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Bienvenidos a "procopio: café filosófico". Desde febrero de 2005, un sitio en internet donde encontrarás artículos de diversa factura sobre política, filosofía, periodismo, literatura, deportes, educación, música. La polémica está servida, y si te disgusta mi petulancia, avisado quedas de que me guía la divisa de Montaigne: "Yo soy mi física y mi metafísica". O esta otra, leída en una camiseta: "Liberté de parole. Freedom of speech. Libertad del discurso".

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13/02/2005 23:11 Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Ortega

El blog del periodista Arcadi Espada es un sitio internáutico al que estoy absolutamente enganchado. Más que leer sus diarios, que casi siempre aúnan el placer de una escritura conmovedora o sarcástica con la lucidez de una inteligencia despierta, me encanta hacer mi personal (hasta la autodestrucción de la persona con la que otros me identifican) "diary of a lover" (Johnny Thunders). Si algún día escribo mis memorias, tendré qe googlear y rebuscar en el Nickjournal de www.arcadi.espasa.com.

Pero desde luego hay comentaristas sorprendentes. Nunca fue más verdad el apotegma de Hölderlin, pero al revés: allí donde está lo que nos salva, allí reside el peligro.

El último caso de personaje que a fuer de aburrido se dedica a hacer la autocrítica a los demás, es el de un tal porculopio: un nick que refleja bien la educación del mal gusto que ha recibido este memo.

Por lo que entiendo, me acusa de hablar demasiado de mí mismo y conmigo mismo. Y de tener demasiados pensamientos...

Bueno chico: vivo solo y esto es internet. Tomo mi divisa de vida de la frase de Montaigne: "Yo soy mi física y mi metafísica". Y por lo demás, procuro cuidarme de mí mismo, sí: como dejó dicho Ortega, "tener un pensamiento es como tener una erección".

Lo demás depende del tamaño de cada cual.
16/02/2005 19:01 Enlace permanente. sin tema Hay 2 comentarios.


Reseña: "Soñar Europa despiertos" (sobre un libro de Sloterdijk)

Hoy, referéndum sobre el Tratado constitucional para una Europa política. Qué mejor manera que argumentar mi voto en BLANCO que publicar aquí la reseña del enjundioso librito eurofilosófico de Peter Sloterdijk, mientras espero a ver si se publica en la revista Lateral. Soñemos despiertos.

SI EUROPA DESPIERTA. Reflexiones sobre el programa de una potencia mundial en el fin de la era de su ausencia política, Peter Sloterdijk, trad. de Germán Cano, Ed. Pre-Textos, Valencia, 2004, 81 págs.

En una entrevista publicada en el suplemento cultural del periódico El Paísen abril de 2003, en plena "toma de Bagdad", pues, Peter Sloterdijk, el filósofo y profesor de Estética de la universidad de Karlsruhe (centro especializado en nuevas tecnologías y diseño que junto a la tradición frankfurtiana de Habermas y al colegio de Sociología de Múnich dirigido por Ulrich Beck es hoy la punta de lanza del pensamiento más vigoroso elaborado en la Alemania reunificada), afirmaba: "Creo que en el siglo XXI se escenificará algo así como la última lucha universalista". Con este nuevo librito traducido por Germán Cano para Pre-Textos, Sloterdijk parece venir a decir que si esa lucha tiene que triunfar, lo hará a través de Europa, de una Europa capaz, en palabras de Jacques Le Goff, de "inventar hoy una forma de unidad que no sea la de un Imperio". La lectura de esta enjundiosa obrita bien vale la pena y por eso aviso al amable lector o lectora que si no la ha disfrutado ya lo haga antes de echar un vistazo a esta reseña que, modestamente, pretende destripar el contenido de la misma. Quien avisa...

Bien. Podríamos dividir Si Europa despierta en tres grandes movimientos y un adagio final. El libro parte de la constatación de dos hechos, a saber, "la debacle moral de la Primera Guerra Mundial" y "la catástrofe antropológica de la Segunda" (todos los entrecomillados que siguen pertenecen al texto de Sloterdijk), y de la asunción de un programa, el de la "Declaración universal de los derechos humanos de 1948". Tomen aire.

El primer movimiento se abre, pues, con el "shock del descentramiento europeo" producido entre 1945 y 1989. Según la audaz hipótesis de Sloterdijk, durante la posguerra y la guerra fría Europa ha vivido en una ideología del vacío, ausente como potencia política de la escena mundial. Durante estos años, tanto a derecha como a izquierda, tanto la democraciacristiana de base católica como la izquierda comprometida de base existencialista o incluso nihilista, han promovido sin ser conscientes de ello una ideología de la ausencia, del lamento y de la nostalgia imposible. También los neopragmatismos hoy en boga se mueven dentro de esta ideología del vacío, pues su propuesta de una nueva Europa no es más que la sumisión chata a la constitución de una EEUUropa. Las respuestas que la izquierda está ofreciendo a este neopragmatismo no sólo lo cuestiona sino que lo celebra, en forma, eso sí, estética: la palabra clave, dice Sloterdijk, ya no es "decisión" sino "vivencia". Un mundo-menú donde elegir, como en el desdichado Fórum de las Culturas, nuestra novedosa frivolidad, o acaso sería mejor decir banalidad, en el marco de una "comedia de la preferencia" que en verdad revela, tal como sostuvo Marcelo Expósito en su análisis de la propuesta forúncula Voces, una voluntad no tanto de distensión o comprensión cuanto de "indiferenciación".

