista y acaba de abandonar la docencia en un instituto secundario francés para crear junto a otros profesores de filosofía una Universidad Popular en Caen, en la estela de las que proliferaron en Francia en tiempos del affaire Dreyfus y en España de la mano de Blasco Ibáñez, entre otros. El acceso a dicha Universidad es gratuito y las clases se imparten sin exámenes ni titulaciones. Hablamos con él por correo electrónico.

“HACER GOZAR SIN SUFRIR NI HACER SUFRIR, ESTE ES EL DESAFÍO”


P-Los primeros libros traducidos en España han sido aquellos que se pueden inscribir en su proyecto de materialismo hedonista: gastronomía, erotismo, práctica filosófica en general. Usted reivindica en estos libros el libertinaje, el placer sensual, la lucha de la libertad individual contra el gregarismo cristiano: ¿puede hablarnos de estos temas?

R-“El vientre de los filósofos” (R&B) y otros libros provocaron algunos malentendidos en Francia hasta el punto que dejé de escribir sobre estos temas. Quería mostrar en qué consistía el olvido del cuerpo en la filosofía, de qué manera se ocultaba la carne cuando todos los pensamientos son simple producto de un cuerpo en interacción con lo real, los otros, el mundo. Tomé como ángulo de ataque la relación con la alimentación. ¡En mala hora! Se clasificó estos libros en el estante de gastronomía, me convertí en el filósofo especializado en cocina, me invitaron a los platós de televisión para comentar las trufas o el champán durante las Navidades... Esta manera de no querer leer lo que decían los libros y de quedarse con la anécdota es también un síntoma del rechazo de considerar la cuestión del cuerpo y de su olvido en la tradición filosófica. Yo defiendo un materialismo hedonista inspirado en filósofos como Aristipo de Cirene y La Mettrie, entre otros. No tiene demasiado que ver, pues, con la cocina...

P-En cuanto a su estética, usted ha hablado, siguiendo a Foucault, de un arte de vivir o incluso de una moral estética. ¿Cuál es la lección que saca de ello?

R-Defiendo una estética generalizada, inspirada en Duchamp, que permita incluir a la ética en la estética. En este sentido, el último Foucault, (el del retorno al sujeto y la construcción de sí, el que investigó en el pensamiento pre-cristiano posibilidades de formular un pensamiento post-cristiano) es de capital importancia para mí. Sus dos últimos libros señalan estas potencialidades. Los escribió en condiciones de enfermedad que, lamentablemente, impidieron su culminación. Me parece que la tarea de la filosofía hoy en día consiste justamente en pensar a partir de esta posición: ¿cómo fabricar una subjetividad post-moderna? ¿Qué ética? ¿Qué valores? ¿Qué moral? ¿Qué intersubjetividad? ¿Cómo superar el cristianismo y volver a situar al cuerpo en el centro de toda intersubjetividad?

P-Y esto tiene que ver con el libertinaje y el placer.

R-Trato de decir cómo los podemos extrapolar a partir de la fórmula de Chamfort (que a mí me parece que proporciona el imperativo categórico hedonista): “Goza y haz gozar, sin hacer daño ni a ti ni a nadie, he aquí toda moral”. Vasto programa del que me ocupo con detalle, de libro en libro... Pues gozar no es problemático; pero hacer gozar, y sin sufrir ni hacer sufrir, este es el desafío. Por ejemplo, en mi libro “Teoría del cuerpo enamorado” (Pre-Textos) defiendo un libertinaje anti-cristiano inspirado en Nietzsche.

P-Usted ha dedicado libros a algunos pintores, a algunos viajes (Egipto, la Tierra de Baffin en el Polo Norte –realmente memorable-), e incluso publica regularmente una especie de diario titulado “Journal hédoniste”. ¿Cuáles son los rasgos más importantes de este “trabajo del alma”, de esta escritura filosófica sobre uno mismo o sobre el arte y el mundo en general?

R-Siguiendo el principio de Montaigne, yo creo que la escritura es de entrada escritura de sí. La construcción de una obra filosófica y literaria es inseparable de la construcción de uno mismo. La una se alimenta de la otra. Mis viajes, mis gustos y disgustos, mis lecturas, mis reflexiones sobre la marcha del mundo, son otras tantas ocasiones de hacer un balance personal, a través de la escritura. No concibo la vida sin libros que leer y escribir, y tampoco lecturas o escritura sin la vida que las acompaña...

