Bienvenidos a "procopio: café filosófico". Desde febrero de 2005, un sitio en internet donde encontrarás artículos, reseñas, entrevistas, glosas, manifiestos, noticias y comentarios sobre política, filosofía, periodismo, literatura, deportes, educación, música. La polémica está servida, y si te disgusta mi petulancia, avisado quedas de que me guía la divisa de Montaigne: "Yo soy mi física y mi metafísica". O esta otra, leída en una camiseta: "Liberté de parole. Freedom of speech. Libertad del discurso". "The Third Word War", añadía.

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procopio: café filosófico

"Pau Gasol, 24 puntos, 10 rebotes..."

Esto es lo que estaba leyendo Ramón Trecet en Radio Marca cuando al gran periodista deportivo y musical se le quebró la voz y no pudo continuar. Y es que estaba leyendo las estadísticas en un partido de la NBA del jugador de baloncesto Pau Gasol, pero no de cualquier partido, sino de uno de la serie final por el título, el famoso Anillo de la NBA que finalmente, en el quinto partido, el jugador de Sant Boi logró con Los Angeles Lakers (4-1) contra Orlando Magic.

Este curso deportivo ha sido pródigo en fechas deportivas señaladas, aunque sin alcanzar la gloria de la Eurocopa pasada, que ganó la selección española de fútbol. En cambio, en cuestión de clubs, hemos podido por fin ver ganar al Barça una Copa de Europa sin ninguna duda, y frente a un grande como el Manchester United. Me dirán que el pase contra el Chelsea en Londres fue discutible: vieron otro partido al que yo vi. El gol de Iniesta fue justo y apoteósico. Se fijaron en el árbitro, vaya por Dios. Por mi parte, hacía más de diez años que no celebraba un gol del Barça así, como celebré el de Iniesta. Y no creo que celebre uno igual en muchos años -celebré efusivamente los dos de la final de Roma, pero no es lo mismo. Va también por Guardiola, al que hace más de diez años vi hacer un gesto impropio y que desgraciadamente para todos de política no es que no sepa mucho, es que no sabe nada. Pero él ha sido quien ha culminado esta temporada gloriosa para su club, haciendo realidad el sueño de Cruyff -aunque no completamente para aquellos que seguimos hasta el fin a aquel Barça revolucionario; pero esta es otra historia.

En cualquier caso, el acontecimiento deportivo del curso ha sido sin duda para mí el anillo de la NBA de Pau Gasol con los Lakers. El año pasado escribí un post titulado "Maravillosa noche en el Garden", y así lo sentí, aunque perdieran los Lakers, que yo prefiero a los Celtics. Este año por primera vez hemos podido sentir más cerca que nunca lo que significa ganar un anillo de la NBA. Yo a Pau Gasol no le reprocho esencialmente nada desde que ganó el Mundobasket´06 de Japón: quiero decir en cuanto a títulos, porque para empezar toda su carrera, desde que se fue a EEUU, y aun antes, no ha dejado de admirarme. Y es que yo soy uno de esos niños cuyo sueño americano empezaba por la NBA. En el curso 87-88, si no en el 86-87, organizamos en la escuela una especie de All-Star: yo era "Sleepy" Floyd, de Golden State Warriors, de Oakland, San Francisco, la ciudad grande más cercana al lugar de donde era mi hermano americano, que hoy vive en Sacramento, y porque aunque el número 1 era y será por siempre "Magic" Johnson, "Sleepy" Floyd se parecía más a mí en lo de "Sleepy" y aquel año o el anterior había sido All-Star con un equipo menor, batiendo el récord de puntos en un cuarto de un partido de "play-offs", precisamente contra los Lakers, que todavía conserva. D. A. era Michael Jordan; J. B. era Dominique Wilkins. No sé si J. M. se pintó la camiseta de los Knikcs de Pat Ewing, ni qué jugador eligió J. C., o los otros. Pero, en fin, jugamos a una especie de Concurso de Triples, y no recuerdo si a uno de Mates en las canastas de minibasket. Tampoco si hicimos un partido al estilo Este-Oeste. Pero pasamos un buen rato. Me gustaría saber quién en España o en Europa entonces organizaba algo así en su escuela, en los dos últimos cursos de EGB. No estaba loco, no estábamos locos. Junio de 2009: Pau Gasol, de un pueblo relativamente cercano al mío, seis años menor -debían de cursar 2º de EGB por aquel entonces este tipo y compañía-, pivot de Los Angeles Lakers, 24 puntos, 10 rebotes en la victoria de su equipo (3-1) contra Orlando Magic en la final de la NBA, que ganaron el pasado domingo 14.

Aparte de jugar en el equipo de la escuela, yo me subía muchas tardes a la terraza del immueble donde vivía, en la que mi madre tendía la ropa y había unas cisternas con agua. Con una pelota pequeña pinchada de plástico, a veces con una de tenis, y un bote de detergente recortado como canasta, me pasaba horas jugando yo solo a baloncesto en aquella terraza, sin botar, en la que los hilos de tender marcaban la línea de los tiros de tres puntos. Me montaba una liga de varios equipos, regular y con eliminatorias finales a siete partidos, y jugaba conmigo mismo y contra mí mismo, los dos equipos a la vez, imaginariamente. La liga era, por supuesto, la NBA. Los equipos, de aquel entonces, Lakers, Celtics, pero también Supersonics, o 76ers, o Bullets, o Rockets, o Pistons, o Golden State Warriors. Me gustaban los partidos con muchos puntos, 129-116, por ejemplo, de modo que me tiraba horas, muchas tardes, como he dicho. Hay por ahí alguna foto que me hizo mi hermano americano o quién sabe quién ni realmente cuándo. Se pueden imaginar entonces que...., en fin, que yo también me quedo mudo. Debo decir, por cierto, que yo aprendía mucho jugando de aquella manera al baloncesto. Lo digo por aquellos que en seguida quieren agua caliente en las duchas, unas zapatillas Nike y un brillante parquet para lucirse, porque si no, ellos no juegan. A veces pienso qué es lo que pensaba entonces, cómo decidía los partidos -que, naturalmente, retransmitía en voz baja lo más dramáticamente posible. ¿Siempre ganaba mi equipo preferido? ¿Me enfadaba conmigo mismo cuando, jugando yo solo, perdía mi equipo favorito? Ahora me parece increíble, pero debía de ser así. Hace unos meses, aquí en Elche, en una pista al aire libre que hay en un parque de palmeras cercano a mi casa, probé de imitar aquello y hasta que mi vergüenza adulta aguantó, sí, me di más o menos cuenta de que sí, debía de ser así: una especie de justa espontaneidad, de control de las emociones sin menoscabo del deseo subjetivo parcial, por un lado, y de la cuasi objetividad de la eficacia técnica, por otro.

Diría que esto es el deporte, "fuente de ennoblecimiento del espíritu", como dijo Reagan, locutor deportivo en su juventud. En fin, que ahora se acerca el verano y lo hace con una música que, aunque siempre seré un "warrior" mal que me pese a mí mismo, "it sounds like Lakers spirit, and I like it".

21/06/2009 00:58 Autor: procopio. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

Lincoln, convicciones y dudas

Acabo de leer la excelente biografía de Lincoln que el historiador y periodista César Vidal escribió en el año 2000 para la editorial Planeta y que esta editorial ha vuelto a editar ahora. Lincoln es verdaderamente un personaje irrepetible, un político inteligentísimo que, más de lo que pudiera imaginarse, cambió la historia occidental del modo en que Nietzsche mismo -que no lo menciona- pregonaría luego de sí mismo. La biografía escrita por Vidal, única en nuestro idioma, bien vale, pues, la pena. Detallada pero amena, Vidal acierta, a mi juicio, en casi todas sus tesis, y es también una obra inteligente no exenta de algún punto discutible. Documentada sin pedanterías de "rigor mortis", la obra se introduce con una breve historia de la fundación de los Estados Unidos, y luego abarca toda la vida privada y pública de Lincoln desde su nacimiento en Kentucky en 1809 hasta su asesinato en Washington D.C. en 1865, pasando por su larga experiencia vital, profesional y política en Illinois.

A diferencia de mí, lincolniano hasta la muerte, Lincoln fue un "whig" toda su vida. Siempre votó "whig", entre otras cosas porque siempre se votó a sí mismo. Claro que desde 1856 votó y lideró al Partido Republicano, formado por "whigs", "free-labourists" y "free-soilers" en 1854. Lincoln fue diputado en la Legislatura de Illinois por primera vez a los 25 años, y lo fue sucesivamente durante los 10 años siguientes. Luego fue congresista en Washington, si no digo mal, y optó a senador, fracasando por dos veces. Finalmente, fue elegido candidato a la Presidencia de los Estados Unidos para las elecciones de 1860, y venció. Fue reelegido en 1864, el único presidente elegido para dos mandatos desde Andrew Jackson.

El partido "whig" había sido fundado por J.Q. Adams, el hijo del vicepresidente Adams, después de la presidencia de Monroe. Los "whig" eran los herederos del partido Federal de Washington, Adams y Hamilton, en contraposición del partido Demócrata, heredero del partido Republicano-Democrático de Jefferson y Madison, fundado precisamente en tiempos de Andrew Jackson.

Yo a los 25 años voté al Psoe, además en todas las elecciones -locales´99, autonómicas´99, generales´00 y europeas´99. No fue la primera vez -lo había hecho en las autonómicas del 95-, pero sí la última. Antes también había votado a los Verdes, con 18 años, la primera vez, voto que de algún modo repetí, también por última vez, en las locales de 2003, con 29 años. Todos estos votos podrían considerarse, en términos estadounidenses, "demócratas", si no fuera porque la mayoría de ellos, si no todos, lo fueron no tanto a favor del Psoe como contra los nacionalistas catalanistas. Quizá el único voto en positivo fue el de las generales del 2000, por aquello de un Psoe diferente que, en efecto, no fue tal, provocando pues la fundación, en la que estuve muy implicado desde antes del 2006, de ese partido entre "free-soiler" y "free-labourist" que es Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía y, solo luego, la escisión del Psoe que es Upyd, y que de algún modo tendrá que obligar al Psoe mismo a refundarse a largo plazo, tal como ocurrió en Estados Unidos con el Partido Demócrata después de la Presidencia de Lincoln.

Por mi parte, ya en las generales del 2004, con 30 años, voté en las listas del Senado al Partido Popular, voto que repetí parcialmente en las generales del 2008. A partir de hoy, en las europeas del 2009, con 35 años, diez años más tarde que Lincoln -pero él fue abogado y diputado, y yo un mero filósofo, en contextos muy diferentes-, he votado al PP con el propósito de hacerlo siempre -o para no ponernos profetas, casi siempre- en el porvenir. Sin embargo, se puede decir que un servidor, a los 25 años, como Lincoln, ya era "whig", pues no otro estilo tiene mi tesina académica (Spinoza, Stuart Mill), y a los 30, republicano, tal como ya expliqué a propósito de mi tesis doctoral. Claro que un "whig" o republicano -incluso radical- no es lo mismo en Estados Unidos que en Europa. Salvada esta diferencia, la comparación no resulta odiosa.

Más allá de estas minucias personales que seguramente solo son de interés para mí, la biografía de Lincoln escrita por César Vidal me ha planteado algunas cuestiones de debate. En primer lugar, las relaciones del "whig" Lincoln con los llamados republicanos radicales, precisamente esos ex-demócratas "free-soilers" y "free-labourists" que en su día presentaron al ex Presidente Van Buren como candidato a la Presidencia, antes de que algunos de ellos se unieran a los "whigs" para fundar el Partido Republicano, liderado por Lincoln. Esto hace de Lincoln, pese al énfasis que pone Vidal en las tensas relaciones de Lincoln con los radicales, un "whig" muy heterodoxo, un radical en sus convicciones, un republicano en su liderazgo -por ejemplo, formando ese Partido de la Unión Nacional con demócratas para su reelección-, y, ya en su juventud, alguien muy moderado en su liberalismo económico, aunque, eso sí, siempre liberalismo del tipo conservador.

Esto último le ha valido a Lincoln un libro indigno publicado insólitamente por la editorial Unión Editorial, cuyo catalógo dirige el afamado y respetable economista Huerta de Soto. En efecto, Lincoln en su juventud era casi socialista, y en el cargo de Presidente siempre optó por cierto proteccionismo económico. Como abogado, fue defensor, eso sí, de una gran empresa, el Ferrocarril Central de Illinois. Pero, desde luego, no era Reagan. Lo cual no deja de suscitarme una enorme curiosidad, porque de algún modo considero que, incluso por encima de F. D. Roosevelt, Reagan, que hasta los 40 años votó demócrata, seguramente muy influido por el populismo rooseveltiano, es algo así como el Lincoln del siglo XX. Solo que, claro está, gracias a Dios, y en parte a Lincoln, el mundo de finales del siglo XX no es el mismo que el de mediados del siglo XIX.

Finalmente, está la cuestión siempre candente de qué hubiese sucedido si Lincoln no hubiese sido asesinado. Vidal pone el énfasis en la chapucera y a menudo corrupta y resentida Reconstrucción que algunos radicales y algunos "carpetbaggers" propiciaron en el Sur derrotado. Esto es, a grandes rasgos, simplemente cierto. Pero, ¿quiere esto decir que Lincoln jamás hubiese enviado tropas federales, por ejemplo cuando Misisipi, Estado que ya no existe, y Texas, se negaron a ratificar la 13ª enmienda, no digo la 14ª, digo la 13ª? ¿Qué hubiese propuesto Lincoln cuando los demás Estados sureños promulgaron sus "códigos negros"? No quiero ser temerario, pero no es imposible que Lincoln hubiera enviado tropas federales e incluso hubiera impuesto algún gobierno militar en algún Estado. Digo en alguno, no en todos, tal como hicieron por su lado los susodichos cuando Lincoln yacía bajo tierra y el pobre Johnson era vetado por el Congreso. Simplemente quiero recordar, para finalizar, que a pesar de que ya desde la Reconstrucción y sobre todo posteriormente con F. D. Roosevelt los demócratas se fueron ganando a los negros, no fue sino Eisenhower el primero, antes que Kennedy, en mandar tropas federales al Sur para poner definitivamente fin a la segregación, es decir, a la esclavitud.

07/06/2009 22:48 Autor: procopio. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

Aun tengo una maleta en Berlín

Por fin he puesto pie en Alemania y he pasado cinco días en Berlín. Reagan, en su famoso discurso de 1987 en el que pedía a Gorbachov que tirara abajo el muro, que abriera la puerta de Brandenburgo ante la que estaba hablando, cita a un escritor alemán: "Aun tengo una maleta en Berlín". Es muy lastimoso que Reagan no aparezca no ya en las fotografías sino ni siquiera mencionado en los textos de la instalación que va de esquina a esquina en una de las aceras próxima al célebre Checkpoint-Charlie. "Poor, but sexy", dijo el alcalde de Berlín de su ciudad, hace poco, cuando no logró las Olimpiadas del 2000 pero a cambio fue la ciudad que albergó la final del Mundial de fútbol del 2006, famosa por el digno cabezazo de Zidane a un enérgumeno que no vale la pena mencionar. Pobre, pero sexy: Berlín. "Small cafe, the piano plays, it was very nice...", cantaba Lou Reed. En efecto. Pero, además, ¿estúpida? ¿Tanto como para no mencionar siquiera al gran Ronald Reagan en la encrucijada monumental del Checkpoint-Charlie?

El problema de Berlín es el problema de Alemania, que es uno de los problemas de Europa. Ortega estuvo aquí en 1947, en la universidad de la que fuera rector Hegel allá en 1830, dando un discurso sobre Europa, como cinco siglos antes Andrés Laguna estuviera en Colonia hablando de la "Europa que se autodestruye", en tiempos del cisma del luteranismo. "Meditación de Europa", el discurso de Ortega, no dice gran cosa, pero una cosa deja clara repetidamente: "Precisamente en Berlín se tiene que hablar de Europa". Dicho sea de paso, el término "precisamente", tan orteguiano, fue utilizado varias veces por Obama en su discurso en la avenida del 17 de junio del pasado mes de julio en Berlín. Ahora me he enterado de que el 17 de junio de 1953 es la fecha del primer levantamiento popular contra el dominio soviético en la Alemania oriental. Si no una democracia, por aquellas fechas España firmaba sus pactos de colaboración con los EEUU. No sé si la elección de Obama tanto del lugar como del adverbio, fueron conscientemente explícitas. Quizá solo es que en el Tiergarten es donde más gente cabe, y el adverbio orteguiano ya sea un tópico en Berlín.

El problema de Alemania. Quien más sabe de esto es Nietzsche. Pues bien, aproveché un día para acercarme hasta Röcken, la aldea natal de Nietzsche, donde está enterrado junto a su hermana y su madre, a unos 25 kilómetros al sur de Leipzig, bonita y célebre ciudad situada a su vez a una hora al sur de Berlín en tren de alta velocidad. Todas las peroratas nietzscheanas sobre la cultura, la moral, la civilización, que cuando se es joven uno cree que están referidas a toda la humanidad son en realidad peroratas la mayoría de veces específicamente referidas a la cultura alemana, a la cultura no solo de Alemania, sino de la Gran Germania, y también a la del Este europeo, incluyendo en esto incluso a Rusia. Cuando en 1871 se funda Alemania como tal, tras su victoria militar sobre Francia, el hegelianismo se hace realidad no ya como una filosofía de Estado sino como una religiosofía -alemana, luterana-, que es en realidad lo que ya era, superando el kantismo; haciéndole retroceder un paso pero, eso sí, concretándolo hacia delante en otros muchos. Y quien dice Hegel dice también Marx. Aun hoy en el hall de la Universidad Humboldt de Berlín está inscrito el famoso lema de Marx: "Hasta ahora la filosofía se ha dedicado a interpretar el mundo, es hora de transformarlo". Contra Hegel y de algún modo también contra Kant, y no digamos contra Marx, está Schopenhauer, y la invención de Schopenhauer -al modo en que Sancho Panza se inventó a don Quijote, según Kafka-, que es Nietzsche. Curiosamente, apenas ha habido nietzscheanismo en Alemania en el siglo XX. Lo de Heidegger, con el respeto debido, no lo es. Es un hegelianismo tardío, que va más allá, como el marxismo, incluso de la religión cristiana. Va al nacional-socialismo alemán, ni más ni menos. Al totalitarismo. Cosa muy poco nietzscheana, en verdad. El problema de Alemania, el problema de Europa. Después, la escuela de Frankfurt, la hermenéutica gadameriana: rectificación de errores -como volver a interpretar el mundo, o refundar la socialdemocracia aceptando el liberalismo económico-, que no obstante no logran salir del círculo kantiano-goethiano de la típica cultura alemana que se permite, por ejemplo, considerar a Ronald Reagan como un político de extrema-derecha (idealistas alemanes como Eugenio Trías lo han manifestado así aquí en España).

Solo el nietzcheanismo ha intentado esto y, repito, no deja de ser extraño que durante la segunda mitad del siglo XX apenas haya habido nietzscheanos en Alemania, pues ni siquiera Sloterdijk puede considerarse como tal; aunque es cierto que el nietzscheanismo, también arrancado de su manipulación nazi, está un poco ya en todas partes en Alemania (y esto es lo que los americanos saben apreciar en Alemania, mejorando a Ortega), el nietzscheanismo es mucho más evidente en Francia, como por ejemplo en Foucault y Deleuze, tan gaullistas por otra parte. Aun hoy, no sé, quizá el Onfray del "cristianismo hedonista" o algunas cosas de la "nueva derecha" puedan considerarse prolongaciones de esto.

En fin, el nietzscheanismo, me atreveré a decir, consiste en entender -esa mezcla de reir, llorar y detestar- el mundo, y, más bien, en crearlo. La Gran Política. Sin "historia concebida". Hoy en Berlín, capital de la Europa continental, de esa Europa que es el cabo de Asia, hoy ya en vías de americanización también, esta política es, según me parece, una realidad destartaladamente manifiesta, y sobre todo un desafío muy real.

Paseando en una tarde por la judería, que es el primer lugar que visité en Berlín, encontré un pequeño café-museo dedicado a los Ramones, el grupo punk-rock de NYC. Cantaban los Ramones en la última canción de su último álbum.

"Sometimes I feel like screaming
Sometimes I feel I just can’t win
Sometimes I feelin’ my soul is as restless as the wind
Maybe I was born to die in Berlin",

Hasta que llegue el día, aun tendré una maleta en Berlín.

18/04/2009 12:53 Autor: procopio. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

Sobre el liberalismo en España, hoy

Cuando yo iba a la Facultad de Derecho de la UPF (2ª promoción, con nota de entrada de 7 y una nota media mía de toda la Licenciatura de 6,3), sita los dos primeros años en la calle Balmes con Rosellón o Provenza, no recuerdo, apenas había en la biblioteca revistas de estudios jurídicos, políticos y económicos de corte liberal.

Me refiero a revistas españolas. Lo más liberal eran algunos artículos de progresistas a lo Stuart Mill, que es en lo que yo me convertí entonces, tras una adolescencia más bien tirando a libertaria. Por ejemplo, en la revista "Leviathan", patrocinada por socialistas no marxistas, se seguía a Bobbio, a Nino, a Habermas, a Rawls ya con más problemas, y se defendía lo que hoy se conoce académicamente como "republicanismo", y políticamente como "republicanismo cívico", y que yo, conociéndome el percal, llamo "republicanismo cínico". Entre otras cosas, porque si de una doctrina política se trata que va más allá del por fin superado republicanismo-como-forma-de-Estado español, el republicanismo es una opción conservadora, tal como se entiende en EEUU.

Aceptando, sin embargo, el dato de que España es una monarquía parlamentaria, podría entenderse esta doctrina republicana como típica de una izquierda jeffersoniana; pero he aquí por qué lo llamo cínico, porque ni el valor de la libertad ni siquiera el de la igualdad han sido fiablemente instituidos, cuando lo ha pretendido, por esta doctrina académica.

Entonces, a principios de los 90, había una urgencia tanto de aquellos que necesitaban reconvertirse desde el comunismo como de aquellos que habían visto también caer con el reaganismo y la crisis de los 70 la socialdemocracia keynesiana de cuello duro. "Cínico" suele ser hoy en día este republicanismo porque a la hora de la práctica política real es solo un ornamento retórico para políticas que tienen que ver más con la reacción posmoderna o la izquierda culturalista, si seguimos la definición de Rorty.

Antes de llamarse Republicano, el partido de Lincoln se llamó, en el interregno, en efecto, "whig", que puede traducirse tanto por progresista como, sobre todo, en el sentido americano, por liberal. Liberal en oposición precisamente a republicano, en los términos del debate académico actual.

En fin, a principios de los 90, en la Facultad de Derecho de la UPF, en cuanto a revistas españolas de doctrina política de cierto nivel, lo que había eran revistas del Psoe, como "Sistema", o la ya citada "Leviathan", y poco más, salvo los primeros tiempos de "Claves de razón práctica", una revista del grupo Prisa pero más heterodoxa y de alcance más filosófico, más explícitamente centrada o casi centrista, desde una óptica ilustrada o liberal en un muy amplio sentido. En "Claves" precisamente ha tenido lugar en España este debate académico entre "republicanismo" y "liberalismo" (para entendernos, entre lo demócrata y lo republicano, o lo socialista y lo progresista, o lo progresista o conservador, según desde qué perspectiva se hable), finalmente decantado en su línea editorial, como cabía prever, por el primero del par de términos.

Yo no recuerdo casi nada más. Revistas puramente jurídicas. Alguna revista extranjera. Una buena biblioteca de autores clásicos, entre ellos, por supuesto, liberales (¡Stuart Mill era el santo patrón del Departamento de Filosofía del Derecho de los Casamiglia (hijo) y cia.!). Algunas revistas del estilo de "Mientras tanto", o sea, verde-comunistas. Quizá "Revista de Occidente", orteguiana. Más adelante "Archipiélago" apareció por ahí, cuando la Facultad ya se había trasladado a la Estación de Francia y luego al Campus de la Ciudadela. Pero no más.

En cambio, hoy en día la situación para lo que en términos académicos recibe el nombre de "liberalismo" es muy distinta. Bien es cierto que yo empecé en la Facultad de Derecho en septiembre de 1992 y el PP -o el mismo periódico El Mundo- no habían cumplido siquiera un lustro de existencia. Cuando digo hoy en día, me refiero a después del año 2000. El primer número de la revista de Faes, fundación patrocinada por el PP, es de 2003. La travesía, para la derecha, más allá de todos los antecedentes y figuras solitarias, ha sido muy larga, como se ve, desde aproximadamente los años 20. De Hayek fue alumno el sociólogo Salvador Giner -profesor mío en una asignatura libre de la carrera-, pero Giner es un republicano perfectamente cínico. De modo que hasta princpios del siglo XXI, hasta inicios de su primera década, el liberalismo no ha tenido sus revistas -y ahora, sus portales de internet-, ni apenas sus fundaciones en marcha, en España. Cuando yo empecé en la UPF el sindicato de estudiantes mayoritario era el conglomerado típico de nacionalistas y socialistas; hoy, en la UPF, al menos en la Facultad de Derecho, si no me equivoco, es el de los liberal-demócratas.

Ahora tenemos estas referencias:

-www.fundacionfaes.es: sus "Cuadernos". Faes también tiene una editorial, "Gota a Gota", que ha editado recientemente a Friedman, entre varios otros. Compite con el Real Instituto Elcano por ser el primer "think tank" español según la lista de los 100 más influyentes o prestigiosos del mundo recientemente publicada.

-www.unioneditorial.net: han editado a Hayek, Von Mises, etc. Liberalismo económico. Al parecer con el político, del estilo de Lincoln, tienen algún problema (se trata de un libro escrito por un jesuita que por muy neoliberal americano que se precie, jesuita se queda: es lo típico de insistir en aquello de la monarquía universal católica ahora de la mano del expediente del liberalismo económico -o yo diría más bien, académico puro-; a pesar de la complicidad evidente entre Reagan, Thatcher y Juan Pablo II, o el mismo hecho de que Kennedy fuera el primer católico en convertirse en presidente, esto, la "monarchia universalis", no era desde luego su propósito). Esta editorial, nacida en 1973, pero realmente al alza desde no hace muchos años, publica una revista, llamada "Cuadernos de pensamiento liberal": no tiene mala pinta y supongo que estará en las bibliotecas universitarias.

-www.libroslibres.com: es una editorial de fecha reciente, que vende "best-sellers" de los Vidal, Moa y compañía en quioscos y supermercados. También tiene alguna rareza en su catálogo, que incluye asimismo el manual abreviado de aprendizaje del idioma inglés que el profesor Richard Vaughan y otros profesores utilizan todos los días en AprendeinglésTV, vinculada al grupo Unedisa, editor del periódico "El Mundo".

-www.libertaddigital.com: portal de noticias y opinión (aquí publican artículos miembros dél "think tank" Grupo de Estudios Estratégicos), además de TV. Data del año 2000. Su liberalismo político, que más bien parece democristiano -o, mejor dicho, al estilo del viejo Mayor Oreja, "demócrata popular"- es tan desesperado como su reducción al catolicismo de todo el judeocristianismo o incluso del mismo liberalismo. Pienso a veces que les sentaría bien realizar un repaso crítico a la tradición católica española ("el liberalismo es pecado"), precisamente desde una perspectiva liberal, no ya política -tolerancia, pluralismo religioso, incluso, por qué no, masonería-, sino meramente económica. Si tan interesados están. Por esta vía se asoma a veces la revista "La Ilustración liberal", dirigida por Jiménez Losantos, cuando trae artículos de fondo. Libertad Digital TV tiene un buen programa de ciencia y uno excelente de historia, presentado por César Vidal, que según tengo entendido, es protestante.

-wwww.liberalismo.org: portal de cariz liberal-conservador, sostenido por jóvenes en general bien formados, y menos desesperados que sus mayores. Recoge artículos de estudio, opinión, semblanzas, etc. Enlaza con otros blogs, especialmente tiene uno derivado, que data del año 2004: www.redliberal.com. /p>

-www.institutojuandemariana.org: también es de fecha reciente y es una fundación patrocinada por profesores de economía y políticas públicas de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, fundada en el año 1996. Entre estos profesores, destaca el economista Huerta de Soto.

-www.juventudesliberales.org: este grupo defiende un liberalismo de cariz más progresista, y está vinculado de algún modo al Partido Radical italiano de Marco Pannella. En España hay una especie de sucursal de este partido, en internet: www.radical.es ("red liberal, laica y libertaria"). También están vinculados a la Internacional Liberal-demócrata. Enlazan tanto con www.redliberal.com como con su competidora www.redprogresista.com. Al parecer han decidido disolverse para entrar en UPyD, aunque también apoyan a Ciudadanos.

Lo que ya existía más o menos desde 1967 es el Club Liberal Español (entonces Club 1980, bajo la órbita de Madariaga: la tercera España), hoy presidido por Rabassa, heredero asimismo de los grupos liberales-demócratas de la transición, de la órbita de UCD, como el de los Garrigues Walker, luego del CDS o del Partido Reformista. Y heredero asimismo del Partido Liberal, en el que empezó Aguirre, luego coaligado con Alianza Popular hasta fundar el PP con su gaviota liberal. En AP se incluyó aun antes la Unión liberal (como el partido de O´Donnell), del hermano mayor de los Schwartz, que había estudiado en la LSE, y Rodríguez Braun, que escribían -y aun escriben- en La Vanguardia.

En 1999, en la Facultad de Humanidades de la UPF, sita en el Campus de la Ciudadela, leí mi tesina "Ensayo sobre el sentido común". Trágico y atomista -materialista- en lo filosófico, era un trabajo que en lo político se deslizaba del republicanismo al liberalismo, usando los términos del debate académico actual, si bien de cariz progresista. Como esto no son más que etiquetas que, como ha quedado claro antes, dependen en su significado del momento, lugar y par al que se oponen, no sabría muy bien definir lo que escribí después, la tesis doctoral que leí en 2003 en la Facultad de Filosofía de la UAB. Se podría decir que di dos pasos atrás para saltar tres adelante. ¿Republicanismo radical, quizá? Quizá sí, el tipo de republicanismo consecuente que me permite ser plenamente liberal, ahora progresista, ahora conservador.

