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procopio: café filosófico

El fantasma de Pelé

Ha empezado el Mundial.

Una vez leí, años después de haber escrito esto hace unos años, que Spinoza soñó en un brasileño, en un negro brasileño. Yo también. No sé si de la misma forma, ni tampoco muy bien por qué.

EL FANTASMA DE PELÉ

“Quizá hubo un segundo en que negó la inminencia y el tiempo fue marcado y se volvió indeciso, y en el que Szentkuthy vio claros la línea divisoria y el muro normalmente invisible que separan vida y muerte, el único `Aún no´y el único `Ya está´ que cuentan. A veces están en poder de las cosas más nimias, de unos dedos sin fuerza que se han cansado de buscar un bolsillo y tirar de una manga, o de la suela de una bota”.
“En el tiempo indeciso”, Javier Marías, "Cuentos de fútbol"

De la grata estirpe fantasmal existen dos gamas: una, la que acude oportunamente en nuestra ayuda exigiendo como contrapartida un mínimo esfuerzo por nuestra parte –así el fantasma del "Cuento de Navidad" de Dickens-, y otra, la que en las noches de febriles pesadillas nos resquebrajan la razón con miedos y zozobras –así en todos los monstruosos relatos de Lovecraft-. Los primeros, los fantasmas socorristas por llamarlos de alguna manera, tienen algo de héroes: en contra de la imaginería religiosa que asocia la bola encadenada con el castigo de sus culpas, desde una perspectiva moral atenta a la hazaña vital los fantasmas están condenados y encadenados a su naturaleza como los héroes lo están a su trágico destino. Por otra parte, que los fantasmas sean un poco fantasmas, es decir, que hagan fiel honor a la palabra que los designa no viene más que a corroborar un hecho irrefutable: contra los terribles y extraños monstruos de la muerte sólo alguien un poco fantasma para ser fantasma puede entablar combate de igual a igual... Los que en el mejor caso sólo somos meros fantasmillas o fantochetes nos tenemos que resignar a aprender de tales héroes de la vida; puede que entonces, junto a ellos, empecemos a luchar.

Explicaba Savater que cuando el insomnio nocturno lo martirizaba de miedo y horror solía recurrir en un último sueño no menos desesperado a los héroes literarios que había tenido la oportunidad de conocer: Tarzán llamando a los elefantes, Sandokán desafiando al mundo entero, King Kong intentando abrazar el mundo... De este modo, la fuerza de la vida volvía a instalarse en él y podía dormir tranquilo. Ya de mayor, el propio Savater, a propósito ahora de otros fantasmas esta vez cuadrúpedos y llamados caballos de carreras, llegó a escribir lo siguiente: “Pero yo sé lo que es la libertad (aunque a veces no acierte a explicarlo) gracias a que frecuento el hipódromo...”. Todos tenemos nuestro tesoro de vida y libertad, encontrar la isla y buscar el tesoro: esta es la cuestión realmente moral de quien ha elegido vivir. ¿Fantasmas, tesoros? A propósito de Lucrecio, quien en cuestiones de ciencia-ficción y apariciones espectrales tiene la última palabra, apuntaba Rosset la posibilidad de dividir a los hombres en dos categorías: “los débiles de espíritu, que creen en fantasmas, y los que, aún poseyendo gran fortaleza de espíritu, creen igualmente en los fantasmas”. Por lo que me concierne, en la travesía que emprendí hace veintitantos años he tenido la suerte de encontrar una de las joyas de mi vida y mi libertad, cuyo fulgor toma un cuerpo vagamente espectral, una figura suspendida en la eternidad del éter. Como habrán adivinado, estoy hablando del fútbol y más concretamente de un futbolista. Yo también padecí noches insomnes en las que, aterrorizado hasta la fascinación, me asaltaban imágenes terribles de bestias asesinas, cuerpos mutilados, caras malvadas e incluso desastres apocalípticos... tan exageradamente angustiosas, pero tan verdaderas, que ahora, desde la lejanía, me asustan lo suyo. He llegado a la schopenhauriana conclusión de que vivir, lo que se dice vivir, pasarlo auténticamente bien y auténticamente mal, sólo vivimos de pequeños: la vida adulta y todo lo que conduce a ella no es más que una mala imitación o un intento desesperado y a menudo patético por recuperar la infancia. Mis pesadillas infantiles fueron terriblemente ciertas y si no fuera por su sorprendente radicalidad me consideraría a mí mismo un mentiroso. Pero por suerte, en tal sudorosa tesitura, encontré a mi fantasma, a mi divinidad vigilante, alguien que sólo en mi fuero interno podía estar, algo inesperado. Recuerdo el horror y el último grito sordo de socorro. Apareció una figura que jugaba al fútbol, que hacía maravillas con el balón, que se reía. Sólo reclamaba valor. Era mi héroe: era Edson Arantes do Nascimiento, Pelé.

El fútbol o balompié ha tenido millones de seguidores ya desde Aristóteles, aunque por aquel entonces, según lo poco que sabemos, el juego era un pelín más bruto y podía acabar con la cabeza de alguien como pelota. Heródoto atribuye su invención a los licios. En Italia recibe el nombre de calcio porque las primeras noticias que se tienen de la práctica del deporte del pie y del balón se localizan en la antigua Calcis del sur de la península itálica. Bien es verdad sin embargo que el fútbol tal como lo conocemos hoy es una invención británica fechada a mediados del siglo pasado. Desde entonces las reglas del juego no han variado en esencia. Quizá haya sido en estos últimos años cuando el debate sobre la necesaria reforma del fútbol se ha hecho más acuciante; son muchos, demasiados, los millones que se mueven alrededor de un deporte que ha convertido la profesión de futbolista en un negocio del que todo el mundo quiere sacar pitanza. Las exageradas cantidades de dinero que cobran actualmente los jugadores, no obstante, molestan sobre todo a los socios de los clubs, quienes se indignan tontamente por algo que ellos mismos han contribuido a crear. Personalmente, mi relación con el fútbol ha sido de las que uno nunca llega a estar cansado, todo lo más relajado. Tampoco me une a él, al menos no prioritariamente, la posibilidad ya advertida por Pla de entablar conversación y promover relaciones sociales que procura la dimensión sociológica del deporte en general y del fútbol muy en particular. Aunque bienvenida sea dicha función, sin duda más pacífica que la de ir a hacer la guerra, por ejemplo, no es lo mismo enamorarse de una mujer que enamorarse de una muñeca hinchable. Sólo los sociólogos pueden llegar a apasionarse por las funciones, sobre todo sociales; también los funcionarios. Pero lo que me interesa, lo que yo quiero de verdad es carne al horno y no plástico al microondas. De tal naturaleza exclusiva es mi idilio con el fútbol que disfruto más, o al menos el goce es deliciosamente diferente, viendo un partido a solas que acompañado (aunque realmente nada hay mejor que la buena compañía). No me gusta discutir con quien sólo se conforma con ganar ni tampoco con el recién llegado que aplica sus conocimientos matemáticos de ingeniería botánica para explicarse mejor. Hablar de fútbol, no quejarse del resultado del domingo o de la decisión del árbitro, la verdad es que hablo muy de vez en cuando, aunque en el momento que veo en los ojos de mi contertulio un centelleo admirado por la jugada de fútbol que acabo de comentar, o una mueca contrariada pero apasionada, le acribillo a discreción y sin piedad con todo mi arsenal de recuerdos, inquietudes y gustos futbolísticos. Finalmente, unas palabras contra las repetidas críticas marxistas y racionalistas sobre la pretendida alienación que provoca el fútbol, opio del pueblo para las primeras, incomprensible afición de algunas personas inteligentes para las segundas. No es necesario extenderse: para los marxistas, todo lo que ellos no hayan organizado no deja de ser una malévola maniobra del capital; para los racionalistas fanáticos, para los locos, el movimiento y la imaginación siempre han sido enemigos declarados. Sin dudad hay imbéciles, quizá demasiados, a quienes gusta el fútbol... pero entenderán que ese no es mi problema. Amo el fútbol, no lo defiendo. De modo que en el momento en que la tristeza y la seriedad, la estupidez y la pedantería vuelven para aniquilarme, aparece de nuevo quien yo quiero, mi valor y mi tesoro: Pelé haciéndole un gol inolvidable al monstruo del horror y del miedo.

