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procopio: café filosófico

Sarkozy y el 68: algunos apuntes revueltos

Está bien lo que hoy escribe Arcadi Espada en el diario "El Mundo", que he leido en su blog, sobre las ideas y maneras de Sarkozy, y sobre Mayo del 68. A mí, sin embargo, no me ha producido tanta felicidad la campaña electoral presidencial francesa, no sé si porque acabo de pasar una semana en EEUU, o porque realmente, como algunos han dicho, poco va a cambiar Francia aun a pesar de estas discutidas y participadas elecciones. Es cierto, no obstante, que Francia sigue siendo lo más parecido a EEUU que hay por el mundo; pero en muy pequeño y muy específico... En fin, algo de lujuria intelectual sí que nos han prodigado estas elecciones: básicamente, y es por lo que escribo este post, en los mítines de Nicolas Sarkozy.

Está bien lo que señala y matiza hoy Espada. Pero la crítica al mayo del 68 (revuelta que es en gran parte consecuencia de las revueltas americanas de los 50 y 60) se remonta no ya a Glucksman y sus memorias, sino al libro de Luc Ferry (que ha sido recientemente ministro de educación de la UMP) y Renaut, "Le pensée 68", o al mismo Henri-Lévy. Y eso a pesar de que "los nuevos filósofos" tomaran como modelo a Sartre.

Sobre educación, en efecto, giran las mejores ideas-fuerza de los mencionados mítines de Sarkozy, tanto el de Bercy, en París, como el de antesdeayer en Montpellier. Antes quería sin embargo complementar la crítica al 68. En efecto, en el 68 no es Sartre quien triunfa (Sartre triunfa sobre todo en la posguerra, con Camus), sino Castoriadis. Castor es el inspirador principal de sus lemas más conocidos, y vaya por dónde, su labor de zapa criptosocialista durante años en la revista "Socialismo o barbarie" supone exactamente lo que dice Glucksman que fue Mayo del 68: el triunfo del fin del comunismo en Francia, y luego por extensión en casi toda Europa. Pero saltan varias chispas: una, que nadie acompañó a Castor (siempre más parecido a Adorno con su voluntad académica rigorista, que parece que por fin vuelve), pues Glucksman, si no me equivoco de hombre, a quien acompañó siempre y hasta el final, como ya he dicho, fue a Sartre, fundador de "Libération" y repartidor de folletos no ya comunistas sino maoístas en el 68. Esto debe de ser un "hommage" a la francesa, y desde entonces Glucksman ha hecho su camino. La segunda chispa que salta es que el abandono del comunismo (aquellos tiempos en que hasta Picasso tenía el carnet comunista) implicara para la izquierda francesa y europa el abrazo demagógico del relativismo posmoderno, en concreto en Francia, de lo que Castoriadis llamó desde entonces despectivamente "la ideología francesa", expresión que condensaba para Castor el fracaso del 68. Solo mucho más tarde salió aquello de Sokal.

Como ha sido dicho, pues, no pienso que el trinufo de Sarkozy mañana domingo vaya a suponer un gran cambio en cuanto a esta ideología de las bellas almas. Sin embargo, el cambio será mayor que si vence Royal. Quiero decir que si vence Royal, incluso en ese caso, en educación algún cambio habría, pero menor. En los mítines posteriores a la primera vuelta de las elecciones, Sarkozy (a veces, es cierto, un pelín "brutal" a lo Bush o Aznar), ha presentado verdaderamente un programa: una defensa de la escuela, y una defensa de la república, esto es, una defensa de la democracia. Sin quitar de en medio a la libertad, ni al conocimiento. Sobre la escuela, la propuesta post-68 de Sarkozy va en la línea de la ley aprobada hace dos años en el Reino Unido, y no en la línea de la triste Loe española. Ya digo que doy por bienvenido el triunfo de Sarkozy solo por esto: sería quizás un póstumo homenaje al relativismo verdaderamente democrático de Castoriadis, y hasta al mismísimo pundonor docente de Adorno, mal que le pese a Sloterdijk (para gracietas, ya tenemos a Zizek), por no hablar de la crema nostálgica del 68 y alterglobal de pro. Pero además, el último mítin de Montpellier tampoco estuvo mal con sus críticas a "los corporativismos, las comunidades, las tribus". Esto en cuanto a la república. Y en conjunto, pues, en cuanto a la democracia y a la ciudadanía. En la balanza negativa de Sarkozy, una vez más, su ambigua apelación al tótem de nuestros días: la identidad. Lee a Castor, Sarko, o pasa el verano en EEUU.