El segundo movimiento analiza cuál ha sido a juicio de Sloterdijk el mitomotor de la construcción europea desde la extinción del Imperio Romano. Y ese mecanismo ha sido justamente el de la "transferencia imperial", o incluso, el de su "apropiación". Pues apropiación, no diremos tanto como indebida, fue la coronación de Carlomagno como Emperador de Europa mientras todavía seguía existiendo Bizancio. Ahora bien, el lado bueno del asunto, diríamos, es según Sloterdijk el carácter traductor de dicho mecanismo. Ha sido el profesor Etienne Balibar quien ha hablado de la Europa de la traducción como la auténtica Europa, ya presente en Toledo, Turín o Amsterdam en el largo tránsito del medioevo al Renacimiento y la Ilustración (en el caso de la ciudad holandesa, más bien hablaríamos de impresión de libros prohibidos). Una construcción europea que por su mismo ingrediente cristiano se activa mediante la procesión, hoy diríamos progreso. Así pues, Sloterdijk pretende reavivar como horizonte de la construcción europea que sueña una especie de mecanismo de traducción universal que sea capaz de sustituir al mitomotor europeo de los dos últimos siglos: el de la "literatura universal", o literatura comparada, como también se la llama.

En cualquier caso, la Europa imperial que contiene adormecido su resorte traductor dura lo que dura, desde Carlomagno hasta Napoleón y algún tiempo más, ya enfebrecido y maduro para el sangriento siglo XX. Si la primera eficaz traslatio moderna se realiza al Imperio Español, esa commonwealth católica, y la segunda al Británico, oceánicamente exitoso en lo que el anterior fracasó, durante el siglo XIX Francia, Alemania y Rusia entran en la liza que desembocará posteriormente en las guerras mundiales, en el auge y caída del comunismo y, finalmente, en la emergencia a partir de 1917 de la última traslatio conocida e imperante: la de los Estados Unidos de América, de la cual ya era un precedente ese espléndido aislamiento ultramarino británico. Y entonces Europa mira a EEUU: "Cuando la Europa moderna contempla el Imperio americano no ve sino la forma exteriorizada de su propia esencia", escribe Sloterdijk. ¿Corre el riesgo de convertirse Europa en la colonia de su propia utopía? Puede ser, ya que si la Constitución que en los próximos meses pretende someterse a un incierto referéndum no es una alternativa al Imperio Americano, menos lo es el nacionalismo europeo de las "culturas" (insisto que lo entrecomillado pertenece a Sloterdijk), por mucho Fórum universal, interreligioso, pacifista y juvenil en el que interactúen. Pues, según Sloterdijk, el nacionalismo europeo de las culturas no es más que un imperialismo pluralizado en sectas perfectamente portadoras cada una de la misma teología del éxito imperial que, supuestamente, rechazan. Sin ir más lejos tenemos muestras de ello por aquí abajo, en la Venecia padana, en la Barcelona-capitana-de-la-expansión-mediterránea, por lo menos desde Guifredo el Velloso, en la sociedad de propietarios del nacionalismo vasco, o, last but not least, en el conservadurismo eclesial de la cultura política española en general.

El tercer movimiento de Si Europa despierta retoma la cuestión planteada de la traducción universal. Aquí el autor invoca al poeta francés Paul Valéry en su definición de Europa como "fórmula psicopolítica y matemática de intensidad". Recuperar y volver a proyectar la intensidad europea, tal es el sueño lúcido de Sloterdijk: reformular una "mitomotricidad progresiva" de la unidad política europea como traducción y transformación. En suma, atreverse no sólo a saber sino a poner el saber en práctica; en una palabra, atreverse a la Gran Política. Ahora bien, ¿qué diantres es la grandeza? Grandeza es según el filósofo alemán "cultivar y humanizar nuestra dimensión monstruosa", acaso inmanejable. Gran Política es "transferir la propia estructura imperial a una forma política transimperial o posimperial". ¡Ya estamos con lo pos y con lo trans! Veamos. Se trata primero de evitar la patriotería y al mismo tiempo el burocratismo. No se trata de actualizar un veteroeuropeísmo cuyo eje Bruselas-Estrasburgo operaría contra unos nacionalismos identitarios que lo rechazarían en una dinámica en verdad retroalimenticia. Se trata más bien de otorgar un papel a la unidad europea en la ONU: un más-allá-de-Europa como Unión de Estados que conservase los principios elementales de la democracia de ciudadanos y que actuase como entidad intermediaria entre el Imperio a la baja de los EEUU y una periferia mundial cada vez más protagonista, y no siempre con buenas maneras, en el mundo que llamamos occidental.