Por lo común, se entiende que ha habido cuatro grandes jugadores en la breve historia del fútbol moderno, a falta de los que se puedan ir añadiendo en el futuro. En un hermoso artículo publicado en El País, Ángel Cappa los definía de la siguiente manera: “Di Stéfano fue la ciencia; Pelé, la jugada imposible; Cruyff, un manual, y Maradona, un mago”. Quizá haya sido de Di Stéfano de quien he escuchado más y más sinceros elogios. En uno de aquellos libros didácticos sobre fútbol que tenía uno de mis hermanos, Di Stéfano aparece como el mejor delantero centro de todos los tiempos. Mi padre, que aseguraba haberlo visto jugar, no se cansaba de repetir que Di Stéfano fue el único de los grandes en no acomodarse jamás; incluso del cinéfilo Juan Tébar oí decir lo mismo: la Saeta Rubia siempre estaba ahí, dispuesto a dar el taconazo que abre hueco o a marcar el gol de la victoria. Di Stéfano (y otros, claro) hizo grande al Madrid, y para un medio-barcelonista como yo este dato incrementa cierta maliciosa sospecha de que no fue para tanto; si me oyera mi padre me desheredaría al instante, de modo que la cosa quedará sin más en una ligera discrepancia. En segundo lugar, Cruyff. Como único europeo de los cuatro quizá no sea errónea la obsesión calculadora y previsora que se le atribuye. Pero no hay nada pernicioso en intentar racionalizar un juego tan instintivo y físico como el fútbol si el empeño es apasionado, como sin duda lo fue el del Profeta del Gol. Cruyff no sólo nos dejó miles de quiebros y escaramuzas que ejemplifican la inteligencia de un juego considerado en algunos lares para subnormales; a parte de “grande”, el holandés ha sido como mínimo dos cosas más: poeta y anti-entrenador. De lo primero recuerdo un verso sumamente revelador: “Estoy solo ante la portería/y no tengo ni un segundo para pensar”; de lo segundo he tenido la suerte de acudir varias veces al Camp Nou en su mágica época de mister. En una ocasión el periodista Feliciano Fidalgo le preguntó a Savater qué sabía de Cruyff. La respuesta del filósofo no fue más que una sincera confesión de ignorancia, pero apuesto mil duros contra uno a que Fidalgo también piensa que Cruyff es, salvando todas las distancias, el Voltaire del fútbol. Por último, el único grande de mi infancia, Diego Armando Maradona, el Pelusa. Quizá el legendario gol que le marcó a la selección de Inglaterra en el mundial de México´86 llegara demasiado tarde para ayudarme en la lucha contra el atroz miedo enloquecedor. De otro modo este texto estaría dedicado a su figura. Maradona volvió “al sol, a la cancha, al balón”, de donde nunca tendría que haber salido, como magistralmente escribió otro argentino, Jorge Valdano. Maradona es uno de ellos, aunque personalmente haya tenido que pagar caro su genial destino.

Y sin embargo, yo soñaba con Pelé. Pelé era el fútbol, Pelé era la alegría, Pelé era a la vez la vida y la libertad. En los años 80 el astro moreno llegó a aparecer en Victory (“Evasión o victoria”), irregular pero entrañable película del viejo John Huston, cuyo mejor acierto radica justamente en tal presencia. Yo amo la leyenda de Pelé que empezó a fraguarse un lejano día de 1958. En la final del campeonato mundial que Brasil ganó a Suecia, un joven chaval de 17 años cogió el balón a media altura, en el borde del área contraria, de espaldas a la portería, lo paró con el pecho, lo tocó lo suficiente para birlar al alto defensa, entró con un giro en el área chica y antes de que cayera envió un tremendo derechazo que se convirtió en el gol a partir del cual todos los goles son posibles. Su corta edad es una señal más de la madera de que estaba hecho Pelé: todos los héroes han sido precoces e insolentes. En aquel su primer Mundial, Pelé empezó a dictar su gloriosa lección destrozando todos los límites que no fueran el suyo propio. La imagen de Pelé levantado en hombros por sus compañeros, con su primera Copa del Mundo en las manos, llorando de emoción y de contento, es la imagen de su más decisivo triunfo: el triunfo de quien se arriesga a hacer lo que quiere y sueña. Tuvieron que pasar doce años, sin embargo, para que aquel jovenzuelo genial se coronara rey del fútbol, doce años en los que Pelé siguió imaginando goles furiosos que hicieran pedazos el orden de la muerte y jugadas maravillosas que iluminaran el caótico camino de la vida. En el campeonato mundial disputado en México en 1970 Pelé realizó la gesta más sublime, liderando y capitaneando al que está considerado mejor equipo de la historia del fútbol. En aquella imborrable final contra la selección de Italia, Pelé inauguró el marcador con un espléndido cabezazo, demostración de fuerza y calidad, que sin embargo fue contrarrestado por el temeroso cattenaccio. A partir de aquel instante, los dioses se aliaron con los valientes y se levantó el vendaval brasileño: un toque aquí, una pared allí, centro al segundo palo, templanza del balón, chut. Vuelta a empezar: desplazamiento largo, geométrico, suave control, fulminante disparo. Otra vez: veloz apertura a las bandas, corrimiento de espacios, febriles diagonales, solitario remate... En aquella final, que sólo he podido ver por televisión, se concentra todo lo que el fútbol puede enseñarnos, y no me refiero únicamente a las lecciones que nos pueda dar de cómo jugarlo. Pero hay unos segundos de aquel partido, un gol que ahora no recuerdo si es el segundo o el cuarto del equipo de Brasil... Por una vez, digo, por una vez prefiero la televisión al directo para ver ese gol. Porque ya me dirán a quién diablos pasaba Pelé. La tarde es soleada en Ciudad de México, el césped brilla de un verde intenso, el 10 amarillo recibe el balón en la frontal del área y gira sobre sí mismo, majestuosamente; alza la cabeza para ver qué puede hacer, pero no hay nadie ahí delante. Oye un rumor, quizá el susurro que tantas noches lo ha desvelado, mientras el público grita. Con un suavísimo y preciso toque abre a la derecha, dando espacio y tiempo. Entonces aparece corriendo aquel viejo y largo lateral derecho, el viejo y largo lateral derecho del mejor equipo del mundo, quien, con la complicidad del que comprende el generoso gesto de quien hace lo que sueña, empalma un soberbio cañonazo que descubre un agujero en la escuadra de la portería contraria. Cuando la pelota impulsada mágicamente por Pelé y el pie de Carlos Alberto se encuentran, cuando vuelvo a ver o a imaginar aquella suerte de perfecto triángulo en movimiento siempre recuerdo ahora los imperecederos versos de Keats: Beauty is truth; truth beauty- that is all / Ye know on earth, and all ye need to know. También la segunda imagen que mi memoria ha tenido a bien conservar de aquel partido es la de O Rei abrazado a un compañero con el puño en alto en señal de victoria. En aquella instantánea Pelé ya no llora de emoción, ahora ríe, ríe y ríe, como un crío, como el niñato que debutó a los 17 añitos, como el hombrecito que ha sobrevivido al terror y que al fin ha vencido a la muerte. Porque en aquella imagen Pelé no celebra un gol, Pelé celebra la victoria de la alegría, el triunfo de vivir.

