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Memorias de África (y de Oxford)

Estas navidades me he regalado la lectura de la primera parte de las memorias del científico y divulgador inglés Richard Dawkins, elegido hace unos años como el intelectual más influyente del mundo. Dawkins es ateo militante y su último libro, convertido en best-seller, se titula "El espejismo de Dios". Dawkins escribe bien, pulcramente, con frases más bien cortas y sencillas, aunque no se desanima si tiene que emprender más altos vuelos. Ha sido interesante leer sus memorias, tituladas "Una curiosidad insaciable", que empiezan recordando a sus ancestros y acaban con la publicación de su libro más conocido, "El gen egoísta", en 1976.

Es muy curiosa la historia de su familia, vinculada al servicio colonial británico. Por eso Richard Dawkins nació en Nairobi en 1941 y se crió en África hasta los ocho años. El mundo que traza en esta parte de sus memorias es idílico y aventurero a la par. Causa envidia y asombro los antojos familiares en aquel ambiente entre, ya digo, paradisíaco y feraz, pero así era el Imperio Británico todavía unos años después de acabada la 2ª Guerra Mundial. 

Luego las memorias se trasladan como hizo su protagonista a la vieja Inglaterra. En concreto lo hacen a los colegios por los que pasó Dawkins, colegios religiosos y exclusivamente masculinos, donde un niño despierto que prefería la lectura al trabajo al aire libre va descubriendo el mundo adulto, rodeado de poesía inglesa y música tanto clásica como rock (fue un enamorado de Elvis Presley). Ahí vemos a un Dawkins que todavía rezaba, pero también al adolescente que pierde la fe cristiana anglicana y se convierte fervientemente al darwinismo. 

Y luego está toda la parte dedicada a sus años universitarios en Oxford. Aquí Dawkins se detiene explicando al detalle sus experimentos con pollos, grillos o moscas (cursó Zoología para ser luego profesor de dicha asignatura), un poco demasiado puntillosamente. ¡Pero así es la gran ciencia! Nos explica sus estudios con Niko Tinbergen, el sistema de tutorías que tan fructíferas fueron para su desenvolvimiento intelectual, su tesis doctoral, sus dos años como profesor en Berkeley en pleno apogeo hippy, y luego la gestación de su gran obra científica, la ya mencionada "El gen egoísta", que también podría haberse llamado el gen inmortal.

En conjunto el libro es ameno y hasta delicioso de leer. Sorprenden algunas boutades izquierdistas, como llamar "infame" al gran Ronald Reagan, pero lo que no se puede negar es que Dawkins no sea honesto. Cuando habla de su educación, menciona episodios de acoso escolar o incluso de pedofilia que desgraciadamente siguen repitiéndose en nuestros días, a pesar de que la disciplina británica y la general se hayan relajado mucho en los centros escolares.

Sin embargo, el gran reconocimiento público le ha llegado a Richard Dawkins no como científico sino como divulgador de la ciencia y polemista. No voy a entrar aquí en sus razones para el ateísmo militante, porque apenas esboza algunas ideas en estas memorias. Pero sí lo voy a hacer respecto al tema fundamental que subyace a lo largo de todas ellas, y que no es otro que el de la educación. Y en este punto es donde se puede extraer una gran lección de estas memorias de África y de Oxford, y que no es otra que la siguiente. En palabras de Dawkins: "Lo que importa no son los hechos, sino cómo descubrirlos y meditar sobre ellos. Éste es el auténtico sentido de la educación, muy diferente de la cultura actual obsesionada por los exámenes de evaluación". Para contrarrestar la presumible acusación de reduccionismo cientificista que los "humanistas" suelen hacer contra científicos como Dawkins, creo que esta idea final del libro sugiere más bien todo lo contrario en el ánimo y en la obra de su autor.

29/12/2014 19:40 procopio Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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