En el adagio final Peter Sloterdijk procura apurar su propuesta insistiendo en lo que rechaza y en lo que intenta promover con su fecunda digresión. Para empezar recuerda que en la Antigüedad posdemocrática (de Platón en adelante) la principal interpretación anti-imperial del mundo vino de la mano de la apocalíptica judía, de la que otros autores como Virno o Duque han sacado su provecho, uno focalizando empero su propuesta en el virtuosismo más bien sofista y el otro en un minimalismo de las necesidades, quizá de raíz estoica. Sloterdijk nos recuerda a los judíos porque como movimiento de liberación (aprovecho para recomendar la crítica del concepto de liberación que realiza E. Rodríguez en El gobierno imposible, Traficantes de Sueños) acaban enfrentados a la competencia, es decir, a los cristianos, cuyo anti-semitismo no supone más que la obsesión por demostrar que ellos, "pueblos-sol", son los verdaderos "elegidos", "los mejores judíos". Por supuesto el protestantismo, ese movimiento de liberación del yugo católico-romano, fue el gran competidor de la apocalípica judía, hasta que se transformó en la base de un imperialismo europeo demasiado maduro ya para el fascismo.

Así pues, Si Europa despierta propone contra la copia neocarolingia de 1957 y la EEUUropa en marcha, un nuevo eje Berlín-Bruselas-París. Contra el fascismo -militar o pacifista- conocido como última etapa del "activismo del desprecio" (hoy "culto del éxito sin verdad") en que se sustenta el imperialismo, Sloterdijk propone soñar Europa mediante ese "autohipnotismo lúcido" que Savater, en su autobiografía, reconoce (a mí también me pasa) como la más alta forma de cordura de la que es capaz. Soñar Europa para poder pensarla, como Edgar Morin, y crearla conservando el antiguo pathos griego, la irrenunciable pasión de la pregunta por la verdad y la buena vida: ¡esa es la Revolución universal!

De Sloterdijk ya podemos leer en castellano casi todos sus libros. Su crítica de la razón cínica. Sus esferas. Sus normas para el parque humano. Su análisis del igualitarismo en la sociedad de masas. Sus extrañamientos y sus viajes. Su árbol mágico y su hiperpolítica. Hoy recomiendo fervientemente esta original obrita del filósofo alemán, tal vez el menos ingenuo y no el más cínico de los pensadores (él se llama "inmunólogo" o médico de la civilización) de nuestro tiempo. Pese a que como posible "ibero-apocalíptico" (léase también Experimentos con uno mismo. Una conversación con Carlos Oliveira, Ed. Pre-Textos, 2003, un libro que merecería otra reseña entera) puedo dudar de la capacidad del eje Berlín-Bruselas-París para afrontar la Gran Política de Europa (cierto es que ante todo hay que evitar la guerra franco-alemana, cierto es que Gran Bretaña ya es la colonia de su utopía, cierto es que España tiene el deber de consolidar la democracia aquí mismo y en Suramérica antes que remover imperiosamente Europa, pero: ¿cuál es realmente el reparto? ¿Qué papel para el Este, para Rusia, para los Balcanes, para Oriente Próximo incluida Turquía, para el Norte magrebí de África? ¿Qué oposición a EEUU más acá del nacionalismo y más allá de la Ryder Cup?), no puedo por menos sin embargo que acabar bebiendo un buen sorbo de ligereza contra la pesadez de estómago en loor de Peter Sloterdijk.

Ximo Brotons
20/02/2005 00:12 Enlace permanente. sin tema Hay 2 comentarios.

Guillermo Cabrera Infante

Ayer falleció en Londres Guillermo Cabrera Infante, escritor cubano. En sus grandes novelas, su prosa española logró audacias chespirianas inalcanzables para casi cualquier otro escritor hispano. Después su prosa se fue arrugando, como la piel de la vejez, pero sin perder el nervio, el aliento y esa dramática alegría tan original, y tan cinéfila. Qué evasión su "Arcadia todas las noches" y su "Cine o sardina".

Leí ayer que su amigo Savater decía que todo en el mundo es perfectible a excepción de Catherine Zeta-Jones. Pero después de la encomiable "El Zorro", lo cierto es que la buenísima y brava Zeta-Jones engordó, se juntó con el tal Douglas, y pasó a ser un elemento más del mundo perfectible.

Qué le vamos a hacer, Guillermo querido.

El puro que me han regalado me lo fumaré por ti.
23/02/2005 00:08 Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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