Pelé es brasileño, y si nos dejamos llevar por los patriotismos este dato no es del todo baladí, aunque resulta cuanto menos curioso y liberador contrastarlo con la bandera que lo cobija. Lo reconozco, mi Pelé viste uniforme... ¡pero qué uniforme! ¿Qué cara se le quedaría a Auguste Comte si viera que su máxima de orden y progreso impresa en la bandera de la nación es la que ondea mientras cualquier genio futbolístico brasileño pone en duda la necesidad del mundo? Porque a parte de Pelé recuerdo por lo pronto algunos talentos más nacidos en la ex colonia portuguesa: Garrincha, Jairzinho, Romario, ahora Ronaldinho, del que dicen que va a ser el quinto en formar parte del Olimpo... El carácter de este tipo de jugadores, como el carácter de los grandes hombres, no es sólo rebelde: además de impertinente su rebelión está revestida de eficacia. Cuentan de Garrincha hazañas que ilustran lo dicho: corría por la banda con sus piernas patizambas, paraba, dejaba la pelota muerta y empezaba a hacer piruetas sin más pretensión que las ganas de divertirse, cuando el adversario se daba cuenta de ello indignado por la mofa a la que había estado sometido, Garrincha tocaba suavemente el balón con la cabeza alta, esquivaba la embestida del atónito defensa, corría un poco más y empezaba de nuevo su alegre baile... hasta que decidía poner la directa y marcar gol. Cabe imaginar a la gente jaleando tales espectáculos de habilidad. Otra leyenda que conocí de pequeño tenía por protagonista a un médico de profesión con nombre de filósofo que además jugaba al fútbol estupendamente. Sócrates se llamaba, y formó parte de otro memorable equipo brasileño sin la suerte de tener a Pelé en sus filas, me refiero a la selección de Zico y Falçao que disputó el Mundial de España y que cayó tristemente eliminada ante la Italia de Paolo Rossi. Pues bien, dicen que Sócrates tiraba los penaltis de tacón, sin mirar a portería, y que no fallaba ni uno, aunque yo no lo puedo asegurar. A quien sí he visto jugar ha sido a Romario, uno de los mejores jugadores de área de la historia del fútbol, y haciendo aquel chispeante regate que significó el primero de los cinco goles que el Barça le marcó al Madrid una fría noche de enero, y que fueron oportunamente replicados un año después. Ese instante en que Romario recibe el balón, lo enseña y lo amaga y lo empuja al fondo de la red... eso es libertad. Si Albert Camus aprendió las mejores lecciones de ética jugando al fútbol, como enfatiza hoy en día cualquiera, es porque el fútbol no enseña precisamente a ser esclavo de nada. Nadie como estos y otros grandes futbolistas han sabido demostrarlo.

Pero la leyenda más conocida del fútbol, la gesta más asombrosa e increíble que yo conozca fue obra, cómo no, de Pelé. En uno de los insulsos partidos de aquel campeonato del 70, Pelé agarró el balón en el centro del campo, levantó la cabeza y sin pensárselo dos veces envió un fuerte y ajustado disparo que, pese a no entrar, nos dejó a todos boquiabiertos para siempre. Ese gol que no fue gol simboliza a la perfección la momentánea maravilla del fútbol y de la vida. ¿No es sencillamente ejemplar que la leyenda más significativa sea una jugada que no acabó en gol? ¿No debiera esta paradoja servirnos a todos para apaciguar el ansia de ganar muchas veces innoble y para aprender a disfrutar más y mejor de lo que no es más ni menos que un juego entre humanos? Desde aquel entonces muchos han intentado hacer lo mismo, incluso con mejor suerte, pero sigo pensando que no son ellos, que cuando reciben en la media y vislumbran la posibilidad de marcar desde ahí, es Pelé quien está en ellos. No sólo en este tipo de jugadas vuelve a nosotros O Rei; cada vez que algún futbolista, ni que sea un chavalín de la calle o el jugador más millonario, sorprende al mundo con un quiebro magistral o una volea portentosa, es Pelé el campeón quien aparece transfigurado. Porque continúa teniendo ganas de intentarlo una vez más, porque sabe que lo importante es ser uno mismo cuando de repente se da cuenta de que en verdad somos muchos y que podemos hacer multitud de cosas, impensables hasta entonces, posibles desde ya. Contra la pesadumbre, la rutina, el aburrimiento, el miedo, el dolor o la impotencia, siempre aparecerá Pelé jugando al fútbol. Contaba Valdano de un jugador español que cuando éste salía disparado en diagonal hacia la portería sorteando a todos los defensas, le entraba el diablillo en el cuerpo. No era el diablo, Jorge, era Pelé. El fantasma de Pelé.

Ximo Brotons


El Manifiesto de Euston

El Manifiesto de Euston se presentó el jueves pasado en Londres. Vamos a ver si esto funciona:

Por una renovación de la política progresista


A. Preámbulo

Somos demócratas y progresistas, y proponemos un nuevo alineamiento político. Muchos pertenecemos a la izquierda, pero los principios que propugnamos no provienen exclusivamente de este ámbito. De hecho, abarcamos desde la izquierda socialista hasta los liberales igualitarios y otros comprometidos de manera clara con la democracia. En realidad, la reconfiguración del pensamiento progresista a la que aspiramos implica el trazado de una frontera entre las fuerzas de izquierdas que permanecen fieles a sus valores auténticos y otras corrientes que últimamente han manifestado una excesiva flexibilidad respecto de esos valores. Supone hacer frente común con los demócratas de verdad, sean o no socialistas.

Nuestra iniciativa hunde sus raíces en Internet, especialmente en la “blogosfera”, a través del cual ha hallado su base de simpatizantes. Somos conscientes, sin embargo, de que esta base política está infrarrepresentada en otros ámbitos, como los medios de comunicación y otros foros de la vida política contemporánea.

A continuación exponemos nuestra declaración de intenciones, resumida en principios básicos que suscribimos. Con ella inauguramos un nuevo sitio en la Web que brindará apoyo a la corriente de opinión que aspiramos a representar y que acogerá diversos blogs fundacionales y otros sitios en la Web que se asocian a este llamamiento por una nueva configuración progresista.

B. Declaración de principios

1. Por la democracia
Manifestamos nuestro compromiso con las normas democráticas, sus procedimientos e instituciones, entre las que destacamos la libertad de opinión y reunión, los comicios libres, la separación de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial y la del Estado y la religión. Apreciamos las tradiciones e instituciones y el legado de buen gobierno de aquellos países en los que ha arraigado la democracia pluralista y liberal.

2. Contra la apología de la tiranía
Nos negamos a justificar o a manifestar nuestra indulgente “comprensión” de los regímenes y movimientos reaccionarios para los cuales la democracia es un enemigo detestado; unos regímenes que oprimen a sus propios pueblos y unos movimientos que aspiran a poder hacerlo. Trazamos con mano firme una frontera entre nosotros y quienes desde posturas progresistas de izquierdas se apresuran actualmente a brindar razones exculpatorias a estas fuerzas políticas.

3. Derechos humanos para todos
Consideramos que los derechos humanos fundamentales inscritos en la Declaración Universal son precisamente universales y que son obligatorios para todos los Estados y movimientos políticos y, de hecho, para todos los seres humanos. Las violaciones de estos derechos deben ser condenadas, con independencia de quiénes sean sus responsables y de cuál sea su contexto cultural. Rechazamos el doble rasero que actualmente aplica buena parte de la autoproclamada opinión progresista, para la que las violaciones de los derechos humanos más benignas (aunque desgraciadamente existentes) cometidas cerca de casa o a manos de gobiernos desfavorecidos son siempre más denunciables que otras violaciones flagrantemente más graves. Rechazamos asimismo el relativismo cultural en virtud del cual es posible sostener que estos derechos humanos básicos no son aplicables a determinadas naciones o pueblos.

4. Igualdad
Abrazamos los principios de una política igualitaria universal. Aspiramos al progreso en las relaciones entre los sexos (hasta lograr la igualdad de género plena), entre diferentes comunidades étnicas, entre los seguidores de las diversas religiones y quienes no tienen afiliación religiosa y entre personas de distintas orientaciones sexuales, así como a la igualdad social y económica más amplia en todos los ámbitos. Por manifestarse entre nosotros diferencias de apreciación al respecto, dejamos abierta la definición de las mejores formas económicas de lograr esta igualdad generalizada, pero apoyamos los intereses de los trabajadores en todo lugar y su derecho a organizarse para defenderlos. Los sindicatos democráticos son las organizaciones de base en la defensa de los intereses de los trabajadores y una de las más importantes fuentes de los derechos humanos, la promoción de la democracia y el internacionalismo igualitario. Los derechos laborales son derechos humanos. Consideramos una prioridad la adopción universal de las Convenciones Internacionales de Regulación del Trabajo, en la actualidad sistemáticamente ignoradas por los gobiernos de todo el planeta. Estamos comprometidos en la defensa de los derechos de la infancia y en la protección de las personas contra la esclavitud sexual y cualquier forma de malos tratos institucionalizados.

5. Desarrollo para la libertad
Defendemos el desarrollo económico global para la libertad y contra la opresión económica estructural y la degradación del medio ambiente. La expansión actual de los mercados globales y la libertad de comercio no deben servir los limitados intereses de una pequeña elite corporativa del mundo desarrollado y sus asociados en los países en desarrollo. Los beneficios del desarrollo a gran escala a través de la expansión del comercio global deben distribuirse los más ampliamente posible a fin de servir los intereses económicos y sociales de los trabajadores, agricultores y consumidores de todos los países. La globalización debe aspirar a una integración social global y al compromiso con la justicia social. Apoyamos una reforma radical de las principales instituciones encargadas del gobierno global de la economía (Organización Internacional de Comercio, Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial) para que lleven a cabo estas políticas, y apoyamos asimismo el comercio justo, el incremento de las ayudas, la cancelación de la deuda y la campaña “Make Poverty History”. El desarrollo puede garantizar el incremento de la esperanza de vida y la mejora de su disfrute, mediante la atenuación de los trabajos más pesados y la disminución de la jornada laboral. También puede aportar una mayor libertad a los jóvenes, posibilidades de nuevas actividades para los adultos y seguridad para los ancianos. Incrementa las perspectivas y oportunidades de viajar y contribuye a que los extraños se hagan amigos. El desarrollo global debe implementarse de manera que garantice un crecimiento sostenible para el medio ambiente.

6. Oposición al antiamericanismo
Rechazamos con la mayor firmeza el antiamericanismo que actualmente infecta una parte importante del pensamiento progresista de izquierdas y parte del conservador. No se trata de postular a EE.UU. como modelo de sociedad, de cuyos problemas y defectos somos conscientes. Pero éstos forman parte también, en mayor o menor medida, de todo el mundo desarrollado. Estados Unidos de América es un gran país y una gran nación, que alberga una democracia consolidada con una noble tradición a sus espaldas y logros sociales y constitucionales duraderos alcanzados en su nombre. Sus gentes han producido una cultura llena de vida que procura placer, conocimiento y envidia a millones de personas. El hecho de que la política exterior de EE.UU. con frecuencia haya luchado contra gobiernos y movimientos progresistas y apoyado a algunos que son autoritarios y regresivos no puede justificar un prejuicio generalizado contra ese país y sus gentes.

7. Por la solución de los dos estados
Reconocemos el derecho tanto del pueblo israelí como del palestino a la autodeterminación, en el marco de dos estados distintos. La subordinación o eliminación de los legítimos derechos e intereses de una de las dos partes del conflicto no puede constituir una solución razonable del mismo.

8. Contra el racismo
Para los progresistas y la izquierda el antirracismo es un axioma de base. Nos oponemos a cualquier forma de prejuicios y comportamientos racistas, trátese del racismo antiinmigrantes de la extrema derecha; del racismo interétnico y tribal; del racismo contra personas originarias de países musulmanes y sus descendientes, especialmente en el marco de la Guerra contra el Terrorismo. La reciente reaparición de otra forma ancestral de racismo, el antisemitismo, no ha sido aún convenientemente reconocida en ambientes progresistas y de izquierda. Algunos explotan los legítimos agravios del pueblo palestino sometido a la ocupación israelí para enmascarar sus prejuicios contra el pueblo judío detrás del eslogan del “antisionismo”. De más está decir que también nos oponemos a este tipo de racismo.

9. Unidos contra el terror
Nos oponemos a todas las formas de terrorismo. El asesinato deliberado de civiles es un crimen reconocido por las leyes internacionales y todos los códigos de conducta bélica, y no puede ser justificado con el argumento de que se realiza en nombre de una causa justa. El terrorismo de inspiración islamista es hoy una realidad generalizada. Constituye una amenaza a los valores democráticos y la libertad de las personas en numerosos países. Ello no debe servir de justificación para los prejuicios contra los musulmanes, que son sus principales víctimas y entre los que se encuentran algunos de sus más valientes opositores. Pero como todo terrorismo, éste constituye una amenaza que ha de ser combatida y no justificada.

10. Un nuevo internacionalismo
Apoyamos una política internacionalista y la reforma de las leyes internacionales en pro de la democratización y el desarrollo globales. Las intervenciones humanitarias, cuando son necesarias, no son un desprecio de la soberanía sino su conveniente aplicación a la “vida en común” de las personas. Sólo los Estados que protegen mínimamente la vida en común de sus gentes (porque no torturan, asesinan o masacran a sus propios civiles y cubren sus necesidades vitales básicas) merecen que su soberanía sea respetada. Pero si el mismo Estado viola la vida en común de manera flagrante, su derecho a la soberanía queda revocado, y la comunidad internacional tiene la obligación de intervenir humanitariamente. Cada vez que se traspasa el límite de la inhumanidad, se impone la “responsabilidad de proteger”.

11. Apertura crítica
Basándonos en la desastrosa experiencia de las justificaciones de los crímenes del estalinismo y el maoísmo avaladas por la izquierda, así como en más recientes ejemplos de esta conducta (algunas reacciones a los crímenes del 11-S, la búsqueda de excusas para el terrorismo suicida, la reciente y vergonzosa colaboración entre el movimiento del “no a la guerra” y los teócratas dogmáticos), rechazamos la idea de que no puede haber enemigos en la izquierda. Del mismo modo, rechazamos la idea de que no pueden tenderse puentes a ideas y personas situadas a nuestra derecha. Los izquierdistas que hacen causa común con. o hallan excusas para, las fuerzas antidemocráticas deben ser criticados de la manera más clara y contundente. A la inversa, prestamos atención a voces e ideas liberales y conservadoras que contribuyen al fortalecimiento de las normas y prácticas democráticas y a la lucha por el progreso de la humanidad.

12. La verdad histórica
En sintonía con los presupuestos humanistas de base del movimiento a favor del progreso de la humanidad, manifestamos enfáticamente el deber de los genuinos demócratas de respetar la verdad histórica. No sólo los fascistas, los negacionistas y otros de esta especie han intentado borrar las huellas de la historia. Una de las tragedias de la izquierda es que su misma reputación se vio masivamente comprometida por el movimiento comunista internacional, y algunos de sus miembros aún no han aprendido la lección que se impone. La honradez política y la franqueza son para nosotros una obligación fundamental.

13. Libertad de pensamiento
Defendemos la tradicional libertad de pensamiento liberal. Más que nunca, hoy es necesario afirmar que, con las normales limitaciones contra la difamación, el insulto y la incitación a la violencia, se debe defender el derecho a criticar ideas (incluso sistemas de ideas) suscritas por otros. Esto incluye la libertad de criticar las religiones, tanto los credos específicos como la religión en general. El respecto debido a los otros no supone el silenciar las propias creencias cuando se constata que están siendo relegadas.

14. Código abierto
En el marco del libre intercambio de ideas, y con el fin de fomentar las iniciativas intelectuales conjuntas, apoyamos el desarrollo sin trabas del software y otras herramientas creativas y nos oponemos al registro de genes, algoritmos y fenómenos de la naturaleza. Nos oponemos a la aplicación retroactiva de las leyes de propiedad intelectual en beneficio de los intereses corporativos de los propietarios de derechos de autor. El modelo “open source” (código abierto) es colectivo y competitivo, colaborativo y meritocrático. No es un ideal teórico sino una realidad comprobada que ha generado un conjunto de bienes comunes cuya solidez y fortaleza se ha consolidado durante décadas. De hecho, la colaboración en el marco del código abierto se desprende de los ideales colegiados de la comunidad de investigadores científicos, que han sido la fuente del progreso del hombre a lo largo de los siglos.

15. Una herencia que hay que proteger
Rechazamos el miedo a la modernidad, el miedo a la libertad, el irracionalismo, la subordinación de las mujeres. Y reafirmamos las ideas que inspiraron los grandes llamamientos colectivos de las revoluciones democráticas del siglo XVIII: libertad, igualdad y solidaridad, derechos humanos, búsqueda de la felicidad. Estas ideas seminales se convirtieron en nuestra herencia gracias a las transformaciones socialdemócratas, igualitarias, feministas y anticolonialistas de los siglos XIX y XX, que aspiraron a la búsqueda de la justicia social, el estado del bienestar, la hermandad y sororidad de todos los hombres y mujeres. Nadie puede verse excluido, nadie debe quedar marginado. Somos partidarios de estos valores. Pero no somos fanáticos, y por ello abrazamos igualmente los valores del libre cuestionamiento, el diálogo abierto y la duda creativa, del juicio ponderado y la conciencia de los límites impuestos por la realidad. Nos oponemos con el mayor vigor a la imposición de una verdad total, incuestionable y acrítica.


C. Elaboraciones

Defendemos las democracias pluralistas y liberales contra quienes ignoran las diferencias entre ellas y los totalitarismos y otros regímenes tiránicos. Pero las democracias tienen sus propios defectos y limitaciones. La lucha por el desarrollo de instituciones y actuaciones más democráticas, y a favor del acceso al poder de quienes carecen de influencia, voz o recursos políticos, es un aspecto vigente para cualquier programa de izquierdas.

Las bases económicas y sociales en las que las democracias liberales se asientan están marcadas por profundas desigualdades de riqueza y salarios y por la pervivencia de privilegios inmerecidos. A su vez, las desigualdades globales son objeto de escándalo para la conciencia moral de la humanidad. Millones de seres humanos viven en la más terrible pobreza. Cada semana, decenas de miles de personas (sobre todo niños) mueren de enfermedades curables. La desigual fortuna, entre individuos y entre países, reparte arbitrariamente entre los hombres la posibilidad de sobrevivir.
Este estado de cosas es un reproche permanente a la comunidad internacional. Nosotros, personas de izquierdas, respetando nuestras tradiciones, luchamos por la justicia y una vida digna para todos. En nombre de esas mismas tradiciones, también hemos de luchar contra las poderosas fuerzas de tiranías de corte totalitario que han vuelto a ponerse de manifiesto. Tenemos que librar estas dos batallas simultáneamente. No es posible sacrificar ninguna.

Repudiamos el modo de pensamiento según el cual los sucesos del 11 de septiembre de 2001 fueron la moneda justamente devuelta a Estados Unidos, y que son “comprensibles” a la luz de los legítimos agravios generados por la política exterior de este país. Ese día se perpetró un asesinato masivo, inspirado por odiosas creencias fundamentalistas, que nada puede redimir. Ninguna formulación evasiva es capaz de ocultar este hecho.

Los impulsores fundacionales de este manifiesto adoptaron posturas diferentes ante la intervención militar en Irak, unos a favor y otros en contra. Reconocemos que era posible disentir razonablemente de las justificaciones de dicha intervención, la manera en que fue llevada a cabo, la planificación (o falta de planificación) del período posterior y las posibilidades reales de una implementación exitosa del cambio democrático en ese país. No obstante, todos coincidimos en la valoración del carácter reaccionario, semifascista y asesino del régimen baasista iraquí, y reconocemos en su derrocamiento la liberación del pueblo iraquí. También nos reúne la opinión de que, desde ese día, la primordial preocupación de los auténticos progresistas e izquierdistas debió de ser la lucha por lograr la implantación en Irak de un orden político democrático y la reconstrucción de las infraestructuras del país, así como la creación, después de décadas de la más brutal opresión, de un marco de vida para los iraquíes condigno con el que quienes viven en países democráticos dan por supuesto, en lugar de escarbar entre las ruinas de Irak en busca de argumentos sobre la intervención.

Esta actitud nos opone no solamente a quienes en la izquierda se han manifestado abiertamente a favor de las bandas de criminales djihadistas y baasistas de la mal llamada resistencia iraquí, sino también a quienes han buscado la manera de situarse entre estas fuerzas y los grupos que luchan por instaurar en ese país nuevas formas de vida democrática. Tampoco somos de la cuerda de quienes con la boca pequeña se declaran a favor de estos fines, mientras dedican la mayor parte de sus energías a criticar a sus adversarios políticos en casa (supuestamente responsables de todas las dificultades encontradas en Irak) y mantienen un silencio táctico casi total sobre las impresentables fuerzas de la “insurgencia” iraquí. Los numerosos opositores de izquierdas a un cambio de régimen en Irak que han sido incapaces de comprender los motivos que han conducido a otros miembros de la izquierda a apoyar ese proceso y que se dedican a decretar su anatema y excomunión, llegando recientemente a exigirles que hagan acto de contrición y se arrepientan, delatan con claridad meridiana los valores democráticos en los que creen. Las agresiones vandálicas contra sinagogas y cementerios judíos y los ataques a las personas judías están incrementándose en toda Europa. El “antisionismo” ha crecido hasta el punto de que supuestas organizaciones de izquierdas aplauden y apoyan a oradores abiertamente antisemitas y forman alianzas con grupos antisemitas. Entre personas cultas y acaudaladas se hallan individuos que no tienen empacho en afirmar que la guerra de Irak se hizo para defender intereses judíos o que elaboran otras sutiles y “educadas” insinuaciones acerca de la influencia de los judíos en la política nacional e internacional; unas insinuaciones que durante más de cincuenta años, y a consecuencia del Holocausto, nadie se hubiese atrevido a hacer públicamente sin correr el riesgo de deshonrarse. Nos oponemos firmemente a cualquier manifestación de este tipo de intolerancia.

La violación de derechos humanos básicos en Abu Graib y en Guantánamo y la práctica de la “rendición” deben ser vigorosamente condenadas por lo que son: una desviación de los principios universales de cuya histórica adopción los mismos países democráticos, y principalmente Estados Unidos, son mayoritariamente responsables. Pero rechazamos el doble rasero que hoy permite a la mayor parte de la izquierda calificar de máximas violaciones de los derechos humanos las perpetradas por las democracias, mientras silencian o callan infracciones que las superan con creces. Esta tendencia ha alcanzado un grado tal que miembros oficiales de Amnistía Internacional, una organización que se ha ganado un enorme respeto en todo el mundo por su invalorable labor de décadas, puede ahora permitirse elaborar grotescas comparaciones entre Guantánamo y el Gulag, y afirmar que las leyes adoptadas por EE.UU. y otras democracias liberales en su Guerra contra el Terrorismo constituyen el mayor ataque contra los principios de los derechos humanos de los últimos 50 años, mientras voces progresistas y de izquierdas los aplauden por ello.

D. Conclusión

Es de vital importancia para el futuro de las políticas progresistas que las personas de sensibilidad liberal, igualitaria e internacionalista alcen hoy su voz con claridad. Debemos definirnos en contra de todos aquellos para quienes las políticas democráticas y progresistas han quedado subordinadas a un simplista y elemental “antiimperialismo” y/o a la hostilidad hacia la actual administración estadounidense. Los valores y objetivos que realmente constituyen esas políticas –los valores de la democracia, los derechos humanos, la batalla permanente contra el poder y los privilegios injustificados, la solidaridad con los pueblos que luchan contra la tiranía y la opresión– son los que más duraderamente definen los contornos de cualquier izquierda a la que valga la pena pertenecer.



Reseña: "La democracia según John Dewey" (publicada en "Archipiélago", abril 2005)

Dewey es uno de los autores (junto a Castoriadis, Arendt, Virno, Beck, Deleuze, Sloterdijk, y otros) con los que he ido trabajando después del "Ensayo sobre el sentido común". Quizá sea buen momento de repasar esta reseña otra vez, porque Dewey es uno de los clásicos del siglo XX, fenecidos o vivos, que más recorrido intelectual y práctico permiten.

LA DEMOCRACIA SEGÚN JOHN DEWEY

"La opinión pública y sus problemas", John Dewey, trad. de Roc Filella, estudio de Ramón del Castillo, Morata, Madrid, 2004, 187 pp.