29/03/2009 21:38 Autor: procopio. Enlace permanente. Hay 3 comentarios.

Un presidente anticonstitucional y antieconómico

Se suceden las semanas y los meses y el disparate va creciendo. El PP ha recuperado en buena lid el gobierno de Galicia y se dispone a apoyar al Psoe vasco para lograr una alternancia política en una situación anómala, con terrorismo incluido, una vez que no ha prosperado la vía de Estella y la reedición de Galeusca iniciada en 1995. Aun así, ahí está toda la legislación nacionalista, excluyente, meramente anticonstitucional, a la que el Psoe, con Rodríguez Zapatero, y aun antes de forma más tibia con González, ha dado su aprobación. Donde sí ha prosperado completamente es en Cataluña, no solo la legislación, sino todo un Estatuto exclusivamente nacionalista, explícitamente extra-constitucional, con el apoyo del Psoe de ZP y apenas el rechazo inconsecuente de algunos socialistas, entre ellos, según se dice, del mismo González. Los Estatutos nuevos de Andalucía, Comunidad Valenciana y Aragón no son desde luego tampoco impecables, pero se pueden arreglar. ¿Qué hacer sin embargo con la vía emprendida en Cataluña, que por supuesto va a ser refrendada en lo político por esa conciencia del Estado separado del pueblo y aun de la Constitución del 78 que es el muy desprestigiado Tribunal Constitucional? Una nueva mayoría social y política podría establecer una nueva legislación electoral, y corregir constitucionalmente lo que afecta a la Constitución. Incluyo en esto la política linguística, educativa y cultural, es decir, la política, del gobierno de Cataluña, que tiene una nueva ley básica sin haber pasado por una alternativa real de gobierno. Una política rechazada por la Unión Europea. Pero en este caso ni lo que diga Bruselas parece ser suficiente para revertir esta situación. De modo que el caso gravísimo del Estatuto de Cataluña, en forma y en contenido, seguiría en el aire, como responsabilidad última del Psoe de ZP y sus ministros.

Pero esta segunda legislatura del Psoe de Rodríguez Zapatero ha venido a añadir una segunda falta de gravedad extrema. Mientras hubo continuidad con la política económica del anterior gobierno del PP de Aznar, el paro llegó a bajar del 11% al 8% y se superó o al menos igualó en PIB a Italia (otra cosa es lo que ya venía indicando el dato del poder adquisitivo real). Rodríguez Zapatero soltaba entonces las sandeces que ahora suelta en otra dirección, pero parecía que íbamos a ser los nuevos EEUU, pero de los tiempos de la Confederación, eso sí. Se podría elaborar un álbum con las declaraciones ministeriales sobre lo que iba a pasar y lo que estaba pasando realmente. El paro ha subido en poco más de un año 10 puntos, muy por encima de la media occidental mundial, y estamos al borde de una deflación: es decir, no es que la producción esté hinchada (y por tanto se requiera una expansión de la demanda), es que no hay producción (lo que significa que el requerimiento va dirigido al ahorro y a la inversión). La política económica del Psoe, con Solbes a la cabeza, consistió en no hacer nada en el sistema productivo; ninguna reforma de base. Es más, aumentaron las trabas al comercio y a la libertad, salvo a los bancos, eso sí, que aun aguantan gracias a medidas tomadas anteriormente por el PP. La demagogia ideológica, el relato de política-ficción de los gobiernos de Rodríguez Zapatero han chocado finalmente con lo que no admite manipulación, porque es el principio de toda posibilidad, incluida la de manipular, sea en el sentido que sea. La economía. Han acabado mal que bien cosas que vienen del PP, como lo del Ave, y por lo demás han repartido el dinero tontamente, sin mínimos análisis de rentabilidad, en una especie de apocalipsis supuestamente de gozo y de fortuna que ha puesto nuevamente en serio entredicho nuestro porvenir. Ni tan solo las reformas de tipo social -en especial me refiero a la educación- se han hecho con el tan cacareado consenso y con vistas a un progreso común real.

Un presidente anticonstitucional y antieconómico. Lo contrario que Lincoln. Lo contrario que FD Roosevelt. Lo contrario, juntamente, que Reagan, el más grande presidente norteamericano del muy conflictivo siglo XX, quien es por supuesto el que tiene la culpa de todo, después de McKinley y la guerra de Cuba.

Lo mío con este gobierno antieconómico y anticonstitucional no es una cuestión personal, aunque también. No he ido a la Unam de México ni he publicado con letras mayúsculas en "Archipiélago". El acoso profesional que sufrimos algunos, no lo debo mencionar otra vez. Pero esto a quién le importa. Solo que forma parte de la pérdida absoluta de libertad, de oportunidades, de una mínima honradez y seriedad profesional en la vida pública española. La pérdida de la esperanza y la fe en otras personas, ahora que se hablará tanto de esto. Faltos de realismo, hemos perdido los ideales auténticos de la democracia.

20/03/2009 13:00 Autor: procopio. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

Palabra de Lincoln

He estado leyendo estas tardes algunos de los discursos políticos que el diario "El Mundo" puso a la venta el pasado año. No pude conseguir los de Cánovas, Azaña, Clemenceau o Kennedy, como me hubiese gustado. Pero la cosecha fue provechosa. Empecé por Lincoln, que desde siempre ha sido mi referente político último y principal. Continué con Pericles y su afamada "Oración fúnebre", de la que el "Discurso de Gettysburg" no deja de ser una lejana pero más lograda continuación, aunque Lincoln fuera republicano y Pericles demócrata en sus respectivas democracias. He leido los discursos de Gil-Robles durante la República española, que pueden servir para entender algunas cosas y conocer el papel del centro-derecha, o mejor dicho en este caso, de la Derecha clásica española, en aquel paréntesis mayormente extravagante dentro del gran paréntesis dictatorial que va desde 1923 hasta 1976. También he leido el enorme discurso de F. D. Roosevelt en la famosa inauguración del "new deal", repleto de llamadas al esfuerzo, a la disciplina, y aun al sacrificio, esas cosas que la Izquierda clásica española no entiende o desprecia. Después, Churchill, y De Gaulle. Finalmente Suárez, al que tengo, mejorando la estela de Argüelles, por el mejor político español desde el principio de nuestra democracia en 1812.

Reagan merece un aparte pues, junto a F. D. Roosevelt, forma la pareja de presidentes más importante de los EEUU del siglo XX: mientras éste gobernó durante 12 años en circunstancias excepcionales y en su primera reelección solo perdió en los Estados de Maine y Vermont (Estado natal de John Dewey que ha sido gobernado en los últimos tiempos por Howard Dean, el mayor bastión demócrata en la reciente elección de Obama con resultados inversamente proporcionales a Oklahoma, aquel Estado de las uvas de la ira de los años 30, hoy bastión republicano), Reagan ganó en su reelección en todos los Estados salvo en Minnesotta, Estado natal de su adversario demócrata en aquella campaña y que luego ha llegado a estar gobernado por el Partido Reformista de Ross Perot de la mano de Jesse Ventura. Es cierto, por otra parte, que Kennedy no pudo presentarse a ninguna reelección, pero dada su apretadísima primera elección contra Nixon, no deja de ser dudoso que pudiera haber arrasado en su supuesta reelección de 1964 como lo hicieron F. D. Roosevelt en 1936 y más aún Ronald Reagan en 1984. Sin embargo, aunque no los he mencionado, los éxitos y los fracasos del siglo XX americano no se pueden entender sin sus dos presidentes más relevantes de los inicios de la centuria, Theodore Roosevelt y Woodrow Wilson, y sin, por así decirlo, el engarce de su centuria, que es Dwigth Eisenhower.

Quería dedicar todo el comentario a glosar las figuras de estos grandes políticos a través de sus frases más acertadas según el sentido y contexto de sus discursos. Pero aun estoy con Mandela y me queda Clinton, de modo que de momento solo me referiré a Abraham Lincoln.

Dicen que Lincoln era conocido como "el gorila". La prensa demócrata, que cerró parcialmente durante la Guerra Civil, en concreto la de Chicago, lo tachaba de patán e imbécil. Era autodidacta, de una familia de segunda fila, rural, desplazada a Illinois procedente de Virginia, Kentucky e Indiana. Sin embargo, contrajo matrimonio con una señora de buena familia en Illinois, y allí hizo carrera, como abogado y parlamentario. Se cuenta una anécdota de cuando su mujer, enamorada, quiso casarse con él. En la calle, encontrándose de frente mientras caminaba con alguien que le preguntó por el suceso, Lincoln contestó: "Estoy muy sorprendido".

La prosa de Lincoln, si es que él, como dicen, escribía sus discursos, es anti-retórica. Es sobre todo una prosa que dice lo que piensa profundamente y sobre todo piensa lo que dice: es una prosa pensante, que se detiene en meandros y en minucias, de la enormidad que luego Chesterton nos hizo entender. No es una prosa bella por estética, es una prosa compleja pero inteligente e inteligible, con poco que se haga el esfuerzo de entender la raíz de lo que plantea. Así pasa con sus discursos previos a su elección como Presidente. Es una prosa que procede por principios y por preguntas, esto es: los principios de los EEUU, sus valores superiores, que no son, como pretendía el entonces "The New York World", los recogidos en los artículos de la Confederación previos a la Constitución de 1787, sino su Declaración de Independencia. Y las preguntas: sentado el propósito original de la nación americana, ¿son la política de los Estados y del Gobierno Federal y las decisiones del Tribunal Supremo acordes con este propósito? No es solo una pregunta retórica. Lincoln pone ejemplos concretos -el último, el caso Nebraska-, e imagina lo que se puede esperar de estos ejemplos. Lincoln debate, aunque con la firmeza de su elemental convicción. Contrapone estos ejemplos con el propósito de la Declaración de Independencia. Tiende la mano con sinceridad calculada. En esto sigue al pie de la letra el mandato de Vauvenargues: la honestidad radica en la claridad. Sabe que la guerra es una opción, e incluso la busca, por reducción al absurdo. Quiero decir que su propósito no es pacificador ni conciliador en primer término, y aun así, en la inauguración de su discurso, vuelve a tender la mano, cuando ya el fuego había sido encendido. La guerra estalla. Lincoln no la rehuye, está preparado, tanto para la guera, como para el después de la guerra. Lo principal del caso son las medidas, bajo capa de un soberanismo confederal que rechaza en nombre de la Constitución, en la práctica esclavistas, contrarias por lo demás al propósito inicial de la Declaración. El Reino Unido había abolido la esclavitud en 1808. Lo último, no obstante, es la unidad nacional, el país, por encima incluso del anti-esclavismo. Pero resulta que según el propósito original de la democracia americana lo uno no se da sin lo otro.

