Facebook Twitter Google +1     Admin
Bienvenidos a "procopio: café filosófico". Desde febrero de 2005, un sitio en internet donde encontrarás artículos de diversa factura sobre política, filosofía, periodismo, literatura, deportes, educación, música. La polémica está servida, y si te disgusta mi petulancia, avisado quedas de que me guía la divisa de Montaigne: "Yo soy mi física y mi metafísica". O esta otra, leída en una camiseta: "Liberté de parole. Freedom of speech. Libertad del discurso".

Temas

Enlaces

Archivos

procopio: café filosófico

Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2014.

Erase una moto a un hombre pegada

El ingenio de Quevedo me servirá hoy para hablar de motociclismo. Porque esta vez lo que veo pegada a un hombre no es la nariz, sino una moto. Y el hombre es, por supuesto, Marc Márquez. Márquez viene de proclamarse campeón mundial de MotoGP por segundo año consecutivo en su segunda temporada en la categoría reina. Es el bicampeón del mundo más joven de la historia. ¿Podrá alcanzar la estatura mítica de Agostini? El de Cervera, Lérida, es un as del moticiclismo. Su pilotaje, así lo ha dicho otro mito como Mick Doohan, no aporta demasiadas novedades, pero lo que es asombroso en él, es su confianza. Parece que la moto es parte del cuerpo de Márquez, y esto, si habéis visto algún reportaje de cuando era niño, lo parece desde siempre. Márquez no es un piloto cualquiera, es una moto pegada a un piloto, allí donde va el hombre, va la motocicleta. A toda velocidad.

No soy especialmente fan del motociclismo. Paradójicamente, se me da mejor conducir la moto que el coche, pero prefiero las carreras de coches a las de motos. Sin embargo, el mundo motero no me es absolutamente ajeno. Me resulta próximo y cálido, y hasta diría entrañable. Los moteros son buena gente, un poco tercos, un poco marginales, pero buena gente.

Este año seguí la carrera en la que Márquez perdió por primera vez. Venía de ganar los diez primeros grandes premios del mundial, y al undécimo perdió. Ganó no me acuerdo quién, creo que fue Pedrosa. Le pregunté a un motero por qué Pedrosa parecía que nunca podría ganar el mundial de MotoGP, y me contestó: "Es un poco bajito". Pedrosa ganaba las carreras de 250cc con la gorra, como vulgarmente se dice, y me sorprendió que en 500cc, ahora MotoGP, fuese un segundón. Al parecer, pues, las condiciones atléticas también son importantes en el motociclismo. 

Los otros dos corredores en liza en el actual mundial son Jorge Lorenzo y Valentino Rossi, The Doctor. Lorenzo fue el primer español en ganar dos veces la categoría reina. El primer español en ganarla fue, recordemos, Alex Crivillé, en 1999, por delante de Kenny Roberts Jr. Y Rossi... qué se puede decir de Rossi, acaso que de no haber sufrido aquel fatal accidente hubiese igualado a su compatriota Agostini como el mejor piloto de toda la historia. Para mucha gente lo es, simplemente porque a Giacomo Agostini no lo vimos jamás. Pero sabemos qué clase de corredor era Agostini, que corría dos campeonatos a la vez, el de 350cc y el de 500cc, y que los ganaba. Valentino Rossi es un monstruo, Agostini, un monstruo al cuadrado.

Los campeonatos del mundo de motociclismo empezaron su andadura en 1949. Nombres como Leslie Graham, el primer campeón, Geoff Duke, John Surtees, Mike Hailwood, Kenny Roberts, etcétera, han jalonado su brillante historia. En la época en que yo fui adolescente, durante los ochenta y principios de los noventa, sonaban más los estadounidenses como Freddie Spencer, Eddie Lawson, Wayne Rainey, Kevin Schwantz o el australiano Wayne Gardner. Por aquel entonces las grandes fábricas japonesas ya habían hecho acto de presencia en el campeonato, dominando lo que antes había sido dominado por las marcas italianas. La globalización también había llegado al mundial de motos.