Se dice que los nacionalismos europeos regionales son efecto del expansionismo económico de EEUU. Que la unión europea no es posible porque EEUU lo impide. Nada más alejado de la realidad. En primer lugar, estos nacionalismos son tan típicamente europeos como el vals, o como las monarquías constitucionales. Quizá el wilsonismo tiene algo que ver pero menos de lo que tiene que ver en su auge la insistente estupidez europea en la creencia de su autoridad moral, social y política, que ha tenido por sola consecuencia justamente el desprestigio de la autoridad. De hecho, si hay democracia ya en casi toda Europa y hay una mínima unión política europea, es por la intervención, no solo militar y económica, de EEUU. Finalmente, pues, si el triunfo de Sarkozy implica que Francia va a buscar su lugar bajo el sol más cerca del país al que debe su revolución y su república, entonces, tercer gran tanto para Sarko y los franceses. Me parece que los EEUU lo sabrán agradecer, en recuerdo por ejemplo, sin ir más lejos, de Lafayette.

PD: he decidido que este curso va a ser el último en el que explico a Descartes en 2º de bachillerato. Quizá utilicé a Descartes para tomarse en serio dos cosas: la revolución moderna del XVI-XVII en contraste con ese momento español; y en segundo lugar, para recordarles a los mismos franceses de dónde les viene la seriedad y la audacia que culturalmente, pese a excepciones, parecen haber perdido. Pero, en fin, hasta el mismo Descartes vivió media vida fuera de Francia, y tuvo que ser corregido, por Spinoza concretamente. En cuanto a que esto se haya entendido de verdad en España, a uno y otro lado, lo dudo mucho. Puedo decir que lo he intentado, y nada más. En verdad, me suspendieron. En cuaquier caso, y para que tal vez se entienda mejor si no de dónde y cómo viene la modernidad, por lo menos qué significa realmente, el año que viene pasaremos directamente a Kant, para luego acabar con vitamina crítica nietzscheana, aun de actualidad.

Reseña: "Noticia de Rorty"

Con esta reseña, recientemente publicada en la revista "Archipiélago", espero cerrar esta serie americana de posts. Tengo pendiente publicar otra reseña, digamos americana, del libro que Martha Nussbaum escribió sobre la reforma liberal de las universidades de su país, una propuesta que intenta amoldar las aportaciones del multiculturalismo reciente al clásico racionalismo ilustrado cuya defensa está en el subtexto del trabajo; en todo caso, me parece, un libro interesante y provechoso. Pero eso será después del verano.

Copio la reseña sobre un par de libros de Rorty, a la que añado una Postdata.

NOTICIA DE RORTY

"Cuidar la libertad. Entrevistas sobre política y filosofía", Richard Rorty, trad. Sonia Arribas, de. Lit. Eduardo Mendieta, Madrid, Trotta, 2005, 206 pp.

"Filosofía y futuro", Richard Rorty, trad. Javier Calvo y Angela Ackermann, Barcelona, Gedisa, 2002, 188 pp.

A Richard Rorty (Nueva York, 1931), profesor de Humanidades en Stanford (California), se le considera el continuador contemporáneo del pragmatismo de James y Dewey, aderezado, eso sí, con la filosofía continental europea (contrapuesta a la angloamericana, analítica, en la que sin embargo Rorty se ha formado como profesor) y autores tales como Nietzsche, Heidegger, Derrida, Foucault o Habermas. A Rorty también se le considera hoy como el intelectual progresista (“ironista liberal”) más reconocido de su país, atacado tanto a izquierda (Bernstein y los marxistas) como a derecha (Bloom y los conservadores). Autor de libros de filosofía o meta-filosofía importantes ("El giro lingüístico", "La filosofía y el espejo de la naturaleza", "Contingencia, ironía y solidaridad", "Forjar nuestro país"), Rorty ofrece en estos dos libros de que damos noticia un compendio de lo mejor de su obra e inquietudes.

"Filosofía y futuro" reúne ensayos en torno a la función de la filosofía (“tejer lo viejo con lo nuevo” en palabras de James), al concepto de justicia como lealtad ampliada, en torno al debate (casi inexistente) entre filosofía analítica y continental (aboga por una filosofía “transformativa”), a Spinoza, a la distinción entre lo privado (ironía) y lo público (solidaridad) engarzados en la contingencia de un “historicismo nominalista” de cuño hegeliano, darwiniano y deweyano; en torno, en fin, a la democracia y a lo que Rorty llama tradición progresista norteamericana. "Cuidar la libertad" reúne entrevistas (una de ellas ya publicada en "Filosofía y futuro": “Persuadir es bueno”) que por lo general giran alrededor de los mismos temas ya citados, y que abarcan el período comprendido entre 1982 y 2001, después del fatídico 11 de septiembre.