P-Este año escolar 2002-2003 usted ha abandonado la docencia en un instituto de enseñanza secundaria y ha creado junto a otros profesores de filosofía una Universidad Popular en Caen. ¿Cuál es la intención y el funcionamiento de esta institución heterodoxa?

R-Reivindico una pedagogía libertaria. Siguiendo el principio de la Universidad Popular creada en el siglo XIX en tiempos del affaire Dreyfus, efectivamente he creado una clase libre donde se conserva lo mejor de la universidad (la calidad de los contenidos transmitidos) y donde nos desembarazamos de lo peor (la inclusión del saber en la reproducción del sistema social, los títulos oficiales para entrar y los que se otorgan para salir). Igualmente se conserva lo mejor de las tertulias filosóficas de café (la palabra y el compromiso libres) y se evita lo menos bueno (el happening generalizado, el imperio de la charlatanería, la improvisación). Todas las clases de la universidad popular (absolutamente gratuita en todos los sentidos del término) están constituidas por una hora de exposición (yo propongo una historia alternativa de la filosofía, en este caso un análisis del hedonismo desde los presocráticos hasta Vaneigem), y después por una hora de crítica de esta exposición por parte del público, que va planteando cuestiones a las que respondo. Somos cinco y bajo la misma fórmula se puede asistir a seminarios feministas, políticos y de filosofía general. También existe un taller de filosofía para niños de 8 a 12 años.

P-¿Y ha tenido éxito esta iniciativa?

R-Todas las semanas 350 personas asisten a mis clases, y esto desde mediados de octubre. El anfiteatro es demasiado pequeño y se retransmite la clase simultáneamente en el restaurante del museo de Bellas Artes de Caen, que es el lugar donde doy mi clase todos los martes...

P-Antes de abandonar la docencia oficial, usted publicó un “Anti-manual” para alumnos de bachillerato. ¿Podría hablarnos brevemente de él?

R-He enseñado durante veinte años en un instituto técnico con alumnos que no tenían ganas de estudiar filosofía, la cual era una pequeña cualificación en un formato educativo que les decía que ellos eran técnicos excluidos de las disciplinas literarias. Por tanto he necesitado inventar un género de pedagogía para tratar de atraérmelos: partir de lo real, a veces de lo más trivial, en el primer sentido del término, y tratar de hacerlos trepar hasta el concepto...Si quería, por ejemplo, iniciarlos en “Vigilar y castigar” de Foucault y en la lectura que él hace del Panóptico de Bentham, les preguntaba: “¿por qué este instituto está construido como una cárcel?”, y partíamos de este interrogante para reflexionar sobre la arquitectura, el poder controlador, la gestión de los flujos, la visibilidad disciplinaria, etc. ¡El “Anti-manual” sintetiza veintisiete cuestiones de este tipo, respetando el programa y a los autores! Y después, tras escribir este libro, dimití...

P-Su primer libro está dedicado a un pensador desconocido, Georges Palante, uno de los primeros lectores de Nietzsche en Francia desde una posición de izquierdas. ¿Podría hablarnos brevemente de sus ideas principales?

R-Palante demostró que se podía ser nietzscheano y de izquierdas, lo que fue posible en Francia antes de la Primera Guerra Mundial. Palante es uno de los primeros en hacer posible esta unión singular: ¡Nietzsche y la izquierda! Anticristianismo, anticapitalismo, pensamiento biográfico, elogio del individuo, moral y política post-cristiana, etc. Palante fue el primero, luego vinieron Caillois y Bataille, y en fin, Foucault y Deleuze: tres generaciones que leen a Nietzsche desde la izquierda. Palante era singular: padecía una enfermedad crónica, era deforme, alcohólico, vivía con una prostituta iletrada, cazaba con sus perros, y fracasaba porque era miope. Vivía en provincias, en la Bretaña, y acabó suicidándose a causa de un duelo malogrado con otro nietzschenao olvidado, Jules de Gualtier, inspector de hacienda e inventor del concepto de “bovarismo”. Me gustó esta figura y quise hacer su biografía intelectual.

P-En su “Politique du rebelle”, usted defiende un individualismo social y autonomista que haga frente a la mundialización económica y al poder del Estado.