Sin su victoria en la contienda civil, muy posiblemente los Estados Unidos de América tal como los conocemos hoy, y el mundo que conocemos hoy, no existirían. Por eso Lincoln, aunque solo gobernó durante cuatro años y en guerra -fue reelegido, en los estertores de la guerra, que como se ve no puso fin a la libertad de elegir, pero en seguida asesinado-, es el presidente más importante de la historia americana, con el permiso de George Washington y de los Padres Fundadores. Pues él es el refundador de la nación, bajo el amparo de Dios, concebida en Libertad.

¿Cuáles hubiesen sido las consecuencias de su derrota? La esclavitud no solo se permitía en los Estados sureños sino que se estaba expandiendo por otros nuevos Estados. Una Confederación así solo tenía dos salidas: o convertirse de nuevo en colonia -en colonias- más o menos autónomas del Imperio Británico, como Canadá y Australia, o en convertirse en países más avanzados pero tan frágiles como los actuales países del Cono Sur del continente americano, sin descartar la opción de algún tipo de dictadura. En el primer caso, puede imaginarse que la democratización imperante en el Reino Unido hubiese acabado por introducirse en la Confederación, pero ni era el caso entonces, sino todo lo contrario, ni esto hubiese sido suficiente para hacer frente a lo que se estaba cociendo en el centro del continente europeo de la mano del nacionalismo expansionista alemán. Del segundo caso, entonces, para qué hablar. La Armada Invencible de Felipe II no pudo invadir Inglattera, y Napoleón ni siquiera se atrevió, pero, ¿quién hubiese parado de cualquier modo a Hitler sin la ayuda de los EEUU? Digo Hitler porque precisamente la doctrina Wilson, el primer presidente demócrata sureño elegido casi cincuenta años después de la muerte de Lincoln, fracasó estrepitosamente en Europa con su política de apaciguamiento, de "ni vencedores ni vencidos", y de buena voluntad con el nacionalismo germánico a través de una Sociedad de Naciones ilusa y, para dentro de las democracias ya existentes, confederalizante. Entre los puntos que hace enorme el discurso posterior de F. D. Roosevelt, presidente demócrata, está el haber tomado muy buena nota de este fracaso. Y lo que hace aguas en Kennedy y en los demócratas posteriores, hasta Obama, es su insistencia en un cierto neowilsonismo. Esto es lo que sabía Reagan, quien estuvo al menos dos veces en Berlín para expresar algo más que buenas palabras a los alemanes y, por supuesto, también a los rusos y vecinos, quienes en la estela del nacionalismo germánico inverso de Marx, gozaban de la patente del totalitarismo que aun hoy se comercializa, aunque ya al por menor. He dicho "hasta Obama", pues cabe la esperanza, como se ha dicho en la prensa, de que pueda resultar un Reagan de centro-izquierda.

Todo esto tiene, por supuesto, una moraleja para el caso español. El contradictorio caso español. Un Pi y Margall defendiendo la abolición de la esclavitud pero al mismo tiempo una confederalización al estilo norteamericano que es precisamente lo que sale definitivamente derrotado en la legislatura de Lincoln. Un republicanismo -como forma de Estado, no como ideario político al estilo del partido norteamericano de Lincoln- confederalizante, esto es, que alienta privilegios hereditarios o no se atreve a historizar su lejano rechazo moderno en sus territorios (me refiero básicamente a Cataluña, y en otra medida al llamado País Vasco). Por otro lado, un Cánovas que refunda el partido moderado en un gran Partido Conservador por medio de una unión liberal al estilo de Lincoln, pero que no entiende en toda su profundidad la abolición de la esclavitud que firma en 1886 ni el sufragio universal que firma en 1890, pues también firma la confesionalidad no ya judeocristiana sino exclusivamente católica del Estado, que por tanto ve reducida e ineducada su libertad de expresión en sus mismas instituciones, y el mantenimiento de unas colonias ya periclitadas, y definitivamente perdidas en una guerra contra precisamente los EEUU. Cierto es, sin embargo, y triste, que el derrotero posterior de la Izquierda española no solo no corrigiera su contradicción sino que la acentuara tanto con nacionalismos de cuño germánico como con el socialismo soviético. La Derecha española pagó la prueba de la República española, y hasta del "Cirujano de hierro" militar, cuando ya había aceptado el principio regionalista en tiempos de Dato, tarde y mal, para luego cobrarse el precio total por medios de todos conocidos, hasta el encuentro y el acuerdo básico de 1978 de la mano de Suárez -de familia "republicana"- y el Rey.

Pero vuelvo a Lincoln. Veamos qué es aquello que decía Lincoln y que tanto escandalizaba a buena parte de la sociedad norteamericana de aquellos días.

En la Convención de su partido, antes de las elecciones: "Esta necesidad no se dejó de lado y se estipuló (...) en la notable argumentación de la `soberanía de los residentes de un territorio´ y en el `sagrado derecho al autogobierno´ en el que aquélla se formula y, aunque exprese la única base legítima de todo gobierno, estaba tan pervertida en esta aplicación particular que venía a decir que, `si un hombre optaba por esclavizar a otro, un tercero no tenía derecho a oponerse´. Este argumento fue incorporado en el proyecto de ley de Nebraska de la forma que sigue: `La intención y el significado de esta ley no es legislar la esclavitud en ningún territorio o estado, ni excluirla de ellos, sino dejar que su población sea perfectamente libre para formar y regular sus instituciones propias a su modo, estando sujeta solo a la Constitución de Estados Unidos". Nótese por qué un siglo más tarde Reagan dirá que "creemos en los Estados". Pero en lo que no se cree es en la perversión de su fundamento y de su funcionamiento. ¿No suena todo esto del proyecto de ley de Nebraska, por otra parte, tanto tiempo después, tristemente, al "derecho a decidir de los vascos", a "la soberanía de la nación catalana", etc., etc.? La comparación no puede ser exacta, pero se le parece demasiado.

Veamos el discurso de inauguración de su primera presidencia, que empieza con un "Ciudadanos de los Estados Unidos". Dice Abraham Lincoln: "A mi juicio, la ley universal de la Constitución supone que la Unión de los estados ha de ser perpetua, por más que no se exprese esta palabra en la ley fundamental de todos los gobiernos nacionales". No deja de ser curiosa y hasta por un momento inquietante la expresión "de todos los gobiernos nacionales". No parece referirse, sin duda, con "gobiernos nacionales" a los Estados de la Unión -aunque aun esta interpretación haría plausible la llamada a la perpetuidad de la Unión-. Lo que en esta frase de Lincoln hay es la sempiterna tensión entre la ciudadanía nacional y su, por democrática, fundamentación universal, por así decir, propia del régimen democrático desde la Grecia del siglo V a. C. También hay, por tanto, una cierta idea del universalismo que los mismos Estados Unidos que pregona Lincoln asumen. Por eso, no deja de ser mucho menos "imperialista", si es que podemos utilizar esta palabra con algo menos que una frívola inocencia, esta ley universal, fundamental, de todos los gobiernos nacionales, pregonada por Lincoln, que el derecho de autodeterminación de los pueblos pregonado, aun en el mejor de los casos para el colonialismo anterior a la 2ª Guerra Mundial, años después por Wilson.

Continúa Lincoln: "Una mayoría sujeta a las limitaciones constitucionales y que cambie fácilmente conforme a los cambios de la opinión popular es el verdadero soberano de un pueblo libre; el que la deseche cae en la anarquía; la unanimidad es imposible; rechazando el principio de la mayoría, solo queda ya el despotismo...".

Luego viene todo el argumentario contra la Secesión. Me gusta mucho, porque siguiendo a Spinoza más de una vez he utilizado la expresión "geométricamente hablando", el inicio de uno de estos párrafos del discurso, que reza: "Físicamente hablando, no podemos separarnos". Lincoln apela después a "este gran tribunal que se llama el pueblo americano". Lincoln señala que como Jefe de Gobierno hará valer la Constitución, pues este es el mandato que le ha otorgado el pueblo; que si el pueblo quiere, puede separar los Estados, pero nadie sería tan necio para no tener una confianza ciega en la justicia del pueblo, cuyo mandato viene expresado en y por la Constitución, el Gobierno y las elecciones. Habiendo necios, lo único que quedará después de esto, será, en efecto, la guerra.

En el segundo discurso de investidura Abraham Lincoln es breve y conciso. Salvada la Unión, mantenida y perfeccionada la unidad nacional, habla del "escándalo" del esclavismo en términos bíblicos y acaba diciendo: "Sin rencor hacia nadie, con caridad hacia todos, con firmeza en lo que es recto y justo, tal como Dios nos hace ver qué es justo y recto, esforcémonos en poner fin a lo que nos ocupa, en vendar las heridas de la nación, en cuidar de aquel que ha soportado la batalla y de su viuda y de sus huérfanos, en hacer todo cuanto permita alcanzar y mantener una paz justa y duradera entre nosotros y con todas las demás naciones".

Para que de este modo el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo, no desaparezca de la faz de la tierra.

15/02/2009 15:15 Autor: procopio. Enlace permanente. Hay 1 comentario.

¿Fin de "Archipiélago"?

Justo cuando me habían ofrecido colaborar con un texto extenso entre varias de las plumas más consagradas del país en un número dedicado a la situación política española actual, "Archipiélago" cierra, veinte años después de que el filósofo Agustín García Calvo auspiciase su creación. La socialdemocracia más ruin ha ganado la partida, aunque sembrando futuras derrotas de todo el país si no se le pone remedio. El director de El Mundo dirá lo que quiera sobre el buen trato de Zapatero a los medios de comunicación, pero no es la primera censura soterrada, o más que censura, eliminación, que padezco bajo su gobierno, cuando se iba a escribir contra su gobierno, o por lo menos a criticar a su gobierno.

Yo la llamaba “el búnker”, a la pequeña planta baja que servía de redacción a "Archipiélago", revista de crítica de la cultura, en el barrio de Gracia de Barcelona, solo una calle por debajo de la Vía Augusta y relativamente cercana a la plaza del Sol. Yo pillaba el metro hasta Lesseps y luego me acercaba andando. El apartado de correos estaba, no obstante, sito en Castelldefels, que es donde vivía Ana María González, la amable y gentil hacedora de la revista que últimamente dirigían, en Madrid, Isabel Escudero, partenaire de Agustín García Calvo, y Amador Fernández-Savater, hijo de Fernando Savater. Ahora la refundarán en una suerte de Multitudes hispánica, me temo, que es en lo que ya se iba convirtiendo irrelevantemente en los últimos años. Aquel número sobre el Plan Hidrológico bajo Aznar no recuerdo que fuera censurado, y sé de primera mano que se leyó hasta en Bruselas. Ahora no. No solo no habrá tal número sobre la política de Zapatero -número que perfectamente podría haber salido antes de las elecciones generales pasadas-, sino que de hecho ya no habrá "Archipiélago". No sé de qué marxismo echarán mano a partir de ahora para seguir haciéndole el juego progre a la socialdemocracia capitalista de Estado, y es que, con todo, no fue una cosa con la que Agustín García Calvo condescendiera nunca. Hasta criticó el matrimonio homosexual en plena epopeya zapateril. Pobre de mí, y yo de acuerdo con esta crítica a esa cultura.

Hablé una vez con el novelista José Antonio González, hermano de Ana María, cuando empecé a colaborar en "Archipiélago" y él era su director, el que le dio el empuje definitivo. Junto a Ana María, en el búnker, siempre estaba Dante Bernardi, italiano no menos amable y gentil. Cuando pasaba de vez en cuando por allí para pillar libros con el pretexto de reseñar alguno, o agenciarme algún número atrasado de la revista, y tal, siempre echábamos unas risas. Con ellos era fácil.

La primera vez que vi y escuché en persona a García Calvo fue a mediados de los 90 en un coloquio organizado por un grupo de alumnos de la Facultad de Física de la UB, que reunía a Agustín García Calvo, al físico Jorge Wagensberg y al antropólogo Manuel Delgado, y que trataba sobre la ciencia. Un amigo de estos estudiantes de física y seguidor de Agustín García Calvo era compañero mío en la Facultad de Derecho de la UPF. Me avisó de la charla y asistí. La charla fue muy divertida, instructiva a su modo y un punto extravagante, como todo lo de los agustinos. Luego escribí una cosilla sobre Ortega y Heidegger en su fanzine, y quizá fue mi primer texto filosófico periodístico. Recibió numerosas críticas, porque Heidegger estaba muy de moda entre los universitarios de todas las facultades, y yo me limitaba a despacharlo con arrogante ironía orteguiana. Resulta que aquel coloquio sobre ciencia entre García Calvo, Wagensberg y Delgado apareció en uno de los últimos números de la primera fase de "Archipiélago"; a partir de entonces la revista empezaría a publicarse con la regularidad de la que había carecido en sus inicios, y así la conocí, convertida ya en la revista útil de seguir y apoyar que ha sido hasta no hace mucho. En mi época de instituto había asistido en mi pueblo a una charla ecologista de Martínez Alier, colaborador de aquella primera fase. Luego fui yo, cuando estudiaba el master y el doctorado, el que estuve escribiendo en ella, básicamente reseñas y una vez un artículo más extenso sobre Castoriadis.

Hasta ahora, que han mandado explosionar y hundir el conjunto de islas. Pero, aviso para navegantes, en el fondo del mar no vamos a quedarnos. No.
06/01/2009 01:29 Autor: procopio. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

El centro y la derecha reformista

Ya he explicado que los dos únicos textos míos en los que sale la palabra "izquierda" se remontan, uno, a mi primer año universitario, en el que apelaba a Stuart Mill, y dos, a una reseña de un libro de Onfray sobre un cierto nietzscheano de izquierda de fecha mucho más cercana. No me desdigo de mis críticas al corporativismo de las multinacionales de estos últimos años, ni de una cierta crítica a la cultura neoliberal, aunque ahora mismo mi punto de vista es más amplio y exactamente no la identificaría con el neoliberalismo, sino más bien con cierto progresismo.

Ahora que durante una larga temporada el centro-izquierda de nuestro país no va a tener mi voto en ninguna de las elecciones de cualquier tipo, voy a esbozar de forma esquemática la tradición y programa básico del centro-derecha al que pienso votar, después de haber votado ya al PP en las dos últimas Generales en las listas del Senado.

El PP se declara en sus estatutos un partido de "centro reformista". Veamos.

Centro: Argüelles (jovellanista: primer presidente de gobierno constitucional de España, 1820), Prim (progresista), Sagasta y Canalejas (liberales), Alcalá-Zamora (liberal), Suárez (centrista: UCD, CDS).

Reformista:

-liberalismo moderado de Martínez de la Rosa, fundador del Partido Moderado.
-"puritanos" o "liberal-conservadores" ("El Conservador"), facción moderada que se opuso al sectarismo de Narváez y de la Constitución de 1845. La tradición de Aribau y Balmes puede incluirse aquí.
-Unión Liberal de O´Donnell, mediante la cual los "puritanos" refundan el Partido Moderado en el Partido Conservador liderado por Cánovas.
-Partido Conservador de Cánovas (unión conservadora: integra a Pidal), Silvela, Maura*, Dato y De la Cierva, hasta su extinción y conversión en la CEDA.
-CEDA (Gil-Robles y Lucia): pacto con el Partido Radical de Lerroux en la 2ª República.

El punto de unión entre el centro y la derecha, a partir de la configuiración actual del mundo desde los inicios del siglo XX, es, primero, *Maura (liberal del Partido Conservador), y, segundo, el Partido Reformista de Álvarez, fundado durante la 1ª guerra mundial (1914) y de inspiración juvenilmente orteguiana. Durante la 2ª República se llamó Partido Liberal-Demócrata, pero no era ni el liberalismo de Alcalá-Zamora ni la democracia-cristiana de Gil-Robles. Álvarez fue el abogado de J. A. Primo de Rivera.

Las crisis de la Dictadura nos pueden dar algunas pistas del centro-derecha posterior: los falangistas son reformistas exasperados, como hubiese dicho el mismo Ortega. Ridruejo, Laín Entralgo, Tovar: la crisis del 56, que también se lleva por delante a Ruiz-Giménez (democracia-cristiana). Los sindicalistas no marxistas son socialcristianos desesperados: se ven arrastrados por la crisis del 65. Aranguren, García Calvo, Tierno Galván, y el primero de todos, Areilza (JONS), que desde 1945 ha llevado la política exterior: Argentina (Suramérica; frente a la republicana México), Vaticano (junto a Ruiz-Giménez), EEUU y, finalmente, Europa, cuyo NO a la entrada de España en 1962 precipita la crisis del 65 (aquí reaparece Gil-Robles junto a Ruiz-Giménez). La crisis del 56 fue más bien de tipo interno, sobre todo en cuestiones de educación y libertades básicas, pero el plan económico del 59 puso tierra encima. La crisis del 65 lleva a Areilza a ocuparse ya exclusivamente de la sucesión monárquica, pactada en 1947 (un año después vuelve Ortega a España), que se sanciona definitivamente en 1969 y que es la antesala de la Transición. Con una base económica relativamente en marcha desde 1959 y la estabilidad institucional de la monarquía sancionada en 1969, la transición a la democracia era ya cuestión de tiempo, o sea, de que Franco se aviniera a morirse, como así fue. No fue ni a finales de los 50 -no había base económica, y todavía Francia no había proclamado su nueva Constitución-, ni a finales de los 60, porque el Rey -Jefe de Estado- iba a ser Juan Carlos, aun joven entonces, y no su padre Juan. Sin embargo, desde los 50 y desde los 60, la transición a la democracia está en marcha, educativamente, económicamente e institucionalmente.

El líder de la transición y el primer presidente de gobierno constitucional tras la Dictadura es Suárez, cuya década de centrismo en el gobierno y en la oposición sirve para que la AP de Fraga (o mejor dicho, Coalición Popular, vinculada a la Acción Popular de la CEDA del Gil-Robles de la 2ª República, y donde están liberales de la patronal y democristianos populares, socialcristianos conservadores, como Areilza) se refunde en el PP de Aznar en 1989.

Pues bien, esto es el centro y la derecha reformista. Otra cosa que la tradición de la izquierda democrática: Riego, Pi y Margall, Azaña, Martínez Barrio, González.

Programa básico del centro-derecha reformista:

-reforma del Senado: creemos en las CCAA, y en sus peculiaridades o "regiones y nacionalidades" no excluyentes, sino bilingües, aborrecemos el nacionalismo y el particularismo.
-reforma del suelo: suelo libre. Partido del Suelo Libre americano del XIX.
-reforma electoral: en la línea UPD-C´s.
-reforma de los partidos políticos: primarias y limitación de mandatos.
-reforma municipal: autonomía y transparencia.
-reforma educativa: pacto con PSOE. Entrecruzamiento de Logse-Loe y Loce. Estructura disciplinar por principios pedagógicos.
-reforma económica: privatización activa y libertad pública. Retro-liberalismo (neoliberalismo), Ralph Nader, Howard Dean, Partido Reformista americano (populismo).

Y finalmente, dos aspectos críticos para la derecha:

-principio de ciudadanía: ciudadanía y no nacionalidad historicista de base étnica. Pluralidad religiosa dentro de la Constitución, con base cristiana, aunque no meramente católica.
-política exterior: no se renuncia a la guerra, pero esta no es colonial-imperialista al modo decimonónico. Unión Ibérica. Ministerio específico para Suramérica: unión transatlántica metropolitana. Hispanidad cívica.

23/12/2008 20:47 Autor: procopio. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

Let´s Radical

Vamos radicales. Vamos, radicales.

El Partido Radical fundado por Ruiz Zorrilla surgió en el Sexenio Revolucionario (1868-74) del Partido Progresista de Sagasta, asumiendo el programa de derechos civiles elaborado desde 1812 hasta 1868. Pero a la larga se desmarcaría, como vamos a ver, de la 1ª República y de toda veleidad confederal y colectivista. Cabe recordar que de las Cortes de Cádiz, y especialmente desde el Trienio Liberal, y sobre todo a partir de la década de 1830 se van configurando los dos grandes bloques políticos de la democracia española. El Partido Moderado de Martínez de la Rosa, Narváez y otros, y el Partido Progresista de Espartero, Prim y otros. Las disensiones son mayores en el Partido Progresista, de modo que dejémoslo para más adelante. El Partido Moderado, dirigido políticamente por Martínez de la Rosa, que estuvo en Cádiz y que estuvo gobernando en el Trienio Liberal, tendrá su líder gubernativo en la figura de Narváez. En su lado liberal, a pesar de que el liberal progresista Prim estará unos años con ellos, no será sino un partido liberal moderado, la Unión Liberal, el que surge a mediados de 1850, y que desde 1858 hasta el año de la "revolución" de 1868 será el partido dominante, dirigido por O´Donell. De la Unión Liberal sale Cánovas (también estaba Serrano), quien al final del Sexenio, refunda la Unión Liberal con lo que quedaba del Partido Moderado -ya apenas los más conservadores de las Cortes de Cádiz, representados ahora en la figura de Pidal, democristiano de ala dura-, dando nacimiento al Partido Conservador, partido dominante en el régimen que inaugura la Constitución de 1.876, la más longeva de las españolas hasta la fecha. El Partido Conservador durará como tal con pequeñas disensiones hasta 1931. Después de Cánovas, sus líderes serán Silvela, el más liberal Maura, Dato, y, sobreviviendo a la dictadura de Primo de Rivera, De la Cierva. En la 2ª República, se agrupa bajo las siglas de la CEDA, cuyo núcleo duro es Acción Popular, dirigida por Gil Robles, y antecedente en el nombre, tras la dictadura de Franco, de la Alianza Popular de Fraga, que junto a pequeños grupos liberales y democristianos, se refunda en el actual Partido Popular, absorbiendo buena parte del espacio sociopolítico del partido de Suárez, la UCD, y después el CDS (una especie de partido de centro-derecha heredero de los reformistas, liberal-demócratas y socialdemócratas conservadores de los Álvarez, Alcalá-Zamora, y antes Castelar, de la primera mitad de siglo), que dirigió junto al Rey la transición a la democracia, la elaboración de la Constitución de 1.978 y el primer gobierno de la democracia.

Como ya he dicho, la historia del Partido Progresita o bloque progresista es aun más dramática, reuniendo desde la segunda mitad del siglo XIX (cuando termina su primera etapa con Espartero y Argüelles), hasta nuestros días, especialmente desde el asesinato de Prim (renunciando por tanto al liberalismo progresista y al Estado unitario), a progresistas (en adelante llamados "republicanos", "demócratas" o "federales"), socialistas y nacionalistas. En las Cortes de Cádiz, a diferencia de la alianza de monárquicos y "jovellanistas", son los llamados "liberales", pero ya en 1820-23, se les llama "exaltados". En principio, aceptan la monarquía parlamentaria y el bicameralismo, pero poco a poco van haciendo de la reivindicación de la República el principal punto de su programa de derechos, aliándose para ello, hasta salirles una República confederal y marxistoide, con socialistas anti-parlamentaristas y nacionalistas secesionistas. No diré nada de los nacionalistas, pues demasiado bien los conozco, pero sobre el Psoe sí: tan cierto como que siempre, desde Iglesias, tuvo un ala moderada, es que hasta finales de los años 70 del siglo XX no renunció al marxismo revolucionario, tan apreciable en el artículo 1 de la CE de 1931 como hoy lo son todavía sus persistentes alianzas con los nacionalistas desde los últimos años de González. Como dicen en inglés, NO WAY. Justo de este camino emprendido por el bloque progresista se van saliendo gente como Castelar, que funda la democracia-cristiana moderada (o socialdemocracia conservadora), Sagasta (continuador a su modo de Prim), y, lo que me interesa ahora, el Partido Radical, fundado por Ruiz Zorrilla.

El Partido Radical es el que más tarde será en puridad llamado "federal", pues los republicanos o demócratas de Salmerón consolidan su alianza con nacionalistas y marxistas a pesar del fracaso de la 1ª República. Entremedias, recordemos, está el Partido Liberal de Sagasta y Canalejas, el otro pilar de la Restauración, que hacia 1910, con Romanones, ya casi no tiene vida, dando lugar a varios partidos de centro, reformistas, liberal-demócratas (García Prieto, de donde sale Alcalá-Zamora), o democristianos moderados, un poco lo que recogerá más tarde la UCD. Con Lerroux, antes de la 2ª República, al Partido Radical se le llamaba desde 1908 Partido Republicano Federal: eran republicanistas y críticos con la Monarquía, pero de hecho, en la 2ª República, gobernaron junto a la CEDA, haciendo de verdad honor a su nombre. ¿Qué quiero decir con esto? Quiero decir que en pura terminología norteamericana, era en efecto un Partido Republicano, y radicalmente Federal. Esto es, era un partido de centro-derecha. Me ha llevado cierto tiempo descubrir esto, y que yo estoy en este bando, porque en general se les ha considerado de centro-izquierda, o al menos liberales, a veces no sin razón, por origen y por programa. Pero las cosas son más complejas, en el bien entendido de que "izquierda" y "derecha" son puras palabras espaciales, y según como se mire. La política tiene que ver más con el tiempo.

He dicho "en pura terminología norteamericana". ¿A qué me refiero? Me refiero a Lincoln. Y aquí quería llegar. Pienso que los Radicales que aun quedamos en España debemos asumir esto al mismo tiempo que el Partido Popular debe asumir su lado radical, que no es el de los democristianos duros ni el de los liberales de la patronal (el legado más actual de los Bush o el viejo de Teddy Roosevelt los tienen asumidos), sino el del viejo radicalismo de Ruiz Zorrilla y Lerroux y aun más el de las mismas Cortes de Cádiz en tanto origen de la nación española como democracia. Leyendo algunos fragmentos de discursos de Cánovas y Silvela se puede observar que mencionan con gran admiración el nombre de George Washington. Sin embargo, y eso que ya había sido célebremente asesinado después de su victoria, el de Lincoln apenas aparece. Seguirá sin aparecer durante mucho tiempo. Esto es un error apenas enmendado por el pacto CEDA-Partido Radical de la 2ª República. Un error sin más, pues las propuestas del bloque progresista, por muy aparentemente progresistas que fueran -siempre con la vista puesta más en la muy discutida revolución francesa que en la inglesa y la americana-, entroncaban, incluso en tiempos de la 2ª República, precisamente con el bando derrotado por Lincoln en 1861-65: confederación, monopolio, servilismo interno, etc. Y esto es, por otra parte, el error garrafal de los mismos radicales, de algunos radicales como Domingo o Martínez Barrio en su apoyo a los delirantes derroteros de la 2ª República, y a Azaña, quien había rechazado a la radical Clara Campoamor, más valiente; el viejo error, en suma, del mismo Ruiz Zorrilla cuando apoyó, después de haber rechazado sensatamente la 1ª República, a Salmerón, no solo contra Cánovas sino, lo que es peor, contra la Constitución de 1.876. Un error repetido, como he dicho, y apenas enmendado por Lerroux, de forma aun más dramática en la 2ª República, para acabar finalmente no en 7 años sino en 36 de dictadura.

Pienso por tanto que es la hora de que el P.P. asuma a los Radicales, incluyendo su errática pero no desacertada historia como partido, que esencialmente, veáse o no incluso por ellos mismos, remite a Lincoln, a quien en EEUU consideran no en vano un "republicano radical". Let´s Radical. Ciertamente, en Europa las cosas no son siempre tan claras como en los EEUU de América. En Europa, los radicales, en general, son partidos de centro puro y duro, partidos bisagra. Hoy en día, los más importantes son: los D66 de Holanda, herederos de la Liga Radical de princpios del siglo XX, que se denominan a sí mismos como "social-liberales"; el Partido Radical italiano, que a pesar de la escisión de centro-derecha, está básicamente en el centro-izquierda y que se declara "transnacional"; y los partidos radicales franceses: en este caso, a pesar de que existe uno de centro-izquierda, el más relevante es el de centro-derecha, asociado a la UPM, y dirigido por Borloo, actual Ministro de Trabajo. En el Reino Unido los Liberal-Demócratas vienen a ocupar este espacio, teniendo en cuenta que son una escisión de los Conservadores. En Alemania, este papel se ha repartido entre Liberales y Verdes. Es en Francia, pues, y en menor medida en Holanda, en donde los radicales más se aproximan a su sentido original norteamericano, a Lincoln. No en vano, el político europeo que mejor ha representado esto fue Clemenceau. Voy a acabar con una de las frases de Clemenceau que consolidaron la República en Francia, mucho más de lo que pudieron hacerlo Jaurès y sus antecesores. En un debate parlamentario sobre la idea de ciudadanía que se intentaba fraguar e institucionalizar, Clemenceau exclamó: "El problema es que en su propuesta oigo a Loyola y no a Aristóteles".

Aristóteles, y no Loyola, fue finalmente lo que se oyó. El Sr. Rajoy mencionó a Jefferson a cuenta del debate sobre la España autonómica, el nacionalismo y la democracia. El siguiente paso es asumir, radicalmente, el legado de Lincoln. No basta con un General ni con la compra de la Louisiana.

08/11/2008 15:24 Autor: procopio. Enlace permanente. Hay 3 comentarios.

Reconstitucionalizar la democracia

En "Archipiélago" he publicado tres reseñas sobre la cuestión de la democracia española: “Una democracia sin relieve”, “La primera transición y otras transiciones” y “Cómo está la Pepa”. Ahora, me habían pedido un artículo sobre la situación actual de la democracia española, que es este que cuelgo aquí. Finalmente, por razones no demasiado difíciles de imaginar, el número no se va a publicar y "Archipiélago", tres años después de que lo hiciera "Lateral", cerrará, tras veinte años de existencia. Este es el ambiente cultural, y político, de la España de ZP. Luego PJ Ramírez dirá la primera brillante y seudomoderna ingenuidad que se le ocurra sobre el supuesto buen trato de ZP a los medios, y en general a la cultura. ZP ha abierto varios medios en su lado de la calle, por cierto algunos aun harto civilizables, y en el otro ha dejado hacer, hasta cierto punto. Cuando se trataba de ir a contar verdades, cualquiera que lleve escribiendo en las revistas desde hace más de diez años, como es mi caso, puede vislumbrar, calladamente, este punto crítico. El punto de una verdadera crítica, una crítica que no solo sea un artículo de opinión fácilmente contrarrestado por el poderío de Prisa y demás prensa local, sino una opinión fundada en hechos contrastables, y no directamente proveniente de la derecha mediática. Entonces ya no. Qué curioso, qué triste y qué terrible. He aquí el artículo:

RECONSTITUCIONALIZAR LA DEMOCRACIA

El presidente del Gobierno ha manifestado que las siguientes generaciones, incluida la suya, verán muy posiblemente la reforma de la Constitución de 1.978 (en adelante CE78). Pero el Presidente del Consejo de Ministros podría haberse esperado un poco, y no haber promovido y aprobado la reforma de los Estatutos de Autonomía en un sentido -y esto sin mencionar el caso del Estatuto de Cataluña- que Alemania e Italia han rechazado, y que sigue resultando inimaginable en Francia y aun en el Reino Unido. Podría haber acometido, con la ambición que dice haber tenido para al cabo vulnerar, en mi opinión, la Constitución del 78, la reforma constitucional verdaderamente pendiente aun desde 1.978: la del Senado.

El Senado podría ejercer, en efecto, como Cámara de representación territorial, podría ser la cámara de segunda lectura con veto cualificado para los asuntos de competencia autonómica o compartida, la cámara en la que el patrimonio plural de culturas de España (mencionado en el Preámbulo de la CE78) pudiera ser escuchado, atendido y debatido. Pero ahora mismo nos encontramos en una situación paradójica, o más bien absurda: en una especie de unicameralismo jacobino de tinte despótico en cuanto última ratio cuasi no deliberativa de los asuntos que previamente han sido abordados por los parlamentos autonómicos blindados no solo al Gobierno central sino también a sus propios municipios y ciudades. Más grave que la querella competencial es la vulneración de derechos constitucionales en algunas de estas comunidades, y su propósito, más bien delirante como vamos a ver, de soberanía compartida, y esto en el mejor de los casos.

El ilustrado español de la segunda mitad del siglo XVIII, Ibáñez de la Rentería, fue uno de los pocos en asumir ya entonces plenamente el significado de la democracia: “La excelencia de este género de gobierno está principalmente en ser más inmediato a su constituyente, que es la universalidad de los Ciudadanos, a quienes todo gobierno representa y en que cada Individuo con la capacidad universal para elegir los miembros de gobierno ejerce en algún modo por sí mismo la soberanía en esta continua creación. Por consiguiente este gobierno es más lisonjero al pueblo, más igual y más moderado, pero no carece de defectos” (citado por Mario Onaindía en su imprescindible libro "La construcción de la nación española", pág. 238). Este significado y no otro es el que requiere a mi modo de ver ser reconstitucionalizado, aunque el Presidente actual nos haya ofrecido en verdad más dificultades que oportunidades de hacerlo bien, o incluso, en algún caso, y esto es lo más grave, simplemente de hacerlo, a falta de sentencia, cuando escribo esto, del Tribunal Constitucional.

El Senado fue uno de los puntos calientes del debate de los constituyentes de 1808-1812. Jovellanos era un firme defensor de su existencia. Un buen funcionamiento del Senado, hoy como entonces, hubiese permitido una efectividad sin malentendidos ni opresiones del término nacionalidad, que junto a las regiones aparece en el artículo 2 de la CE78 integrando la nación española. Como es sabido, el término nacionalidad proviene en la tradición española de la obra de Pi y Margall, cuyo problema fue mezclar a Proudhon con Hegel y dar pie a que un discípulo suyo, Valentí Almirall, fundara en "Lo catalanisme" el nacionalismo catalán, antecedente del vasco, con el nombre de particularismo. El sueño utópico de los Pi y Margall, Garrido y la primera generación del krausismo no tenía ninguna viabilidad: en EEUU el partido confederal había sido derrotado ya en 1860-65 en unas elecciones y en una guerra que refundaron la nación que hoy sigue siendo la más radical y admirable democracia del mundo entero. No sé por qué en España al confederalismo se le siguió llamando, aun en la 2ª República, federalismo, aunque ahora bien se le añade lo de asimétrico. Además, el primer proyecto de República implicó el asesinato de Prim, inaugurando una tradición que tambien se llevó por delante a Cánovas, a Dato y en fin a la misma democracia española que a trancas y barrancas se había ido configurando durante todo el siglo XIX hasta la Constitución, restauradora de una monarquía parlamentaria, de 1.876.

Mucho se ha dicho en negativo de la llamada Restauración. Sin embargo, puso los cimientos de lo que podría haber sido una política española sin dictaduras en el siglo XX. Al asesinato de Cánovas cuando ya existía el sufragio universal masculino le siguió sobre 1.920 el de Dato, que finalmente antecedió a la dictadura obrerista de Primo de Rivera, y ésta a la República de los “trabajadores de todas las clases” que no aceptaron el primer cambio de gobierno del régimen. Sin duda la Restauración presentaba graves carencias, muchas de ellas como herencia histórica que la política española del siglo XIX surgida a partir de la Constitución de Cádiz había intentado amortizar de forma diversa. Entre ellas cabe destacar la principal, que aúna, más allá de la expulsión de los judíos y la Contrarreforma, la confusión del orden político con el religioso-eclesial producida por el fallido proyecto tardomedieval o protomoderno (según como se mire) de la monarquía hispánica universal, en tiempos de Felipe II, con la consiguiente ausencia de solidez en la revolución científica, tecnológica, económica y finalmente política en que consistió propiamente la modernidad europea y occidental a partir de 1.600.

No se trata de que España fuera católica, o tuviera que serlo, como aún prescribía la Pepa, ni que tuviera que dejar de serlo, como anunció Azaña. Tampoco de profesar la fe del vicario saboyano. Se trata de que las instituciones y la sociedad civil en general habían perdido el tren de la velocidad moderna. A principios del siglo XVI el Rector de Salamanca, Pérez de Oliva, publicó un "Diálogo de la dignidad del hombre" al modo del escrito años antes por el florentino Pico della Mirandola. No hay nadie durante todo el siglo XVIII en España ni en Portugal que escriba al modo de Locke o Voltaire una "Carta de la tolerancia". Si se escribe sobre la libertad de conciencia o de culto se hace solo como “libertad de escribir” (Foronda), o bien más a menudo en su contra. Tampoco el proyecto de una academia de ciencias al modo de la Royal Society de Londres (creada en torno a 1.660) llegará a buen puerto sino ya en 1.840, y en forma tan rígida como para que a finales del XIX una figura como Cajal le pasara desapercibida.

Aun con todo esto, la Constitución de 1.876, obra política de un siglo que empieza en Cádiz después de haberle recortado las uñas a la Inquisición española durante la Ilustración (Voltaire dixit de la obra de Aranda), fue y sigue siendo digna de tener en cuenta. Las medidas de modernización incluyeron, a pesar del mercadeo turnista (práctica que cabe imaginar generalizada en todo el mundo occidental), el ya mencionado sufragio universal masculino en 1.890, y ya en el siglo XX: el ministerio de educación; un puñado de leyes laborales; la asunción del programa de derechos civiles elaborado en el siglo pasado; y también la creación de la Mancomunidad de Cataluña como un primer paso de descentralización autonómica y municipal en toda España.

Quedaba, por supuesto, el problema militar de un país que había dejado de ser una potencia internacional mucho tiempo antes de lo que él mismo estaba dispuesto a reconocer. Este problema, junto a los nacionalismos catalanista y vasquista, y la cuestión de la jefatura del Estado, desembocaron, en unos contextos de crisis mundial, en las dictaduras españolas de todos conocidas. Nuestra democracia actual empieza a padecer también serios y ya conocidos problemas, ahondados en la última legislatura del Presidente Rodríguez Zapatero, pero por fortuna, de momento, el contexto internacional es muy diferente. No solo existe la Unión Europea sino la hegemonía de los Estados Unidos de América. Nuestra Monarquía, por otra parte, parece haber entendido por fin, tras el largo periodo sin rey de la dictadura franquista, aquel lema del reino de Aragón que Spinoza decía admirar y mediante el cual era el pueblo el que elegía al rey. Sin embargo, nunca está de más repetirlo: el Rey reina pero no gobierna. El Ejército, por su parte, va a la guerra si lo mandan las Cortes Generales, y si lo mandan éstas vuelve como se fue. Al pueblo no lo representa el Ejército, que lo defiende, sino el parlamento.

La Constitución de 1.978 puede seguir vigente durante muchos años. He hablado de la perentoria (aunque tal vez demasiado tardía) reforma del Senado. Podría ser una primera vía de reconstitucionalizar nuestra democracia, de democratizar nuestra vida en común. Otras materias también merecen ser revisadas, y aun desandadas: el poder judicial y la misma división de poderes, incluyendo a los medios de comunicación; el sistema de partidos y la ley electoral; el sistema de educación y formación en relación a nuestro modelo productivo de economía y a la calidad de nuestro conocimiento; la religión y su lento ajuste en el pluralismo moral de la sociedad; y en fin, la política exterior y nuestra relación con Suramérica. En aras siempre de una hispanidad cívica en el marco de una sociedad libre, recordemos para acabar las palabras de Spinoza en su "Tratado político": “La democracia es la asociación general de los hombres que posee colegialmente el supremo derecho a todo lo que puede”.

15/10/2008 19:26 Autor: procopio. Enlace permanente. Hay 3 comentarios.


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