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procopio: café filosófico

Reseña: "Más sobre el rodillo nacionalista" (publicado en "Archipiélago", 2003)

Más sobre el rodillo nacionalista

"Por amor a Cataluña", Eduardo Goligorsky, Barcelona, Flor del Viento, 2002, 238 pp., 14 e.
"España no es una cáscara", Javier Ruiz Portella, pról. Eugenio Trías, Barcelona, Áltera, 2000, 128 pp., 11,25 e.
"Argumentos para el bilingüismo", Jesús Royo Arpón, Barcelona, Montesinos, 2000, 206 pp., 11,42 e.

Hace un tiempo fui de visita a la tumba de Antonio Machado en Colliure. En una plaza de aquel hermoso pueblo marinero unos ancianos ataviados con indumentaria folclórica me sorprendieron el paso cantando una canción en catalán. Recuerdo con precisión la última frase, exclamada con júbilo unánime: “Mai no morirem”, o lo que es lo mismo: “Nunca moriremos”. Tan emocionante clímax patriótico aludía a lo que se suele entender por “catalanes”, ese gentilicio en el que algunos solemos reconocernos desde pequeños. Pues bien, los tres libros que comentamos tratan de plantear, cada uno a su modo, la necesidad de reformular críticamente la convivencia política, social y cultural de los habitantes de Cataluña, asfixiada en los últimos años por las estupideces del nacionalismo gobernante.

El librito de Ruiz Portella, prologado con mano polémica por Eugenio Trías, opta por criticar al nacionalismo catalán desde cierta comprensión de sus postulados comunitaristas. El ensayo demole sin paliativos el imaginario catalanista que impregna la actividad diaria de los “profesionales” políticos de la comunidad autónoma catalana, pero lo hace sin olvidar —en una rara y no del todo profundizada mezcla entre las teorías de Castoriadis y el romanticismo más o menos germánico— que una sociedad no sólo está formada por la agregación de los individuos que la componen, sino también y en un lugar destacado por lo que Castoriadis llamaba sus “significaciones sociales imaginarias”, ese haz de símbolos, valores, ideas, sentimientos, etc. que rigen en ella en un momento dado y que la cohesian.

La principal tesis de Ruiz Portella en su rechazo claro y rotundo del catalanismo es que el imaginario creado por la política nacionalista catalana durante los últimos veinte años ha ninguneado reiteradamente la “otra pata” de Cataluña (la de expresión castellana, por decirlo así) imbricada desde hace siglos en su quehacer cotidiano. O sea, la sensata crítica de Ruiz Portella no se dirige tanto al énfasis que el nacionalismo pone en la comunidad como a que el catalanismo no ha sido capaz de pensar y hacer esta comunidad más que como “sólo catalana”, y todavía peor, “sólo catalanista”: o sea, dicho en términos de política lingüística, exclusivamente monolingüe. El libro, breve y diáfano, señala con acierto que esta política excluyente ha tenido y tiene en las escuelas, en la administración y en los medios de comunicación sus lugares e instrumentos básicos. Esta tontería dañina para la convivencia es la que hay que cambiar, dice Ruiz Portella, de modo que los ciudadanos del presente inmediato y del porvenir puedan seguir relacionándose en una sociedad cuyo imaginario no esté sometido a la dictadura de quien pretende su falsa inmortalidad a expensas de las posibilidades vitales de la otra parte de la población.

Por su parte, el libro de Jesús Royo, profesor de bachillerato y miembro del Psc, opta por la ironía y los razonamientos de corte ilustrado. Son 80 cartas al director ficticias en las que el autor va desgranando la argumentación central de su tesis: el urgente y necesario reconocimiento oficial por parte de la Generalidad de Cataluña del bilingüismo realmente existente en la sociedad catalana. La diferencia con el libro de Ruiz Portella estriba en que Jesús Royo no condesciende con las tesis comunitaristas de las que el primero se quiere deudor (entre el “hombre nacionalista” de la tierra y el “hombre económico” de la técnica, Ruiz Portella reivindica el “hombre comunitario”), y sus razonamientos desembocan en el planteamiento crítico y abierto de una verdadera ciudadanía democrática.

¿O es que el individualismo real no es base y producto a la vez de cualquier imaginario social? ¿Es que nos parece poca cosa la posibilidad de un imaginario sustanciosamente democrático y de vocación universalista? Es muy cierto que la globalización de casino en la que nos encontramos nos somete más que nos libera, pero me atrevo a sugerir que la verdadera identidad que podemos oponerle tiene que ver más con aquello que no alcanza a encontrar un molde determinado que con aquello que nos determina de antemano.
A esta identidad abierta hace continua referencia el tercer libro aquí reseñado. Se titula "Por amor a Cataluña" y lo ha escrito el articulista de La Vanguardia Eduardo Goligorsky, quien tiene el buen gusto de preferir la gimnasia mental de H. L. Mencken o Bruce Chatwin (del que ha sido traductor) a la de Herder o a la de cualquier pseudointelectual del nacional-catolicismo catalán, y que como argentino exiliado de su país conoce bien el acoso de la unanimidad coactiva. El libro está bien documentado y repasa con prosa afilada, elegante y lúcida los problemas suscitados por tan funesta pretensión totalitaria: la enseñanza de la lengua y de la historia, la “dictablanda” (Tarradellas "dixit") instalada en la administración y en los medios de comunicación, el despilfarro de dinero público, el desprecio de los valores humanistas y laicos, etcétera.