Decía Cornelius Castoriadis que a lo largo del último medio milenio únicamente Spinoza y Hegel habían logrado hilvanar el gran descosido de nuestra época moderna, a saber, la relación y vínculo entre lo íntimo (que no meramente privado) y lo público (o lo relativamente privado). Y tengo para mí que John Dewey (1859-1952) corrobaría el matiz que Castoriadis añadía a su dictamen: mientras que en Spinoza el amor racional del ciudadano libre sobrenada en un vacío histórico, en Hegel el vínculo se logra a expensas de una adoración a fin de cuentas acrítica de lo real-histórico.

¿Quién fue John Dewey? El más insigne y perspicaz representante de la única corriente de pensamiento que en la más reciente modernidad haya intentado anudar a la manera antigua la relación entre lo íntimo y lo público, esto es, combinando una teoría del conocimiento con una práctica de las disposiciones. Teoría y práctica que, a partir de lo necesario, se proyectarían sobre lo posible en atención a las condiciones y consecuencias tanto de las necesidades como de las capacidades respectivamente tomadas en consideración, esto es, deliberadas. Este pensamiento instrumental emergió en los Estados Unidos de América a finales del siglo XIX y se llamó pragmatismo. El solo nombre de John Dewey, repito, podría valer como condensación de sus mejores y más perdurables logros, y quizá Castoriadis pudiera haberlo mencionado junto a Hegel y Spinoza (mucho más cercano a éste, Dewey rechaza sin embargo los planteamientos de ambos, aunque en el caso de Spinoza podríamos decir que, en lugar de rechazarlo, lo mejora).

Por todo esto reviste el mayor interés la publicación por parte de la benemérita editorial Morata de "La opinión pública y sus problemas" ("The public and its problems", en el original), obra de John Dewey que toma por objeto de discusión la cuestión de la formación de un público democrático en la era de la sociedad tecnológica. Esto es, la cuestión de cómo convertir la masa de relaciones humanas que la industrialización tecnológica ya por entonces había formado en lo que Dewey llama un público (que spinosianamente podríamos llamar también una multitud democrática), y de qué instrumentos políticos son los más adecuados para volver a identificar los intereses comunes de los gobernantes y los gobernados, es decir, para transformar la Gran Sociedad tecnológica en una Gran Comunidad política. Hoy en día, de Peter Sloterdijk a Paolo Virno, en el contexto de la “crisis del humanismo” que caracterizó nuestro pasado siglo XX, multitud de pensadores vuelven a abordar esta cuestión con audacia e interés.

Muy someramente, la propuesta histórica y psicológica de John Dewey consiste en intentar combinar una política del conocimiento bajo el signo de la libre investigación y comunicación sociales propias de la ciencia con una ética del interés público que atienda a los efectos de la aplicación tecnológica de la ciencia. Para decirlo sin barroquismos, una ética pública del conocimiento social anudaría lo íntimo y lo público, las costumbres y las instituciones, el trabajo y las corporaciones, y en fin, la vida y la política en el ámbito de comunidades locales traspasadas por los flujos translocales de esos mismos nudos.

Como “hipótesis con la que orientar la experimentación social”, la lectura de este libro de 1927 será de una utilidad reflexiva máxima para todos aquellos que hoy están poniendo en marcha prácticas emancipatorias como el software libre, las asambleas de investigacción y comunicación social, los blogs o los portales sindominio en internet, las tele-street, etc. O para aquellos que construyen esferas públicas no directamente estatales, sea cara a cara o por internet, que luchan contra la propiedad intelectual de la industria e intentan otras reapropiaciones divulgativas de la inteligencia común, que se socializan glocalmente en ateneos de barrio y van construyendo así “lugares mundiales”, etc., etc.

En cualquier caso, sabemos muy bien que la fusión de lo íntimo y lo público, más que imposible, es indeseable (las experiencias totalitarias nos lo han enseñado), pero también somos muy conscientes, se diría que cada vez más gracias precisamente a tecnologías como internet, de que los temblores de nuestros cuerpos anhelan algo más, bastante más, que el ondear de banderas nacionalistas o el imperio multinacional de las mercancías. Anhelan ser compartidos, porque son comunes. Anhelan amar y comunicarse. Anhelan, paradójico deseo, hacerse públicos. La democracia según John Dewey es vida cooperativa en comunidad. La Gran Comunidad sería poner comúnmente en juego, como quería Bataille, nuestras temblorosas vidas. Medios no faltan, aunque en ellos y sobre ellos haga falta más libertad y deliberación social.

Ximo Brotons

Resumen de: "Ensayo sobre el sentido común" (2003)

Juanjo Jambrina, psiquiatra en Gijón (www.tierralibertad.blogspot.com), me pide que resuma mi "Ensayo sobre el sentido común (dirigido a la multitud democrática)", la que fue mi tesina del Máster en Humanidades en la UPF de Barcelona (sigo la terminología de Bolonia), aprobada en junio de 1999 y publicada en una pequeña editorial local de mi pueblo en otoño de 2003(www.elcepilanansa.com)

El trabajo consta de tres bloques, y sendos breves prólogo y epílogo. El primer bloque se titula "Aproximación al sentido común" y se desglosa en dos capítulos. El primero se titula "Incipit tragedia" y el segundo "Crítica de la razón vital". Empiezo por tanto sosteniendo una filosofía trágica, o mejor dicho, un planteamiento trágico de la comprensión racional de la realidad. Entonces mis conocimientos estaban todavía en proceso de formación y busqué una perspectiva filosófica de estilo ensayístico. Quiero decir que afronté el conocimiento de lo real desde el punto de vista de la disposición (racional) de ánimo, sea esta optimista, pesimista o trágica (y para ello sigo a Clément Rosset), que es en fin la que sostiene el trabajo. En el segundo capítulo, como indica su título, procuro llevar a cabo una reflexión crítica sobre la noción orteguiana de razón vital, en concordancia con la filosofía trágica antes apuntada. Y en este punto es cuando por primera vez hablo de "sentido común" y finalmente de sabiduría (filosófica), como amor al saber de lo real, cerrando pues este primer bloque de tanteo y aproximación. Por si pudiera servir de indicador, dicho primer bloque se abre con una cita del Savater de "Ética como amor propio" que dice así: "El sentido común es el arte de descubrir y aprovechar la composibilidad de lo posible, por hablar una vez en leibniziano". Huelga decir que casi toda esta primera sección del libro es más bien anti-leibniziana, anti-hegeliana y anti-heideggeriana, y más bien trata de recorrer el hilo de la tradición que sigue, la del materialismo trágico de Demócrito, Epicuro, Lucrecio, Spinoza o el ya mencionado Rosset, entre otros contemporáneos.

El segundo bloque se titula "La alegría del sentido común" y consta a su vez de dos capítulos, enunciados como "Nobleza práctica" y "Anatomía del entusiasmo". En esta segunda sección se trata de elaborar, ya digo que de forma más ensayística que académica, aunque no sin fundamentos, una teoría ética del sentido común, o por decirlo en kantiano, una teoría del uso práctico del sentido común estudiado en el primer bloque. La noción clave de este segundo bloque es la de "acción" ("praxis"), y en concreto la de acción moral, y la de "virtud". Hay en este primer capítulo alguna reflexión de cariz literario sobre la figura del "héroe", en sintonía con los ensayos de Savater sobre el valor moral de semejante "encarnación trágica de la virtud". En el segundo capítulo intento profundizar en el concepto de "autonomía", o sea, en las implicaciones prácticas de los conceptos éticos clásicos. Y se tratan la autonomía, el entusiasmo, el amor propio, la dignidad (y el derecho), y en fin, la alegría. En este bloque ético del ensayo es donde más Savater hay, pero la cita que lo encabeza es de Nietzsche: "¡Permaneced fieles a la tierra, hermanos míos, con el poder de vuestra virtud! ¡Vuestro amor que hace regalos y vuestro conocimiento sirvan al sentido de la tierra! Esto os ruego y a ello os conjuro" ("Así habló Zaratustra").