R-Mi política libertaria está inspirada en Gustave Blanqui [anarquista francés del siglo XIX]. Sí, trato de mostrar cómo se puede ser anarquista hoy en día: lejos de las máquinas revolucionarias que aspiraban al derrocamiento del Estado y a la realización de una sociedad ideal. Se trata de actuar aquí y ahora, libertariamente, en la relación consigo mismo, con los demás y con el mundo. Es una propuesta de anarquismo nómada, inspirado en Deleuze y Foucault, pero también en pensadores como el La Boétie de la servidumbre voluntaria o el Thoureau de la desobediencia civil. Este anarquismo nómada no es un seguro de vida para el porvenir sino un método para el presente y un antídoto contra la violencia del capitalismo en su fórmula liberal.

P-En relación con esto último, ¿cómo ve la situación actual, en estos momentos de crisis global tras el 11-S?

R-Mi posición política es individual, desde luego, y hasta individualista, pero no excluye "la asociación de egoístas" para decirlo como Max Stirner, a saber, el trabajo en común, el contrato social entablado con compañeros de lucha y de combate en ocasiones puntuales, en las luchas específicas. La acción libertaria ejemplar puede y debe incluso doblarse en un compromiso con los otros. Si cada cual, allí donde esté, fabrica oportunidades libertarias comunitarias, entonces la revolución se hace, suavemente pero con seguridad, mediante el contagio... Cómo no, tengo curiosidad por los movimientos de resistencia planetaria a la liberalización del mundo. Creo que hace falta una voz, una palabra, un rostro emblemático que permita unificar un discurso y por tanto hacer posible una práctica. Hacen falta los anti-Gates, los anti-Bush, no solamente los anti-Davos... Creo que el capitalismo en su versión liberal domina sin alternativas y rige negativamente el conjunto del planeta; y esta negatividad aumentará mientras siga actuando de la misma forma.

P-¿Cuál es su diagnóstico de la situación presente de la filosofía en Francia?

R-Lo mejor (Jacques Derrida sigue escribiendo todavía [falleció en 2004], Raoul Vaneigem también, Robert Misrahi igualmente –al que tengo por un filósofo injustamente ignorado-, Jacques Bouveresse, aunque está en el Colegio de Francia practica una filosofía cínica al estilo de Diógenes) se codea con lo peor: con una filosofía neo-cristiana (André Comte-Sponville), conservadora y hasta reaccionaria que se articula sobre el odio al Mayo del 68 (Luc Ferry, por ejemplo); con un uso comercial y mercantil de la filosofía (demasiados nombres...) que permite a muchos publicar productos, que atestan el mercado, destinados a personas que querrían filosofar en veinticuatro horas... ¡Por no hablar de los universitarios, investigadores y otros glosadores inútiles cuyas clases y libros trocean a los filósofos como longanizas y que más vale leer directamente!

P-Filósofos como Cioran y Rosset se han referido a menudo a España. ¿Tiene usted alguna relación intelectual con España? ¿Qué escritores, filósofos o artistas prefiere o admira de nuestro país?

R-Mi madre fue abandonada a la asistencia pública y cuando la ayudé a encontrar sus raíces hace algún tiempo, descubrí un abuelo... español, del que ignoro todo (un tal señor Sánchez que trabajaba en Normandía, mi región, durante los años 30). Me gusta Gaudí, porque me siento un barroco post-moderno. También me gusta el Guggenheim de Bilbao porque Gherry ha construido un manifiesto de arquitectura barroca para los tiempos venideros (Gherry se dice partidario de la deconstrucción, por ejemplo). También “El Bulli”, de vuestro sublime cocinero, que me confirmó las influencias derridianas en su cocina. ¡Me gusta el Vega Sicilia! Me gusta Sevilla por Don Juan y Carmen: tres temas sobre los que he escrito en mis libros. Respeto el coraje del compromiso político de Fernando Savater, al que conocí en Madrid cuando me ocupé brevemente de hacer traducir filosofía europea para mi editor parisino. Y, en fin, el español me dio mi mejor nota en bachillerato, y eso que soy una catástrofe con las lenguas extranjeras...