Durante años Cataluña se ha visto como una especie de oasis de civilización en un desierto de ignorancia y miseria, pero tal mito ya no puede sostenerse por más tiempo cuando nada menos que el más longevo presidente del Parlamento autonómico ha manifestado recientemente su apoyo a Haider, su racismo contra los negros, su respeto por los “ideales” etarras y su rechazo de los “inmigrantes” del resto de España.
Naturalmente todos moriremos algún día, pero sólo a través de un imaginario democrático basado en la razón, la pluralidad, las libertades públicas y la aventura personal, esos frágiles y fugaces islotes de inmortalidad que podemos construirnos mientras vivimos no excluirán a nadie.

Ximo Brotons

Nota: "Sobre guetos" (inédita)

Esta nota es una hipotética respuesta a una carta al director que leí hace un tiempo. Contesta el mito de la creación de guetos que supondría reconocer el bilingüismo realmente existente en Cataluña. Reconocimiento legalmente obligado, pero que desde el principio, y de menos a más, el Gobierno autonómico y todos los municipios se han ido saltando a la torera con argumentos tan peregrinos como los que trato, escuetamente, de rebatir.

La Generalidad es el gueto: lo demás es apartheid institucional, y todos sabemos lo importante que son las instituciones en el "modelo social europeo"...

"Sobre guetos"

En referencia a la carta de XXX me gustaría recordar que el argumento del gueto lingüístico ya fue utilizado en su día para aprobar la ley de normalización de 1983, aquella que vino acompañada del plano dibujo de una muchacha llamada Norma que nada tenía que envidiar a Naranjito y compañía. Esa ley cumplió un cometido inaplazable: hacer viable el conocimiento de y la expresión pública en catalán. Pero también sembró el germen de lo que vino después.

Solo por poner un ejemplo. En mi escuela, fundada clandestinamente en 1968, escuela-cooperativa donde se enseñaba en catalán, el castellano era una lengua totalmente presente en varias asignaturas y allí Machado o Cela no eran extraños, sino casi diría que los padres espirituales de la misma, y eso que la Directora era un señora, cómo decirlo, muy ¿sagarriana? En mi instituto, público, la educación era bilingüe casi al 50%: tuve profesores de Sevilla, Zaragoza, Valladolid, Pamplona, y algún valenciano. Cuando, a principios de los 90, mi generación entró en la universidad, todos los programas, los títulos de las asignaturas, los paneles, etc., ya estaban escritos únicamente en catalán. A los profesores, todos lo sabemos, se les sugería utilizarlo en clase. La cacofonía estaba asegurada. La UPF declaró en sus estatutos lengua oficial única de la universidad al catalán. La ideología nacionalista, progre-nacionalista a la vez, que se había ido fraguando en los 8o, había por fin cuajado ante el pasmo de unos cuantos, servidor incluido.

Lo mismo ocurre en los pueblos y en las ciudades y, por supuesto, en la Administración de la Generalitat. Después vino la ley de 1997, que no hizo sino dar más peso legal a lo que XXX llama “dinámica lingüística normal”. Esa dinámica normal es en realidad el verdadero gueto que no se corresponde con el bilingüismo social realmente existente en Cataluña que todos tenemos derecho a ver igualmente institucionalizado.

Lo último es que han creado una especie de oficinas de delación, a las que siguiendo propiamente la Norma llaman de "garantías".

Artículo: "La lengua y los que hablan" (inédito)

Esto está escrito antes de las últimas elecciones autonómicas de 2003.

LA LENGUA Y LOS QUE HABLAN

La lengua está para chupar, para besar, para sacarla, para provocar, para succionar, para paladear, para retirarla a derecha o izquierda y decir “basta”, para tocarse la punta de la nariz, para saborear...

Lo que está en juego en la “cuestión de las lenguas” en Cataluña son los derechos democráticos. Al parecer, el catalán no ha sido protegido porque sea un derecho democrático de sus hablantes el que puedan expresarse y relacionarse en ese idioma, sino porque la lengua tiene “derechos”, como los animales, la patria o la naturaleza. Y entonces pasa lo que pasa, que los defensores de esa Lengua no entienden que reclamemos nuestro derecho democrático a que el castellano también sea la lengua de nuestra administración, de nuestros centros de enseñanza y de nuestros medios de comunicación. Pues las lenguas no tienen derechos sobre sus hablantes: son éstos los que tienen derecho a expresarse en su lengua. Tal es lo que razonablemente afirma la CE en su artículo tercero: todos tienen la obligación de conocer las lenguas oficiales –en el caso del Estado en su conjunto, el castellano- y el derecho a usarlas.

Hay un basamento social sin el que éstos derechos se hacen inefectivos o imposibles, lo que invalida por el momento el argumento peregrino según el cual también debería ser lengua oficial el finlandés si algún finlandés viviese en Cataluña. Y por eso es en cierto modo sensato seguir vigilando que el espacio de expresión en catalán siga existiendo, para que quien quiera pueda expresarse en él, sea o no catalanohablante. Pero obviamente, lo mismo puede decirse del castellano, sin excepciones, se sea o no castellanohablante.