Sin duda, no se sale decepcionado de la lectura de estos dos libros. Rorty es hoy, en efecto, un contemporáneo esencial. Pero a juicio de este lector surgen algunas dudas o rechazos. No es cierto (aunque yo mismo lo dije aquí en mi reseña sobre Dewey) que no haya ni “historia ni tiempo” en la -incompleta, de acuerdo- obra de Spinoza. Por lo demás, me parece que su crítica de las izquierdas “nueva” (años 60-70) y “cultural” (años 80-90) sigue lastrada por un viejo izquierdismo que tampoco ha hecho su autocrítica (el mismo Dewey se distanció de Wilson, por ejemplo, y Roosevelt no parece que permita ser demasiado pacifista o “amigo de las culturas”), con resultados hoy a menudo preocupantes: en Francia, en EEUU, en Alemania y, ay, en España, sobre todo porque hoy esta izquierda vieja-nueva-cultural no es que en su “izquierdismo-cosmopolitismo Unesco”, por sintetizarlo así, haya permitido el ascenso de Le Pen, o el peso del cristianismo dicho fundamentalista en la victoria de Bush, o se haya escorado a la izquierda del nacional-socialismo con Lafontaine, sino que está en el poder, en España. De modo que, a falta de ese o cualquier otro buen izquierdismo que vindica Rorty, simplemente para seguir siendo demócratas recientemente en Barcelona algunos hemos fundado un nuevo partido político, Ciudadanos-Ciutadans, de forma romántica, desde luego, pero con intención bastante más pragmatista que izquierdista.


PD: después de la derrota del Sur en la guerra civil americana, causa mayoritariamente ligada a la izquierda, el partido demócrata sufrió su particular travesía del desierto, y eso aun a pesar del asesinato de Lincoln, un republicano liberal receloso del excesivo poder del sector financiero y conservador de su partido; y solo tras la aparición a finales del siglo XIX y principios del XX de un Partido Populista que llegó a cosechar el 7% de los sufragios en todo el país volvió a levantar cabeza con propuestas serias.

Consideraciones sobre los Estados Unidos

Hace un año por estas fechas leí "Análisis de los Estados Unidos", un librito estupendo del profesor Julián Marías, y que sospecho que es de lo mejorcito de la obra, acaso demasiado anclada en el orteguismo, de Marías.

Ahora que he estado, aunque solo una semana, por fin, en los Estados Unidos, de cuerpo entero, me atreveré a dejar constancia aquí de un par de ligeras consideraciones sobre ese gran experimento democrático que son los EEUU, sin el cual posiblemente no hubiese existido la Revolución francesa tal como la conocemos, y lo que es consecuencia de ella en toda Europa. Es cierto que antes de la Constitución de los EEUU (y hablo de constitución a propósito, porque la previa declaración de independencia, con ser un paso crucial, no es realmente el decisivo en la formación de la primera democracia unitaria moderna; el mismo Washington así lo vio, en el sentido de que la simple independencia confederada de las colonias no hubiese supuesto la auténtica revolución democrática que se produce, pues, con la firma de la Constitución en 1787; esto es justo además lo que causó años después la contienda entre norte y sur y la definitiva consolidación del experimento democrático americano a manos de Lincoln -uno puede simpatizar sentimentalmente con la dorada causa del sur, en cuanto raíz, rara y excelsa, de dicho experimento: pero no ya el esclavismo sino el relativismo ventajista cada vez mayor de esa sofisticación mayormente demócrata que se fue apoderando del sur, no deja opción como no la tuvo Lincoln, que por cierto procedía de la frontera del Oeste), está el "Bill of rigths" inglés, o el experimento holandés de Jan de Witt, sin los cuales es difícil pensar en los mismos EEUU, pero ahí sigue la monarquía británica al igual que la holandesa, entre otros matices diferenciadores.

Y hablando de diferencias, mi primera consideración de los EEUU, después de haber estado por fin allí, gira en torno a esta pregunta: ¿es diferente EEUU a Europa? Mi respuesta es la siguiente: no existen grandes diferencias, pero las pequeñas diferencias acaban por marcar una si no grande sí relevante diferencia. Tampoco sabría decir ahora en qué consiste esta aún perceptible marcada diferencia, pues solo he estado allí, y en una ciudad en parte atípica como New York, una semana; pero mientras espero a volver otra vez a los EEUU para desarrollar este punto con más fundamento, diría que la gran diferencia gira en torno al sentido real y profundo que allí sigue teniendo la manera en como pensamos la democracia: de entrada, como "una gran conversación".