Ximo Brotons

14/01/2006 15:09 procopio Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Adiós a "Lateral"

Lo cierto es que me ha costado ponerme a escribir sobre el adiós repentino de "Lateral". Yo formé parte del Consejo de Redacción de "Lateral" durante casi un año y medio, en torno al año 2000, en la época de mayor repercusión pública de la revista, cuando mayores fueron sus combates contra el nacionalismo terrorista de Eta, contra la flácida Logse, contra esto y contra aquello, cuando "Babelia" sacaba cada mes la reseña de "Lateral" e incluso le copiaba portadas, cuando la revista se había ya consolidado y esperaba, ay, dar un salto que no se produjo, lo que, pese a sucesivas intentonas infructuosas, finalmente parece haber decidido su cierre.

Conocí "Lateral" en los quioscos, posiblemente en el quiosco sito en el paseo de San Juan junto a la estación de metro/tren de Arco de Triunfo. Era un número sobre Borges. Finalmente yo había decidido estudiar un doctorado de Humanidades, rama filosófica, en la UPF, y desde esa estación junto a la que está el quiosco iba andando hasta el campus de la Ciudadela. Yo sabía, ya a mitad de la carrera de Derecho (que cursé en la UPF, mitad en la sede de la calle Balmes, mitad en la sede de la estación de Francia) que, si tenía la oportunidad, no me iba a ganar la vida con el Derecho, aunque entonces todavía dudaba entre ampliar mis estudios en un doctorado de Ciencias Políticas o en uno de Filosofía. Finalmente, dado que tenía guardado un dinero que me lo permitía, me decidí por seguir el curso de doctorado de Humanidades en la misma UPF, dirigido a la sazón por los filósofos Eugenio Trías y Francisco Fernández Buey, e intitulado "Aprender a leer. El mundo como texto".

Fue en ese primer año académico del doctorado cuando trabé, pues, relación con "Lateral". Otoño 1996. Una revista cultural hecha en castellano, liberal y tolerante por lo que parecía, y abierta al mundo. Justo un poco lo que buscaba entonces, cuando desgraciadamente la situación sociopolítica catalana empezaba a ser ya asfixiante e insostenible: para mí por lo menos. Hay que recordar que en aquellos primeros años 90 el nacionalismo se hizo definitivamente hegemónico, hasta hoy, con el esperpento ya oficializado del Estatuto. En aquel número sobre Borges leí una especie de editorial en el que el director, un tal Mihály Des, arremetía sin perder el humor contra Eta y en general contra el nacionalismo. ¡Bravo! De hecho, mi primera colaboración consistió casi inmediatamente en mandar una carta al director alabando la reciente visita de Vargas Llosa a Barcelona y sus críticas al provincianismo catalanista.

Una revista valiente, excéntrica, liberal e interesada por la cultura; una revista que debía su nombre a una cita de Canetti: ¡eso había que conocerlo! De modo que ya a principios de 1997 visité un día así por las buenas la redacción de "Lateral", no muy lejos del quiosco donde la vi por primera vez, vamos, a una esquina de distancia: en el paseo de San Juan frente al Asador Donosti, un poco más arriba de la tienda Norma de cómics. Un piso del ensanche barcelonés, 2º 1ª, al que se llegaba con un añejo ascensor central de madera, o por las escaleras circundantes, un piso de altos techos y balcones escuetos, largo y ancho, muy parecido a la casa donde yo había vivido siempre hasta hacía muy poco, en mi pueblo, en su pequeño ensanche.

Allí hablé con Jorge Zentner, un amable e irónico argentino, guionista de cómics y profesor de "literatura creativa". Mi amor por la literatura no hacía más que crecer entonces, pero yo estaba más interesado por la sección filosófica de la revista, por la reseña de ensayos. Juan Trejo, cuentista aficionado y sumo lector de las letras yanquis contemporáneas, también andaba por ahí. Les llevé una muestra, que creo recordar que era una reseña sobre un librito de Adorno. "De acuerdo", me dijo Jorge, "pero haz las frases más cortas". En junio de 1997 salió mi primera colaboración, una "faldón" (una reseña larga) sobre el volumen recién editado por Taurus de Fernando Savater, "La voluntad disculpada". Era el número 25 de la revista "Lateral", que había empezado en 1994 (justo el año en que la Generalitat convirtió al catalán, pobre, en la lengua vehicular de todo y lo demás). Era un número dedicado a Pla.