En cuanto a los españoles, pues un nombre brilla por encima de otros, a la espera de lo que Márquez pueda lograr en los años venideros. Y ese no es otro que el del madrileño Ángel Nieto y sus 13 títulos mundiales. Era otra época. Una vez tuve la oportunidad de ver un reportaje en la extinta Canal Nou, el medio televisivo autonómico valenciano, sobre Ricardo Tormo y el circuito de Cheste, que sirve para cerrar el mundial todas las temporadas. Era un reportaje bello y trágico (Tormo falleció en un accidente de circulación). En el susodicho reportaje aparecía Nieto, héroe deportivo del tardofranquismo y hoy comentarista del mundial para Tele5. Me sorprendió lo bien amueblada que tenía la cabeza. Nadie gana tanto sin tener cabeza. Y eso que dicen que el mundo de las motos es un mundo para locos. Pues bien, Nieto era un tipo cabal, que sabía cómo vencer, cómo caer de pie, en una palabra. A Tormo le dio para diseñar el circuito de Cheste, ese que ha visitado Michael Jordan en Valencia alguna vez, y que le hizo decir al bueno de Rossi: "Este circuito me hace vomitar". ¡Valentino! ¡Es que Tormo quería hacer un circuito como los de antaño! Popular, revirado, sin balas de paja, con el público en la grada y no en la calle, pero con el mismo espíritu que aquellas carreras de pueblo en las que la afición a las motos exultaba por doquier. ¡Tú deberías ser el primero en admirarlo!

Acabaremos, pues, a lo salvaje, pero con los pies en el suelo, o mejor dicho, en la moto. "Lágrimas de motorista, lágrimas que nublan la vista, no hay ninguna emoción antes de llorar", cantaba el grupo mod barcelonés Brighton 64. Si alguna vez me queréis recordar, recordadme llorando sin emoción a horcajadas de una Vespa de color negro. Modestia aparte, qué bien la conducía. Cómo tomaba las curvas. Qué velocidad, templanza y elegancia.

Aunque hablando de motos, esta breve estampa no podía acabar más que entonando a toda pastilla el himno motero por antonomasia, ese que ya utilicé al final de la introducción a mi libro "La fiebre conquistada. Ensayos sobre rock and roll". Sí, estoy hablando de Born to be wild del grupo Steppenwolf, la banda sonora de la película "Easy Rider":

Pon tu motor en marcha

ponte en la carretera

buscando la aventura

en cualquier cosa que venga en nuestra dirección

etc.

10/11/2014 15:09 procopio Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Ajedrez

"Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez", J.L. Borges, "Los justos"

Con el ajedrez me pasa como a Montaigne, el gran ensayista francés del siglo XVI. Es demasiado serio para tomármelo como un juego, y demasiado juguetón para resultarme serio. Qué le vamos a hacer, lo mío no es el ajedrez. Nada de aperturas, defensas, movimientos tácticos o agresivos, paciencia infinita y silencio en el Sur. Soy un poco bullanguero.

Sin embargo, hablemos de ajedrez. El noruego Magnus Carlsen de casi 24 años y el indio Viswanathan Anand, de casi 45 años, están disputando en la ciudad de Sochi (que organizó los últimos juegos olímpicos de invierno), Rusia, el campeonato mundial de ajedrez. Anand ganó el torneo de aspirantes, y es el aspirante que va a intentar derrocar al joven Magnus Carlsen, conocido popularmente por ser seguidor del Real Madrid. Mañana será la séptima partida y de momento vence el noruego por 3,5-2,5 a falta de seis juegos. Carlsen ganó la sexta partida, en la que hubo errores por ambos lados, en treintayocho movimientos. Fue una dura batalla psicológica.

El ajedrez es un juego antiguo. Ya el rey Alfosno X el Sabio mandó escribir un tratado sobre el juego del jaque mate en el siglo XIII. Esto de los siglos antiguos es algo común en el juego de las sesentaycuatro casillas. El tablero sigue siendo el mismo, de hecho, y a los que nos gusta la historia nos gusta esta larguísima tradición ajedrecística. Se cuenta que en el siglo XVI el rey Felipe II envió al ajedrecista Ruy López de Segura a batirse con los mejores jugadores de Italia. Según las enciclopedias, sería el primer campeón del mundo. Luego vendrían italianos y franceses, durante los siglos XVII y XVIII.