Y así llegamos al tercer bloque del trabajo, titulado "Sentido común y libertad". Aquí se trata de política. Y hay mucho Spinoza y algo del Stuart Mill de "Sobre la libertad". Bien, los dos capítulos de esta tercera sección se titulan respectivamente "Por una democracia mundial" y "Sobre la tolerancia". En el primero, busco razones para la ley, la "cosa" pública, trato del lenguaje y del dinero, de la ciudadanía, y finalmente elaboro una teoría política de la democracia y del Estado de derecho. En la segunda parte, planteo asuntos como la obediencia/desobediencia civil en relación con la noción de libertad/responsabilidad política, y acabo equiparando el sentido común en su uso político al "amor libre", ese viejo concepto libertario tan querido y tan demagógicamente usado. Y al final está la tolerancia, una crítica del concepto de tolerancia: en definitiva una teoría de la civilización como convivencia libre en la que la educación de orientación cosmopolita adquiere un papel fundamental. En este tercer bloque, ya lo he dicho, saqueé a Spinoza sobre todos, pero ahí está aún Kant con su idea de Estado democrático mundial y de paz perpetua, con la que finalizo el trabajo. Esto, ahora mismo, lo suscribiría con muchos más matices, próximos a Hanna Arendt. Mejor una federación mundial de democracias que una democracia mundial. Mejor en el sentido de resultar más viable históricamente y de permitir menos ambigüedades demagógicas y a la postre anti-democráticas. La cita que introduce este tercer bloque es el conocido párrafo sobre "la finalidad del Estado", la libertad, del "Tratado teológico-político" de Spinoza.

El subtítulo del trabajo, ese "dirigido a la multitud democrática" entre paréntesis, es un homenaje a Tom Paine y a su libro "Sentido común", cuyo subtítulo, circa 1776, rezaba: "Dirigido a los habitantes de América". No a la "nación alemana", sino a los habitantes de América. Hoy, como señala el antropólogo Marc Augé, ya no nos dirigimos solo a un pueblo o a una nación, ni tampoco a los habitantes de un territorio, sino a un mundo (territorializado/desterritorializado), a todo el mundo. Quizá Kant puede hacerse más o menos realidad, pero no a la manera de Kant. Y así, de paso, recuperamos y revitalizamos el viejo concepto spinoziano de "multitud", que el filósofo italiano Paolo Virno contrapone al de "pueblo" hobessiano, que aún está en Kant. Pero estas cosas ya son asuntos que he tratado con más detalle -estamos trabajando en ello- en ocasiones posteriores.

No es, bien que lo siento, un libro (o librito) fácil de leer, o mejor dicho, de seguir. Lo redacté a salto de malta, mientras aún estaba leyendo obras que inmediatamente utilizaba luego para el trabajo, mientras a la vez me ganaba unos dineros haciendo de teleoperador, en un momento de mi vida bastante difícil. Por eso me pareció que la idea era la "idea mejor pensada del mundo", y fui feliz cuando lo escribí y lo acabé, esto a los 25 años te hace sentirte un genio, pero aunque algunas digresiones y la intuición -o hipótesis- fundamental del trabajo no son, como se suele decir, poca cosa, el ensayo tiene muchas, quizá demasiadas imperfecciones formales, y algunas no solo formales. No conseguí convencer a Pre-Textos para que me lo publicaran; en Barcelona, la persona en que pensé para presentarlo, no acabó de entenderlo. Así que cuatro años más tarde lo co-publiqué con un modesto editor local y Josep Pradas tuvo la gentileza de presentarlo en Vilanova (mi texto de la presentación se puede leer en este mismo blog). Gracias a internet y en especial al blog de Arcadi Espada he podido darlo a conocer a más gente (antes ya se había vendido algún ejemplar en Barcelona, en Madrid o en Valencia, sobre todo en librerías de ateneos y cosas así). El resto los he regalado. Repito que sin ser los "Principios matemáticos de la filosofía natural" de Newton, el "Ensayo" plantea y llega a profundizar en cuestiones, sobre todo filosófico-políticas, de primer orden. Pienso, por tanto, que su esforzada lectura bien puede valer la pena, a fin de cuentas, para quien esté interesado en estos asuntos.

Ahora agradezco a Juanjo Jambrina que me haya obligado a escribir este muy sucinto resumen retrospectivo.

Carta al director del "Diari de Vilanova", 31 de marzo de 2006

Esta carta me valió el apelativo, que se profiere como un carretero cualquiera, de "demagogo españolista". Y además, valor añadido, hecho diferencial, el de secuaz del "blaverismo españolista y anti-valenciano".

Lean ustedes mismos:

"Bilingüismo y educación:

Un poco por casualidad he podido seguir el cruce de cartas sobre el artículo del profesor Manuel Mateos. Digo por casualidad ya que no resido aquí sino en la Comunidad Valenciana (CV), adonde tuve que ir hace dos años a sacarme por oposición la plaza de profesor de filosofía de bachillerato que ahora ostento.

Viene a cuento esta referencia personal a propósito de la controversia planteada porque en la CV he encontrado un sistema muy parecido al que yo conocí en el paso de la década de los 80 a los 90 en el Instituto Manuel de Cabanyes, donde tuve como profesor a Manolo Mateos (con quien ya había compartido además reuniones, en castellano y catalán, en el consejo escolar de mi escuela, la Llebetx) y a otros grandes profesionales. En la CV el asunto de los idiomas vehiculares está al 50%, más o menos, que como digo es lo que yo conocí en el Manuel de Cabanyes, se inventen lo que se inventen mis excompañeros Jordi Ruiz y Trinitat Gilbert. Sobre todo se agradece el aire de libertad y respeto mutuo, entre personas, más que entre idiomas, sin imponer ni salvar, como yo viví en el "insti" antes de las primeras circulares naiconalistas de 1994.

Leí hace unos meses al segundo de la Consejería de Educación, sr. Carles Mundó, de ERC, decir que dar las clases en castellano era ilegal, y que como han hecho con los comercios, iban a poner todos los medios para que la ley (esta ley, porque otras...) se cumpliese. ¿Cómo es posible este atropello a la libertad y al más mínimo sentido de la convivencia?"

La carta acababa rechazando el "pacto nacional" de la educación catalana. Manolo Mateos me agradeció la mención y los argumentos. Los insultos y desprecio recibidos, son los habituales. Más aún, son los normales en la normalizada Cataluña.

Ahora vuelvo a Castellón.

Periodismo y filosofía

Vuelvo a los recortes de prensa. Vuelvo a la relación apuntada en otro post entre filosofía y periodismo. "Más allá de las noticias", el libro de Biaggini, en la agenda desde hace casi dos años, cuando ya era un asiduo del Nickjournal del blog de Arcadi Espada. Está la última frase del otro día a propósito de la sentencia sentenciosa de Ortega.

Parece que en Francia algo se mueve, en serio. Dice Azúa en un artículo reciente que han lanzado una revista sobre "journalisme et philosophie". Si hacen bueno, o más nítido el dictamen de Ortega ("la filosofía es incompatible con las noticias"), será una revista que valdrá la pena. Se llama "Philosophie Magazine" y me suena a que será parecido al ilustre "Magazine Littéraire", que hace justo diez años sacó un número, titulado "La pasión de las ideas", que repasaba el pensamiento occidental de los últimos treinta años. Con la aparición de esta revista, puede que en el mejor de los casos no solo nos dediquemos a repasar sino a construir, periodismo mediante, periodismo presente, algo nuevo (que no sea ficción en el sentido que señalaba Azúa el otro día).

En fin, a ver si me escapo a Toulouse esta Pascua y me pillo el primer número de "Philosophie Magazine". O quizá lo tienen ya en Barcelona.

Se aprobó la Loe

Se aprobó la Loe. La Loe recoge parte de las críticas formuladas a la Logse. Entre ellas, como aportación novedosa de la izquierda, una memoria económica. Hay dinero. Muy bien. Vamos a ver cómo se gasta.

La Loe deja como estaba la asignatura de la religión y su alternativa laica. Ninguneo.

La Loe deja como estaba e incluso amplía las posibilidades de conciertos, aunque con condiciones. Como estas condiciones suelen escribirse con letra pequeña y a oscuras, no puedo opinar nada más. Pero es natural que uno sospeche.

La Loe quiso eliminar la filosofía. Ha eliminado la Ética. A la filosofía le han puesto apellidos ilustres ("Ciudadanía", fíjense, pero no democracia, que es lo que tocaba: pero ya, ese fundamentalismo democrático...). En lugar de ampliar sus horas y sus horizontes, para los de Letras se han sacado una cultura general científica. Otras asignatura más de cultura general, pero ya no en la Eso sino en Bachillerato. Qué ambición. Finalmente, está la susodicha Educación para la ciudadanía y los derechos humanos, que sustituye a la Ética (¿podré volver a pasar "El hombre que mató a Liberty Valance"? ¿a hablar de Nietzsche? ¿O ya serán manuales cien por cien políticamente correctos?). De momento, lo que se sabe apunta en esta última línea: muchas Ongs, casi todas religiosas, y la cátedra de la Carlos III, muy vinculada a la susodicha Alianza de Civilizaciones. Qué grandeza. Pero, en fin, si Savater tilda este proyecto de sugestivo, es que realmente las aguas llegaron a un nivel superior. Que no es el mío.

Y vamos al problema mayor de todos, que la Loe afronta muy tímidamente, asumiendo, de forma insuficiente, algunas propuestas críticas con la Logse. El problema mayor es la disciplina, el esfuerzo y más aun la estructuración y desarrollo del sistema.

Habrá itinerarios y cosas así ya a partir de 3º de Eso, cosa que puede hacer del 4º de Eso un curso más parecido al 1º de bachillerato que a 8º de Egb-para-niños-de-15-años, como hasta ahora. Se adelantan los programas de garantía social, de cualificación profesional inicial. Vale. El igualitarismo tonto, que dijo Camus, superado. Bien. Pero. Hay algunos peros, entre ellos la escasa mejora de la Formación profesional y de la relación del sistema educativo global con el mercado laboral, con la universidad y con la investigación. Sigo.

La Loe mejora la letra de la Logse (la peor ley educativa de Europa), pero respeta, casi se podría decir que homenajea, su espíritu. Otra canción, pero la misma melodía boba. Hechos y consecuencias: se tratan de atajar los problemas más gordos ya conocidos, pero ante nuevos problemas, que irán surgiendo, se recurrirá otra vez en último término al "espíritu de la Logse", de tan ingratos recuerdos para un servidor. Hay derecho de huelga para los alumnos, no a partir de bachillerato, sino en la misma estructura obligatoria. En ocasiones, uno percible que el derecho a la educación se convierte en el derecho a no ser educado. De los profesores, y su función básica, que es enseñar, instruir públicamente, muy poco se dice. Nada tampoco del esfuerzo, de la disciplina, la valoración del mérito. No aparece en la ley, aunque luego se intentará, he leído, arreglar lo mayor con parches. Hay otras cosas, que a mí ya casi no me afectarán, de modo que animo al que las tenga que padecer a que dé un paso al frente.

Acabaré evocando lo que me hubiese gustado que pasara y no ha pasado. Se dijo que habría un debate público sobre la ley y que sería consensuada, como cosa necesaria para un sistema tan criticable como el nuestro. No ha habido tal debate social, más allá de la querella clerical, que tanto beneficia demagógicamente a la izquierda y sobre todo a los nacionalistas. Eso les da el carnet de identidad. Pues que les aproveche. Pero debate no ha habido. El Concordato, auténtica piedra de toque de las abusivas intromisiones de la jerarquía de la religión católica en la esfera pública española, ni tocarlo. Se ha optado por ofertar fe musulmana y tal vez mormonismo como en Cataluña se equipara la enseñanza del urdu con la del castellano en los primeros cursos del sistema. Por lo demás, ya nadie enseña catecismo sino algo así como cultura cristiana. Un poco más de cultura general qué daño hará. Solo he conocido a un profesor que enseñase algo de catecismo, y era muy progre el hombre.

Pero ha habido menos que un debate honesto. En "el año de los derechos" yo he sufrido la más directa vulneración de derechos básicos (indirectamente también he padecido ya otras vulneraciones, pero estas la izquierda las va aumentar con el Estatuto, así que esto lo dejo aquí) de mi vida: oh, se me dirá, qué tiene que ver. Pues tiene que ver. Les puedo dar detalles. No aquí. Debate, lo que se dice debate con la voluntad de llegar a un acuerdo común por parte sobre todo del Gobierno, que es quien tiene la iniciativa, no ha habido. Ha habido alguna rectificación sobre la marcha, pero también es una medalla que se han puesto ellos. Debe de ser su olfato histórico para comprender las vueltas y revueltas de lo que pasa en la calle. Se equivocan muy poco, y sobre todo, nunca se abochornan (ese bochorno que mostró Rajoy el día en que Zapatero le tendió la mano). No sé.

Lo que me hubiese gustado es algo parecido, y es la primera vez que elogio públicamente a Tony Blair, a la ley aprobada en el Reino Unido. Yo entiendo muy bien lo que quieren decir allí con el "respeto". Y con el aprecio de la calidad. Y con cierta autonomía curricular de los centros o de las regiones que no debe confundirse con taifas, particularismos y mafias. Que es lo que hay en España, no sé si en un 55% o en un 65%. Depende. De quien mande. Muchos profesores lo entendemos perfectamente y algunos alumnos también. Blair ha aprobado su ley con los conservadores. Aquí los conservadores son tremendistas y, sobre todo, mágica palabra, crispadores. Los del Pp, claro, con los civilizados de Ciu, habrá acuerdo en privado. Claro.

En fin, crisparé un poco más ya que estamos: mi voto es NO.

Recortes de prensa

Durante el curso pasado, en mis clases de filosofía, solo llegué a leer un recorte de prensa del día, o de la semana. Fue en una clase de Ética, y el recorte era de un artículo sobre ciencia y sociedad.

En este curso, he ido encontrando en la prensa diaria más noticias relacionadas con lo que también diariamente enseñamos en clase. He pensado que posiblemente se debe a que este curso doy Sociología y Alternativa a la Religión, además de Filosofía. Escribo esta nota porque en un mismo día, ayer miércoles, recorté dos noticias relacionadas con lo que estoy explicando este curso. En concreto son dos recortes de prensa: uno de El Mundo sobre una revista editada por el Espacio de Arte Contemporáneo de Castellón (EACC) y titulada "Mundo Ilusión", y otro de El País sobre la inauguración de la obra dramática de Carrière sobre la conocida Controversia de Valladolid en un teatro de Madrid. Sobre la multi-ciudad temática proyectada por la empresa turística Marina d´Or, de nombre "Mundo Ilusión", trata el caso práctico que vamos a analizar, con el soporte teórico de "Los no lugares" de Marc Augé (Ed. Gedisa), entrevistado aquí por mí en este blog, en la asignatura de Sociología. En Alternativa a la Religión, en el bloque del segundo trimestre dedicado a la secularización (del humanismo a la ilustración, pasando por la ciencia moderna), hemos visto muy sucintamente las cuestiones del nuevo concepto de dignidad humana aplicadas al caso del descubrimiento y conquista de América. En concreto, he planteado un comentario de un parrafito de la "Brevísima relación de la destrucción de las Indias" de Las Casas, en el contexto en efecto de la famosa Controversia de Valladolid. Vimos la película de Carrière en el curso del doctorado de Humanidades dedicado al Renacimiento y lo cierto es que es bastante soporífera. Es de desear que en la viveza de un escenario teatral tan magna disputa cobre más interés.

En fin, también hemos leído otros recortes de prensa, pero no del día o de la semana, sino recortes de mi archivo personal de recortes de prensa, etc. Tampoco soy muy partidario de empezar a comentar noticias sin más ni más, pues no son clases de periodismo lo que doy. Quiero decir que sin embargo noticias relacionadas con lo que vamos enseñando hay. Solo que no siempre son utilizables con cierto provecho filosófico. O son noticias de un "continuum" ya conocido, no verdaderas novedades. Aunque justamente el problema para los filósofos es que ese "continuum" se presente como tal novedad perpetua. Tal vez por eso dijo Ortega que la filosofía es incompatible con las noticias. Yo no diría tanto, pero en fin. Es curioso, en todo caso, que sobre filosofía estrictamente apenas haya encontrado algún "recorte de prensa" realmente al día. Atención: tal vez sea también problema de la filosofía.