Ninguna ley, ni siquiera las del bloque constitucional (CE y EAC) pueden debatir doctrinas o emitir opiniones ni regular todos y cada uno de los comportamientos de los ciudadanos: las leyes son génericas y establecen marcos de convivencia. Decir que esa convivencia es imposible (bien por incompatibilidad de la coexistencia, bien porque se crearían guetos) es sostener que la ley, la ley democrática, es imposible.

Pero Cataluña será democrática o no será. Puede que haya algo de experimento en el bilingüismo, pero, ¿es que la democracia es otra cosa? Quien quiera salvarse que funde una religión o se pase por la parroquia de su barrio. Más tolerancia efectiva y no retórica mendaz es lo que hace falta.

Sería una pérdida olvidar y no proteger en la medida de lo posible el patrimonio universal de las lenguas que ya no se hablan o que se hablan minoritariamente, tal como deseaba Elias Canetti. Como también supondría una pérdida renunciar a la existencia de una o varias lenguas francas que permitan una comunicación y una relación social más fluida entre los distintos habitantes del planeta, como nos enseñó otro gran escritor, Nabokov. Aristóteles definió al hombre como un “animal que habla”, un animal que tiene derechos porque habla, es decir, porque puede razonar sobre lo bueno y lo malo, no porque habla tal o cual lengua. Son los animales que hablan los que tienen derechos -derechos humanos-, no las lenguas y menos la lengua humana, que bastante tiene con poder saborear esta vida mortal.

LA DRETA CATALANA:

Cuando España va bien, es gracias a nosotros; cuando va mal es por culpa de los otros: así salen ganando siempre, intacta e inatacable. El nacionalismo de izquierdas es su sucedáneo.

EL ESTATUTO DE AUTONOMÍA:

Reformar hoy el Estatuto: la prueba de que hemos vivido en una democracia muy “light”, más bien en un régimen gubernamental, que para ser cambiado, necesita antes de la propuesta de reforma del régimen de gobierno. ¿Construcción de consenso? ¿A qué se refieren? Los dos únicos partidos con representación parlamentaria que –por el momento- no han presentado reforma del Estatuto son: PP y ICV. Digo mal: sólo el PP.

George Steiner escribe sobre Palante -y yo sobre filosofía

Cortesía de Nickericburdon:

Steiner escribe: "Georges Palante, físicamente deforme, enfermo crónico e imposibilitado sexualmente, dio clases de filosofía en una serie de oscuros liceos bretones, especialmente en el de Saint-Brieuc. La Sorbona declinó reconocer sus tesis, A Palante le resultó difícil mantener la disciplina. Sus alumnos organizaron lo que se conoce en francés como le "chahut" (jaleo, abucheo), unos brotes más o menos sistemáticos de ruido coral y burla que hacían inaudibles las clases de Palante (nada de "Adiós, Mister Chips"). Mezclado en una absurda «cuestión de honor» en la cual creyó advertir una actitud condescendiente incluso en quienes le apoyaban, Palante se pegó un tiro el 5 de agosto de 1925. Sin embargo, hubo quienes hallaron superlativa su enseñanza. Palante inició en Francia un nietzscheanismo de izquierdas y fue uno de los primeros que llamaron la atención sobre Freud. En 1990 tuvo lugar un coloquio sobre Palante; once años después se editaron sus obras completas.

Louis Guilloux se convirtió en alumno de Palante en 1917. Reconoció en su profesor un espíritu de profunda, aunque angustiada, originalidad. Debemos a esta sagacidad una de las obras maestras de la ficción francesa moderna: "Le sang noir" [La sangre negra] (1935). Ridiculizando su pasión por la "Critica de la razón pura" de Kant, los atormentadores de Palante lo llaman "Monsieur Cripure". Sólo unos pocos comprenden la austera penetración de su enseñanza, en la callada magia implícita en el nombre del protagonista de Guilloux: "Monsieur Merlin". Pitágoras y Empédocles ya sabían que los alumnos pueden llegar a ser sanguinarios.

La mística del "Maître" se mantiene en el escenario, un tanto melodramático, de la vida intelectual francesa...

Son legión los que, como Georges Palante, se sintieron abrumados por Nietzsche. Los textos -truncados, mal leídos, mendazmente corregidos- actuaron como una avalancha. Son tales la presencia de Nietzsche y las ambigüedades que van unidas a ella que la idea de que la modernidad occidental procede de la tríada Marx-Nietzsche-Freud es ahora un lugar común. Pero muchas veces se pasa por alto el papel, tal vez primordial, que tienen en Nietzsche el profesor y el educador. Él fue el académico antiacadémico `par excellence´".

Está bien la referencia al Nietzsche educador. El otro día escribía yo en el blog de Arcadi Espada que no-hay-verdadera-filosofía-sin-una-teoría-de-la-educación-ligada-a- la-democracia, y que por esto era preferible Aristóteles a Kant. Y que, además, este "volver a Aristóteles" era a la vez un guiño moderno a la otra vía republicana, no a la de Kant, sino a la de Spinoza-Nietzsche. Pero que si en Spinoza la democracia no va acompañada de una práctica de la educación, en Nietzsche la teoría de la educación no va acompañada siempre de la democracia.

¿Cómo plantear en estos términos la potencialidad de un muy experimental y nada sectario "nietzcheanismo de izquierdas" -nada sectario en el bien entendido que "de derechas" también vale si es democrático? Pues tal vez rescatando aquellos puntos de Nietzsche en los que la teoría de la educación va acompañada de democracia -y éstos son varios y variados, si no queremos, en efecto, reducir la democracia al pacifismo providencialista kantiano mezclado, como no podía ser de otro modo, con hegelianismos de diverso pelaje.

Nietzsche, ¡educador para la ciudadanía con la "Ética" de Spinoza en una mano y Aristóteles en el disco duro!

PD: queda por hablar aquí de la tarea que me propuse en el inicio de mi tesis: sacar a luz la virtud intelectiva, ética y política de la imaginación que, ocultada por el pensamiento tradicional (y por tanto por ellos mismos también), se halla tanto en Aristóteles ("Ética", "Del alma") como en Kant ("Crítica de la razón pura", "Crítica del juicio").

Esta es la tarea.

Carta al director del "Diari de Vilanova": "Contra Eta y sus legitimadores" (inédita)

Redacté esta carta en respuesta a la réplica que varios conciudadanos de mi pueblo (todos ellos militantes de ERC) ofrecieron -triste y exasperada réplica- a mi anterior carta: "Opiniones de un desaparecido". Pero dado el revuelo que causaron las dos primeras (la primera, un ataque contra la "identidad cultural", se perdió) y dado que en ese momento estaba ya inmerso en la vorágine de los exámenes de oposición en Valencia, opté por no enviarla y pasar un resto del verano más o menos tranquilo.

CONTRA ETA Y SUS LEGITIMADORES

Desde luego, con o sin banderas, estoy de acuerdo con la ley de Partidos, que no me parece un ataque a la democracia ni el principio del fin de los movimientos sociales, si quieren ser tales y no tribus guerreras, sino pura y simplemente una de las leyes emanadas del marco de la libre convivencia, tan relevante como en su día lo pudieron ser en el orden social la ley del divorcio y la del aborto. No se puede ir gritando o escribiendo impunemente “pim, pam, pum”, o “nosotros matamos a 5 y ellos nos encarcelan a 500, no hay derecho...”, etc. Son unos cuantos, es verdad, pero también el partido nazi estaba masivamente apoyado. Esta ley, como todas las demás, es razonablemente discutible. Pero es mejor en cualquier caso que la ley anti-terrorista o que el GAL, o que celebrar una especie de juicio final en una situación ganada a la causa por el terror de los fanáticos (debidamente subvencionados). O que no hacer nada.

Como sé de tus visitas a "Egin" y demás, te pregunto: ¿estarán contentos tus anfitriones cuando el País Vasco sea independiente pero Navarra no, o seguirán matando por persona interpuesta? En fin, por si acaso, diles que soy inofensivo... Es graciosa la alusión a la república de los soviets que se estaría fraguando en las Vascongadas (que así las llamaba un vasco, Unamuno, al que no se le puede acusar de ser poco sensible a todo tipo de periferia). Porque como es sabido, el bolchevismo fue una especie de capitalismo burocrático total y no otra cosa. Pero es que además donde los marxistas sí que no entraron a gobernar después de 1978 fue precisamente en Cataluña, donde ERC y parte del socialismo (el famoso sector Pallach) prefirieron el gobierno de CiU para pararles el paso a los rojos españoles, o algo así. Si, pese a todo, el PSC ha podido gobernar, antes incluso que CiU, con los comunistas (o con el CDS) ha sido gracias a la localización en las ciudades de este peligro que a posteriori se quiso evitar. ¿Por qué ERC actúa así? Porque no creo que el cura Xirinacs, por ejemplo, el senador más votado en la transición, sea muy subversivo: su huelga de hambre no le impedía zamparse tranquilamente unos cuantos cadáveres "made in ETA", como ahora. Por no hablar de Heribert Barrera, quien durante su larga estancia en la presidencia del Parlamento ha descubierto las bondades de las políticas xenófobas de Haider. Dicen que Carod-Rovira es más de izquierdas y tal, pero, aunque las circunstancias son diferentes, lo visto y leído no aconsejan precisamente el optimismo.

¿Si he cambiado? Pues claro, aunque, si te acuerdas, no tanto. Hace unas semanas murió Mario Onaindia, uno de los políticos si no el político con el que a mis 15 años yo más me identificaba: un federalismo no sólo por arriba, sino también por abajo; una normalización que no sea monolingüe, sino bilingüe y abierta al resto de España y de Europa; no un ecosistema de culturas, sino una ciudadanía democrática y libre. No son ideas demasiado complicadas de digerir, pero algunos lo ven como un trágala. Piden ideas pero éstas no, que no están de moda. Como decía Mario Onaindia en el libro colectivo de ¡Basta ya! (Aguilar, 2003) parece como si durante la democracia nos hayamos dado cuenta de que nos dejaban en paz con nuestras ideas, pero al precio de que estas ideas dejaran de tener interés para nosotros.

Las estatuas de Franco que quedan por ahí te deben gustar tan poco como a mí. Ahora bien, si les grito: ¡abajo la muerte!, que se den por aludidos con más razón, porque no son de piedra aunque nos quieran convertir en polvo, ETA y sus legitimadores.

Ximo Brotons

Carta al director del "Diari de Vilanova": "Opiniones de un desaparecido" (2003)

Esta carta (de una serie de dos o tres) anti-nacionalista, en el día que notifican la creación de una plataforma cívica incluso política anti-catalanista impulsada por Arcadi Espada, Félix de Azúa, Eugenio Trías, Xavier Pericay, Miquel Porta, Félix Ovejero, Ivan Tubau, etc.

"Opiniones de un desaparecido"

No sabía muy bien cómo contestar a las cartas publicadas hace 15 días alusivas a mis críticas a las retransmisiones deportivas –en concreto de los partidos del USAP- de TV3. No entraré en lo personal porque no viene a cuento. Pero sigo considerando que esas retransmisiones son oportunistamente patrióticas, y a ratos reaccionarias, tanto más cuanto que en España de momento no se prohíbe nada que no pueda ser argumentado racionalmente en los parlamentos democráticos y otros foros. Y no hay que irse a Francia para toparse con según qué leyes, tal como paso a comentar más allá de la anécdota de los partidos del USAP.

Mi viejo compañero de estudios Jordi Ruiz de Castañeda habla muy ufano de su país. Supongamos que ese país, en su forma actual de comunidad autónoma, fuese independiente. No es mucho suponer, porque ahora mismo le falta poco para serlo. Cataluña no es una nación sin Estado: qué va, tiene un Estado propio, y no me refiero a a lo que pueda tener de Estado español del que forma parte, sino al Estado catalán que es la actual Administración autonómica. Pues bien, ¿consideran mis amables polemistas que esa administración actúa democráticamente cuando no reconoce la oficialidad de la lengua (el castellano) de al menos el 50% de la población que gestiona? Valga esta pregunta como reflexión sobre la dudosa constitucionalidad o estatuto democrático del Estado actual catalán, por no suponer cosas peores en un hipotético estado soberano.

Yendo al terreno de la aplicación y gestión de programas políticos elegidos en sufragio universal otras consideraciones pueden ser de provecho para esclarecer la situación y llegar a entendernos. Según vengo leyendo en artículos de prensa del profesor Vicenç Navarro, con los datos en la mano el Estado catalán es una de las administraciones europeas que menos dinero público dedica a las políticas sociales básicas (educación, sanidad, etc.). No recuerdo los datos exactos, pero se pueden consultar: son peores que los del PP en toda España durante los 7 años que lleva gobernando. Por experiencia directa padezco esta estadística: si he estado “desaparecido” como Manu Chao ha sido entre otras cosas porque he estado preparando unas oposiciones a profesor de bachillerato que hace más de 15 años que no se convocan por aquí. 15 años en los cuales se ha aprobado una división comarcal ideada en los años 30 del siglo pasado, en los cuales se desmontó la Corporación Metropolitana de Barcelona, limitando las posibilidades de aprovechar el éxito de las Olimpíadas de 1992 (por ejemplo, en Vilanova han pasado más de 10 años y aún pasará alguno más antes de tener un frente marítimo decente y preparado). 15 años, como mínimo, en los cuales se ha instalado un régimen más gubernamental que democrático (pues, ¿cómo si no se explica que para cambiar de gobierno tengamos que cambiar de Estatuto?), en los cuales se ha elevado a paradigma “nacional” una cultura de piedra picada, doctrinaria e irresponsable (marujera, la ha calificado Boadella). Durante este tiempo hablar y escribir en castellano en según qué lugares y circunstancias se ha convertido nada menos que en una provocación. Etcétera. Mucho se ha dicho sobre el modelo socialdemócrata sueco de este maravilloso país. Pero en realidad nada de nada: lo que se ha aplicado ha sido una política ortodoxamente economicista a lo Thatcher (de cultura y educación, mejor no hablar) y aquí paz y después gloria.

Estas cosas son de mal tono decirlas porque eso sería ofender a la patria. Una patria más cercana que otras, puede ser, pero tan cercana como para permitirle al señor seguir siendo el señor de su siervo. El síndrome de la proximidad, lo llamaba Pla. No sé si mis amables polemistas habrán oído hablar de la Biga y de la Busca. Pues la sagrada historia de este país (la reconquista, los segadores, 1714, etc.) siguen contándola los de la Biga, quienes tras mandar durante 200 años y derrotar a los de la Busca intentaron reponer la dinastía original para seguir mandando otro milenio más. En fin, exagero, pero supongo que eso explica entre otras cosas que insistan en hablar de “gurús del españolismo” y cosas parecidas como la del DNI o la selección nacional. Así siguen explicando en las escuelas a pensadores como Quevedo, Ortega, Unamuno o D´Ors: como enemigos de la patria. Así se explicará en ese futuro maravilloso a Savater, supongo, actual gurú del españolismo. Es algo que se veía venir, al menos por los que estamos desaparecidos: Savater fue insultado y zarandeado por honestos patriotas catalanes el mes de enero pasado en la Universidad de Barcelona y aquí todos contentos. Basta añadir que por las mismas razones en el País Vasco no sólo le insultan y lo zarandean sino que quieren matarlo. Matar, eso quieren, y ahora no exagero.