Pregunté en un foro de opinión a quién consideraban el mejor ajedrecista del mundo. Una buena respuesta fue: cada campeón del mundo, y ha habido dieciséis, en su apogeo. Pero me dieron otros nombres, figuras del siglo XIX como el estadounidense Morphy, Andersen, Staunton o el francés LaBourdonnais. 

El campeonato del mundo de ajedrez oficial se celebra, como casi todo en este mundo, desde después de la 2ª Guerra Mundial. Pero el primer campeón oficioso fue el austrohúngaro Steinitz, quien tras proclamarse campeón del mayor torneo de la época, el de Londres, se autoproclamó campeón del mundo. Esto ocurrió en 1872.

Como he dicho, desde 1872 hasta la 2ª Guerra Mundial, el campeonato mundial fue oficioso. Luego ya vino el oficial, que en la última década sufrió una escisión y finalmente una refundación. El culpable fue Gari Kasparov, al que algunos de los que pregunté en el foro consideran el mayor ajedrecista de la historia. Las partidas entre Kasparov y Karpov en los años ochenta y noventa revitalizaron el ajedrez y le dieron una enorme popularidad. Al menos así yo lo recuerdo. Karpov representaba la vieja URSS, ya en vías de extinción, mientras que Kasparov, también soviético por entonces, representaba la joven Rusia, liberal, democrática, etc. De hecho Kasparov ha llegado a meterse en política, y no precisamente del lado de Putin.

Pero quizá el genio del juego del escaque más conocido sea Bobby Fisher, un estadounidense que en plena Guerra Fría derrotó al soviético Spaski, en el campeonato del mundo de 1972. Otros grandes campeones han sido Botvinnik, Alekhine, Lasker o el cubano José Raúl Capablanca. Nos suenan algunos de estos nombres, ¿verdad?

En fin, demasiado serio para ser un juego, pero un juego al fin y al cabo que no hay que tomar demasiado en serio, ¿no es también así la vida? Vivir. Y pensar que todos somos un poco peones, que avanzamos trabajosamente y con lentitud en esta vida. O torres, a veces poderosas. O alegres caballos. O alfiles punzantes. O reinas que triunfan porque la belleza está en el movimiento. Y reyes. Siempre reyes amenazados, destronados, finalmente... Así es la vida, que va a dar en la muerte. Pero mientras tanto, salvemos al mundo. Juguemos de vez en cuando al ajedrez, aunque no sea por el título mundial precisamente.

16/11/2014 16:55 procopio Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


Bill vs Wilt

Una de las mayores rivalidades deportivas conocidas hasta la fecha ha sido la protagonizada en los años 60 por Bill Russell y Wilt Chamberlain. Unos veinte años antes que los míticos duelos entre Magic Johnson y Larry Bird, Bill y Wilt se enzarzaron en una pelea descomunal por dominar la mejor liga de baloncesto del planeta. Russell salió triunfador de tales batallas, pero Chamberlain será siempre el-jugador-que-metió-100-puntos-en-un-partido. 

Discutía yo en un foro de expertos aficionados a la NBA sobre la consideración que debemos tener tanto hacia Bill Russell como hacia Wilt Chamberlain. Desde ahora me declaro fan del primero, aunque reconozco los meritazos del segundo. En fin, discutía yo un poco sin ton ni son y un forero muy amable me puso al día de la eterna y maravillosa rivalidad entre los dos mejores pivots de los años 60.

Bill Russell y Wilt Chamberlain jugaron un total de 142 partidos entre sí, el uno contra el otro, promediando Russell 14 puntos y 23 rebotes y Chamberlain 28 puntos y 28 rebotes, decimal arriba, decimal abajo. Más: disputaron siete séptimos partidos en playoffs con un total de 10 puntos de diferencia acumulada entre los siete. La historia fue la siguiente.