No mucho más tarde me enteré de boca de Javier Calvo, que hacía reseñas de poesía con la firma de "Xavi Calvo", hoy aún joven pero ya consolidado escritor, con el que entonces coincidí en el segundo curso del doctorado (en una asignatura impartida por Jaume Vallcorba a la que también asistía el escritor -de su pequeño país- Jordi Llavina), me enteré, decía, de que Mihály Des, además de profesor húngaro de literatura eslava en la UB, era judío. Igual que Jorge Zentner y alguno y alguna más en la revista. Pues muy bien. Yo estaba interesado por entonces -hasta ahora- en Spinoza, que además de holandés era también judío e hispánico, aunque lo echaran de España, de la sinagoga y casi hasta de la Holanda recién independiente. Pero bien.

Como segundo de a bordo en la revista estaba entonces Miquel Porta Perales, un periodista muy crítico con el nacionalismo catalán a pesar de compartir ciertos postulados liberal-conservadores. Era lógico que Don Pujol no ofreciera mucha ayuda. Miquel Porta Perales, con su mujer Anna, que hacía las reseñas de literatura catalana (novelas publicadas en catalán), fue un buen compañero en el Consejo, a pesar de los rifirrafes amistosos que manteníamos a causa de mis posturas intempestivas e izquierdistas. Otra amable compañera del Consejo fue Charo González, profesora de instituto de filosofía y aficionada al periodismo, que entonces llevaba todo el asunto de los artículos críticos con la Logse y que después hizo un espléndido trabajo en relación con los movimientos cívicos vascos no nacionalistas como Basta Ya, etc.

Bueno, estos eran los pesos pesados, pero había mucha más gente. Lo mejor sin duda de "Lateral" es el hecho de que haya sido cantera para jóvenes aficionados al arte de leer y escribir, e incluso al de hacer uan revista de cultura en España, como el último jefe de redacción, mi compadre castellonense Robert Juan-Cantavella. Hicimos cenas en el viejo barrio chino, hoy Raval, bebiendo whisky en el "Marsella". En fin, yo conocí en algunas de esas fiestecillas que se monta la gente de la cultura a escritores como Lázaro Covadlo, Juan Villoro, o así muy de pasada a Enrique Vila-Matas, que hablaba con mi ex profesor Antoni Marí, en la alcohólica entrega del Premio Herralde de Novela en un restaurante de la Bonanova. Con Roberto Bolaño, del que "Lateral" dio noticia antes que nadie, no coincidí. En la presentación del número 100 de la revista conocí personalmente (me presenté personalmente, mejor dicho) a Arcadi Espada.

Acabé el doctorado de Humanidades en la UPF, con la tesina aprobada (mi "Ensayo sobre el sentido común"), y me fui a la UAB a presentar la tesis doctoral en la Facultad de Filosofía bajo la amable dirección del profesor Víctor Gómez Pin. Mis colaboraciones en "Lateral" siguieron. Si miro sobre quién o qué escrito, veo a Savater, a Schopenhauer, a Nietzsche, a Foucault, a Rosset, a Onfray, a Sloterdijk: ese nietzscheanismo. Veo mi primera entrevista, al antropólogo francés Marc Augé, y otras a Gómez Pin y a Sabino Méndez. Veo a Castaneda y las drogas. Veo al periodismo y al ensayo multicolor (Lec, Ignatieff, Sagarra, Marías, Ferlosio), a la novela (Graves, King, Chesterton, que finalmente no salió), a Bertie Russell. No pude publicar una reseña larga sobre Castoriadis, porque a pesar de que Mihály dijo reconocer en mí a su abuela cofundadora del partido comunista húngaro, eso era ya demasiado comunista... Pero en general no tuve demasiados problemas en sacar lo que quería y en leer lo que me apeteciese. Últimamente me dio más por el ensayo histórico o por las memorias, e hice una reseña sobre las de un gran editor, Rafael Borràs.

Con el cambio de color político en el gobierno autonómico se podía esperar un mayor apoyo y una mayor proyección de "Lateral". Si es que hubiese habido realmente un cambio. Pero no, tenemos nuevo Estatuto y "Lateral", la revista que me dio mi primera oportunidad, ha cerrado.

Por eso me ha costado ponerlo por escrito, porque con "Lateral" también se acaban unos años, cruciales, de mi vida. Es tal vez exacto en vista de la situación actual lo que ha dicho Mihály Des en la despedida: quizá no influimos en la época, pero al menos la época tampoco influyó en nosotros.

Salud a todos.

22/01/2006 12:42 procopio Enlace permanente. sin tema Hay 11 comentarios.


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