Ximo Brotons

Artículo: "Pequeña teoría de un gol" (inédito)

PEQUEÑA TEORÍA DE UN GOL

En la breve historia del deporte del balompié ha habido goles hermosos, goles audaces, goles aparentemente imposibles, goles de rebote, goles con la cabeza, con la espuela, de tacón. Recuerdo el inolvidable gol que Pelé fabricó en la final del Mundial de 1958, cuando tenía 17 años: recibió el balón en el borde del área, de espaldas a la portería, y tras hacerle lo que en la jerga futbolística llamamos un sombrero (pasarle el balón por encima del contrincante) al defensor que lo encimaba, remató de volea al fondo de la red. Está también el largo y caluroso gol de Maradona contra Inglaterra en el Mundial de 1986. Tras sortear a la carrera a varios jugadores desde el centro del campo el controvertido astro argentino se adentra en el área y encogido por la presión de tres defensores cruza la pelota al palo contrario de la portería.

De la cantidad innumerable de goles que habremos visto los que disfrutamos del fútbol, estos goles espectaculares justifican en más de un sentido nuestra afición. Aquí espectacular equivale a monstruoso, a lo que se muestra y a lo que hay que ver: estos goles son los que nos sirven para decirles a quienes sólo ven vulgaridad y tedio en el juego del balompié que también en el césped futbolístico puede lograrse la belleza y la más noble emoción vital.

En la final de la Copa de Europa de este año que enfrentaba al Real Madrid contra el Bayern Leverkusen, celebrada en Glasgow el 15 de mayo con toda la incertidumbre y pasión propias de tan dichoso evento, aconteció uno de estos goles de los que alimentan nuestro no demasiadas veces correspondido amor por el buen fútbol. Su autor fue el mejor jugador actual del mundo, el francés de origen argelino Zinedine Zidane, y sobre los gloriosos segundos del antes y del después del hermoso momento que marcó ese gol fabuloso quisiera ofrecer una breve reflexión.

Empezaré describiendo la jugada que a la postre supuso el noveno triunfo del Real Madrid en la Copa de Europa. En un artículo publicado en "El País", Javier Marías ha señalado que ese gol de Zidane pertenece a la categoría de lo sobrenatural, porque la jugada que lo inició no tenía la intención de llegar a portería y traspasar la meta contraria, sino que a través de cierto arrojo y cierto ímpetu la pelota fue aproximándose poco a poco hacia la portería alemana hasta que finalmente, como caído del cielo, Zidane pilló el balón rebotado en el borde izquierdo del área y con la semivolea más limpia y eficazmente hermosa que yo he presenciado jamás coló la pelota en la red. Como escribe Marías, fue un gol nacido del azar, algo improvisado, completamente inesperado, pero por todo eso mucho más conmovedor aún. Allí donde la suerte y la voluntad se juntan, decía el filósofo francés Georges Bataille, nace el amor que supera la angustia de la muerte. Tal encuentro amoroso y fugaz fue el que se produjo en el gol de Zidane, cuando éste impacta con su pie izquierdo el balón áereo que había salido rebotado, y lo manda haciendo una parábola casi mágica al jubiloso fondo de la red.

Ese partido lo ganó el Madrid 2-1, emulando en la victoria al legendario Madrid de Di Stéfano, Puskas y Gento, encumbrado precisamente en el vetusto Hampden Park de Glasgow en 1960, al vencer por 7-3 al Eintracht de Frankfurt. El rey de reyes había vuelto a triunfar.

Considero que el Gran Partido de Fútbol, el partido que mejor transmite ese ánimo y esa atmósfera, es la Final de la Copa de Europa. No creo que ni siquiera la final de un Mundial se le pueda igualar: ahí hay todavía demasiado patrioterismo en juego como para que la alegría del fútbol pueda explotar con todo su esplendor. Desde luego ha habido equipos excepcionales, el Brasil del 58, del 70 y del 82, la Holanda del 74, la Francia del 84 y del 98, la Argentina del 86, la Hungría del 54, etcétera. Pero yo me quedo con la promiscuidad cosmopolita de los clubes, que representan la pluralidad de una ciudad y no la homogeneidad de una nación.

La atmósfera de una final de Copa de Europa no tiene parangón, pues de algún modo viene a resumir y a encumbrar en un solo día y en un único partido al mejor equipo del año. Antes de empezar cada final europea recuerdo un poema de Keats en el que el joven poeta inglés declama algo así: ¡Oh tú, que has sentido el frío aire del invierno en tus mejillas, para ti la primavera florecerá y será tiempo de cosecha! No otra cosa distinta promete la liga invernal de fútbol que desemboca el tercer miércoles de mayo de todos los años en la gran finalísima de la Copa de Europa. El fútbol, pues, no es sólo un deporte. Es también, como dicen los ingleses, un romance, una historia de amor. Cada año empieza prometiendo leyendas y gloria, aunque en muchas ocasiones los partidos acaben enfriándose y tratemos de olvidar lo sucedido lo más rápidamente posible.

Pero si yo busco todos los años la prueba de mi amor por el fútbol en el partido ideal de la Final de la Copa de Europa, ¿qué buscamos cuando queremos marcar o celebrar un gol? O dicho con más sencillez: ¿qué es un gol? Un gol simboliza el triunfo de la vida sobre la muerte. Hay un cuento de Javier Marías en que se describe muy bien el simbolismo que marca la línea de gol. Ese límite que separa la victoria de la derrota, el triunfo de la decepción y, metafóricamente, la vida de la muerte, compendia toda la emoción del balompié. Bertrand Russell señala que la competición no desmiente la nobleza del juego cuando se establece un cierto respeto por el contrario. Creo que esta nobleza es la que le hizo decir a Camus que las lecciones de moral más importantes de la vida las había aprendido jugando al fútbol. Tal es el valor que los antiguos griegos atribuían a sus héroes caídos en desgracia: “No es un perdedor el que muere, sino un posible vencedor”.

Pues bien, hacer un gol no supone adquirir el billete para el cielo, pues con el gol no se acaba el partido. Un equipo puede lograr un tanto, pero en seguida ser goleado por el equipo adversario. Cuánta razón tenía Cruyff cuando señalaba en sus tiempos de entrenador del F. C. Barcelona que el fútbol es un deporte en el que gana el que marca un gol más que el contrario. Por eso nos gustan tanto los partidos que terminan 4-3, 5-2, 3-1, aunque otro entrenador, Ángel Cappa, rizando un poco el rizo, dijera en una ocasión que el partido ideal tendría que acabar en empate a 0.

Lo cierto es que los goles son la salsa del fútbol, pero también es verdad que una millonada de tantos no asegura un buen partido de fútbol. De ahí la opinión de Cappa, que fue ayudante de Valdano en el gran Tenerife de mediados de los 90. Es verdad que algunos partidos de pocos goles han podido ser un partido emocionante. Pero esto es porque además del buen juego hubo ocasiones de marcar: sin estos momentos previos al gol, que las jugadas elaboran buscando la portería contraria, no puede haber nada bonito en el fútbol. Después, si hay suerte y la pelota entra, se produce el éxtasis, pero como éste siempre suele estar acompañado de ciertos sentimientos de venganza o resquemor hacia el adversario conviene no dejarse cegar por el objetivo. Por eso, el gol más fantástico y que más han querido emular todos los jugadores de fútbol fue un gol que no fue gol: un disparo que se inventó Pelé un día soleado del Mundial de México 70 desde el centro del campo en un partido contra Uruguay, y que no entró en las redes de la portería ajena por muy poco.

Aunque aquel balón no se coló en las redes, todo el grito victorioso del ¡gol! está en ese gesto y en esa pelota que vuela hacia el cielo y cae. Los antiguos griegos se referían a la ocasión propicia para aprovechar los goces de la vida con el nombre de kairós. No quiero ser falsamente bonachón y decir que lo que cuenta es la intención y no el resultado. No, el resultado importa y mucho, pero más que el resultado lo que de verdad importa es la manera como se consigue, que por lo demás suele favorecer a la corta y a la larga los buenos resultados. Esa bonita y eficaz manera de aprovecharse del kairós es lo que enseñan las jugadas que pueden no acabar en gol, como aquella inolvidable de Pelé, pero que señalan el camino ideal para hacer goles que no sólo signifiquen el triunfo personal de un jugador sino que a la vez sirvan como homenaje victorioso al juego que se practica.

El gol que Zinedine Zidane marcó el 15 de mayo en Glasgow al Bayern Leverkusen (Vila-Matas, a pesar de ser culé, estará de acuerdo conmigo en que estas zetas mágicamente árabes emparentan al jugador francés, en más de un sentido, con aquella hermosa Sherezade que para no morir se pasó contando historias durante mil y una noches) fue un gol de esta clase. No sólo supuso a la postre el triunfo del Real Madrid sino que por añadidura supuso la victoria de la belleza futbolística, tantas veces ausente de los rectángulos de juego, y que en día como éstos, ¡en una Final de la Copa de Europa, además! nos devuelve a quienes empezamos a disfrutar del fútbol siendo pequeños aquella emoción infantil e infinita que todos hemos tenido que abandonar de alguna forma al hacernos mayores.

Esa emoción infinitamente alegre, casi loca, incondicional y estruendosamente jubilosa es la emoción vital del gol, del fútbol, de la vida vivida a través de los verdes campos de césped de los estadios donde se juega al balompié. Cuando Zidane empalmó, con su bella zamarra blanca y su elegante giro corporal, el balón que Roberto Carlos había bombeado al área, no pensé nada. Quizás inconscientemente di ese balón por perdido; tal vez en la tercera gradería, entre miles de aficionados, lo podrían encontrar al final del partido. Pero no, ese balón dibujó una volea fulminante y entró como una exhalación en la escuadra derecha de la portería alemana. Fue un gol hermoso y decisivo. Inesperado, liberador, irrepetible.

Mientras celebraba la jugada que acababa de presenciar, Zidane empezó a correr hacia el público como al galope humano. Y mientras en televisión, sólo en televisión, repetían el gol, tuve que restregarme los ojos. Cuánto hacía que no veíamos un gol soñado. Cuánto tiempo llevábamos esperando poder decir: ¡Qué bonito!

Ximo Brotons

¡Viva "Star Wars"!

Ayer fui a los cines Rafalafena de Castellón a ver el último episodio de "Star Wars". Una pasada. En los 10 segundos iniciales de la película, todas las últimas proezas cinematográficas, de "Matrix" a "Salvar al soldado Ryan", desmontadas. En "Star Wars" está todo el cine: el western, el de capa y espada, el melodrama, la comedia, el cine negro, el de piratas, el bélico, el neorrealista, el existencialista, el de gángsters, el de monstruos, y por supuesto está la aventura. Un auténtico festival en versión cine-cómic: viñetas profundas y sugestivas del mejor tebeo de superhéroes.