En 1960 Chamberlain perdió 4-2 contra los Celtics de Russell y Cousy, el sexto y definitivo partido lo perdió por 2 puntos con palmeo en el último segundo de Tom Heinshon, el rookie que le ganó a Russell, militando ambos en los Celtics, el galardón de mejor rookie del año.

En 1962 Chamberlain perdió contra los Celtics, el último partido lo perdió de 1 punto con canasta en el último segundo de Sam Jones después de que Chamberlain empatara el partido faltando unos segundos.

En 1965 Chamberlain jugó un séptimo partido contra los Celtics, anotando 30 puntos y cogiendo 32 rebotes. En el minuto final anotó dos tiros libres e hizo un mate sobre Russell que puso a sus Sixers por delante. El coach, Schayes (con el que se llevaba mal desde su época de jugador) diseñó la jugada final para Hal Greer pero en el pase para la jugada Havliceck robó el balón en uno de los momentos más clutch de la historia ("Havliceck stole the ball!"). 

En 1966 los Celtics ganaron 4-1, en el partido definitivo Chamberlain hizo 43 puntos y 34 rebotes.

En 1967 cambiaron a Schayes de entrenador por un coach que pidió a Chamberlain tirar menos a canasta, asistir más (más de 7 asistencias por partido, convirtiéndose en el único pivot de la historia en liderar la tabla de asistentes a final de temporada) y concentrarse en defensa. Chamberlain ganó el MVP y el anillo incluyendo un partido en las finales con 24 puntos, 32 rebotes, 13 asistencias y 12 tapones en el primer cuádruple doble (no oficial) de la historia.

Como se puede ver, mi amigo forero cargaba las tintas en las excelencias de Chamberlain, pero semejante postura es razonable cuando yo defendía a Russell por haber ganado 11 anillos en trece temporadas. Yo insistía en que a pesar de ser mucho peor anotador que Goliath (uno de los apodos de Chamberlain), The Hawk (uno de los apodos de Russell) cogía casi los mismos rebotes. Frente a frente, mi amigo sostenía que Bill hacía muchísimo en aquellos duelos, pero que Chamberlain hacía más, solo que solía tener peor equipo y que por eso Russell tiene 11 anillos liderando a los Celtics y Chamberlain "únicamente" 2, uno de ellos cuando ya no estaba enfrente su bestia negra (nunca mejor dicho), ese bicho de Louisiana que era Bill Russell (aunque Chamberlain, gigante frágil al fin y al cabo, digno de figurar en una tragedia griega, se topó contra un pivot que para muchos llegó a superar a ambos, como Michael Jordan llegaría a superar a Magic Johnson y a Larry Bird... estoy hablando, claro está, del gran Lew Alcindor, más conocido como Kareem Abdul-Jabbar).

Bill Russell y Wilt Chamberlain siempre fueron amigos fuera de la pista. Y es que el roce hace el cariño. Amigos íntimos que brindaron al mundo del deporte una de sus páginas más gloriosas. Luchas sin cuartel en las que admito finalmente la grandeza casi inconcebible de Chamberlain, aunque me siga quedando después de todo con la maestría competitiva de Russell. Yo, que fui un buen base defensor con promedios de 10 puntos y 5 asistencias en mis años mozos, me rindo ante Chamberlain, pero siempre preferiré al que lidera históricamente los Win Share Defensivos, esa estadística que habla de la defensa de un jugador, que no es otro que el gigante verde Bill Russell. Siempre he pensado que en el arte de meter la pelota en el cesto hay un punto de suerte, mientras que por contra la defensa depende 100% de nuestra férrea voluntad. Eso es lo que admiro de Bill Russell, que por otra parte era también un gran asistente.

En fin, Russell fue elegido en el draft de 1956. Chamberlain empezó a jugar en la NBA en 1959. Nunca los vimos jugar. Pero yo, que siempre fui un laker, aun sigo soñando con la mano zurda del celtic Russell. ¡Quién lo diría!

27/11/2014 18:29 procopio Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/

Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris