Bienvenidos a "procopio: café filosófico". Desde febrero de 2005, un sitio en internet donde encontrarás artículos de diversa factura sobre política, filosofía, periodismo, literatura, deportes, educación, música. La polémica está servida, y si te disgusta mi petulancia, avisado quedas de que me guía la divisa de Montaigne: "Yo soy mi física y mi metafísica". O esta otra, leída en una camiseta: "Liberté de parole. Freedom of speech. Libertad del discurso".

Temas



publicidad

¿Y estos anuncios?

Enlaces

Archivos

procopio: café filosófico

Algunos apuntes sobre el pragmatismo americano y Europa

He preferido destacar esto en otro artículo porque el tema lo vale.

A finales del XIX Peirce y James eran mejores filósofos que cualesquiera otros. En España, la Psicología tuvo su primera cátedra en la figura de Giner de los Ríos, y más adelante la de Sociología en la de Sales. La Institución Libre de Enseñanza, fundada por Giner de los Ríos, vino a ser la primera institución educativa laica del país, pero nunca llegó a convertirse en universidad y su desarrollo posterior no está del todo claro, pues ni los mismos prosélitos parece que hicieran mucho caso a uno de sus maestros, Fernando de los Ríos, cuando tras visitar a Lenin en la Urss volvió sin haber visto allí a la libertad. ¿Para qué?, preguntaría el comisario soviético. Desde luego la confesionalidad católica del Estado fue uno de los problemas de la Constitución de 1876, aunque poca cosa -la ILE se pudo fundar y pudo funcionar- comparado con la "república de trabajadores de todas las clases" (y de varias naciones, tendría que haber añadido el Constituyente) por venir, previo paso por la primera cirugía de hierro, en los años 20, de tipo obrerista. Sea como fuere, hoy José Luis Pinillos y Salvador Giner respectivamente continúan la tradición de la psicología y de la sociología hispánicas.

Como ya he dicho, la primera traducción al español de la obra pragmatista fue la traducción por el uruguayo Vaz Ferreira de "Pragmatism", de William James, al poco de salir, en 1908, en Uruguay. Vaz Ferreira escribió más tarde una obra titulada "Nietzsche, James, Unamuno: filósofos de la vida". A principios de los años 20, se tradujo en Madrid "La voluntad de creer" de James, si no me equivoco, en la Imprenta de los Ciegos y Sordomudos. Después de la 2ª Guerra Mundial se tradujo en Suramérica a John Dewey, y a partir de los años 70, en Suramérica y en España se ha traducido ya más ampliamente a Peirce, James y Dewey. Aunque no podríamos pasar al siguiente punto sin mencionar dos hitos primerizos relativos a Peirce: la publicación en la revista barcelonesa "Crónica científica" de un artículo suyo sobre su trabajo en el Servicio Geodésico de los EEUU, allá por los años 70-80 del siglo XIX, y su correspondencia con el matemático y lógico madrileño Ventura Reyes, que citó a Peirce en sus artículos para la revista "El Progreso Matemático" de Zaragoza. Personalmente, sin embargo, solo Cajal en su gira de conferencias por los EEUU y, obviamente, Santayana, conocieron a Peirce.

Antes he dicho que ya a finales del XIX tanto Peirce como James podían considerarse mejores filósofos que el resto, de los que tanto aprendieron y a quienes superaron. Quizá con la sola excepción de Nietzsche (pues a Darwin solo hay que tomarlo como naturalista); y es que Nietzsche y el nietzcheanismo en Europa, bien es cierto que con dispares resultados, vienen a ser lo que Peirce y James, y el pragmatismo, en EEUU. Una revolución y la fundación de algo nuevo.

Con resultados dispares, en efecto. Y tan dispares. Nietzsche, su filosofía trágica, su vitalismo, recorre toda la filosofía europea posterior, pero no encuentra escuela, no halla acomodo, nadie que la sistematice y la haga funcionar. En cambio el éxito del pragmatismo no conocerá más límites que sus propias autocorreciones. El filósofo francés Michel Onfray dedicó desde una óptica "de izquierdas" una obra a Palante, nietzscheano de primera hora, pero apenas conocido, vencido por el positivismo de la academia. Hay algunos otros, igualmente casi anónimos, hasta el Círculo de Sociología de París de los años 30, con Bataille, a mi modo de entender, a la cabeza. Bataille es el único verdadero y completo nietzscheano, el único vitalista, el único trágico de cierto reconocimiento de la primera mitad del siglo XX. En el Reino Unido, Russell y Whitehead compitieron con el pragmatismo, hasta rendirle los honores de campeón en forma de vida académica americana en la figura de Whitehead y su "vasta síntesis europea". Santayana, que había empezado con Schopenhauer y luego tuvo que seguir la lógica de Harvard, salido de un cierto Madrid cosmopolita acabó volviendo como esteta a Europa sin haber podido alcanzar la comprensión de la Terceridad en EEUU, a pesar de los valiosos indicios de su obra. En definitiva, en la primera mitad del siglo XX el único filósofo no estadounidense que puede competir con el pragmatismo americano es Georges Bataille. Ni el sentimiento trágico de Unamuno ni la razón vital de Ortega, aun demasiado atados al historicismo hispánico, ni la fenomenología neokantiana de Husserl o Merleau-Ponty, ni el existencialismo de Heidegger y Sartre, ni la ciencia social de Adorno, ni el vitalismo idealista de Bergson, pueden con él. Tampoco los lógicos, como Carnap, que huirán de la Europa en guerra (solo Hanna Arendt -y Leo Strauss- puede considerarse que triunfa verdaderamente en EEUU). Lo que pasa es que Bataille no tiene obra más que fragmentaria y aun un poco demasiado literaria o existencial, incluso surrealista -¿ese "nuevo realismo" del pragmatismo americano parecía en Europa algo así como "superrealista"?. Oficio de bibliotecario, en todo caso.

Después de la 2ª Guerra Mundial, tras las amonestaciones de Camus al uso falsario de ese nietzscheanismo de postín que había impuesto el nazismo, el vitalismo, la filosofía trágica resurgirá, también en España, de un modo más académico, más límpido, más auténtico, pero sin hallar tampoco el fondo sobre el cual podría desarrollar una escuela duradera y funcional. El neokantismo sigue aun vivo, aunque bien es cierto que pasado por el pragmatismo americano -Habermas, Apel. A partir de 1960 el filósofo francés Clément Rosset empieza a elaborar su "filosofía trágica", pero más allá de su salutífera labor de esclarecimiento, apenas se ha rozado con la cuestión política. Quienes sí se rozarán y se frotarán con ella, a veces hasta lo delirante, serán Foucault y más tarde Deleuze. Foucault es un poco el Bataille de la segunda mitad de siglo: pero su arqueología del saber es todavía aun demasiado propedéutica, por decirlo así, mero paso previo a lo que debería constituirse después en una filosofía, que nunca llegó a ser tal. El Deleuze de "Mil mesetas" y de "Qué es la filosofía" supera por esto a Foucault, pero Deleuze cree que salva el escollo del individuo-sustancia por medio de su filosofía dualista, demasiado cartesiana aun, cosa que de hecho le hace tropezar con dos escollos a la vez: la anarquía y el universalismo tipo ONU. En el Reino Unido, Bernard Williams vuelve, por esto, a Descartes, y a lo mejor de Descartes, a su proyecto de investigación pura: una forma de volver a empezar. En Italia, de la mano principalmente de Paolo Virno, formado en la filosofía analítica del lenguaje, ha renacido uan especie de pragmatismo europeo, un poco deweyano, foucaltiano, pero que no logra escapar de la hipóstasis de la acción, a mi modo de entender, y su "relacionismo" no escapa tampoco a las trampas del relativismo de las que pretendía huir. Finalmente, en Alemania, destaca Sloterdijk, su crítica de la razón cínica, cada vez más inclinado a la sociología, aun existencialista, aunque haya llamado al despertar de Europa por otras vías: ¿pero cuáles? De momento parece que podemos dar gracias a Dios de que la Unión Europea haya cumplido 50 años, lo cual no elimina no obstante ninguno de sus claros problemas, tampoco solventables mediante la hermenéutica de Gadamer o Derrida.

Como se ve, la filosofía trágica vitalista de cuño nietzscheano, la única tradición europea que podría competir con el pragmatismo americano, avanza mal que bien, y a menudo parece que ha agotado su camino en este sentido. En España, el vitalismo de los discípulos de Ortega (a destacar Zubiri y sobre todo Zambrano) que a su vez corregía a Unamuno tuvo su continuidad en los Savater, Trías y compañía. Como labor pedagógica su obra no ha sido desdeñable, pero sus propios proyectos, tampoco en Savater, han logrado alcanzar la altura máxima de la filosofía estadounidense, especializándose en cuestiones como la ética, la religión, la estética, la filosofía de la ciencia, etc. Por eso, considero que quienes han realizado verdaderamente el proyecto nietzscheano en filosofía son dos autores europeos que apenas mencionan al filósofo de Sils-Maria en sus obras. Uno es el Wittgenstein de las "Investigaciones filosóficas" y el otro es Cornelius Castoriadis.

Superior a Popper, cuyo falsacionismo no deja de ser insuficiente a la vista de un pragmatista americano, Wittgenstein elabora en su segunda gran obra, no solo la corrección de la primera, sino todo un proyecto de reflexión mayor que bien podría pasar, junto a lo más valioso de Nietzsche, por la mejor filosofía europea del siglo XX. El hecho de que anécdoticamente Wittgenstein fuese en su niñez compañero de clase de Hitler realzaría de algún modo esta proposición. Pero las "Investigaciones filosóficas" de Wittgenstein, como toda la obra de Nietzsche, no deja de ser una obra solitaria, difícil de traducir escolarmente y socialmente en una tarea colectiva.

A mi modo de entender, Castoriadis, que no fue profesor hasta los años 80, en París, cuando ya tenía casi 60 años, es por eso aun mejor que Wittgenstein, al menos en varios aspectos. Es más sistemático y de algún modo más completo. Su libro "La institución imaginaria de la sociedad" (1973), en el que cita a Mead, si no me acuerdo mal, podría compararse sin menoscabo con cualquier gran libro de los primeros pragmatistas americanos. La vía que Castoriadis siguió para realizar la filosofía trágica europea es ciertamente indirecta: apenas cita nunca a Nietzsche, y lo que lleva a cabo es un duro ajuste de cuentas con el freudomarxismo hegemónico para en seguida rescatar la antigua noción de "imaginación" y elaborar una lógica semiótica que, también sin apenas citarlo, recuerda a la de Peirce. No se detiene frente a ningún problema, incluida la gran cuestión antropofilosófica de la técnica, y su obra acaba por dibujar una idea de la democracia que debe tanto a Pericles como a Lincoln. Y es cuando Castoriadis rescata la idea griega de la autonomía y de la democracia cuando más se aproxima al nietzscheanismo, pero sin citarlo, porque de hecho ya están hermanados en su raíz. Castoriadis es, pues, tanto un filósofo trágico vitalista como un pragmatista americano: o mejor dicho, quizá, él nos ha enseñado que la filosofía trágica vitalista no puede sino desembocar en una suerte de pragmatismo americano europeo.

Mi libro "Idea trágica de la democracia" es básicamente castoridiano. En la Introducción dejo caer que se trata de un "pragmatismo trascendental", pero no al modo kantiano de Apel, sino al modo de Nietzsche, si "trascendental" tiene un significado "materialista" en Nietzsche. Sin embargo, más allá de su obra filosófica, la actividad pública de Castoriadis siguió otros derroteros, considerándose siempre del lado de esa especie de "sociología de izquierdas un poco liberal" que volvería a acercarle, en el mejor de los casos, a Mead y a la Escuela social de Chicago (de la que por otra parte también saldría Milton Friedman). Pero no fue sino Rorty quien no solo atestiguó las razones de Hayek sino también las de McCarthy, y esta certeza en Europa, a Castoriadis, podía parecerle aun un poco "surrealista". De modo que por este lado, la obra filosófica de Castoriadis supera en mucho a su labor de intelectual aun un poco con peluca "ancien regime", y es a la primera a la que vale todavía la pena consagrarse.

26/08/2009 17:51 Autor: procopio. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

Pragmatismo americano

He leido "La filosofía de los Estados Unidos" (Tecnos), de Deledalle, además de "La voluntad de creer" de William James, unas charlas sobre pragmatismo de Putnam y un número monográfico de la revista "Anthropos" dedicado a Charles Peirce.

Como es sabido, Peirce es el fundador del pragmatismo, sucesor del trascendentalismo de Emerson, y la primera filosofía genuinamente estadounidense, surgida después de la Guerra de Secesión. James llamó pragmatismo en Berkeley en 1898 a lo que tanto él como Peirce venían haciendo desde entonces. Peirce era de familia demócrata de Nueva Inglaterra que permaneció fiel al Partido Demócrata, supongo que al aliado a Lincoln. James era más heterodoxo, como su padre, "el Swedenborg estadounidense". Dewey, el tercer gran pragmatista, era de familia demócrata "free-soiler" o "free-labour" de Vermont pasada al republicanismo liderado por Lincoln, aunque luego Dewey fue gurú del progresismo americano. Peirce llamó pragmaticismo a lo suyo, James, empirismo radical, y Dewey, instrumentalismo. Royce, discípulo californiano de Peirce, es el filósofo de la Gran Comunidad y de la Lealtad. Mead, colega de Dewey en Chicago, es el filósofo del pragmatismo social, por así decir. Peirce nunca fue profesor de universidad salvo durante un periodo de cinco años en la recién creada Universidad Johns Hopkins, en Baltimore, de 1879 a 1885, la primera universidad laica de los EEUU. Enseñaba lógica, su lógica semiótica. También dio conferencias en Harvard y otros lugares. James fue el primer profesor norteamericano de universidad de psicología, en Harvard, donde luego lo fue de filosofía. En 1908 publicó "Pragmatismo", traducido en seguida al español en Uruguay por Vaz Ferreira. Dewey profesó primero en Michigan, pero no fue hasta cumplir los 40 años cuando se hizo un nombre, primero en Chicago, y luego, durante largo tiempo, en Columbia, en Nueva York. Mead siguió en Chicago. Royce fue profesor en Berkeley, California.

Estos son los cinco magníficos del primer pragmatismo americano. A los que hay que añadir al famoso juez O. W. Holmes. De hecho, ¿no sería acaso Lincoln el primer pragmatista con su mezcla de principios sagrados y flexibilidad en el tiempo? Sea como fuere, luego siguieron los discípulos: Hartshorne y Weiss, en Harvard, publicando la obra casi desconocida por el gran público de Peirce; Charles Morris y C. I. Lewis, en la estela de la lógica y de la semiótica peirceana. Sociólogos y antropólogos, en la línea de Mead. Sidney Hook, el gran discípulo de Dewey, condecorado en 1985 por Reagan tras realizar su particular ajuste de cuentas con el marxismo hegeliano. Lippman, el periodista-azote de mitad de siglo XX. James nunca se dejó de leer, y hoy sigue la gran escuela psicológica americana, con componentes neurológicos, por ejemplo, en Damasio, o lingüísticos, en Pinker, iniciada a finales del XIX por James.

El pragmatismo, tras su fatal error con respecto a la Urss de la mano de Dewey, error corregido un poco a destiempo, pero corregido, decayó mezclándose con la filosofía analítica que a su vez se había hecho un poco americana (Quine y demás contra Russell y Whitehead). Aunque nunca se dejó de leer, publicar, estudiar y renovar el pragmatismo, no fue hasta finales de los años 70 cuando el debate sobre el pragmatismo volvió a alcanzar el vigor de los primeros días. Esto se produjo de la mano de Richard Rorty y Hillary Putnam, aunque se puede añadir a Sandra Rosenthal y Susan Haack. Se trata de un pragmatismo muy mezclado con la filosofía europea, no solo con la analítica británica, sino con la tradición más continental, cosa que por otra parte se dio en el pragmatismo desde el principio, aunque fuera para romper con ella.

El debate desde los años 80 y 90 del siglo pasado gira en torno a la importancia de nociones como la verdad y la justicia. Rorty quiso rescatar a un Dewey sin epistemología, y si bien se pueden mencionar algunos logros, ciertamente la crítica de Putnam es demoledora. Putnam lee atentamente al Wittgenstein de las "Investigaciones filosóficas" y da más importancia al "valor final" que a la "opinión final", sobre cuyo estatuto Putnam apenas apunta, en la buena dirección, algunas cosas, pero sin entrar en ellas a fondo (cierto es que no he leido "Razón, verdad e historia"). Quizá el debate de fondo no sea sino a quién debe tenerse por referente primero de la tradición pragmatista, si a Dewey o a Peirce, en el bien entendido de que James, por varias razones, algunas quizá demasiado psicológicas, será siempre el más leido y el más fiable, incluso -sobre todo- políticamente y pedagógicamente.

Hacernos elegir entre Peirce y Dewey no deja de ser un poco absurdo, porque Dewey es para empezar peirceano en su núcleo duro. Hablo del gran Dewey, al que tengo por el mejor filósofo del siglo XX, y no del Dewey facilón y vulgarizado que ha campado durante demasiado tiempo en cierta izquierda sindical y en las escuelas. Yo no prefiero a Peirce antes que a Dewey, pero no entiendo a Dewey sin Peirce. Antes que tener que decidirme por uno de los dos, preferiría dedicar mi tiempo a corregir lo que en ambos estaba claramente equivocado, de manera que el nuevo pragmatismo americano del siglo XXI evitase al menos los graves efectos de estos errores.

Peirce es un filósofo enorme. Supera verdaderamente a Kant y Hegel, cosa que el empirismo británico o el racionalismo cartesiano lograban a duras penas. Mejora, pues, a Descartes, y al empirismo británico, al que unifica desde su raíz medieval, Occam y Duns Escoto -¿Locke y Hume?. Pero lastimosamente no pudo desprenderse del todo de la tradición idealista alemana en la que se había formado, y se murió al lado de Leibniz y no de Spinoza. La cualidad de la Primeridad no es, como decía Peirce, "positiva". No es ni positiva ni negativa. Tiene que ver con la abducción, que no afirma ni niega. Pero el mayor error de Charles Santiago Sanders Peirce fue de sistema, fue la pretensión de erigir un sistema, lo que por otra parte choca frontalmente con la misma originalidad de su pensamiento, la máxima pragmática que funda el nuevo pensamiento estadounidense. En su insólita habilidad lógico-matemática, Peirce se dejó llevar hasta elaborar al modo de Hegel, pero superándolo, una especie de ciencia de la lógica, una lógica de la lógica (de la lógica), etc. Un absurdo al que llaman álgebra, que ya Descartes descartó para fundar el sendero de la filosofía moderna. En esta magna pero errónea obra, Peirce nos legó, no obstante, lo que llaman semiótica, que viene a ser el funcionamiento socio-histórico de la lógica humana. Curiosamente, Peirce rescata la semiótica de ciertos autores portugueses de la Universidad de Coimbra de princpios del XVII. ¡Qué no hubiera podido aportar en esta línea Vives de haber podido regresar a España! Finalmente, pues, el error de Peirce es de concepción, paradójicamente contraria a su mayor aporte, la máxima pragmática. Su "metafísica científica", su teísmo, su "idealismo objetivo", la negación del infinito, la confusión de la verdad u "opinión final" con lo que Castoriadis llamaba peyorativamente "el acuerdo entre opiniones", el rechazo de la mutabilidad de la verdad -siquiera a lo largo de la vida de uno mismo-: todo esto son errores. Peirce no era darwiniano, era más bien positivista a lo Comte, a quien también superó, pero no venció, como sí hiciera afortunadamente su gran amigo William James. Poniéndose como homenaje paradójico de segundo nombre el español "Santiago", Peirce no dudó en descalificar duramente la degenerada vida española, y le fue fácil vencer a España en Cuba a los EEUU para empezar a erigirse en potencia mundial. Pero la victoria contra Alemania le costó mucho más, pagando el grave error del wilsonismo, tan teñido de superchería peirceana y de un idealismo a lo Royce, su discípulo californiano, mal entendido. No antes de la aparición del comunismo soviético, del fascismo y del nazismo, pudieron los EEUU derrotar a Alemania y a Japón. En Europa, luego, a partir de los años 70, Eco y Apel han dedicado parte de su obra al estudio de la semiótica y el pragmaticismo peirceanos. En Francia siempre se le conoció. En España, desde 1994, existe un Grupo de Estudios Peirceanos en la Universidad de Navarra.

La carrera de John Dewey fue diferente a la de Peirce, pues Dewey se movió siempre en las instituciones académicas, aunque bien es cierto que predicando el experimentalismo. Más allá de su larga y provechosa carrera, llena de libros, conferencias y actividades públicas varias, paso a detallar el gran error de la filosofía de Dewey, que es de fondo hegeliano. Es su pretensión de elaborar una "historia natural del pensamiento", esto es, la sempiterna pretensión de una "historia concebida" a lo Hegel, y no a lo Spinoza. Dewey se acerca en varias cosas al spinozismo (los principios de continuidad y transacción, y su relación triádica), pero el hegelianismo en el que se había formado puede más. Hace bien aceptando la mutabilidad de la verdad según la entiende James, lo cual no significa empero que cualquier cosa sea verdad, es decir, que por ejemplo la Urss fuera una democracia o un experimento democrático. Solo desde la tranquilidad doctoral de Columbia puede uno afirmar esto, incluso después de haber visitado la Urss y regresar con algunas dudas. Por suerte, a diferencia de tantos y tantos intelectuales europeos y de todo el mundo, Dewey rectificó, primero presidiendo en México DF el comité de defensa de Trotsky en 1937, y luego, de la mano de su discípulo neoyorquino, Sidney Hook, presidiendo el Comité por la Libertad Cultural, grupo anticomunista creado después de la 2ª Guerra Mundial que tomó su parte en la llamada, por el periodista Lippman, Guerra Fría contra la Urss. Como ya he dicho, Reagan, que se hizo Republicano después de haber apoyado a F.D. Roosevelt en la juventud de su vida, impuso la medalla de honor de los EEUU a Hook en 1985, y cuatro años más tarde caía el Muro de Berlín y tras él casi todo el bloque soviético. Lo que llevó al error a Dewey fue, al contrario de Peirce, su naturalismo darwinista, añadido, como he dicho, a su hegelianismo de fondo. La magna obra de Dewey se ve dañada por esto, por su excesivo optimismo digamos biológico, casi positivista, en una "humanidad" inexistente, y que no abandonará la tradición religiosa judeocristiana mientras sea civilizada. Más bien se trataría de hacer hueco en ella a las demás tradiciones religiosas, siempre en el sentido de la tolerancia occidental. Hoy en día este nuevo laicismo de cuño teleológico, cuando no teísta, sigue todavía su combate, confundiendo de nuevo las nociones de verdad y de justicia en medio del marasmo del posmodernismo. Dewey, pese a su progresismo, no apoyó a Wilson, tampoco al Partido Republicano de su padre, que había abandonado tiempo atrás; sí en cambio al Teddy Roosevelt del Partido del Alce Americano. Una cita del Dewey de "The public and its problems" -años 20- encabeza todavía mi libro "Idea trágica de la democracia". Digo todavía porque los problemas con Dewey, como hemos visto, no acaban aquí. Pero para salir con éxito de los mismos, no necesitamos elegir entre Peirce y Dewey, o James, etcétera. Los necesitamos a todos, y el primero será el que esté menos equivocado, si no puede ser que se trate del más acertado.

26/08/2009 12:26 Autor: procopio. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

Spinozismo

Algunas citas del "Spinoza" (Marbot) de Alain:

"Por ejemplo, si quiero el bien de mi vecino porque ha actuado de tal manera, porque ha sido bueno, mi vecino en cuanto hecho forma parte de la causa de mi acción, y en consecuencia mi alma padece. Pero si, al contrario, quiero el bien de mi vecino en función de leyes necesarias para cualquier sociedad, deducidas de la idea de Dios y de la naturaleza humana, la existencia de mi vecino no influye en nada en la formación de esta idea: mi alma actúa porque quiere en virtud de una idea necesaria, una idea independiente de todo acontecimiento, superior a todo acontecimiento, y de la que es además causa suficiente; nuestro vecino no puede hacer nada contra eso: podría incluso no existir y nosotros seguiríamos queriendo su bien".

"Y el único que puede llevarles [a los esclavos, al hombre pasional] a la libertad es el espíritu de Cristo, entendiendo por tal la idea divina del único conocimiento del que dependen la libertad y la felicidad del hombre". Escolio: la "idea divina" es una expresión que aquí Alain utiliza por "creencia". Pero es una verdadera creencia, por su objeto: el conocimiento de y en Dios. Esta es "la verdad del cristianismo". Los judíos fueron los que mejor definieron -mitológicamente- a Dios, pero no a la Verdad. La Verdad es una invención de la filosofía griega, completada y mejorada por Cristo, el Hijo de Dios. La verdad es el espíritu de este Dios de la libertad y de la felicidad. Esta es la "historia natural" de Spinoza: la religión spinozista, el spinozismo, la verdadera Religión.

"Creo saber qué es la ley de la existencia, y que no conoce excepciones en virtud de este inmenso juego de choques, de frotamientos y de una necesidad absolutamente exterior; un juego cuya imagen es el océano, el océano que no quiere nada y que no es más que polvo de ser en movimiento, deslizamiento y repliegue y vuelta y oscilación. Que no haya ningún propósito en ello ni ningún tipo de espíritu, es lo que quiero y lo mantengo. Esta indiferencia es la que lleva la nave y la idea de esta indiferencia es la que guía a los navegantes. Ahora bien, sostener que eso sea aún divino, es decir, que tenga valor, es demasiado. La idea cartesiana de la extensión resulta negada de ese modo; volvemos a mezclar la cosa y el espíritu. Una cosa que sabe dónde va, y que no por ello se comporta menos como una máquina, eso es restablecer el porvenir diseñado de antemano y el destino mahometano. (...) Por más grande que sea el Universo, solo me hostiga de acuerdo con mi pequeña dimensión. Lo divido y con ello lo poseo. Cuanto más nos aferramos a esta idea, que es de medida humana, más profundamente distintos aparecen los remolinos de Descartes a este inmenso pensamiento spinozista, que piensa las olas, junto con todo el resto, como un gran cristal de planos geométricos, donde la filosofía se encuentra encerrada y aplastada como una planta de herbario. Se trata de pensar de acuerdo con Dios. Pero primero es preciso pensar de acuerdo con el hombre".

"En esta austera filosofía se encuentra el centro de la esperanza y del coraje, y el verdadero fundamento del amor a uno mismo".

"El orden existe de un modo terrible; y el pensamiento más audaz no puede cambiarlo, de acuerdo con el célebre dicho, más que obedeciéndolo. Se comprende pues que la posición firme e inestable del reformador (¡empezar siempre de nuevo!) define la política radical tal como la entiendo, es decir, tal como es."

"Del mismo modo, cuando digo que determino la experiencia política según las ideas no quiero decir que las ideas cambien la experiencia, sino por el contrario que las ideas muestran la experiencia tal como es".

"En general las religiones existentes ofrecen ayuda contra la melancolía e incluso contra los razonamientos falsos. Corresponde a cada cual probar estos remedios con la ayuda de personas experimentadas. Pero primero debe considerarse en las religiones otra cosa que las bellas leyendas, y pedirles lo bello en el presente. Citaré, entre todos los medios, el más poderoso, la oración, la comunión; porque nuestras acciones y nuestras actitudes cambian mucho, necesariamente, el curso de los humores y de los espíritus animales; es preciso evitar poner más pensamientos que estos en la práctica religiosa. Existe, pues, otro medio alternativo al entendimiento para evitar la desdicha. Pero la Ética tan solo trata de la sabiduría que se sigue del entendimiento".

18/07/2009 14:43 Autor: procopio. Enlace permanente. Hay 2 comentarios.

"Pau Gasol, 24 puntos, 10 rebotes..."

Esto es lo que estaba leyendo Ramón Trecet en Radio Marca cuando al gran periodista deportivo y musical se le quebró la voz y no pudo continuar. Y es que estaba leyendo las estadísticas en un partido de la NBA del jugador de baloncesto Pau Gasol, pero no de cualquier partido, sino de uno de la serie final por el título, el famoso Anillo de la NBA que finalmente, en el quinto partido, el jugador de Sant Boi logró con Los Angeles Lakers (4-1) contra Orlando Magic.

Este curso deportivo ha sido pródigo en fechas deportivas señaladas, aunque sin alcanzar la gloria de la Eurocopa pasada, que ganó la selección española de fútbol. En cambio, en cuestión de clubs, hemos podido por fin ver ganar al Barça una Copa de Europa sin ninguna duda, y frente a un grande como el Manchester United. Me dirán que el pase contra el Chelsea en Londres fue discutible: vieron otro partido al que yo vi. El gol de Iniesta fue justo y apoteósico. Se fijaron en el árbitro, vaya por Dios. Por mi parte, hacía más de diez años que no celebraba un gol del Barça así, como celebré el de Iniesta. Y no creo que celebre uno igual en muchos años -celebré efusivamente los dos de la final de Roma, pero no es lo mismo. Va también por Guardiola, al que hace más de diez años vi hacer un gesto impropio y que desgraciadamente para todos de política no es que no sepa mucho, es que no sabe nada. Pero él ha sido quien ha culminado esta temporada gloriosa para su club, haciendo realidad el sueño de Cruyff -aunque no completamente para aquellos que seguimos hasta el fin a aquel Barça revolucionario; pero esta es otra historia.

En cualquier caso, el acontecimiento deportivo del curso ha sido sin duda para mí el anillo de la NBA de Pau Gasol con los Lakers. El año pasado escribí un post titulado "Maravillosa noche en el Garden", y así lo sentí, aunque perdieran los Lakers, que yo prefiero a los Celtics. Este año por primera vez hemos podido sentir más cerca que nunca lo que significa ganar un anillo de la NBA. Yo a Pau Gasol no le reprocho esencialmente nada desde que ganó el Mundobasket´06 de Japón: quiero decir en cuanto a títulos, porque para empezar toda su carrera, desde que se fue a EEUU, y aun antes, no ha dejado de admirarme. Y es que yo soy uno de esos niños cuyo sueño americano empezaba por la NBA. En el curso 87-88, si no en el 86-87, organizamos en la escuela una especie de All-Star: yo era "Sleepy" Floyd, de Golden State Warriors, de Oakland, San Francisco, la ciudad grande más cercana al lugar de donde era mi hermano americano, que hoy vive en Sacramento, y porque aunque el número 1 era y será por siempre "Magic" Johnson, "Sleepy" Floyd se parecía más a mí en lo de "Sleepy" y aquel año o el anterior había sido All-Star con un equipo menor, batiendo el récord de puntos en un cuarto de un partido de "play-offs", precisamente contra los Lakers, que todavía conserva. D. A. era Michael Jordan; J. B. era Dominique Wilkins. No sé si J. M. se pintó la camiseta de los Knikcs de Pat Ewing, ni qué jugador eligió J. C., o los otros. Pero, en fin, jugamos a una especie de Concurso de Triples, y no recuerdo si a uno de Mates en las canastas de minibasket. Tampoco si hicimos un partido al estilo Este-Oeste. Pero pasamos un buen rato. Me gustaría saber quién en España o en Europa entonces organizaba algo así en su escuela, en los dos últimos cursos de EGB. No estaba loco, no estábamos locos. Junio de 2009: Pau Gasol, de un pueblo relativamente cercano al mío, seis años menor -debían de cursar 2º de EGB por aquel entonces este tipo y compañía-, pivot de Los Angeles Lakers, 24 puntos, 10 rebotes en la victoria de su equipo (3-1) contra Orlando Magic en la final de la NBA, que ganaron el pasado domingo 14.

Aparte de jugar en el equipo de la escuela, yo me subía muchas tardes a la terraza del immueble donde vivía, en la que mi madre tendía la ropa y había unas cisternas con agua. Con una pelota pequeña pinchada de plástico, a veces con una de tenis, y un bote de detergente recortado como canasta, me pasaba horas jugando yo solo a baloncesto en aquella terraza, sin botar, en la que los hilos de tender marcaban la línea de los tiros de tres puntos. Me montaba una liga de varios equipos, regular y con eliminatorias finales a siete partidos, y jugaba conmigo mismo y contra mí mismo, los dos equipos a la vez, imaginariamente. La liga era, por supuesto, la NBA. Los equipos, de aquel entonces, Lakers, Celtics, pero también Supersonics, o 76ers, o Bullets, o Rockets, o Pistons, o Golden State Warriors. Me gustaban los partidos con muchos puntos, 129-116, por ejemplo, de modo que me tiraba horas, muchas tardes, como he dicho. Hay por ahí alguna foto que me hizo mi hermano americano o quién sabe quién ni realmente cuándo. Se pueden imaginar entonces que...., en fin, que yo también me quedo mudo. Debo decir, por cierto, que yo aprendía mucho jugando de aquella manera al baloncesto. Lo digo por aquellos que en seguida quieren agua caliente en las duchas, unas zapatillas Nike y un brillante parquet para lucirse, porque si no, ellos no juegan. A veces pienso qué es lo que pensaba entonces, cómo decidía los partidos -que, naturalmente, retransmitía en voz baja lo más dramáticamente posible. ¿Siempre ganaba mi equipo preferido? ¿Me enfadaba conmigo mismo cuando, jugando yo solo, perdía mi equipo favorito? Ahora me parece increíble, pero debía de ser así. Hace unos meses, aquí en Elche, en una pista al aire libre que hay en un parque de palmeras cercano a mi casa, probé de imitar aquello y hasta que mi vergüenza adulta aguantó, sí, me di más o menos cuenta de que sí, debía de ser así: una especie de justa espontaneidad, de control de las emociones sin menoscabo del deseo subjetivo parcial, por un lado, y de la cuasi objetividad de la eficacia técnica, por otro.

Diría que esto es el deporte, "fuente de ennoblecimiento del espíritu", como dijo Reagan, locutor deportivo en su juventud. En fin, que ahora se acerca el verano y lo hace con una música que, aunque siempre seré un "warrior" mal que me pese a mí mismo, "it sounds like Lakers spirit, and I like it".

21/06/2009 00:58 Autor: procopio. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

Lincoln, convicciones y dudas

Acabo de leer la excelente biografía de Lincoln que el historiador y periodista César Vidal escribió en el año 2000 para la editorial Planeta y que esta editorial ha vuelto a editar ahora. Lincoln es verdaderamente un personaje irrepetible, un político inteligentísimo que, más de lo que pudiera imaginarse, cambió la historia occidental del modo en que Nietzsche mismo -que no lo menciona- pregonaría luego de sí mismo. La biografía escrita por Vidal, única en nuestro idioma, bien vale, pues, la pena. Detallada pero amena, Vidal acierta, a mi juicio, en casi todas sus tesis, y es también una obra inteligente no exenta de algún punto discutible. Documentada sin pedanterías de "rigor mortis", la obra se introduce con una breve historia de la fundación de los Estados Unidos, y luego abarca toda la vida privada y pública de Lincoln desde su nacimiento en Kentucky en 1809 hasta su asesinato en Washington D.C. en 1865, pasando por su larga experiencia vital, profesional y política en Illinois.

A diferencia de mí, lincolniano hasta la muerte, Lincoln fue un "whig" toda su vida. Siempre votó "whig", entre otras cosas porque siempre se votó a sí mismo. Claro que desde 1856 votó y lideró al Partido Republicano, formado por "whigs", "free-labourists" y "free-soilers" en 1854. Lincoln fue diputado en la Legislatura de Illinois por primera vez a los 25 años, y lo fue sucesivamente durante los 10 años siguientes. Luego fue congresista en Washington, si no digo mal, y optó a senador, fracasando por dos veces. Finalmente, fue elegido candidato a la Presidencia de los Estados Unidos para las elecciones de 1860, y venció. Fue reelegido en 1864, el único presidente elegido para dos mandatos desde Andrew Jackson.

El partido "whig" había sido fundado por J.Q. Adams, el hijo del vicepresidente Adams, después de la presidencia de Monroe. Los "whig" eran los herederos del partido Federal de Washington, Adams y Hamilton, en contraposición del partido Demócrata, heredero del partido Republicano-Democrático de Jefferson y Madison, fundado precisamente en tiempos de Andrew Jackson.

Yo a los 25 años voté al Psoe, además en todas las elecciones -locales´99, autonómicas´99, generales´00 y europeas´99. No fue la primera vez -lo había hecho en las autonómicas del 95-, pero sí la última. Antes también había votado a los Verdes, con 18 años, la primera vez, voto que de algún modo repetí, también por última vez, en las locales de 2003, con 29 años. Todos estos votos podrían considerarse, en términos estadounidenses, "demócratas", si no fuera porque la mayoría de ellos, si no todos, lo fueron no tanto a favor del Psoe como contra los nacionalistas catalanistas. Quizá el único voto en positivo fue el de las generales del 2000, por aquello de un Psoe diferente que, en efecto, no fue tal, provocando pues la fundación, en la que estuve muy implicado desde antes del 2006, de ese partido entre "free-soiler" y "free-labourist" que es Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía y, solo luego, la escisión del Psoe que es Upyd, y que de algún modo tendrá que obligar al Psoe mismo a refundarse a largo plazo, tal como ocurrió en Estados Unidos con el Partido Demócrata después de la Presidencia de Lincoln.

Por mi parte, ya en las generales del 2004, con 30 años, voté en las listas del Senado al Partido Popular, voto que repetí parcialmente en las generales del 2008. A partir de hoy, en las europeas del 2009, con 35 años, diez años más tarde que Lincoln -pero él fue abogado y diputado, y yo un mero filósofo, en contextos muy diferentes-, he votado al PP con el propósito de hacerlo siempre -o para no ponernos profetas, casi siempre- en el porvenir. Sin embargo, se puede decir que un servidor, a los 25 años, como Lincoln, ya era "whig", pues no otro estilo tiene mi tesina académica (Spinoza, Stuart Mill), y a los 30, republicano, tal como ya expliqué a propósito de mi tesis doctoral. Claro que un "whig" o republicano -incluso radical- no es lo mismo en Estados Unidos que en Europa. Salvada esta diferencia, la comparación no resulta odiosa.

Más allá de estas minucias personales que seguramente solo son de interés para mí, la biografía de Lincoln escrita por César Vidal me ha planteado algunas cuestiones de debate. En primer lugar, las relaciones del "whig" Lincoln con los llamados republicanos radicales, precisamente esos ex-demócratas "free-soilers" y "free-labourists" que en su día presentaron al ex Presidente Van Buren como candidato a la Presidencia, antes de que algunos de ellos se unieran a los "whigs" para fundar el Partido Republicano, liderado por Lincoln. Esto hace de Lincoln, pese al énfasis que pone Vidal en las tensas relaciones de Lincoln con los radicales, un "whig" muy heterodoxo, un radical en sus convicciones, un republicano en su liderazgo -por ejemplo, formando ese Partido de la Unión Nacional con demócratas para su reelección-, y, ya en su juventud, alguien muy moderado en su liberalismo económico, aunque, eso sí, siempre liberalismo del tipo conservador.

Esto último le ha valido a Lincoln un libro indigno publicado insólitamente por la editorial Unión Editorial, cuyo catalógo dirige el afamado y respetable economista Huerta de Soto. En efecto, Lincoln en su juventud era casi socialista, y en el cargo de Presidente siempre optó por cierto proteccionismo económico. Como abogado, fue defensor, eso sí, de una gran empresa, el Ferrocarril Central de Illinois. Pero, desde luego, no era Reagan. Lo cual no deja de suscitarme una enorme curiosidad, porque de algún modo considero que, incluso por encima de F. D. Roosevelt, Reagan, que hasta los 40 años votó demócrata, seguramente muy influido por el populismo rooseveltiano, es algo así como el Lincoln del siglo XX. Solo que, claro está, gracias a Dios, y en parte a Lincoln, el mundo de finales del siglo XX no es el mismo que el de mediados del siglo XIX.

Finalmente, está la cuestión siempre candente de qué hubiese sucedido si Lincoln no hubiese sido asesinado. Vidal pone el énfasis en la chapucera y a menudo corrupta y resentida Reconstrucción que algunos radicales y algunos "carpetbaggers" propiciaron en el Sur derrotado. Esto es, a grandes rasgos, simplemente cierto. Pero, ¿quiere esto decir que Lincoln jamás hubiese enviado tropas federales, por ejemplo cuando Misisipi, Estado que ya no existe, y Texas, se negaron a ratificar la 13ª enmienda, no digo la 14ª, digo la 13ª? ¿Qué hubiese propuesto Lincoln cuando los demás Estados sureños promulgaron sus "códigos negros"? No quiero ser temerario, pero no es imposible que Lincoln hubiera enviado tropas federales e incluso hubiera impuesto algún gobierno militar en algún Estado. Digo en alguno, no en todos, tal como hicieron por su lado los susodichos cuando Lincoln yacía bajo tierra y el pobre Johnson era vetado por el Congreso. Simplemente quiero recordar, para finalizar, que a pesar de que ya desde la Reconstrucción y sobre todo posteriormente con F. D. Roosevelt los demócratas se fueron ganando a los negros, no fue sino Eisenhower el primero, antes que Kennedy, en mandar tropas federales al Sur para poner definitivamente fin a la segregación, es decir, a la esclavitud.

07/06/2009 22:48 Autor: procopio. Enlace permanente. Hay 2 comentarios.

Aun tengo una maleta en Berlín

Por fin he puesto pie en Alemania y he pasado cinco días en Berlín. Reagan, en su famoso discurso de 1987 en el que pedía a Gorbachov que tirara abajo el muro, que abriera la puerta de Brandenburgo ante la que estaba hablando, cita a un escritor alemán: "Aun tengo una maleta en Berlín". Es muy lastimoso que Reagan no aparezca no ya en las fotografías sino ni siquiera mencionado en los textos de la instalación que va de esquina a esquina en una de las aceras próxima al célebre Checkpoint-Charlie. "Poor, but sexy", dijo el alcalde de Berlín de su ciudad, hace poco, cuando no logró las Olimpiadas del 2000 pero a cambio fue la ciudad que albergó la final del Mundial de fútbol del 2006, famosa por el digno cabezazo de Zidane a un enérgumeno que no vale la pena mencionar. Pobre, pero sexy: Berlín. "Small cafe, the piano plays, it was very nice...", cantaba Lou Reed. En efecto. Pero, además, ¿estúpida? ¿Tanto como para no mencionar siquiera al gran Ronald Reagan en la encrucijada monumental del Checkpoint-Charlie?

El problema de Berlín es el problema de Alemania, que es uno de los problemas de Europa. Ortega estuvo aquí en 1947, en la universidad de la que fuera rector Hegel allá en 1830, dando un discurso sobre Europa, como cinco siglos antes Andrés Laguna estuviera en Colonia hablando de la "Europa que se autodestruye", en tiempos del cisma del luteranismo. "Meditación de Europa", el discurso de Ortega, no dice gran cosa, pero una cosa deja clara repetidamente: "Precisamente en Berlín se tiene que hablar de Europa". Dicho sea de paso, el término "precisamente", tan orteguiano, fue utilizado varias veces por Obama en su discurso en la avenida del 17 de junio del pasado mes de julio en Berlín. Ahora me he enterado de que el 17 de junio de 1953 es la fecha del primer levantamiento popular contra el dominio soviético en la Alemania oriental. Si no una democracia, por aquellas fechas España firmaba sus pactos de colaboración con los EEUU. No sé si la elección de Obama tanto del lugar como del adverbio, fueron conscientemente explícitas. Quizá solo es que en el Tiergarten es donde más gente cabe, y el adverbio orteguiano ya sea un tópico en Berlín.

El problema de Alemania. Quien más sabe de esto es Nietzsche. Pues bien, aproveché un día para acercarme hasta Röcken, la aldea natal de Nietzsche, donde está enterrado junto a su hermana y su madre, a unos 25 kilómetros al sur de Leipzig, bonita y célebre ciudad situada a su vez a una hora al sur de Berlín en tren de alta velocidad. Todas las peroratas nietzscheanas sobre la cultura, la moral, la civilización, que cuando se es joven uno cree que están referidas a toda la humanidad son en realidad peroratas la mayoría de veces específicamente referidas a la cultura alemana, a la cultura no solo de Alemania, sino de la Gran Germania, y también a la del Este europeo, incluyendo en esto incluso a Rusia. Cuando en 1871 se funda Alemania como tal, tras su victoria militar sobre Francia, el hegelianismo se hace realidad no ya como una filosofía de Estado sino como una religiosofía -alemana, luterana-, que es en realidad lo que ya era, superando el kantismo; haciéndole retroceder un paso pero, eso sí, concretándolo hacia delante en otros muchos. Y quien dice Hegel dice también Marx. Aun hoy en el hall de la Universidad Humboldt de Berlín está inscrito el famoso lema de Marx: "Hasta ahora la filosofía se ha dedicado a interpretar el mundo, es hora de transformarlo". Contra Hegel y de algún modo también contra Kant, y no digamos contra Marx, está Schopenhauer, y la invención de Schopenhauer -al modo en que Sancho Panza se inventó a don Quijote, según Kafka-, que es Nietzsche. Curiosamente, apenas ha habido nietzscheanismo en Alemania en el siglo XX. Lo de Heidegger, con el respeto debido, no lo es. Es un hegelianismo tardío, que va más allá, como el marxismo, incluso de la religión cristiana. Va al nacional-socialismo alemán, ni más ni menos. Al totalitarismo. Cosa muy poco nietzscheana, en verdad. El problema de Alemania, el problema de Europa. Después, la escuela de Frankfurt, la hermenéutica gadameriana: rectificación de errores -como volver a interpretar el mundo, o refundar la socialdemocracia aceptando el liberalismo económico-, que no obstante no logran salir del círculo kantiano-goethiano de la típica cultura alemana que se permite, por ejemplo, considerar a Ronald Reagan como un político de extrema-derecha (idealistas alemanes como Eugenio Trías lo han manifestado así aquí en España).

Solo el nietzcheanismo ha intentado esto y, repito, no deja de ser extraño que durante la segunda mitad del siglo XX apenas haya habido nietzscheanos en Alemania, pues ni siquiera Sloterdijk puede considerarse como tal; aunque es cierto que el nietzscheanismo, también arrancado de su manipulación nazi, está un poco ya en todas partes en Alemania (y esto es lo que los americanos saben apreciar en Alemania, mejorando a Ortega), el nietzscheanismo es mucho más evidente en Francia, como por ejemplo en Foucault y Deleuze, tan gaullistas por otra parte. Aun hoy, no sé, quizá el Onfray del "cristianismo hedonista" o algunas cosas de la "nueva derecha" puedan considerarse prolongaciones de esto.

En fin, el nietzscheanismo, me atreveré a decir, consiste en entender -esa mezcla de reir, llorar y detestar- el mundo, y, más bien, en crearlo. La Gran Política. Sin "historia concebida". Hoy en Berlín, capital de la Europa continental, de esa Europa que es el cabo de Asia, hoy ya en vías de americanización también, esta política es, según me parece, una realidad destartaladamente manifiesta, y sobre todo un desafío muy real.

Paseando en una tarde por la judería, que es el primer lugar que visité en Berlín, encontré un pequeño café-museo dedicado a los Ramones, el grupo punk-rock de NYC. Cantaban los Ramones en la última canción de su último álbum.

"Sometimes I feel like screaming
Sometimes I feel I just can’t win
Sometimes I feelin’ my soul is as restless as the wind
Maybe I was born to die in Berlin",

Hasta que llegue el día, aun tendré una maleta en Berlín.

18/04/2009 12:53 Autor: procopio. Enlace permanente. Hay 2 comentarios.

Sobre el liberalismo en España, hoy

Cuando yo iba a la Facultad de Derecho de la UPF (2ª promoción, con nota de entrada de 7 y una nota media mía de toda la Licenciatura de 6,3), sita los dos primeros años en la calle Balmes con Rosellón o Provenza, no recuerdo, apenas había en la biblioteca revistas de estudios jurídicos, políticos y económicos de corte liberal.

Me refiero a revistas españolas. Lo más liberal eran algunos artículos de progresistas a lo Stuart Mill, que es en lo que yo me convertí entonces, tras una adolescencia más bien tirando a libertaria. Por ejemplo, en la revista "Leviathan", patrocinada por socialistas no marxistas, se seguía a Bobbio, a Nino, a Habermas, a Rawls ya con más problemas, y se defendía lo que hoy se conoce académicamente como "republicanismo", y políticamente como "republicanismo cívico", y que yo, conociéndome el percal, llamo "republicanismo cínico". Entre otras cosas, porque si de una doctrina política se trata que va más allá del por fin superado republicanismo-como-forma-de-Estado español, el republicanismo es una opción conservadora, tal como se entiende en EEUU.

Aceptando, sin embargo, el dato de que España es una monarquía parlamentaria, podría entenderse esta doctrina republicana como típica de una izquierda jeffersoniana; pero he aquí por qué lo llamo cínico, porque ni el valor de la libertad ni siquiera el de la igualdad han sido fiablemente instituidos, cuando lo ha pretendido, por esta doctrina académica.

Entonces, a principios de los 90, había una urgencia tanto de aquellos que necesitaban reconvertirse desde el comunismo como de aquellos que habían visto también caer con el reaganismo y la crisis de los 70 la socialdemocracia keynesiana de cuello duro. "Cínico" suele ser hoy en día este republicanismo porque a la hora de la práctica política real es solo un ornamento retórico para políticas que tienen que ver más con la reacción posmoderna o la izquierda culturalista, si seguimos la definición de Rorty.

Antes de llamarse Republicano, el partido de Lincoln se llamó, en el interregno, en efecto, "whig", que puede traducirse tanto por progresista como, sobre todo, en el sentido americano, por liberal. Liberal en oposición precisamente a republicano, en los términos del debate académico actual.

En fin, a principios de los 90, en la Facultad de Derecho de la UPF, en cuanto a revistas españolas de doctrina política de cierto nivel, lo que había eran revistas del Psoe, como "Sistema", o la ya citada "Leviathan", y poco más, salvo los primeros tiempos de "Claves de razón práctica", una revista del grupo Prisa pero más heterodoxa y de alcance más filosófico, más explícitamente centrada o casi centrista, desde una óptica ilustrada o liberal en un muy amplio sentido. En "Claves" precisamente ha tenido lugar en España este debate académico entre "republicanismo" y "liberalismo" (para entendernos, entre lo demócrata y lo republicano, o lo socialista y lo progresista, o lo progresista o conservador, según desde qué perspectiva se hable), finalmente decantado en su línea editorial, como cabía prever, por el primero del par de términos.

Yo no recuerdo casi nada más. Revistas puramente jurídicas. Alguna revista extranjera. Una buena biblioteca de autores clásicos, entre ellos, por supuesto, liberales (¡Stuart Mill era el santo patrón del Departamento de Filosofía del Derecho de los Casamiglia (hijo) y cia.!). Algunas revistas del estilo de "Mientras tanto", o sea, verde-comunistas. Quizá "Revista de Occidente", orteguiana. Más adelante "Archipiélago" apareció por ahí, cuando la Facultad ya se había trasladado a la Estación de Francia y luego al Campus de la Ciudadela. Pero no más.

En cambio, hoy en día la situación para lo que en términos académicos recibe el nombre de "liberalismo" es muy distinta. Bien es cierto que yo empecé en la Facultad de Derecho en septiembre de 1992 y el PP -o el mismo periódico El Mundo- no habían cumplido siquiera un lustro de existencia. Cuando digo hoy en día, me refiero a después del año 2000. El primer número de la revista de Faes, fundación patrocinada por el PP, es de 2003. La travesía, para la derecha, más allá de todos los antecedentes y figuras solitarias, ha sido muy larga, como se ve, desde aproximadamente los años 20. De Hayek fue alumno el sociólogo Salvador Giner -profesor mío en una asignatura libre de la carrera-, pero Giner es un republicano perfectamente cínico. De modo que hasta princpios del siglo XXI, hasta inicios de su primera década, el liberalismo no ha tenido sus revistas -y ahora, sus portales de internet-, ni apenas sus fundaciones en marcha, en España. Cuando yo empecé en la UPF el sindicato de estudiantes mayoritario era el conglomerado típico de nacionalistas y socialistas; hoy, en la UPF, al menos en la Facultad de Derecho, si no me equivoco, es el de los liberal-demócratas.

Ahora tenemos estas referencias:

-www.fundacionfaes.es: sus "Cuadernos". Faes también tiene una editorial, "Gota a Gota", que ha editado recientemente a Friedman, entre varios otros. Compite con el Real Instituto Elcano por ser el primer "think tank" español según la lista de los 100 más influyentes o prestigiosos del mundo recientemente publicada.

-www.unioneditorial.net: han editado a Hayek, Von Mises, etc. Liberalismo económico. Al parecer con el político, del estilo de Lincoln, tienen algún problema (se trata de un libro escrito por un jesuita que por muy neoliberal americano que se precie, jesuita se queda: es lo típico de insistir en aquello de la monarquía universal católica ahora de la mano del expediente del liberalismo económico -o yo diría más bien, académico puro-; a pesar de la complicidad evidente entre Reagan, Thatcher y Juan Pablo II, o el mismo hecho de que Kennedy fuera el primer católico en convertirse en presidente, esto, la "monarchia universalis", no era desde luego su propósito). Esta editorial, nacida en 1973, pero realmente al alza desde no hace muchos años, publica una revista, llamada "Cuadernos de pensamiento liberal": no tiene mala pinta y supongo que estará en las bibliotecas universitarias.

-www.libroslibres.com: es una editorial de fecha reciente, que vende "best-sellers" de los Vidal, Moa y compañía en quioscos y supermercados. También tiene alguna rareza en su catálogo, que incluye asimismo el manual abreviado de aprendizaje del idioma inglés que el profesor Richard Vaughan y otros profesores utilizan todos los días en AprendeinglésTV, vinculada al grupo Unedisa, editor del periódico "El Mundo".

-www.libertaddigital.com: portal de noticias y opinión (aquí publican artículos miembros dél "think tank" Grupo de Estudios Estratégicos), además de TV. Data del año 2000. Su liberalismo político, que más bien parece democristiano -o, mejor dicho, al estilo del viejo Mayor Oreja, "demócrata popular"- es tan desesperado como su reducción al catolicismo de todo el judeocristianismo o incluso del mismo liberalismo. Pienso a veces que les sentaría bien realizar un repaso crítico a la tradición católica española ("el liberalismo es pecado"), precisamente desde una perspectiva liberal, no ya política -tolerancia, pluralismo religioso, incluso, por qué no, masonería-, sino meramente económica. Si tan interesados están. Por esta vía se asoma a veces la revista "La Ilustración liberal", dirigida por Jiménez Losantos, cuando trae artículos de fondo. Libertad Digital TV tiene un buen programa de ciencia y uno excelente de historia, presentado por César Vidal, que según tengo entendido, es protestante.

-wwww.liberalismo.org: portal de cariz liberal-conservador, sostenido por jóvenes en general bien formados, y menos desesperados que sus mayores. Recoge artículos de estudio, opinión, semblanzas, etc. Enlaza con otros blogs, especialmente tiene uno derivado, que data del año 2004: www.redliberal.com. /p>

-www.institutojuandemariana.org: también es de fecha reciente y es una fundación patrocinada por profesores de economía y políticas públicas de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, fundada en el año 1996. Entre estos profesores, destaca el economista Huerta de Soto.

-www.juventudesliberales.org: este grupo defiende un liberalismo de cariz más progresista, y está vinculado de algún modo al Partido Radical italiano de Marco Pannella. En España hay una especie de sucursal de este partido, en internet: www.radical.es ("red liberal, laica y libertaria"). También están vinculados a la Internacional Liberal-demócrata. Enlazan tanto con www.redliberal.com como con su competidora www.redprogresista.com. Al parecer han decidido disolverse para entrar en UPyD, aunque también apoyan a Ciudadanos.

Lo que ya existía más o menos desde 1967 es el Club Liberal Español (entonces Club 1980, bajo la órbita de Madariaga: la tercera España), hoy presidido por Rabassa, heredero asimismo de los grupos liberales-demócratas de la transición, de la órbita de UCD, como el de los Garrigues Walker, luego del CDS o del Partido Reformista. Y heredero asimismo del Partido Liberal, en el que empezó Aguirre, luego coaligado con Alianza Popular hasta fundar el PP con su gaviota liberal. En AP se incluyó aun antes la Unión liberal (como el partido de O´Donnell), del hermano mayor de los Schwartz, que había estudiado en la LSE, y Rodríguez Braun, que escribían -y aun escriben- en La Vanguardia.

En 1999, en la Facultad de Humanidades de la UPF, sita en el Campus de la Ciudadela, leí mi tesina "Ensayo sobre el sentido común". Trágico y atomista -materialista- en lo filosófico, era un trabajo que en lo político se deslizaba del republicanismo al liberalismo, usando los términos del debate académico actual, si bien de cariz progresista. Como esto no son más que etiquetas que, como ha quedado claro antes, dependen en su significado del momento, lugar y par al que se oponen, no sabría muy bien definir lo que escribí después, la tesis doctoral que leí en 2003 en la Facultad de Filosofía de la UAB. Se podría decir que di dos pasos atrás para saltar tres adelante. ¿Republicanismo radical, quizá? Quizá sí, el tipo de republicanismo consecuente que me permite ser plenamente liberal, ahora progresista, ahora conservador.

29/03/2009 21:38 Autor: procopio. Enlace permanente. Hay 5 comentarios.

Un presidente anticonstitucional y antieconómico

Se suceden las semanas y los meses y el disparate va creciendo. El PP ha recuperado en buena lid el gobierno de Galicia y se dispone a apoyar al Psoe vasco para lograr una alternancia política en una situación anómala, con terrorismo incluido, una vez que no ha prosperado la vía de Estella y la reedición de Galeusca iniciada en 1995. Aun así, ahí está toda la legislación nacionalista, excluyente, meramente anticonstitucional, a la que el Psoe, con Rodríguez Zapatero, y aun antes de forma más tibia con González, ha dado su aprobación. Donde sí ha prosperado completamente es en Cataluña, no solo la legislación, sino todo un Estatuto exclusivamente nacionalista, explícitamente extra-constitucional, con el apoyo del Psoe de ZP y apenas el rechazo inconsecuente de algunos socialistas, entre ellos, según se dice, del mismo González. Los Estatutos nuevos de Andalucía, Comunidad Valenciana y Aragón no son desde luego tampoco impecables, pero se pueden arreglar. ¿Qué hacer sin embargo con la vía emprendida en Cataluña, que por supuesto va a ser refrendada en lo político por esa conciencia del Estado separado del pueblo y aun de la Constitución del 78 que es el muy desprestigiado Tribunal Constitucional? Una nueva mayoría social y política podría establecer una nueva legislación electoral, y corregir constitucionalmente lo que afecta a la Constitución. Incluyo en esto la política linguística, educativa y cultural, es decir, la política, del gobierno de Cataluña, que tiene una nueva ley básica sin haber pasado por una alternativa real de gobierno. Una política rechazada por la Unión Europea. Pero en este caso ni lo que diga Bruselas parece ser suficiente para revertir esta situación. De modo que el caso gravísimo del Estatuto de Cataluña, en forma y en contenido, seguiría en el aire, como responsabilidad última del Psoe de ZP y sus ministros.

Pero esta segunda legislatura del Psoe de Rodríguez Zapatero ha venido a añadir una segunda falta de gravedad extrema. Mientras hubo continuidad con la política económica del anterior gobierno del PP de Aznar, el paro llegó a bajar del 11% al 8% y se superó o al menos igualó en PIB a Italia (otra cosa es lo que ya venía indicando el dato del poder adquisitivo real). Rodríguez Zapatero soltaba entonces las sandeces que ahora suelta en otra dirección, pero parecía que íbamos a ser los nuevos EEUU, pero de los tiempos de la Confederación, eso sí. Se podría elaborar un álbum con las declaraciones ministeriales sobre lo que iba a pasar y lo que estaba pasando realmente. El paro ha subido en poco más de un año 10 puntos, muy por encima de la media occidental mundial, y estamos al borde de una deflación: es decir, no es que la producción esté hinchada (y por tanto se requiera una expansión de la demanda), es que no hay producción (lo que significa que el requerimiento va dirigido al ahorro y a la inversión). La política económica del Psoe, con Solbes a la cabeza, consistió en no hacer nada en el sistema productivo; ninguna reforma de base. Es más, aumentaron las trabas al comercio y a la libertad, salvo a los bancos, eso sí, que aun aguantan gracias a medidas tomadas anteriormente por el PP. La demagogia ideológica, el relato de política-ficción de los gobiernos de Rodríguez Zapatero han chocado finalmente con lo que no admite manipulación, porque es el principio de toda posibilidad, incluida la de manipular, sea en el sentido que sea. La economía. Han acabado mal que bien cosas que vienen del PP, como lo del Ave, y por lo demás han repartido el dinero tontamente, sin mínimos análisis de rentabilidad, en una especie de apocalipsis supuestamente de gozo y de fortuna que ha puesto nuevamente en serio entredicho nuestro porvenir. Ni tan solo las reformas de tipo social -en especial me refiero a la educación- se han hecho con el tan cacareado consenso y con vistas a un progreso común real.

Un presidente anticonstitucional y antieconómico. Lo contrario que Lincoln. Lo contrario que FD Roosevelt. Lo contrario, juntamente, que Reagan, el más grande presidente norteamericano del muy conflictivo siglo XX, quien es por supuesto el que tiene la culpa de todo, después de McKinley y la guerra de Cuba.

Lo mío con este gobierno antieconómico y anticonstitucional no es una cuestión personal, aunque también. No he ido a la Unam de México ni he publicado con letras mayúsculas en "Archipiélago". El acoso profesional que sufrimos algunos, no lo debo mencionar otra vez. Pero esto a quién le importa. Solo que forma parte de la pérdida absoluta de libertad, de oportunidades, de una mínima honradez y seriedad profesional en la vida pública española. La pérdida de la esperanza y la fe en otras personas, ahora que se hablará tanto de esto. Faltos de realismo, hemos perdido los ideales auténticos de la democracia.

20/03/2009 13:00 Autor: procopio. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

Palabra de Lincoln

He estado leyendo estas tardes algunos de los discursos políticos que el diario "El Mundo" puso a la venta el pasado año. No pude conseguir los de Cánovas, Azaña, Clemenceau o Kennedy, como me hubiese gustado. Pero la cosecha fue provechosa. Empecé por Lincoln, que desde siempre ha sido mi referente político último y principal. Continué con Pericles y su afamada "Oración fúnebre", de la que el "Discurso de Gettysburg" no deja de ser una lejana pero más lograda continuación, aunque Lincoln fuera republicano y Pericles demócrata en sus respectivas democracias. He leido los discursos de Gil-Robles durante la República española, que pueden servir para entender algunas cosas y conocer el papel del centro-derecha, o mejor dicho en este caso, de la Derecha clásica española, en aquel paréntesis mayormente extravagante dentro del gran paréntesis dictatorial que va desde 1923 hasta 1976. También he leido el enorme discurso de F. D. Roosevelt en la famosa inauguración del "new deal", repleto de llamadas al esfuerzo, a la disciplina, y aun al sacrificio, esas cosas que la Izquierda clásica española no entiende o desprecia. Después, Churchill, y De Gaulle. Finalmente Suárez, al que tengo, mejorando la estela de Argüelles, por el mejor político español desde el principio de nuestra democracia en 1812.

Reagan merece un aparte pues, junto a F. D. Roosevelt, forma la pareja de presidentes más importante de los EEUU del siglo XX: mientras éste gobernó durante 12 años en circunstancias excepcionales y en su primera reelección solo perdió en los Estados de Maine y Vermont (Estado natal de John Dewey que ha sido gobernado en los últimos tiempos por Howard Dean, el mayor bastión demócrata en la reciente elección de Obama con resultados inversamente proporcionales a Oklahoma, aquel Estado de las uvas de la ira de los años 30, hoy bastión republicano), Reagan ganó en su reelección en todos los Estados salvo en Minnesotta, Estado natal de su adversario demócrata en aquella campaña y que luego ha llegado a estar gobernado por el Partido Reformista de Ross Perot de la mano de Jesse Ventura. Es cierto, por otra parte, que Kennedy no pudo presentarse a ninguna reelección, pero dada su apretadísima primera elección contra Nixon, no deja de ser dudoso que pudiera haber arrasado en su supuesta reelección de 1964 como lo hicieron F. D. Roosevelt en 1936 y más aún Ronald Reagan en 1984. Sin embargo, aunque no los he mencionado, los éxitos y los fracasos del siglo XX americano no se pueden entender sin sus dos presidentes más relevantes de los inicios de la centuria, Theodore Roosevelt y Woodrow Wilson, y sin, por así decirlo, el engarce de su centuria, que es Dwigth Eisenhower.

Quería dedicar todo el comentario a glosar las figuras de estos grandes políticos a través de sus frases más acertadas según el sentido y contexto de sus discursos. Pero aun estoy con Mandela y me queda Clinton, de modo que de momento solo me referiré a Abraham Lincoln.

Dicen que Lincoln era conocido como "el gorila". La prensa demócrata, que cerró parcialmente durante la Guerra Civil, en concreto la de Chicago, lo tachaba de patán e imbécil. Era autodidacta, de una familia de segunda fila, rural, desplazada a Illinois procedente de Virginia, Kentucky e Indiana. Sin embargo, contrajo matrimonio con una señora de buena familia en Illinois, y allí hizo carrera, como abogado y parlamentario. Se cuenta una anécdota de cuando su mujer, enamorada, quiso casarse con él. En la calle, encontrándose de frente mientras caminaba con alguien que le preguntó por el suceso, Lincoln contestó: "Estoy muy sorprendido".

La prosa de Lincoln, si es que él, como dicen, escribía sus discursos, es anti-retórica. Es sobre todo una prosa que dice lo que piensa profundamente y sobre todo piensa lo que dice: es una prosa pensante, que se detiene en meandros y en minucias, de la enormidad que luego Chesterton nos hizo entender. No es una prosa bella por estética, es una prosa compleja pero inteligente e inteligible, con poco que se haga el esfuerzo de entender la raíz de lo que plantea. Así pasa con sus discursos previos a su elección como Presidente. Es una prosa que procede por principios y por preguntas, esto es: los principios de los EEUU, sus valores superiores, que no son, como pretendía el entonces "The New York World", los recogidos en los artículos de la Confederación previos a la Constitución de 1787, sino su Declaración de Independencia. Y las preguntas: sentado el propósito original de la nación americana, ¿son la política de los Estados y del Gobierno Federal y las decisiones del Tribunal Supremo acordes con este propósito? No es solo una pregunta retórica. Lincoln pone ejemplos concretos -el último, el caso Nebraska-, e imagina lo que se puede esperar de estos ejemplos. Lincoln debate, aunque con la firmeza de su elemental convicción. Contrapone estos ejemplos con el propósito de la Declaración de Independencia. Tiende la mano con sinceridad calculada. En esto sigue al pie de la letra el mandato de Vauvenargues: la honestidad radica en la claridad. Sabe que la guerra es una opción, e incluso la busca, por reducción al absurdo. Quiero decir que su propósito no es pacificador ni conciliador en primer término, y aun así, en la inauguración de su discurso, vuelve a tender la mano, cuando ya el fuego había sido encendido. La guerra estalla. Lincoln no la rehuye, está preparado, tanto para la guera, como para el después de la guerra. Lo principal del caso son las medidas, bajo capa de un soberanismo confederal que rechaza en nombre de la Constitución, en la práctica esclavistas, contrarias por lo demás al propósito inicial de la Declaración. El Reino Unido había abolido la esclavitud en 1808. Lo último, no obstante, es la unidad nacional, el país, por encima incluso del anti-esclavismo. Pero resulta que según el propósito original de la democracia americana lo uno no se da sin lo otro.

Sin su victoria en la contienda civil, muy posiblemente los Estados Unidos de América tal como los conocemos hoy, y el mundo que conocemos hoy, no existirían. Por eso Lincoln, aunque solo gobernó durante cuatro años y en guerra -fue reelegido, en los estertores de la guerra, que como se ve no puso fin a la libertad de elegir, pero en seguida asesinado-, es el presidente más importante de la historia americana, con el permiso de George Washington y de los Padres Fundadores. Pues él es el refundador de la nación, bajo el amparo de Dios, concebida en Libertad.

¿Cuáles hubiesen sido las consecuencias de su derrota? La esclavitud no solo se permitía en los Estados sureños sino que se estaba expandiendo por otros nuevos Estados. Una Confederación así solo tenía dos salidas: o convertirse de nuevo en colonia -en colonias- más o menos autónomas del Imperio Británico, como Canadá y Australia, o en convertirse en países más avanzados pero tan frágiles como los actuales países del Cono Sur del continente americano, sin descartar la opción de algún tipo de dictadura. En el primer caso, puede imaginarse que la democratización imperante en el Reino Unido hubiese acabado por introducirse en la Confederación, pero ni era el caso entonces, sino todo lo contrario, ni esto hubiese sido suficiente para hacer frente a lo que se estaba cociendo en el centro del continente europeo de la mano del nacionalismo expansionista alemán. Del segundo caso, entonces, para qué hablar. La Armada Invencible de Felipe II no pudo invadir Inglattera, y Napoleón ni siquiera se atrevió, pero, ¿quién hubiese parado de cualquier modo a Hitler sin la ayuda de los EEUU? Digo Hitler porque precisamente la doctrina Wilson, el primer presidente demócrata sureño elegido casi cincuenta años después de la muerte de Lincoln, fracasó estrepitosamente en Europa con su política de apaciguamiento, de "ni vencedores ni vencidos", y de buena voluntad con el nacionalismo germánico a través de una Sociedad de Naciones ilusa y, para dentro de las democracias ya existentes, confederalizante. Entre los puntos que hace enorme el discurso posterior de F. D. Roosevelt, presidente demócrata, está el haber tomado muy buena nota de este fracaso. Y lo que hace aguas en Kennedy y en los demócratas posteriores, hasta Obama, es su insistencia en un cierto neowilsonismo. Esto es lo que sabía Reagan, quien estuvo al menos dos veces en Berlín para expresar algo más que buenas palabras a los alemanes y, por supuesto, también a los rusos y vecinos, quienes en la estela del nacionalismo germánico inverso de Marx, gozaban de la patente del totalitarismo que aun hoy se comercializa, aunque ya al por menor. He dicho "hasta Obama", pues cabe la esperanza, como se ha dicho en la prensa, de que pueda resultar un Reagan de centro-izquierda.

Todo esto tiene, por supuesto, una moraleja para el caso español. El contradictorio caso español. Un Pi y Margall defendiendo la abolición de la esclavitud pero al mismo tiempo una confederalización al estilo norteamericano que es precisamente lo que sale definitivamente derrotado en la legislatura de Lincoln. Un republicanismo -como forma de Estado, no como ideario político al estilo del partido norteamericano de Lincoln- confederalizante, esto es, que alienta privilegios hereditarios o no se atreve a historizar su lejano rechazo moderno en sus territorios (me refiero básicamente a Cataluña, y en otra medida al llamado País Vasco). Por otro lado, un Cánovas que refunda el partido moderado en un gran Partido Conservador por medio de una unión liberal al estilo de Lincoln, pero que no entiende en toda su profundidad la abolición de la esclavitud que firma en 1886 ni el sufragio universal que firma en 1890, pues también firma la confesionalidad no ya judeocristiana sino exclusivamente católica del Estado, que por tanto ve reducida e ineducada su libertad de expresión en sus mismas instituciones, y el mantenimiento de unas colonias ya periclitadas, y definitivamente perdidas en una guerra contra precisamente los EEUU. Cierto es, sin embargo, y triste, que el derrotero posterior de la Izquierda española no solo no corrigiera su contradicción sino que la acentuara tanto con nacionalismos de cuño germánico como con el socialismo soviético. La Derecha española pagó la prueba de la República española, y hasta del "Cirujano de hierro" militar, cuando ya había aceptado el principio regionalista en tiempos de Dato, tarde y mal, para luego cobrarse el precio total por medios de todos conocidos, hasta el encuentro y el acuerdo básico de 1978 de la mano de Suárez -de familia "republicana"- y el Rey.

Pero vuelvo a Lincoln. Veamos qué es aquello que decía Lincoln y que tanto escandalizaba a buena parte de la sociedad norteamericana de aquellos días.

En la Convención de su partido, antes de las elecciones: "Esta necesidad no se dejó de lado y se estipuló (...) en la notable argumentación de la `soberanía de los residentes de un territorio´ y en el `sagrado derecho al autogobierno´ en el que aquélla se formula y, aunque exprese la única base legítima de todo gobierno, estaba tan pervertida en esta aplicación particular que venía a decir que, `si un hombre optaba por esclavizar a otro, un tercero no tenía derecho a oponerse´. Este argumento fue incorporado en el proyecto de ley de Nebraska de la forma que sigue: `La intención y el significado de esta ley no es legislar la esclavitud en ningún territorio o estado, ni excluirla de ellos, sino dejar que su población sea perfectamente libre para formar y regular sus instituciones propias a su modo, estando sujeta solo a la Constitución de Estados Unidos". Nótese por qué un siglo más tarde Reagan dirá que "creemos en los Estados". Pero en lo que no se cree es en la perversión de su fundamento y de su funcionamiento. ¿No suena todo esto del proyecto de ley de Nebraska, por otra parte, tanto tiempo después, tristemente, al "derecho a decidir de los vascos", a "la soberanía de la nación catalana", etc., etc.? La comparación no puede ser exacta, pero se le parece demasiado.

Veamos el discurso de inauguración de su primera presidencia, que empieza con un "Ciudadanos de los Estados Unidos". Dice Abraham Lincoln: "A mi juicio, la ley universal de la Constitución supone que la Unión de los estados ha de ser perpetua, por más que no se exprese esta palabra en la ley fundamental de todos los gobiernos nacionales". No deja de ser curiosa y hasta por un momento inquietante la expresión "de todos los gobiernos nacionales". No parece referirse, sin duda, con "gobiernos nacionales" a los Estados de la Unión -aunque aun esta interpretación haría plausible la llamada a la perpetuidad de la Unión-. Lo que en esta frase de Lincoln hay es la sempiterna tensión entre la ciudadanía nacional y su, por democrática, fundamentación universal, por así decir, propia del régimen democrático desde la Grecia del siglo V a. C. También hay, por tanto, una cierta idea del universalismo que los mismos Estados Unidos que pregona Lincoln asumen. Por eso, no deja de ser mucho menos "imperialista", si es que podemos utilizar esta palabra con algo menos que una frívola inocencia, esta ley universal, fundamental, de todos los gobiernos nacionales, pregonada por Lincoln, que el derecho de autodeterminación de los pueblos pregonado, aun en el mejor de los casos para el colonialismo anterior a la 2ª Guerra Mundial, años después por Wilson.

Continúa Lincoln: "Una mayoría sujeta a las limitaciones constitucionales y que cambie fácilmente conforme a los cambios de la opinión popular es el verdadero soberano de un pueblo libre; el que la deseche cae en la anarquía; la unanimidad es imposible; rechazando el principio de la mayoría, solo queda ya el despotismo...".

Luego viene todo el argumentario contra la Secesión. Me gusta mucho, porque siguiendo a Spinoza más de una vez he utilizado la expresión "geométricamente hablando", el inicio de uno de estos párrafos del discurso, que reza: "Físicamente hablando, no podemos separarnos". Lincoln apela después a "este gran tribunal que se llama el pueblo americano". Lincoln señala que como Jefe de Gobierno hará valer la Constitución, pues este es el mandato que le ha otorgado el pueblo; que si el pueblo quiere, puede separar los Estados, pero nadie sería tan necio para no tener una confianza ciega en la justicia del pueblo, cuyo mandato viene expresado en y por la Constitución, el Gobierno y las elecciones. Habiendo necios, lo único que quedará después de esto, será, en efecto, la guerra.

En el segundo discurso de investidura Abraham Lincoln es breve y conciso. Salvada la Unión, mantenida y perfeccionada la unidad nacional, habla del "escándalo" del esclavismo en términos bíblicos y acaba diciendo: "Sin rencor hacia nadie, con caridad hacia todos, con firmeza en lo que es recto y justo, tal como Dios nos hace ver qué es justo y recto, esforcémonos en poner fin a lo que nos ocupa, en vendar las heridas de la nación, en cuidar de aquel que ha soportado la batalla y de su viuda y de sus huérfanos, en hacer todo cuanto permita alcanzar y mantener una paz justa y duradera entre nosotros y con todas las demás naciones".

Para que de este modo el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo, no desaparezca de la faz de la tierra.

15/02/2009 15:15 Autor: procopio. Enlace permanente. Hay 1 comentario.

¿Fin de "Archipiélago"?

Justo cuando me habían ofrecido colaborar con un texto extenso entre varias de las plumas más consagradas del país en un número dedicado a la situación política española actual, "Archipiélago" cierra, veinte años después de que el filósofo Agustín García Calvo auspiciase su creación. La socialdemocracia más ruin ha ganado la partida, aunque sembrando futuras derrotas de todo el país si no se le pone remedio. El director de El Mundo dirá lo que quiera sobre el buen trato de Zapatero a los medios de comunicación, pero no es la primera censura soterrada, o más que censura, eliminación, que padezco bajo su gobierno, cuando se iba a escribir contra su gobierno, o por lo menos a criticar a su gobierno.

Yo la llamaba “el búnker”, a la pequeña planta baja que servía de redacción a "Archipiélago", revista de crítica de la cultura, en el barrio de Gracia de Barcelona, solo una calle por debajo de la Vía Augusta y relativamente cercana a la plaza del Sol. Yo pillaba el metro hasta Lesseps y luego me acercaba andando. El apartado de correos estaba, no obstante, sito en Castelldefels, que es donde vivía Ana María González, la amable y gentil hacedora de la revista que últimamente dirigían, en Madrid, Isabel Escudero, partenaire de Agustín García Calvo, y Amador Fernández-Savater, hijo de Fernando Savater. Ahora la refundarán en una suerte de Multitudes hispánica, me temo, que es en lo que ya se iba convirtiendo irrelevantemente en los últimos años. Aquel número sobre el Plan Hidrológico bajo Aznar no recuerdo que fuera censurado, y sé de primera mano que se leyó hasta en Bruselas. Ahora no. No solo no habrá tal número sobre la política de Zapatero -número que perfectamente podría haber salido antes de las elecciones generales pasadas-, sino que de hecho ya no habrá "Archipiélago". No sé de qué marxismo echarán mano a partir de ahora para seguir haciéndole el juego progre a la socialdemocracia capitalista de Estado, y es que, con todo, no fue una cosa con la que Agustín García Calvo condescendiera nunca. Hasta criticó el matrimonio homosexual en plena epopeya zapateril. Pobre de mí, y yo de acuerdo con esta crítica a esa cultura.

Hablé una vez con el novelista José Antonio González, hermano de Ana María, cuando empecé a colaborar en "Archipiélago" y él era su director, el que le dio el empuje definitivo. Junto a Ana María, en el búnker, siempre estaba Dante Bernardi, italiano no menos amable y gentil. Cuando pasaba de vez en cuando por allí para pillar libros con el pretexto de reseñar alguno, o agenciarme algún número atrasado de la revista, y tal, siempre echábamos unas risas. Con ellos era fácil.

La primera vez que vi y escuché en persona a García Calvo fue a mediados de los 90 en un coloquio organizado por un grupo de alumnos de la Facultad de Física de la UB, que reunía a Agustín García Calvo, al físico Jorge Wagensberg y al antropólogo Manuel Delgado, y que trataba sobre la ciencia. Un amigo de estos estudiantes de física y seguidor de Agustín García Calvo era compañero mío en la Facultad de Derecho de la UPF. Me avisó de la charla y asistí. La charla fue muy divertida, instructiva a su modo y un punto extravagante, como todo lo de los agustinos. Luego escribí una cosilla sobre Ortega y Heidegger en su fanzine, y quizá fue mi primer texto filosófico periodístico. Recibió numerosas críticas, porque Heidegger estaba muy de moda entre los universitarios de todas las facultades, y yo me limitaba a despacharlo con arrogante ironía orteguiana. Resulta que aquel coloquio sobre ciencia entre García Calvo, Wagensberg y Delgado apareció en uno de los últimos números de la primera fase de "Archipiélago"; a partir de entonces la revista empezaría a publicarse con la regularidad de la que había carecido en sus inicios, y así la conocí, convertida ya en la revista útil de seguir y apoyar que ha sido hasta no hace mucho. En mi época de instituto había asistido en mi pueblo a una charla ecologista de Martínez Alier, colaborador de aquella primera fase. Luego fui yo, cuando estudiaba el master y el doctorado, el que estuve escribiendo en ella, básicamente reseñas y una vez un artículo más extenso sobre Castoriadis.

Hasta ahora, que han mandado explosionar y hundir el conjunto de islas. Pero, aviso para navegantes, en el fondo del mar no vamos a quedarnos. No.
06/01/2009 01:29 Autor: procopio. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.


Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/

Blog creado con Blogia. Derechos de autor con . Estadísticas. Suscribir RSS. Admin.
Blogia apoya: Fundación Josep Carreras, y Evento Blog España. Vota en los Premios Bitacoras.com [Blog Oficial en LaInformacion.com]