Y está el paganismo. Y la democracia, la república, la libertad. La rebelión (de tintes cristianizantes, o eurobudistas, "ma non troppo") contra el Imperio y la dictadura, sustentados ambos en el deseo de omnipotencia de la Federación de Comercio y el cretinismo de los Separatistas.

Es fácil y lo voy a hacer: comparar "Star Wars" con el mundo actual, que después de la afortunada caída del comunismo soviético no ha logrado hacer efectivos realmente los ideales de la Declaración Universal de Derechos de 1948. Las tentaciones imperialistas yanquis son muy fuertes: apoyadas naturalmente por el poder fáctico de las Multinacionales y las grandes corporaciones guiadas por gente que nadie ha elegido (FMI, OMC, BM) y alentando, allí hasta donde sea conveniente para el interés egoísta de EEUU, "el derecho de autodeterminación".

La rebelión no se hizo esperar, allí donde el fin de la historia parecía haberse hecho realidad: Seattle 1999, ese finisterre que se quiso inicio de algo nuevo. Sin embargo, la rebelión tomó un camino equivocado: la anti-globalización, y no el universalismo político y moral. Por suerte, EEUU sigue siendo una Democracia, aunque quizás cada vez con más mala salud de hierro. En Europa también se lucha por la Democracia, rehuyendo tanto las tentaciones alto-burocráticas como el intra-nacionalismo neciamente alentado por buena parte de la anti-globalización, como he dicho.

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Se habla por lo menos de reformar la ONU. Será necesario. Será necesario el contrapeso -no ingenuo ni cínico- de la Unión Europea. Será necesario hacer efectiva una "ética de la glocalización" (Ulrich Beck).

En cualquier caso, será necesario, como dice George Lucas (acaso mejorando a su tocayo el filósofo húngaro marxista Gyorgy Lukacs), "cuidar la democracia y cultivar la amistad".

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Es el miedo a la muerte propia, el miedo a admitir nuestra condición MORTAL, es el miedo a la pérdida que debe reconocerse como irrevocable de aquello que ha ayudado a forjarnos ("la muerte de las lenguas y culturas", "la transformación del paisaje", "la mujer: dadora de vida", etc.) y que tampoco puede ser reparada por múltiples "gadgets" (mercancías, objetos en general), son todos esos miedos los que convierten al encantador Anakyn Skywalker en el malvado Darth Vader.

"Sólo el amor puede juzgar", escribió Nietzsche. Y así es. Por el amor se redime lo-que-queda-de-Anakyn y con él la República y la democracia. Pero es cuando Anakyn no tiene suficiente con amar y prefiere entregarse al deseo de omnipotencia (que ni siquiera él, poderoso entre los poderosos, puede alcanzar), cuando la República y el amor sucumben. Esto no es voluntad de poder ("como amor", según el filósofo español Manuel Barrios), sino voluntad de dominio, execrable. Es la ilusión moral del Bien (¡y del Mal!) Supremo la que acaba con Anakyn: ¡horror!, quiere arreglar el mundo.

No se puede amar teniendo a la vista algún fin: se ama más allá del Bien y del Mal o no se ama. No se puede esperar que lo que se ama nos ame (Spinoza): entonces hemos dejado de entender.

Anakyn deja de entender. Todo aprendizaje requiere su ascetismo. Pero en el esfuerzo está la alegría, y aun el placer que no desdeña su entraña dolorosa.

Si es el miedo a la muerte lo que hace a Darth Vader, es el amor a la libertad lo que pone en marcha la rebelión de Luke Skywalker, su hijo.

¡Que la Fuerza os acompañe, amigos, que la sepáis controlar y que no os la controlen!

La Fuerza es la alegría.

PD: he leído la noticia que trae hoy El País. M. Torreiro llama "pedestremente religiosa" a la película. Quizás hay que cursar estudios de Teología, en plan talibán, para ser sabios y buenos. Lo que pasa es que Torreiro debería de haberse mirado algo del "tema de la religión", aunque sea en el Google, antes de escribir lo que escribe (además de lo dicho, Torreiro escribe sobre las "peroratas pretendidamente democráticas" -otra cosa sobre la que tal vez debiera informarse, sobre la democracia, digo, pues quizás ni esas simples peroratas le suenan de nada). Luego Elsa Fernández-Santos cifra la conversión al Mal de Anakyn en el dolor y el sufrimiento, en una interpretación literal y corta de miras propia de los periodistas de nuestro tiempo. Pero bueno, señora, me ha recordado usted que George Lucas nació en Modesto, California, el pueblo de mi "hermano americano" (Loren E. Dieu, abogado que vive hoy en Sacramento felizmente casado con dos hijas), que vivió nueve meses en mi casa hace 20 años. Muy bonito el Valle de San Joaquín (en Modesto está filmada "American graffiti"). Y finalmente volteo página y empiezo a leer al director de cine Álex de la Iglesia: sigue haciendo parodias, hermano. Si quieres densidad dramática, leéte "Moby Dick". En efecto, la gracia y la grandeza de esta película es que hasta los niños menores de 8 años la podemos entender. Cosa que no os ocurre ni a ti, ni a Elsa Fernández-Santos, ni a M. Torreiro.

Y la Democracia triunfa.