También sobre los deportes me gustaría decir algo. Hasta ahora pensaba que los que habían codificado el deporte moderno tal como lo conocemos, eran los ingleses. Pero ahora, dejando de lado las carreras de caballos (estuve viendo una en un sitio de apuestas de una calle de NYC), he visto que no es así. Y no me refiero a la America´s Cup (estuvimos navegando donde se disputó la primera vez, en el río Hudson), sino al mismísimo béisbol, antaño conocido como "New York Game". Oficialmente, los torneos de béisbol y sus reglas son incluso anteriores a las del fútbol y rugby europeos, tal como se puede ver si se consulta la Wikipedia, o por lo menos contemporáneas.

En suma, cuando llegas a Nueva York te llama la atención, aun viniendo de una Europa plenamente mestiza, la variedad de caracteres raciales humanos: "e pluribus unum". De verdad que es algo que me llamó la atención. Hoy en día, por cierto, también resulta chocante que puedas expresarte en un español tal-como-suena sin problemas en casi todo NYC. Aun así, tengo que decir que acabé expresándome en un inglés harto bien construido, y dicho sea de paso, con ligero acento "new yorker". Pero, ay, en seguida se acabó.

En fin, hoy leo en un periódico español que el alcalde de NYC ha propuesto plantar 1 millón de árboles y la imposición de una tasa a los coches que entran en Manhattan. Que son muchos todos los días. He recordado que, entrando por el Holland Tunnel de vuelta de nuestro viaje a Filadelfia, el guía turístico, uruguayo, puso la radio, una emisora en español, mientras estábamos parados en medio de un océano de coches, y que el locutor decía: "Un estudio revela que no son los coches los causantes de las emisiones de CO2 a la atmósfera, sino los edificios de Manhattan, bla, bla, bla". Ahora pienso, por si se les ocurre eliminar la iluminación nocturna de esa maravilla que es Manhattan, que yo la pude ver aun en su pleno aunque herido esplendor. Una vez, entrando por Queens, y la otra desde la orilla de New Jersey.

PD: coincidió que en el viaje de vuelta pasaron la película "Pequeña Miss Sunshine" en el avión. Estuve viendo toda la segunda parte de la película, y mis temores se hicieron realidad. Había visto el trailer en los cines y me la habían aconsejado unas determinadas personas, en forma y tiempos determinados: de ahí mis temores. En efecto, es una película banal. Supongo que por eso ha ganado el César francés a la mejor película extranjera. Pero no diré que el problema es que sea una película inamericana: estas banalidades también son típicamente americanas. Quiero decir que al final hay triunfador, faltaría más; el problema es que es un triunfo banal, que no justifica sino lo mismo que pretende denunciar, y que acaba por destrozar una película por lo demás recorrida por el tedio de una acaso buena idea pobremente argumentada y, lo que es peor, mal caracterizada (un guaperas como papá de una familia de esas, como que no: quizá si hubiese sido Jim Carrey, pero entonces se hubiese visto bien a las claras que no es más que un telefilm al que no le hubiesen dado ningún premio progresista). En definitiva, una película digna de la ignorancia presuntuosa que emponzoña nuestro mundo, especialmente el progresista. "Hélas!".

Broadway

Broadway es como una Diagonal de Barcelona, pero de 25 kms. De la Universidad de Columbia a Battery Park, Broadway cruza más o menos en diagonal toda la isla de Manhattan. Broadway ya era una calle del Nueva York antiguo, llamado Nueva Amsterdam, y en ella se señala que estuvo de hecho el primer asentamiento holandés en la isla. Paralela a Broadway, estaba y está Broad Street, antaño la calle principal de Nueva Amsterdam, que pronto enlazaría una calle más arriba -ésta en horizontal- con Wall Street, primera frontera del norte de la ciudad cuando ya se llamaba Nueva York y había pasado a manos de los ingleses. En Broad Street, esquina con Wall Street, enfrente diagonalmente del Federal Hall, está hoy la celebérrima Bolsa de Nueva York. Allí estuve paseando un rato hace exactamente una semana.

Pero Broadway hoy es conocida sobre todo por ser la calle de los teatros. Aunque no están exactamente todos en Broadway, sino en calles adyacentes, en la zona del cruce de Broadway y la 7ª Avenida, es decir, en la zona de Times Square, de la calle 40 a la 50 más o menos, Nueva York es puro teatro. Y Times Square el centro del escenario. El centro del mundo. "My little town blues...".

Fuimos a ver el viernes por la noche el musical "Chicago", obra, en parte del gran Bob Fosse, que fue llevada al cine con rotundo éxito hace pocos años. Era un viejo y pequeño teatro de la calle 49 con Broadway, llamado "Ambassador". Allí representan "Chicago" todos los días, excepto el miércoles o el martes, ahora no recuerdo, y sábado y domingo en sesión doble. Un non-stop que es puro Nueva York. Ya digo que el teatro era viejo, y la moqueta del suelo estaba agrietada en varias zonas de la platea. Pero a mi modo de ver eso no lo hacía sino más acogedor. El musical es como la película, pero sin lo que la película permite. Hay que exprimir la imaginación. Lo más curioso fue tener en el propio escenario la orquesta que va ejecutando la música. El show está bien, pero sin Catherine Zeta Jones y René Zelweiger y Richard Gere, pues pierde un poco. Entiéndaseme. Los bailarines hacen todo lo que pueden y algunos números siguen valiendo mucho la pena, aun en el reducido espacio del teatro original.

Al salir, ya he dicho que Times Square es el centro del mundo. La iluminación de Piccadilly Circus, a su lado, semeja una bombilla de tenue luz al lado de un enorme árbol de Navidad. El reloj de Times Square tiene que verse mirando al sur. Desde luego Times Square no es una plaza, sino un cruce largo de calles. Pero estaba lleno de gente y de vida cuando salimos del musical el viernes por la noche. Ahora mismo los musicales de moda son "Tarzán", "Mamma Mia", "El rey león", etc.

Volviendo al hotel por la calle 48, di con otro teatro, en el que se representaba un musical u obra titulado "Radio Golf". Los protagonistas eran Clinton, Tiger Woods y Barack Obama. El nuevo poder americano. Una mirada crítica a la progresía americana, demasiado acomodada a todos los lujos del boom globalizador de finales de siglo XX. Puede que Obama signifique poco más que una continuación del clintonismo (a su vez kennedysmo más de salón todavía) por otros derroteros ciertamente algo nuevos (Obama es negro, oriundo de Hawai, y de Chicago), o puede que no, que represente algo más nuevo y más profundo al estilo de lo que quiso representar Howard Dean, frente al vanidoso John Kerry, con sus alegatos americanamente populistas.

Pero no entré a ver "Radio Golf" y seguí a pie hasta el hotel.

Cumbres y libros en Nueva York

Ver Manhattan es como ver una montaña humana, racional, de edificios. Subimos arriba de todo de uno de ellos. Estar en el top del Rockefeller Center fue sin duda una cumbre del viaje a Nueva York. Inexistentes ya las Torres Gemelas, y demasiado solicitado el Empire State, optamos, el primer día, por la torre de Rockefeller y no hubo más que asombro y júbilo.

Pero otra cima del viaje tuvo lugar más a ras de tierra, en concreto en el comedor del Metropolitan, un mediodía desapacible de lluvia atlántica. Allí tuve ocasión de comerme una madalena de indescriptible delicia. Una madalena de Proust, solo que no tuve ningún recuerdo, sino puro gozo solo. Una madalena rellena de mermelada de fresa y coronada por un dedo grueso de crema de nata, una crema que es quizá lo más gustoso que he comido durante esta semana en NY (ya la había probado antes, embutida en una especie de empanada, la noche que cenamos en New Jersey). Después de la madalena, fuimos al ala americana del museo, y me fotografié delante del cuadro "Washington cruzando el Delaware", entre algún otro.

Tampoco estuvo mal ver un partido de la NBA en el Madison Square Garden, el pabellón deportivo más famoso del mundo.

La última tarde pude visitar por fin con tiempo una librería, en concreto la de la franquicia "Barnes & Noble" sita en la 5ª Avenida a la altura de la calle 40. Entre los best-sellers, varios de historia americana, globalización, "La audacia de la esperanza" de Obama contrarrestado por un "La utilidad de la fuerza" de un general republicano retirado, etc. Y sobre todo, un "Blue Grit" de una tal Laura Flanders, con explícito subtítulo: "True Democrats Take Back Politics from the Politicians". Algo parecido a lo que se pretende con Ciutadans, tal vez. La crítica calificaba la denuncia del libro como algo histórico; uno decía: "Si eres republicano, roba el libro: pero leélo".

En la sección de filosofía, más o menos lo de aquí. Onfray, autor que he traducido, "international best-seller" con su ateología. Más Aristóteles que Platón, lo cual no dejó de alegrarme. Una pequeña decepción con la ausencia de Castoriadis, y la poca obra de Spinoza. La clásica filosofía cognitiva de las neurociencias, tan de moda. Autores yanquis, los académicos y los publicistas.

En la sección de educación, encontré "Democracy and education" del gran John Dewey, un libro que debiera ser traducido al castellano. Además, una obra de un reciente alto funcionario del gobierno republicano titulada "La guerra contra la esperanza" (toma nota, Obama), que arremetía contra los sindicatos de profesores y la educación progresista mal entendida y peor ejecutada. Y otro librito titulado "En las escuelas confiamos", jugando con el clásico "In God we trust" de los dólares: una defensa experimental de la escuela pública tomando como base un par de experiencias concretas en Boston y en Harlem. Espero que esta escuela de Harlem (un barrio ahora regenerado y donde Clinton ha abierto su oficina) no sea la que ha decidido irse de vacaciones escolares a Cuba.

Comprar, lo que se dice comprar, ya sabéis: solo he adquirido un librito de citas de Franklin, en Filadelfia, y un libro titulado "Cosmopolitanism", del profesor Appiah, de Princeton, en la librería de las NNUU. Veremos qué tal.

Viaje a Nueva York

El lunes por la mañana llegamos de Nueva York. 7 noches en un hotel de la calle 48 con Lexington Avenue. Un viaje estupendo, con gente muy mayor, como los de antes. Decía Pla que las dos cosas que había que ver en este mundo nuestro son la Acrópolis de Atenas y Nueva York. Pues bien, la Acrópolis la tuve delante de mis narices durante una semana hace ya mucho tiempo, en junio de 1990; ahora por fin acabo de ver Nueva York.

Acabo de ver Nueva York, en concreto Manhattan, y aún estoy mudo. Con muchas ganas de hablar, eso sí. Vi Manhattan por primera vez llegando a las 8 de la noche más o menos, en autobús, por Queens, tras un viaje de más de 15 horas desde Alicante, contando esperas en Madrid-Barajas y demás, a punto de entrar por el puente de Williamsburg: todos los altos edificios iluminados, y el Empire State con los colores del Vaticano (qué le vamos a hacer) por ser la Pascua. El perfil de la única y maravillosa Manhattan, antes Nueva Amsterdam, antes incluso Nueva Angulema.

Breve resumen del viaje:

-primer día: tour en autobús por Manhattan, downtown y uptown, SoHo y Harlem, para entendernos, pasando por Central Park. Por la tarde, vuelta a pie por el midtown, catedral de San Patricio, Rockfeller Center (donde "rascamos el cielo": top of the trip?), y desde la 6ª avenida caminando hasta el Madison Square Garden, donde Mohamed Alí se batió con Joe Frazier, para ver el partido de la NBA Knicks-Pistons, que ganaron los Pistons con actuación estelar del base "all-star" Chauncey Billups. Luego, vuelta al hotel, pasando por delante de la Biblioteca.

-segundo día: paseo en barco de tres horas alrededor de la isla de Manhattan, desde el muelle 38, donde sonaba una canción de los Everly Brothers, y donde se celebró la primera America´s Cup: estatua de la Libertad, puentes, estadio de los Yankees. Etc. Por la tarde, después de comer en un "deli" junto a Times Square, visita en autobús a Brooklyn y Queens, y cena en New Jersey, en concreto en North Bergen.

-tercer día: escapada a Philadelphia. Betsy´s House, Campana de la Libertad, Congress Hall, recorrido por la ciudad. Etc. Cruzamos el Estado de Nueva Jersey. Me compré un librito de citas de Benjamin Franklin, creador de la primera sociedad filosófica americana entre otras muchas cosas, y oriundo de la ciudad donde se promulgó la Declaración de 1776 redactada por Jefferson y la Constitución de 1787, y donde estuvo el primer parlamento americano y la sede del gobierno de los nacientes EEUU desde 1790 a 1800, hasta que quedó finalizada Washington DC (cuyo nombre tendría que haber sido Columbia DC). Ah, Philadelphia también es la ciudad de "Rocky", y no Nueva York, como yo pensaba.

-cuarto día: visita a los Claustros, al norte de Manhattan, pasando por la Universidad de Columbia, y luego al Metropolitan, junto a Central Park. Fui caminando por el costado de Central Park hasta la 5ª Avenida, bajé por la calle más cara del mundo, y giré a la izquierda hasta el hotel. Llamé a mi compañero de la facultad de Derecho, J. R., abogado de la firma Cuatrecasas, que trabaja este año en el edificio de la UBS, al lado de Mc-Graw Hill y la News Corporation, del Radio City Music Hall y de la CBS (donde las televisiones estaban a la espera de conectar para informar del "caso Imus"). Bien. Nos vimos allí y fuimos a un Starbuck´s, donde estuvimos hasta la hora de cenar, tras despedirnos con un "hasta luego".

-quinto día: por la mañana, visita a la ONU, a tres calles del hotel. Me compré la Declaración de los DDHH promulgada en SF, y un libro titulado "Cosmpolitanism", del profesor K. A. Appiah, de Princeton. Por la tarde, tras dormir la siesta, me di una vuelta por el centro, hasta Broadway, donde teníamos una entrada para ver el musical "Chicago" en el viejo teatro "Ambassador" de la calle 49, al lado de Times Square. La calle era un bullicio a la salida del espectáculo. Puro NY.

-sexto día: por la mañana, Village, SoHo, Chinatown, etc. Me fui hasta Wall Street (donde Washington fue proclamado primer presidente de los EEUU en el Federal Hall, sede del primer gobierno de los EEUU de 1789 a 1790), pasando por el City Hall (los juzgados y el ayuntamiento), e incluso un poquito más allá, al primer y más viejo Nueva York, la Stone Street. Giré y subí hasta South Street Port. Hacía un día magnífico. Volví a Canal St. Nos llevaron a un restaurante francés de la 6ª avenida junto a Central Park. Luego dormí la siesta. Por la tarde, paseé por el centro, me comí un helado y pillé el metro. Volví al hotel. Por TV daban el partido de baseball A´s vs. Yankees.

-séptimo día: por la mañana, misa gospel en Harlem. A mediodía salimos ya para el aeropuerto JFK.

Esto es solo un somero resumen. Me he dejado multitud de detalles, y otros sitios o lugares o edificos que visitamos, de no menor relieve, como el café que nos tomamos en el Waldorf Astoria, o el vestíbulo de la Estación Central, Little Italy, las madalenas ("muffins"), etc. También me he comprado música, canciones "swing" sobre NY, folk americano, y en Filadelfia un disco precioso, titulado "Heritage", con canciones como "Yankee Doodle" o "Liberty".

Solo tengo que añadir que simplemente Pla tenía razón. La Acrópolis de Atenas y Manhattan de Nueva York.

Esto no está dedicado a nadie. Pero quiero saludar a Pepe, Petri, Carmen, Amparo, Charo y tantos otros compañeros de este irrepetible primer viaje a Nueva York.

Visita al Instituto de Neurociencias de Alicante

El viernes 16 de marzo un grupo de alumnos y profesores de la optativa de Psicología de un IES de Alicante hicimos una visita al Instituto de Neurociencias de Alicante en San Juan, el segundo en importancia de toda España después del Instituto Cajal de Madrid en esta especialidad de la neurología. El profesor Roberto Gallego nos impartió una charla instructiva, visitamos un par de laboratorios (donde me acordé, al leer "Toulouse" en una libreta, de los vuelos de Saint-Exupéry entre Toulouse y Argel con escala en Alicante), almorzamos en el bar de la facultad de Medicina de la UMH, y finalmente nos enseñaron el Animalario, donde experimentan con animales. Me acordé de Peter Singer y las páginas de su "izquierda darwiniana" en que critica estos experimentos. Entre ranas, ratones y ratas, y preguntas sobre la metolodogía científica empleada (tema del programa del 1º de bachillerato) y sobre los experimentos realizados y sus resultados, miré a los gatos. Días después me acordé de Unamuno, quién lo iba a decir, y su "nadie ha visto nunca a un gato resolver una ecuación de segundo grado" dicho en tiempos de Cajal; frase que cité en la lectura de mi tesis doctoral "Idea trágica de la democracia".

Espada había estado el lunes anterior en Alicante invitado por el IN y comentó algunas cosas respecto de la ciencia, los científicos y la política. Ya Aristóteles decía que la ciencia no da órdenes, su cometido es simplemente conocer; las órdenes las da la política, solo que, eso sí, en función de la ciencia. Pero, añadía el Estagirita, como la política es prioritaria respecto de la ciencia, ese "en función" se ve condicionado a su vez por la reflexión práctica, deliberativa. Este dato trastoca de algún modo la fácil secuencia jerárquica "ciencia, política" y desde luego la expresión "ciencia política". ¿Cómo se lleva a cabo algo en función de otro algo si ese algo es anterior a ese otro algo en función de lo cual debe llevarse a cabo? Este aparente galimatías lo ha resuelto contemporánemente, a mi modo de ver, el pragmatismo americano, y por eso yo a esa reflexión que precede a la ciencia, e incluso a la política, la llamo "pragmática", aunque los antiguos -básicamente Aristóteles, y la tradición atomista-, y Spinoza después, hicieron mejor llamándola sencillamente "ética". Darwin (o el mismo Nietzsche), arrastraron malamente en su crítica a Dios o la Naturaleza como cosas separadas (separación aun vigente, pese a todo, en Kant, y no digamos en Hegel) el significado antiguo de "ética", poniendo en su lugar al "arte" o la "evolución". Esto es un enrevesamiento típicamente europeo, producto de su tradición, sometida a mil años de religión social, de modo que quizá tampoco está mal si nos quedamos, para lo mismo pero mejor, con la "pragmática".

Por tanto, "tercera cultura" y papel intelectual de los científicos en la sociedad, sí; ciencia política, o política determinada por la ciencia, no. Tal como señala Dewey, la "gran comunidad" política debiera tener como guía a la "comunidad científica", pero es que antes hay que transformar la "sociedad" en la gran comunidad política en cuyo seno se inscribe la comunidad científica, cuyo objeto no es dicha transformación. Dicha transformación, concluyo, es ética, pragmática, filosófica. Pueden leer relacionado con esto mi breve ensayo en la revista "Kiliedro": "Filosofía trágica también para la ciencia". Los filósofos, que ni sabemos ni ordenamos, pero vamos delante, pensando (como cualquier hombre, incluidos políticos y científicos, por otra parte, solo que esta es nuestra profesión), en plan avanzadilla de exploradores pioneros, enseñando los caminos ya recorridos y arriesgando quizás algunos nuevos.

En el bar de la facultad de Medicina, joya de la corona de los estudios universitarios en Alicante y Elche, la atmósfera me llevó a recordar la novela del médico L. M. Santos, "Tiempo de silencio", que leí en COU y cuya adaptación cinematográfica pasaron el año pasado en TV. Según Aristóteles, la felicidad (que no se da sin prudencia y vida buena), corresponde al sabio, al que posee sabiduría teórica, es decir, al científico (entiéndase, aquel que conoce y entiende los principios científicos, no al científico mientras investiga metódicamente -lo que Aristóteles llamaba "ciencia" en sentido estricto, y no "sabiduría", que es la que proporciona la felicidad y, por cierto, ese pedazo de "inmortalidad" del que somos capaces los mortales, no porque vayamos a vivir eternamente, o después de morir, sino porque al conocer lo eterno, nos eternizamos, nos inmortalizamos... mientras dura -se posee- ese conocimiento). Recordando todo esto, que hemos visto en el primer trimestre con los 2º de bachillerato, suspiré por que los tiempos de silencio se conviertan en tiempos de felicidad, y sobre todo de vida buena. En eso estamos en la enseñanza media (si nos dejan unos y otros), y, respecto del conocimiento científico y la felicidad, en eso también están en el Instituto de Neurociencias. Volveremos el curso que viene. ¡Salud!

Qué será, será

El otro día, viendo el partido de la Copa de Europa entre el Liverpool y el Barcelona, en Anfield Road, los hinchas ingleses cantaron la tonadilla de la película "El hombre que sabía demasiado", "Qué será, será". Hacía años que no escuchaba esta bonita canción en los campos de fútbol europeos. La última vez fue a finales de los años 80, en los partidos de la Fiorentina, cuando entonces solía jugar la Uefa, y yo empezaba a descubrir el gran arte de Alfred Hitchcock.

"Qué será, será,
whatever will be, will be,
the future is not ours to see,
qué será, será,
what will be, will be".

Y continúa.

El Liverpool ha sido comprado por una firma americana, y parece ser que el viejo y mítico Anfield Road será derribado para construir un nuevo estadio, no se sabe si en el mismo lugar, como fue el caso del lugar de todas las leyendas, Arms Park, hoy Millenium Stadium. Que se vaya a derribar Anfield Road no es una buena noticia, pero parece ser que los aficionados, la otra noche, con buen criterio, en una más de las noches mágicas europeas del Liverpool, esta vez contra un Barcelona recientemente campeón, prefirieron ensayar una despedida alegre al campo que más veces ha entonado y escuchado la eterna canción del buen fútbol, que es "You´ll never walk alone".

Fue bonito escuchar tan al norte ese "Qué será, será". Verdaderamente, nadie lo sabe.

Pero mientras nos quede alegría, cantaremos.